sábado, 22 de marzo de 2014

AGUA DURA DE SERGI BELLVER



Agua dura
Sergi Bellver
Ediciones del Viento, 2013
124 pp
14,50 euros


A Sergi Bellver (1971) lleva preocupándole –y ocupándole- el relato como género desde hace tiempo. Le hemos conocido como editor en Chéjov comentado –Ed. Nevsky Prospects, 2010, ya reseñado aquí- también como antólogo en Mi madre es un pez –Ed. Libros del Silencio, 2011- y ahora le vemos publicar su primer libro de relatos, si bien algunos de ellos ya habían aparecido en otros lugares y el libro ya se había publicado digitalmente.

Agua dura es un libro un tanto oscuro pues los paisajes oscuros parecen acompañar los textos, tanto como la fotografía de su portada. Pero muchos de esos paisajes impactantes de la fotografía son también paisajes duros interiormente. Las entretelas de los protagonistas que pueblan los relatos de Agua dura son muchas veces desoladoras, desarraigadas, desesperadas. Son personajes transmutados a lugares –luego hablaremos de ellos- donde les ha tocado vivir, muchas veces a su pesar. Allí sobreviven atormentados, recuerdan tiempos pasados o son movidos a desarrollar unas vidas que parecen incontroladas.

Sergi Bellver es fiel a una forma de escritura que él ejemplifica en Faulkner, pero también podría citarse a Joseph Conrad, a Robert Musil o a Jack London o a tantos otros. A Bellver le preocupa la historia. Contar historias que emocionen, que hagan sentir, que comuniquen, que dejen huella, que nos impriman. Huye de los experimentos con gaseosa de generaciones anteriores -de las nocillas, de las escrituras fragmentarias- y de las posteriores –hipsters literarios-. Reivindica lo que él denomina Nuevo Drama, un retorno a la escritura que comunica. En este movimiento le acompañan Manuel Astur, Juan Soto Ivars (también antólogo de Mi madre es un pez) y Francisco Javier Sánchez Ocaña. Agua dura se circunscribe a los parámetros de este movimiento.

El autor divide el libro en tres partes aunque la primera y la última sostienen el peso del  libro pues contienen los relatos más largos y también los más conseguidos a mi modo de ver. Pero el libro bien podría dividirse también en función de los paisajes en que se desarrollan. Esos lugares, cuando aparecen identificados, marcan la narración. Otros sin embargo, son espacios inocuos que podrían ser cualquier sitio.

Personalmente creo que el libro, su columna vertebral, está sostenido por cuatro o cinco relatos: El nudo de Koen, Los ojos de Sarah, Pájaros que llegan a Moscú, En la boca del otro e Islandia. Me gusta especialmente Islandia, a pesar de ser el último relato. El libro así expresado dibuja al principio un in crescendo, luego se hace meseta para terminar de nuevo creciendo. Deja un buen sabor ese relato final y el autor, creo, que por eso lo ha situado en último lugar.

El libro también tiene un par de características más que aúnan los relatos. En primer lugar el agua, que creo está prácticamente en todos. Y también tienen mucho que decir las relaciones familiares, las relaciones entre amigos y cómo nos marcan y determinan nuestra conducta y forma de actuar. La relación de dos hermanos que heredan una propiedad. La historia de Propiedad privada no es tanto lo que sucede en ella sino cómo las interrelaciones entre madre-hija-hijo dirigen el relato y justifican lo que pasa en él. Algo parecido sucede en El nudo de Koen con esos dos hermanos que comparten nombre pero que jamás se conocieron. Los conflictos que aparecen con esa coincidencia. ¿Determina la coincidencia su personalidad? ¿Acaso sus vicisitudes personales? Curiosamente también son hermanos los protagonistas del último relato, Islandia. Ya hablaremos luego de él.

El lector avispado también encontrará numerosos homenajes ocultos en los relatos de Bellver. Homenajes a los autores que le gustan, de los que ha aprendido, que son sus ejemplos. Unas veces los relatos vienen antecedidos por una cita. En otras ocasiones el autor se muestra más juguetón. Obsérvese en El nudo de Koen el dibujo que hace el texto. K, Koen, King. Bueno, dejo ese análisis para los mitómanos y los lectores tan juguetones como el autor.

Vuelvo a los textos.

En Los ojos de Sarah, previa cita de Conrad y de El corazón de las tinieblas, el conflicto parte de dos hilos que se van a ir uniendo. Por una parte la búsqueda de alguien y, por otra, un pasado que parece retornar, mejor, que nunca se ha ido. Una venganza pendiente y los ecos del pasado: los nazis, Mengele, los judíos, los campos de exterminio y experimentación, etc. Aquí sin embargo me gusta el itinerario de la búsqueda.

Llego ya a la segunda parte del libro y me llama la atención Pájaros que llegan a Moscú, una historia de la víctima que se convierte en cazador para sobrevivir. Se le añade el tiempo presente, en este caso la Rusia post soviética, las mafias, la corrupción. Destaco el ambiente de los bajos fondos. Es curioso, se me ha olvidado señalar que Bellver no es un autor dado a grandes descripciones, sin embargo con breves pinceladas nos quedan algunos de sus paisajes. En este texto también.

