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viernes, 2 de marzo de 2018

PÁJAROS DE NIEBLA DE JAUME PALAU



Pájaros de niebla
Jaume Palau
Silva Editorial,2018
159 páginas
15 euros


Escribir un relato es dos cosas al mismo tiempo: contar algo y contarlo de una determinada forma. Cualquier persona puede contar algo con o sin habilidad alguna y transmitir una historia. El escritor se preocupa de la forma de contarlo. Jaume Palau no es un recién llegado. Con varios títulos en su haber ya ha narrado muchas cosas. En este nuevo proyecto denominado Pájaros de Niebla hay una veintena de relatos. Desde el microrelato hasta casi la nouvelle. Todos ellos tienen en común la esquisitez y el gusto por explicar. Jaume Palau parece paladear las palabras, deleitarse en el lenguaje, detenerse en un instante y una descripción. Convencido de que parte del efecto en el lector estriba en cómo llegue a él la historia que se narra. Hijo de la tradición cultural greco-latina, Palau es un escritor culto. Un relatista que obliga al lector a seguir su juego, a enamorarse de la lengua y las palabras, a demorarse en los instantes. Muy lejos de otras consignas donde el lector no hace más que pasar páginas que no dicen nada, Palau es un forofo del lenguaje. Un hooligan me atrevería a decir. Es una de las características fundamentales de su escritura que entronca con grandes escritores y cuentistas del siglo pasado: Borges, Cortázar, Conrad...

La historia que da título al libro es una muestra de cotidianidad y de olvidos .Un relato sencillo sin apenas trama ( Son así más de uno de sus cuentos). Lo cercano se hace creíble porque a todos nos ocurren acontecimientos similares.

La mayoría de los relatos más largos se encuentran en la segunda parte del libro -aunque el libro no está propiamente dividido en partes-. Algunos de mis cuentos favoritos se encuentran en esta segunda parte. 

En La última frontera, un relato impregnado de melancolía y recuerdos, dos antiguos amantes se encuentran en un crucero, en un momento de sus vidas en que nada es como era. Ambos viven tiempos de cambio. De aquellos cambios que parecen ir a mal. Uno de los aspectos más destacables es el diálogo entre ambos personajes. Y muy del autor es el final.

Trémula , en la noche es una historia que me recuerda a dos cosas. Una, a la película protagonizada por Michael Douglas, Un día de furia. Un hombre que se despierta con los circuitos cruzados y da rienda suelta a lo peor de sí mismo. También me recuerda a uno de mis relatos denominado Nicotina en el que un hombre hace todo aquello que no se espera de él. El final del relato sin embargo se aleja de ambos recuerdos. Jaume Palau le da un toque diferente que no voy a desvelar.

El tercero de mis cuentos preferidos lleva por título Una compañía más satisfactoria. Se encuentra en la primera parte del libro. Es un relato con grandes dosis de mala leche. Una de aquellas venganzas que no sabe uno si ha venido gestándose a lo largo del tiempo o sale de forma natural.

El petirrojo y la rosa es una relectura del cuento de Oscar Wilde, El ruiseñor y la rosa. Hay diversas variaciones y es, probablemente, menos romántico y extremado que el relato clásico.

Otro de los cuentos más afortunados lleva por título Caja de zapatos. Una historia cruda y plenamente vigente que parece desarrollarse en una favela brasileña (Abro aquí un inciso para comentar que son muchos los lugares que visita Jaume Palau en sus cuentos. De Brasil a Nueva York, de ahí  a China, a México, a Israel... ) En la humildad de una casa, más bien un cobertizo, inocencia, delincuencia, impotencia y muerte. La crueldad de la vida apenas en unas páginas. La realidad del mundo en el que vivimos trasmutada en cuento.

Hay otros cuentos destacables.  En El bolso, un objeto nos remite a un tiempo pasado y también a otra venganza, a una de esas humillaciones cotidianas que uno puede llegar a vivir en un momento perentorio de su vida. Dos amigas -quizá decir amigas es excesivo- se reencuentran mucho tiempo después. Sus vidas han recorrido senderos bifurcados, como diría Borges. Y parece que hay cuentas pendientes.

En La cometa, otra historia con niño de protagonista, un padre celebra el cumpleaños de su hijo llevándole a volar una cometa a la playa. Detrás de ese momento de felicidad hay una nota amarga de algo que debe transmitirse y que no se desea hacer.

La Crista de Santiguán nos presenta un argumento que conduce a dos conductas contrapuestas. Un mural en la pared, con motivo religioso, es el origen de una peregrinación pero también del odio de una parte de la sociedad. Fiel reflejo de las contradicciones que suelen provocar los sentimientos religiosos, Palau ahonda en la manera disímil que tenemos de percibir los mensajes.