En los relatos más breves de esta segunda parte me pesa más la sensación final que la narración en sí, probablemente por su brevedad. En La manada, la sorpresa de descubrir a alguien que hace lo mismo que tú. Algo de lo que te escondes. En Señales de vida, la compulsión y el ansia de vivir de los que trabajan tan cerca de perder su propia vida. En Deseo de ser Dimitri, el paisaje de la lucha social tan cercana. En Banana dream, la ironía sobre la obra de Fernández Mallo (y supongo que de los nocilleros en general) y, finalmente, en La muerte de Edmund Blackadder imaginarse la muerte en atentado de un actor muy conocido por su humor.

La tercera parte contiene tres relatos largos. El primero de ellos, En la boca del otro, habla de la lucha por la supervivencia, contra la naturaleza, encarnada por la figura de un jabalí y contra la colectividad que rodea al protagonista que vive una existencia semi salvaje. En este caso el autor antecede el relato con una cita de Umbral pero bien podría haber seguido utilizando a Conrad o a London, pues la supervivencia es el eje central del relato unida al recuerdo de la madre fallecida que es la que trastoca el mundo del protagonista.

En Mala hierba, título que también corresponde a una obra de Baroja, la lucha por la supervivencia es más la rivalidad, aparentemente estúpida pero que termina siendo enfermiza, entre dos personas y su desenlace final. Sergi Bellver lleva hasta el extremo el enfrentamiento larvado entre dos personajes por una causa trivial que termina por desquiciar a ambos de forma que, aunque hay un perdedor, los dos pierden toda capacidad de juicio por su estupidez.

Finalmente está Islandia. De nuevo una relación entre dos hermanos, un espacio lejano, una isla, agua. Y un conflicto que vuelve al presente. Mucho podría decirse del relato pero desvelaría el intríngulis de la relación por lo que aconsejo leerlo. Este mismo texto también se encuentra en el libro Nómadas, antología de relatos de viaje de varios autores seleccionados por Elías Gorostiaga.

Más que meritorio resultado en este libro de Sergi Bellver con historias que gustarán de releer. Descubrir otra faceta del agua y los mundos y personajes atormentados que diseña el autor.


lunes, 17 de marzo de 2014

ENTREVISTA A JAUME PALAU

Luis Vea (Barcelona) Entrevistamos a Jaume Palau con motivo de la publicación de su libro Cuarto menguante.




Luis Vea-Cuarto menguante transcurre sobre la brevedad de las palabras. ¿Te encuentras más cómodo en el espacio de las pocas palabras? ¿En cuál de los tres formatos (cuento, microcuento, aforismo) te sientes mejor?

Jaume Palau-Ciertamente, me encuentro mucho más cómodo en las distancias cortas lleven éstas el membrete que quieran, ya sea de cuento, microcuento o aforismo. Lo importante, para mí, no es tanto el nombre que demos a la criatura sino el plasmar, de la forma más sintética posible, la realidad (no siempre fácilmente perceptible), y la épica de lo cotidiano; inducir a una reflexión y a un posicionamiento ético. Deseo que mis textos tengan la inmediatez de un inyectable, que baste un instante para que circulen libremente en la corriente sanguínea de la imaginación y de la sensibilidad del lector y le proporcionen entretenimiento, provecho, y placer.

L.V-La idea de que tus cuentos tengan un reflejo en imagen. ¿Cómo surge?

J.P-Siempre he estado a favor de la confluencia de las artes, de su porosidad y de su mutua interrelación e influencia. Conozco, desde hace años, a Antonio Luque, un gran artista plástico y galerista de Tarragona, que habitualmente expone en el centro de Europa (Alemania, Austria, Suiza…) con una poética propia no siempre fácil de interpretar, ni del gusto del gran público al que, honestamente, no pretende ni engañar ni seducir y al que admiro porque considera –y en eso coincido con él- que ni la vida ni el arte están hechos para transitar por los rieles del conformismo, de las modas (porque conoce la frase de F. J. Strauss que dice que “quien se casa con el espíritu de su época, enviuda pronto),  ni del lugar común. Fue tan fácil como proponérselo y él, inmediatamente, hizo suyo el proyecto. Convinimos que actuara con la máxima libertad posible, pudiendo hacer un trabajo paralelo a partir, simplemente, del título del libro Cuarto menguante y lo que éste le sugiriera. Yo no tenía porque influir en su proceso creativo. Es más, quedé con él que no lo vería hasta estar acabado. Obviamente le pasé el texto. Por eso me sorprendió el resultado, el hábil trabajo de síntesis que fue capaz de hacer trasladando, a cada ilustración, la esencia de una historia.  

L.V-Imagino que ha habido un proceso de selección de los relatos. ¿Has buscado un nexo común, un hilo que los una o simplemente has hecho una selección pensando en los mejores relatos?

J.P-La selección se ha hecho siguiendo tres criterios: la extensión del texto, que todos los textos fueran detonantes para una reflexión aunque ésta fuera festiva, y a su calidad. Y ya se sabe lo que sucede cuando actúa este tercer criterio. ¿Qué texto seleccionar? Él que ayer te parecía, de forma indudable, que tenía que figurar en el libro hoy ya no lo ves tan claro y pondrías –y terminas poniendo- otro en su lugar. En este proceso me debato en un mar de incertidumbres, dudando de cada opción tomada en el siguiente instante de haberla tomado. Por eso me resulta placentero, y liberador, el ver el libro editado: pues me niega la opción de corrección. Ya se terminó aquel extenuante y estéril trabajo de Sísifo de acarrear el texto hasta la cumbre,  de la selección y de la enmienda constante, de poner hoy una coma que sin duda quitarás mañana. ¡Benditos sean los editores que te sacan el texto de las manos y te liberan de la compulsión de la corrección infinita y de la utopía del texto perfecto!

L.V-No es el primer libro de relatos que escribes, ¿es casi obligatoria pregunta si habrá alguna novela?

J.P-No lo creo. El célebre escritor guatemalteco Augusto Monterroso decía que una novela es una buena preparación para escribir un cuento. Y yo, por ignorancia de esa gran verdad, por atrevimiento y por aturdimiento, he comenzado por el relato corto. Claro que, como bien se sabe, con la edad menguan las facultades y tal vez entonces, y sólo entonces, perpetre una novela, (con todo el respeto, y admiración, que tengo por las grandes novelas y por los grandes novelistas capaces de plasmar un mundo en sus obras).

L.V-¿Qué opinas de la ya tan cacareada idea de que el cuento en España tiene una época dorada? ¿Y lo mismo sobre el microcuento?

J.P-Ya hace años que los suplementos culturales de los grandes diarios van pregonando, como rabadanes en epifanía,  la buena nueva del auge del cuento en España pero ¿cuántas editoriales se dedican, en exclusiva,  a publicar libros de relatos? ¿Cuántos de los grandes sellos editoriales poseen colecciones específicas de cuentos que no sean infantiles? De ambas ¿cuántas se atreven a editar autores desconocidos?
Sí constato un auge del microrrelato por internet. Hay blogs y revistas digitales dedicadas,  en exclusiva,  a su difusión y estudio, tanto españolas como hispanoamericanas, de éstas últimas principalmente argentinas y mexicanas. Entre los estudiosos y recopiladores en nuestro país me vienen a la memoria Clara Obligado y Fernando Valls, entre otros, por supuesto.
Resumiendo: creo que lo del auge del cuento en España, y lo de su época dorada, no deja de ser un lugar común, una leyenda urbana tan falsa y extendida como la de que Hacienda somos todos.




L.V-¿Piensas que el relato y el microrrelato son dos géneros distintos?

J.P-Estudiosos y teóricos de la materia afirman que sí, que son dos géneros distintos con sus propias características y especificidades y, por supuesto,  no seré yo quien enmiende la plana a éstos señores. Yo,  lo único que pretendo al leer un libro, bien sea de poesía o de prosa, al contemplar un cuadro, o al oír música, es que todas estas actividades me procuren, como ya he dicho antes, provecho y placer, que me pongan en contacto con lo desconocido, que enriquezcan mi experiencia y que me hagan un poco más sabio, un poco mejor persona, un poco más feliz.

L.V-De qué forma llegaste al relato como género? ¿Qué autores crees que te han influido?

J.P-De forma natural. De pequeño y adolescente, como todos,  era un voraz consumidor de las novelas de aventuras de Alejandro Dumas, Emilio Salgari, Robert L Stevenson, Walter Scott, etc., que me hicieron recorrer paisajes exóticos, oler los aromas de las calles y zocos del pasado, y compartir con ellos aventuras extraordinarias pues todo buen lector, si la obra está bien escrita, es un compañero de viaje del protagonista. Más tarde, ya en la adolescencia, aprendí a andar por el camino de la literatura y comprendí que me bastaban diez pasos, o uno, diez páginas, o una, para plasmar una situación o un mundo. Hay otros que precisan recorrer mil quilómetros o mil páginas solo para enfrentar la aridez de un desierto sin épica y sin belleza, o para contar una vida tan narcisa como anodina. Por otra parte siempre intento aplicar a mi obra el lema del genial arquitecto Mies Van der Roe de “menos es más”.

Autores que me han influído: Arreola, Kjell Askildsen,  Borges, Carver, Cheever, Chejov, Richard Ford, Monterroso, Alice Munro, Papini, Ribeyro, Salinger, Oscar Wilde… ¡son tantos los grandes maestros que me han influído!

L.V-¿Háblanos de tus proyectos futuros?

J.P-Tengo previsto terminar un nuevo libro de relatos para finales del 2015, de momento sin título definitivo. 


Muchas gracias por tu tiempo, Jaume, y suerte con Cuarto menguante y tus próximos proyectos.

Fotos de la presentación de Cuarto menguante en diciembre de 2013 en Tarragona.

jueves, 13 de marzo de 2014

CUARTO MENGUANTE DE JAUME PALAU



Cuarto menguante
Jaume Palau
Ilustraciones de Antonio Luque
Silva Editorial, 2013.
103 páginas.
15 euros.

Los que se dedican al mundo de lo breve deben tener en la cabeza aquella máxima de Gracián. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Siempre he pensado que es más fácil sacar un buen cuento de una buena novela, que no sacar una buena novela de un buen cuento.

Estas dos reflexiones me vienen al pelo para hablar del libro de Jaume Palau, Cuarto menguante. Ya se habrá dado cuenta el avispado lector que al hablar de la brevedad, ésta iba a tener algo que ver con el título. Si bien es cierto que sabemos que el cuarto menguante es una fase lunar, también lo es el espacio que va haciéndose cada vez más pequeño y, en este caso, el espacio literario. Así el autor, en un ejercicio de osadía, se dedica a hacer historias cada vez más pequeñas hasta dejarlas reducidas a la mínima expresión, que es la línea.