Noche y sexo en Manhattan nos introduce la sexualidad en el relato. En este caso parece ser una excusa para abordar la preocupación por una noticia que se espera pero que quizá no quiere recibirse y una cita que se puede ir al garete por la noticia final.

En De la dicha y del deseo se aborda el amor desde el miedo a la pérdida. La cobardía de no enfrentarse a la vida o quizá la elección de dejar pasar un momento por temor a que ese momento se desvanezca en el tiempo. Enfrentarse o no a la realidad. Tener unas expectativas que quizá nunca vayan a cumplirse. Conformarse con cualquier cosa o dejar que el momento que nos iluminó quede ahí por siempre.

En La ocasión se lo merece una mujer convoca a dos personas para dar una noticia de amor, pero el resultado, que cada uno adivina en su favor, no es el esperado. Otra historia de amor y también de amor no correspondido. Y además, sobre esperanzas no cumplidas.

Quin Shi Huang es un relato histórico ambientado en la China imperial en donde se narra una parte de la vida de este emperador chino y del origen de los famosos guerreros de Xian. Jaume Palau da su visión que es una de las posibles con un final más o menos fantasioso.

Otro relato, con un origen histórico, sobre Sodoma y Gomorra es Mi nombre es Yrit. También aquí el autor reinterpreta el mito o lo conduce a ser objeto de relato. Es uno de los disparadores con el que Jaume Palau suele jugar. Reconstruir un mito o una historia y hacerla suya. Imaginar cómo pudo ser.

Amén es un cuento extraño de tema religioso. Un relato que es difícil explicar sin romper el inesperado final. Otra de aquellas historias que ahonda en la culpa y en las enseñanzas que nos han ido cincelando en el cerebro.

En ¿Te he dicho que estás extraordinariamente sexy esta noche? el protagonista es un escritor que parece haber subido un peldaño en el camino a la fama. Un ser lleno de inseguridades y letraherido que se debe enfrentar a parte de su pasado para lo que no está preparado. Demostrar que se debe un favor cuando el principio del éxito parece alejarnos de pasadas vidas.

En Mi niño, mi príncipe, mi galán, mi amor, un niño pierde a su madre. Buscando entre sus cosas a fin de rememorar la figura materna con ansias de no perderla,  descubre algo inesperado.

Los cuentos más breves son Juventud, La gran ola y Otoño. Historias con un pequeño hilo narrativo, a veces más una descripción, una idea fulgurante de la que el autor siempre saca buen partido.

Leer Pájaros de niebla es encontrar la escritura de un autor con un estilo alejado de los circuitos comerciales y que insiste en devolverle a las palabras el amor que merecen. Solo este hecho en sí hace apetecible el libro. Si a eso añadimos la diversidad de historias, de tiempos y de lugares, la capacidad de rehacer mitos, de reinventar paisajes, de crear atmósferas y reconstruir diálogos, con la lectura de este libro se encontrará uno más que recompensado.




jueves, 13 de marzo de 2014

CUARTO MENGUANTE DE JAUME PALAU



Cuarto menguante
Jaume Palau
Ilustraciones de Antonio Luque
Silva Editorial, 2013.
103 páginas.
15 euros.

Los que se dedican al mundo de lo breve deben tener en la cabeza aquella máxima de Gracián. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Siempre he pensado que es más fácil sacar un buen cuento de una buena novela, que no sacar una buena novela de un buen cuento.

Estas dos reflexiones me vienen al pelo para hablar del libro de Jaume Palau, Cuarto menguante. Ya se habrá dado cuenta el avispado lector que al hablar de la brevedad, ésta iba a tener algo que ver con el título. Si bien es cierto que sabemos que el cuarto menguante es una fase lunar, también lo es el espacio que va haciéndose cada vez más pequeño y, en este caso, el espacio literario. Así el autor, en un ejercicio de osadía, se dedica a hacer historias cada vez más pequeñas hasta dejarlas reducidas a la mínima expresión, que es la línea.

Cuarto menguante viene, a mi modo de entender, definido por tres tipos de ejercicios narrativos. Una sería el relato, otro el microrrelato y otro abarcaría el espacio de la cita o del aforismo. El autor parece sentirse relativamente cómodo en los tres espacios por lo que Cuarto menguante se convierte así en una obra interesante de ser degustada. Cada una de las pequeñas historias, en su brevedad, contiene un universo mayor. Cada cual tendrá sus favoritas.