Cuarto menguante viene, a mi modo de entender, definido por tres tipos de ejercicios narrativos. Una sería el relato, otro el microrrelato y otro abarcaría el espacio de la cita o del aforismo. El autor parece sentirse relativamente cómodo en los tres espacios por lo que Cuarto menguante se convierte así en una obra interesante de ser degustada. Cada una de las pequeñas historias, en su brevedad, contiene un universo mayor. Cada cual tendrá sus favoritas.

Antes de hablar de algunas de las historias me gustaría destacar en sí un par de hechos, que no son poco, en este tiempo que nos ha tocado vivir. Un primer dato a tener en cuenta es el cuidado que pone el autor en la elección del vocabulario hasta encontrar aquella palabra que considera más adecuada para cada ocasión, sin dejar de usar cultismos. Hay un tipo de literatura que ha olvidado que es el lector el que tiene que hacer un esfuerzo para entender al autor y no al revés. A esto se le debe añadir una intención de utilizar el bagaje cultural para crear y recrear historias y mitos retorciendo los trasfondos, los tiempos, los espacios o las realidades. Historias que nos suenan al acabar de leerlas. Trasfondos que se adaptan a nuestro tiempo, unas veces con afán de juego estilístico, en otras ocasiones con un propósito medido. Jaume Palau tampoco huye de reinterpretar la realidad del tiempo en el que le ha tocado vivir y se permite criticarlo. En la parte final, la de los aforismos, es más que evidente, pero también lo es en los cuentos y en los microcuentos.

Dicho esto voy a tratar de hablar de algunas de las narraciones que más me han sorprendido.

Empezaré por la primera parte. En El joven que quería ser poeta  (p. 9-13) encuentro ecos de la escritura de Oscar Wilde. Quizá es por la suavidad de la narración o del tono que, en ocasiones, me recuerda a algunos de los cuentos clásicos de Wilde. Un poeta persigue un sueño y es el sueño el que acaba de alguna forma deglutiéndole a él. Realidad y sueño terminan confundiéndose, quizá porque en el ánimo de todo poeta hay algo de la turris ebúrnea, del enclaustramiento de uno mismo. En este caso el protagonista lo lleva al extremo hasta vivir únicamente una realidad que es sueño, ¿o es el sueño el que se convierte en realidad?

El relato Un criterio propio  (p. 15-19) tiene su trampa por lo cual debo ser muy cuidadoso en no desvelarla. Por una parte, es una reinterpretación de un cuento clásico, pero eso no lo sabemos hasta el final. Por el otro, no es más que el conflicto – que no es poco – de una pareja. Eso tan habitual y tan cotidiano. Dejo al lector que descubra ese clásico reinterpretado.

Vejez (p. 21-23) es un repaso vital que se produce con la excusa tan peregrina de tener una erección. En realidad es más, porque la erección acaba siendo el símbolo de la vida a la que el protagonista se agarra, ahora que la muerte está tan cercana. Una historia de eros y tánatos también convertida en una reflexión cotidiana no exenta de profundidad y cierta amargura.

También hallamos ironía en el relato ¡De ninguna manera! (p. 25-27). Sorna que roza lo macabro. Una madre se comunica con su hijo a través de una combinación. Una combinación de números en la que su hijo tiene que confiar. Un relato sobre las relaciones materno-filiales de los personajes.

Los dos relatos siguientes de los que quiero hablar tienen algo en común. Génesis de un asesinato (p. 29-31) contiene la reinterpretación de otro mito cristiano. En el caso de Esa es mi vida  (p. 32-33) recuerdo haber leído un cuento anónimo oriental –luego reintepretado por Jorge Bucay- que tenía un trasfondo similar y un mensaje a modo de reflexión vital. En este último caso nos hace reflexionar sobre la vida, su brevedad y en qué la empleamos.

Curiosamente Jaume Palau tiene varios relatos con un trasfondo de reinterpretación religiosa. Además de este Génesis de un asesinato, también está Navidad (p.39-40), que habla de una moderna epifanía; Un día de abril del año 30 (p. 70), sobre la crucifixión y Lázaro (p.91), sobre el mito del mismo nombre.

De esta primera parte, con los relatos que ocupan más de una página, destacaría dos más. Por un lado, por su trasfondo social y actual, y, también, por lo macabro que resulta la situación una extraña subasta en Rebajas (p. 49-50). Por otro, por lo imaginativo, destacaría El libro del olvido (p. 45-46).

La segunda parte contiene cuentos de menor longitud que la página, aunque también van poco a poco menguando hasta no ser más que unas pocas frases. Cabe destacar El corcel (p.58) que contiene un habilidoso y breve argumento que no descubrimos hasta el final y que obvio desvelar. Manuscrito hallado en una botella (p.67) es también otra reinterpretación de la historia clásica del personaje que encuentra una botella en el mar. En este caso lo inesperado es también el final. Fin de año (p.68) resulta ser algo así como la historia del cazador cazado, en este caso hablando de una pareja y una relación amorosa de por medio. El hombre es bueno por naturaleza (p.75) es otra historia de final sorpresivo en la que el título si bien, parece que no revela nada, no podría explicar mejor el contenido.

La tercera parte es difícil explicar sin desvelar el contenido narrativo que a veces da más la impresión de contener verdaderas filosofías de vida. Mejor destacaré, de entre todos ellos, un par de aforismos:

“Y dijo Dios “no es bueno que el hombre esté solo”. Y creó los papeles. (p.97).

“Lo positivo de la gente que habla sola es que, como mínimo, no hay que esforzarse en darle conversación” (p.99)

Finalmente mencionar el magnífico trabajo de síntesis visual del ilustrador, Antonio Luque, que prácticamente con pictogramas da imagen al contenido de los cuentos.



Cuarto menguante o por qué una obra de arte también puede ser breve.

domingo, 2 de marzo de 2014

FOTOMATÓN DE FELIPE ZAPICO ALONSO Y SANTOS M. PERANDONES


Fotomatón
Felipe Zapito Alonso y Santos M. Perandones
Eolas ediciones, 2013
77 páginas
15 euros.

¿Qué fue primero la imagen o la palabra? ¿Qué llevó a qué? Su autor, el de las palabras, Felipe Zapico descubría hace poco el misterio en Barcelona. Unas cuantas imágenes llevaron a las palabras, unas cuantas palabras llevaron a las imágenes. Si fuera un partido de fútbol hablaríamos de empate. Empate en esfuerzos e intenciones. Y es que Fotomatón es un poemario, poemario también visual, que acaba siendo de intenciones. De palabras que dejan abiertas las ideas para que continúen dando vueltas en nuestras cabezas. Imágenes que dan paso a sugerencias, a pensamientos. La brevedad del símbolo y la brevedad de la palabra, que no deja de ser también un símbolo.

Fotomatón, tal y como se titula acertadamente el libro, da pie a imágenes literarias o visuales que se definen por la detención en un momento preciso. Imágenes y palabras de foto fija. Frescas, sensuales, vitales, a veces también básicas pero sugerentes. Un ejemplo (p.38):

“Entre los dedos
escapa
la vida.
Los sueños
se
fueron
hace tanto tiempo ya.”

Con una escritura sencilla el autor logra diseccionar los momentos con la clarividencia del bisturí y del escalpelo. Ese uso de palabras sencillas hace universales sus mensajes sin necesidad de retorcerlos. Es directo, pero no simple. La palabra se alía con el autor para garantizar el resultado buscado. Unas veces el mensaje resulta tan certero como universal la metáfora o la paradoja (p.46).

“Ni siquiera el palillo
puede
sacarte
de entre mis dientes”

Así,  el autor de Cosas, El ladrón de peras o Balances parciales nos aboca a reflexionar sobre nuestras vidas a través de la suya, sobre el mundo que nos rodea a través del suyo, a tomar conciencia del tiempo, del espacio, del momento a través de su propio tiempo, espacio y momento. Nos atrapa es su certidumbre para abandonarnos a nuestras dudas. Quizá nos aporta unas veces una luz, en otras ocasiones nos deja todavía más perplejos, pero sus idas y venidas no dejan indiferente. Sus palabras son como callejones que se abren, o como cajas que se cierran. Como las imágenes que las acompañan (p.56)

“… un leve rastro
de sangre
casi en la comisura
de mi alma”


Y de lo breve acaba naciendo todo. 

domingo, 2 de febrero de 2014

UNA MIRADA AL ABSURDO DE INMA ARRABAL



Una mirada al absurdo
Inma Arrabal
Ed. Huerga y Fierro, 2013
57 pp.
12 euros.

A veces es un ejercicio necesario, casi, hasta sano. Pararse un momento y contemplarnos a nosotros mismos. Contemplar lo absurdo del mundo que hemos creado y también lo absurdo del mundo que nos rodea. Y que esta visión, cuasi sanadora, nos sirva para analizar. Eso es lo que hace Inma Arrabal en su poemario Una mirada al absurdo.

En el primer poema, que lleva el mismo título que el libro, ya nos habla con claridad del absurdo que nos rodea (p14):

“Es importante tener un auto deportivo,
tarjetas de crédito, un móvil en la mano.
Permiten parecer lo que no eres”

Todas esas cosas que conforman nuestro mundo y que si nos paramos un momento observamos que son parte “del absurdo cotidiano para devorarnos” (p.19).

Dice Santiago Tena en su prólogo que algunas páginas del libro contienen mucho de la atmósfera negra de la obra Plenilunio de Antonio Muñoz Molina. Y aclara Joan-Ignasi Ortuño, en la solapa delantera, que hay mucho de “injusticia, desamor, soledad, ausencia, rutina, vejez, pérdidas, enfermedad, muerte” que sirven a la autora como disparadero para escribir y a la vez exortizar los malos augurios. Algunos de esos sentimientos y temas ya los hemos visto y leído en otros poemarios de Inma Arrabal: Cruzar el umbral o La poesía es una enfermedad cardiovascular, libros ya reseñados aquí.

Es ya todo un propósito que el libro tenga tres partes: Necesidades estúpidas, Miradas dulces y La fe perdida.

Y dentro de ese absurdo del que hablábamos no hay forma de darse cuenta de que nosotros mismos estamos ahí, hasta que nos paramos a pensar (p.22):

“A veces creo que soy invisible,
y lo peor no es que nadie me vea,
sino que ni siquiera se dan cuenta”

En esa paradoja andamos metidos mientras vivimos. Y es entonces también cuando sobreviene la rutina (p.25):

“Si me aceptas como una costumbre
rutinaria y vacía,
quizá,entonces, pueda odiare cariñosamente.”

Y nos preguntamos, y se pregunta la autora (p.31):

“¿Qué finalidad tiene pisar y que nos pisen?”