Antes de hablar de algunas de las historias me gustaría destacar en sí un par de hechos, que no son poco, en este tiempo que nos ha tocado vivir. Un primer dato a tener en cuenta es el cuidado que pone el autor en la elección del vocabulario hasta encontrar aquella palabra que considera más adecuada para cada ocasión, sin dejar de usar cultismos. Hay un tipo de literatura que ha olvidado que es el lector el que tiene que hacer un esfuerzo para entender al autor y no al revés. A esto se le debe añadir una intención de utilizar el bagaje cultural para crear y recrear historias y mitos retorciendo los trasfondos, los tiempos, los espacios o las realidades. Historias que nos suenan al acabar de leerlas. Trasfondos que se adaptan a nuestro tiempo, unas veces con afán de juego estilístico, en otras ocasiones con un propósito medido. Jaume Palau tampoco huye de reinterpretar la realidad del tiempo en el que le ha tocado vivir y se permite criticarlo. En la parte final, la de los aforismos, es más que evidente, pero también lo es en los cuentos y en los microcuentos.

Dicho esto voy a tratar de hablar de algunas de las narraciones que más me han sorprendido.

Empezaré por la primera parte. En El joven que quería ser poeta  (p. 9-13) encuentro ecos de la escritura de Oscar Wilde. Quizá es por la suavidad de la narración o del tono que, en ocasiones, me recuerda a algunos de los cuentos clásicos de Wilde. Un poeta persigue un sueño y es el sueño el que acaba de alguna forma deglutiéndole a él. Realidad y sueño terminan confundiéndose, quizá porque en el ánimo de todo poeta hay algo de la turris ebúrnea, del enclaustramiento de uno mismo. En este caso el protagonista lo lleva al extremo hasta vivir únicamente una realidad que es sueño, ¿o es el sueño el que se convierte en realidad?

El relato Un criterio propio  (p. 15-19) tiene su trampa por lo cual debo ser muy cuidadoso en no desvelarla. Por una parte, es una reinterpretación de un cuento clásico, pero eso no lo sabemos hasta el final. Por el otro, no es más que el conflicto – que no es poco – de una pareja. Eso tan habitual y tan cotidiano. Dejo al lector que descubra ese clásico reinterpretado.

Vejez (p. 21-23) es un repaso vital que se produce con la excusa tan peregrina de tener una erección. En realidad es más, porque la erección acaba siendo el símbolo de la vida a la que el protagonista se agarra, ahora que la muerte está tan cercana. Una historia de eros y tánatos también convertida en una reflexión cotidiana no exenta de profundidad y cierta amargura.

También hallamos ironía en el relato ¡De ninguna manera! (p. 25-27). Sorna que roza lo macabro. Una madre se comunica con su hijo a través de una combinación. Una combinación de números en la que su hijo tiene que confiar. Un relato sobre las relaciones materno-filiales de los personajes.

Los dos relatos siguientes de los que quiero hablar tienen algo en común. Génesis de un asesinato (p. 29-31) contiene la reinterpretación de otro mito cristiano. En el caso de Esa es mi vida  (p. 32-33) recuerdo haber leído un cuento anónimo oriental –luego reintepretado por Jorge Bucay- que tenía un trasfondo similar y un mensaje a modo de reflexión vital. En este último caso nos hace reflexionar sobre la vida, su brevedad y en qué la empleamos.

Curiosamente Jaume Palau tiene varios relatos con un trasfondo de reinterpretación religiosa. Además de este Génesis de un asesinato, también está Navidad (p.39-40), que habla de una moderna epifanía; Un día de abril del año 30 (p. 70), sobre la crucifixión y Lázaro (p.91), sobre el mito del mismo nombre.

De esta primera parte, con los relatos que ocupan más de una página, destacaría dos más. Por un lado, por su trasfondo social y actual, y, también, por lo macabro que resulta la situación una extraña subasta en Rebajas (p. 49-50). Por otro, por lo imaginativo, destacaría El libro del olvido (p. 45-46).

La segunda parte contiene cuentos de menor longitud que la página, aunque también van poco a poco menguando hasta no ser más que unas pocas frases. Cabe destacar El corcel (p.58) que contiene un habilidoso y breve argumento que no descubrimos hasta el final y que obvio desvelar. Manuscrito hallado en una botella (p.67) es también otra reinterpretación de la historia clásica del personaje que encuentra una botella en el mar. En este caso lo inesperado es también el final. Fin de año (p.68) resulta ser algo así como la historia del cazador cazado, en este caso hablando de una pareja y una relación amorosa de por medio. El hombre es bueno por naturaleza (p.75) es otra historia de final sorpresivo en la que el título si bien, parece que no revela nada, no podría explicar mejor el contenido.

La tercera parte es difícil explicar sin desvelar el contenido narrativo que a veces da más la impresión de contener verdaderas filosofías de vida. Mejor destacaré, de entre todos ellos, un par de aforismos:

“Y dijo Dios “no es bueno que el hombre esté solo”. Y creó los papeles. (p.97).