Desentraña aquí también una cierta temática social muy acorde a los tiempos que vivimos. Y se pregunta sobre la sociedad podrida en la que transitamos y afirma con rotundidad (p.42):

“Las caretas que llevamos puestas
aprisionando bocas
y escondiendo sentimientos,
dejan escapar, tan solo, envidia
y miradas hipócritas”

Y, a veces, queda poco espacio para la esperanza “pero no se puede vivir siempre con la pena” (p. 49). Así sirviéndose del absurdo también nos dice (p.50):

“Y buscaremos palabras nuevas
Para volver a decir, otra vez, lo mismo…”

Es así un buen momento para reflexionar sobre nuestro absurdo cotidiano.

martes, 21 de enero de 2014

LA SOLTERONA DE EDITH WHARTON


La solterona
Edith Wharton
Editorial Impedimenta 2013
Traducción del inglés y postfacio de Lale González-Cotta
138 páginas
17,95 €                   

Edith Wharton (1862-1937) nació Nueva York, en el seno de una familia rica norteamericana  que le proporcionó una importante educación. El hecho de haber pertenecido a la alta burguesía le provee de  una buena fuente de información  para escribir novelas y relatos en los cuales refleja las costumbres de la clase social de la que provenía. Vivió a caballo entre Norteamérica y Francia, donde falleció. La novela más conocida  de Edith Wharton es La edad de la inocencia (1920).

La solterona (1921) es una de las  novelas en la que la clase social es el elemento más importante. Comienza la narración explicando que en el  “Nueva York de 1850 despuntaban unas cuantas familias cuyas vidas transcurrían en plácida opulencia” (pág. 1).

Antes de conocer a las protagonistas, Edith Wharton  nos hará un recorrido por  la historia de los Ralston, una de las familias más influyentes del país. Los Ralston no se relacionan más que con los de su propia esfera social: “preferiría que mis nietos escogiesen a una Lovell o a una Vandergrave, o a alguien de nuestra clase” (pág. 11).

Delia Lovell se casó con un Ralston y Charlotte Lovell, su prima, había elegido un buen partido: se casaría con un Ralston con quien “todo sería más prudente o más…normal” (…)” la seguridad, la prudencia y las ventajas que proporcionaba dicho vínculo lo convertían en la clase de enlace que, íntima y gozosamente, anhelaba cualquier casadera de los mejores círculos” (pág.15).

Sus vidas transcurren en la más absoluta tranquilidad   hasta que un hecho importante de la vida de Charlotte le llevará a la anulación del compromiso matrimonial con Joe Ralston  y a compartir un secreto entre ambas mujeres el resto de sus vidas.

Realmente las protagonistas de la novela son Charlotte y Delia o Delia y Charlotte aunque hay dos personajes masculinos que condicionarán sus vidas: Clement Spender y el doctor Lanskell, es precisamente éste personaje la voz crítica de esta sociedad hipócrita y decimonónica: “Todos confiaban en el juicio del doctor Lanskell, pero lo que de verdad los llevaba hasta él era la certeza de que en aquella sociedad con tantos prejuicios no había cosa alguna que a él le pudiese intimidar” (pág. 100).  Ambos personajes son el lado antagónico de esa alta sociedad.

La novela tiene dos partes: en la primera conocemos a los personajes y el secreto de Charlotte. Edith Wharton  hace una perfecta descripción del carácter  de las protagonistas y, sobre todo, de la condición de la mujer en esa esfera social. Delia Ralston es la perfecta madre y esposa pero no deja de ser una mujer encorsetada y reprimida.

Charlotte deberá tomar una decisión drástica para proteger su secreto con la complicidad de su prima Delia: “contarle la verdad desharía el matrimonio de un plumazo (…) La tolerancia social no medía a hombres y mujeres por el mismo rasero, y ni Delia ni Charlotte se habían preguntado jamás el motivo: como la mayoría de las jóvenes de su clase, se limitaban a ceder ante no ineluctable.” (pág. 48). Sobran las palabras.

En la segunda parte, Wharton profundiza en la psicología de las protagonistas. Comienza advirtiendo que todo apunta a que Charlotte Lovell será una solterona:”Y a medida que su carácter se transformaba, se iba asemejando cada vez más  a la típica solterona: empecinada, metódica, maniática en minucias y propensa a magnificar las más nimias tradiciones sociales y domésticas” (pág. 62).  

Cuando enviuda Delia convivirán en la misma casa y el secreto que las une hará que aparezcan discusiones, celos y  rencores.

Todo esto está espléndidamente explicado y diseccionado en el postfacio de Lale González-Cotta, La edad de la inclemencia.

La solterona es una obra elegante, muy inteligente. La fuerza de sus protagonistas es arrolladora y le provoca al lector  emociones encontradas. Prejuzgar las decisiones tomadas por ambas, comprender o no el porqué de ellas desde el principio al fin. Simpatizar unas veces y odiar otras a cada una de las protagonistas.

El lector no se arrepentirá de esta lectura de tan sólo 136 páginas pero soberbias cada una de ellas. 

sábado, 18 de enero de 2014

COSAS DE FELIPE ZAPICO ALONSO




Cosas
Felipe Zapico
Zoográfico, 2013.
60 pp
9 euros.

Para cualquier escritor es un atrevimiento ofrecer a los lectores lo primero que escribió, por eso debemos agradecer este acto de generosidad a Felipe Zapico que, sólo tras una previa selección y sin corrección alguna, nos trae este Cosas, poemario que ya destaca por su exterior a modo de libreta de apuntes escolares. La propia biografía que aparece en el libro ya nos advierte de que el poemario fue escrito en 1981. Así que a la hora de leerlo no podemos ponerlo cronológicamente a continuación de Balances parciales (2013), El ladrón de peras (2013) y Fotomatón (2013). Es, así, su antecedente más lejano pero en el que ya se aprecian algunos de los temas que posteriormente desarrollará en sus libros. Una cosa que sí destacó su autor en las presentaciones es que no habla de amor. Sin embargo el amor y la pérdida son temas recurrentes en Balances parciales y en El ladrón de peras.

Situados así para entender qué vamos a encontrar, lo primero que observamos es una distribución de los poemas en cuatro partes.

La primera es la que contiene más crítica. Refleja más la rebeldía de la edad. Probablemente contiene algunos de los disparadores que, posteriormente, desarrollaría tanto en sus poemarios como  en las canciones de su grupo musical, Deicidas.

Para muestra encontramos el siguiente fragmento (p.13):

“La bala de plata
no es menos mortífera
la píldora dorada
no es menos amarga
y la verdad escondida
no es menos mentira
tabús y mentiras no son ofrecidas (…)”

Sorprende que a principios de los años 80 el autor ya viera lo que nos venía encima con la burbuja inmobiliaria, y lo dice en su Cosa primera (p.9):

“Y llegaron ellos
los invasores,
construyendo en prados
grandes bloques.
Nos dejaron a todos
los sinsabores.
No podemos huir,
ya nos invaden
por aquí,
por allí,
los constructores”

La segunda parte del poemario es igualmente crítica pero añade un par de elementos: la burla (p.29):

“(…)rimbombantes sobrenombres con el alias al lado
esqueléticos cadáveres cada uno por su lado
letras caídas de libros aquí quiere ir hilvanando
fanfarrias y chirimoyas este cuenta se ha acabado (…)”

Y los juegos de palabras creando cacofonías (p.30):

“Fea fe veo en tu faz
Fécula fecal fardan las fauces
Farfanes  faquines fantasean en el fango (…)”

La tercera parte es variada. Contiene críticas al turismo que durante años ha sustentado la economía española (p.34):

“(…) Las playas de Málaga
se nutren de gabachos (…)
Se llevarán unos kilos de sol y agua verde (…)”

También a los intelectuales (p.37) por sus “siempre discusiones más que bizantinas” cuya única intención es llenar “esa hora de la tarde en que las fiestas/ y certámenes aún no han comenzado”

La parte final es, quizá, la más personal, incluso la más intimista (p.47):

“Raíles helados
frío matinal
sol esperanzador (…)

Y también se repite en su último poema (p.52):

“Sol
carretera comarcal
tractores anticuados
coches veloces en busca del mar (…)”

Cosas es una forma de descubrir el principio del autor y una buena manera de situar la poesía a pie de calle.


viernes, 27 de diciembre de 2013

POETÍLICOS SOBRIOS DE MAG MÁRQUEZ Y ABEL EZEQUIEL PAISAJE



Poetílicos sobrios
Mag Márquez y Abel Ezequiel Paisaje
Ed. Karakartón, 2013
10 euros
76 páginas


Poetílicos sobrios no es simplemente un libro, en realidad, es algo mayor. Es un proyecto poético y escénico cercano al teatro. En este libro, sus dos autores tratan de recoger algunos de los poemas que han ido recitando o interpretando en sus numerosas actuaciones en el circuito poético de Barcelona. Sus poemas son pequeñas piezas para ser interpretadas. Son piezas con vocación oral, es por este motivo que el papel las constriñe. Y uno debe leerlas imaginando la entonación, los gestos, los altibajos de la voz de sus autores. Es así como yo he leído este libro, este poemario artesanal. Éste es otro de los aspectos a destacar, pues hasta la composición del libro sale de la norma. Está construido con los restos de cartón que han sido reciclados. Hecho a mano. Por eso debo de ser uno de los pocos afortunados que posee esta edición. Quizá habría que exigir a la editorial una nueva tirada. Pero prosigamos con lo que decía al principio. La poesía que contiene el libro es eminentemente oral, de ahí que la repetición sea tan importante. La repetición y el efecto de las voces que se superponen son esenciales. No se trata de leer el libro simplemente como se haría con cualquier otro poemario. Se trata de que se atrevan a ver una de las actuaciones de esta pareja y, a continuación, y habiéndolos escuchado, reciten como ellos estas palabras o, al menos, las repitan mentalmente con su entonación (No teman la reacción de los vecinos).
El poemario se construye como un espacio poético-teatral donde no faltan las acotaciones. Mezcla idiomas y sonidos, introduce el lenguaje de internet y el de los móviles. Pero, al final de todo, contiene la palabra con toda su fuerza (p.9):

“Cortan y recortan la memoria
para dejarla calva de recuerdos
para que confundamos la diestra con la siniestra,
la legalidad con la justicia,
la manipulación con el orden,
y olvidemos de dónde venimos (…)”

Destacan los temas sociales pero muchas veces tratados con un tamiz humorístico.