“Lo positivo de la gente que habla sola es que, como mínimo, no hay que esforzarse en darle conversación” (p.99)

Finalmente mencionar el magnífico trabajo de síntesis visual del ilustrador, Antonio Luque, que prácticamente con pictogramas da imagen al contenido de los cuentos.



Cuarto menguante o por qué una obra de arte también puede ser breve.

lunes, 21 de noviembre de 2011

EPIGRAFÍAS DE MANUEL RIVERA MORAL


Epigrafías
Manuel Rivera Moral
Silva Ed, 2011
77 pp.
10 euros

Trazar una ruta por lugares que el autor considera imprescindibles o quizá llegar a conocer a los personajes que a Manuel Rivera Moral (1962), autor del poemario Epigrafías, le parecen importantes. No siempre lugares especialmente conocidos ni personajes necesariamente muy renombrados. Epigrafías parece recorrer el epitelio literario del autor.

Dice la Real Academia de la Lengua en su diccionario que epigrafía es la ciencia cuyo objeto es conocer e interpretar las inscripciones. Sin duda de inscripciones hablamos pero también de huellas, de testimonios, de palabras que el tiempo deja, de historias que el viento trae.

Divide el autor su libro en tres partes. La primera, plagada de escenarios -Delfos, Parnaso, Castillo de Montaigne, Central Park- y de personajes -Prometeo, Orfeo, Dylan, Sísifo, Mesalina, César-... Estos sólo en el segundo poema. De eso se trata, de interpretar lo que el autor nos acerca que no son sino pequeñas intrahistorias a las que da forma de poema. El propio Manuel Rivera nos hace partícipe de sus intenciones poéticas desde un primer momento y deja muy claro el propósito (p.9):

En un principio, escribimos
por atraer las cosas
y llevarnos la vida con nosotros.

A lo largo de los poemas, muchos de ellos arraigados en el clasicismo griego y romano, suceden pequeñas cosas. No sabemos si realmente sucedieron de ese modo, pues el autor se convierte en el cronista de estos pequeños acontecimientos (p.17):

Explica el epitafio: “conocí el aplauso del público
mas no el triunfo de haber corrido en cuadriga”.

Y uno acaba extrayendo la esencia máxima de cada pequeña historia en pocas palabras (p.18):

“si es una vergüenza
ser el segundo hombre en el Everest
tendré que vivir con esa vergüenza”

Parece que la pequeña cotidianidad se sucede en las palabras que quedan para la posteridad, trazando minúsculos y breves retratos. Retratos que son muestra de una sutil filosofía de a diario.

No huye, sin embargo, Manuel Rivera, de intentar construir puentes desde el pasado al presente - y quién sabe si al futuro- dando en el clavo con algunos versos finales que son mazazos, demostraciones fehacientes de nuestra escasa capacidad para comprendernos y comprender (p.23):

“bajorrelieves de Nínive,
galerías del Británico,
petróleo de Irak”

Y en este camino de transcripción también hay lugar para análisis y crítica (p.25):

Aquel niño que lo miraba
sin chistar,
ahora es un hombre vivido
y lleno de debates
sobre culturas, verdades
reveladas, religiones, naciones,
misiones y “pueblos elegidos”.

Ese niño, ya hombre, podría ser cualquiera de nosotros y su historia la nuestra.

Y bien, estas Epigrafías son del pasado como del presente, o de un pasado cercano. De otros países, de otras civilizaciones, ciudades o lugares, de otras épocas y también de aquí, dejando testimonio de lo que también sucede (p.31):

Manuel Benítez El Cordobés
(...)
confiesa a su compadre Camarón,
(...)
“yo nunca mate ese animal,
me acordaría por sus ojos y mi miedo”

Quizá el poema Progresión geométrica da la medida de nuestro momento y cuán revelador resulta ser para la actualidad de codicia, crisis y miseria.

Si la primera parte del libro, Fabupoemas, habla de nombres más conocidos, la segunda, Cartas y Tatuaje, nos sitúa en el lugar de los anónimos. Así encontramos finalmente un cierto humanismo de lo cotidiano (p.58):

no se llama “maestro”
a cualquiera.

Y también en (p.60):

El amor o la amistad
-ejercicios de fe y estilo-
perdieron su mayúscula.

O (p.55):

(…) que un breve y pródigo
destierro sea
el único castigo para
estos héroes ridículos.

Palabras sencillas y contundentes, sentimientos que se aferran y se revelan terriblemente humanos, angustiosamente cercanos.

Así la tercera y última parte del libro parece retomar el principio y deja buen sabor de boca en su epílogo, no en vano el autor ha trazado a lo largo del tempo del poemario toda una trayectoria de la historia de la cultura (p.76):

Valgan lo vivido, la fábula
y el garabato.

Filosofía de vida que trasciende desde el trazo elaborado hasta el más casual.