También lo cotidiano (p.11):

“No te das cuenta,
en la taza siempre queda
el poso de los días”

Y también en (p.12-13):

“Date cuenta,
que ese poso negro
no es más que el pozo
donde naufragan todos tus sorbos”

Da la impresión de que a veces quieren despertar las conciencias (p.47):

“allí donde queremos llegar hay tanta belleza
que un día despertamos y se nos rompe algo
al ver que estamos cuerdos de verdad
y todo aquello es una mierda
donde existen miserias como éstas”

Y a veces la desesperanza también nos trae algo de humor negro (p.55):

“póngame dos pizcas de determinismo histórico
a mi dos puntos más de share humano”

Pero en general el tono del poemario es más sarcástico-festivo (p.58):

“Y por eso reparte todas las hostias,
A trote y moche
A cal y canto
A diestra y a siniestra
Sin que se conozca mineral, vegetal, animal o humano
que se resista a tanta hostia, rehostia y malahostia celestial”

Pero sin olvidar la intención de alcanzar nuestras conciencias (p.67):

“entrar en una farmacia
pedir la píldora del día después
esperar a que amanezca
y suene el despertador
para que esto tenga algún sentido”


Poetílicos sobrios nos traen poesía fresca pero no vacía. Poesía que permanece y se hace poso,  como esa taza de café de todos los días.



lunes, 9 de diciembre de 2013

INOCENCIA DE PENELOPE FITZGERALD




Inocencia 
Penelope Fitzgerald 
Traducción: Pilar Adón
Epílogo: Terence Dooley 
Editorial Impedimenta 2013 
341 pág. 
22,75 €


Penelope Fitzgerald (1916-2000) fue novelista, poetisa, ensayista y biógrafa inglesa  aunque comenzó a escribir a una edad tardía. Perteneció a una familia de intelectuales: teólogos, literatos, criptógrafos. Ella fue educada en importantes colegios de Oxford, entre ellos Wycombe Abbey (el Eton masculino).

Publicó Inocencia en 1986. La novela transcurre en la Italia de 1950, concretamente en la Toscana, en Florencia. Chiara Ridolfi, la protagonista, acaba de salir de un internado inglés  y un tanto exclusivo. La joven pertenece a una antigua familia de nobles italianos venida a menos y un tanto peculiares. Es magnífica la explicación, al inicio de la novela, de la historia de la villa de la familia Ridolfi, la Ricordanza, conocida popularmente como “los Enanos”.

Todo comienza cuando Chiara le dice a su padre que se quiere casar con un médico, el doctor Salvatore Rossi, al que conoció en un concierto de música clásica.

Inocencia es una novela inteligente, sensual pero que provoca cierta dosis de ansiedad en el lector. Tendrá desde el primer momento la sensación de que la relación entre los protagonistas es absolutamente destructiva.

La escritora dibuja a los personajes con una carga psicológica importante, tanto a los principales como a los secundarios.

La protagonista, Chiara Ridolfi, es una mujer joven y hermosa pero muy indecisa: “Su manera de enfrentarse a lo que fuera que se le viniera encima quedaba a medio camino entre el entusiasmo y la timidez (…)” (pág. 37).

Salvatore Rossi es médico en el Hospital de San Agostino, especialista en neurología. Es un hombre trabajador e inteligente pero con un carácter tremendamente egoísta y egocéntrico. Su padre era comunista y amigo personal de Gramsci, de hecho es uno de los personajes que aparece brevemente en la novela. La visita al hospital que le hacen Salvatore y su padre cuando está cerca de su muerte marcará la vida del protagonista.

Penelope Fitzgerald hace una descripción muy acertada  de Salvatore: “Debía salir de Bolonia como un hombre al que no pudieran distinguir por nada, ni por su procedencia ni por su carácter; tenía que ser pura y simplemente el joven doctor Rossi, hecho a sí  mismo, capaz de tomar sus propias decisiones” (pág. 70).  

La filosofía de Salvatore: “Si haces lo que esperan de ti (…) dejarás de ser una persona especial. Como médico, debo saber lo que es lo normal y asumir que cualquier vacilación en esa normalidad es una señal de peligro. Como ser humano, debo hacer justo lo contrario.”  (pág. 69).

En toda la narración de Inocencia, Salvatore demuestra un carácter fuerte, dominante, incluso, en ocasiones, antipático pero intentará en todo momento estar junto a Chiara. Está obsesionado con ella. En cuanto a Chiara, al lector le apetecerá protegerla. Está enamorada y también hace lo imposible por estar junto a Salvatore.

Merecen especial atención los personajes secundarios: Maddalena, la hermana de Giancarlo Ridolfi y tía de Chiara, es una mujer singular. Es la responsable del Refugio para los Indeseados, o sea, ancianos y bebés: “Unos desdentados podrán convivir pacíficamente con otros desdentados” (pág. 20).

O Cesare, el primo de Chiara, encargado de Valsassina, la granja familiar, un hombre silencioso y asocial: “Nunca decía nada a menos que fuera absolutamente necesario. Para él la conversación no era en ningún caso una de las artes de la vida ni un entretenimiento (…)” (pág. 27).

Y qué decir de Barney, amiga de Chiara: una joven inglesa decidida y atrevida. Todo lo contrario de Chiara: “la quería por su habilidad para deshacerse de los obstáculos” (pág. 85).

Y entre todos los personajes está Italia y concretamente la Toscana. La luz, las casas señoriales, los viñedos. La calidez del paisaje se transmite en las palabras de la escritora. Es muy acertada la ilustración de la portada de la novela que hace la editorial Impedimenta.

Es muy aconsejable el epílogo de Terence Dooley, Amena Stanza, albacea y amigo personal de Penelope Fitzgerald. En él hace una extensa explicación sobre  la novela. De hecho  opina  que “Inocencia es la más hermosa de las tragicomedias de Penelope Fitzgerald” (pág.331).

Inocencia, de  Penelope Fitzgerald, es una buena elección para regalar en estas fiestas navideñas.