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sábado, 9 de enero de 2010

ENTREVISTA A FERNANDO CLEMOT




Hablamos con Fernando Clemot, recién galardonado con el premio Setenil por su obra anterior, Estancos de Chiado. Parece que 2009 ha sido un buen año para Vd, ¿No?

A nivel literario posiblemente he ganado en visibilidad en este 2009, seguramente el Setenil al ser un premio de prestigio y contar en la final con libros y autores muy conocidos tiene parte de culpa de ello. También la publicación en septiembre (casi solapada con la concesión del Setenil) de “El golfo de los poetas” con Barataria ha hecho que haya tenido un buen fin de año en lo literario. Fue una bonita coincidencia.


-“El golfo de los Poetas” es una novela que desasosiega profundamente, una novela que no es fácil de leer debido a que bucea en la frustración, en la autodestrucción de una persona. Debió de removerle por dentro pensar en un personaje como Leo Carver, ¿cómo nació dicho personaje?

Al principio plateé un escenario básico que eran las vacaciones como fuente inagotable de conflictos entre familias. Posiblemente la aparición de un personaje difícil y con muchas aristas como el de Carver vino a ahondar en esta herida abierta. A esta personalidad conflictiva quería unir la visión de un perdedor, una visión desengañada, creo que fue Fellini el que a la hora de escoger actores para su “Satirycón” contrató a un camarero sin experiencia (Mario Romagnoli) simplemente porque su mirada reflejaba cansancio, una mirada, comentó, a la que ningún exceso o acontecimiento pueda sorprender. Un poco en la búsqueda de Leo quería encontrar lo mismo: hastío, exceso y desengaño, una mirada de reptil, escéptica, que no transmita nada, seca de emociones y de expectativas.


-La novela toma la forma de diario en el que abundan los monólogos interiores. Básicamente sólo habla Leo Carver. ¿Se planteó en algún momento otra forma de narrar o pensó desde un principio que el diario sería lo más adecuado?


Desde el principio pensé en que el protagonista llevara el peso casi absoluto de la narración. En la novela Leo es dios, una pequeña divinidad perversa y distraída. Él nos enseña lo que quiere y opina lo que le viene en gana, sin restricciones ni tabúes. Desde ese punto de vista unívoco se puede crear también una visión de la novela sectaria, una visión que nos puede llevar a engaños y deparar sorpresas, pero que también nos puede llevar muy hondo, a revolver las entrañas del personaje. Creo que esos dos factores me impulsaron a imponer ese tipo de narración.


-Siguiendo con la figura de Leo, ¿quería que nos compadeciéramos de él ya que Vd como narrador no lo hace?


No creo que la figura de Carver sea muy digna de compasión, también tengo muchas dudas sobre que él quiera o busque ese tipo de enmadramiento. En su caída Carver mantiene el tipo, cierta dignidad en su carrera de excesos. No suplica comprensión entre los que le rodean, en su espiral autodestructiva creo que únicamente desea que lo dejen en paz, que le dejen herirse sin que nadie le corrija o le lea la cartilla.

-Hubiera sido interesante leer alguno de los textos de los que el mismo Leo Carver parece renegar. ¿Había algún propósito de homenajear a algún otro famoso Carver?

Llegué a pensar en incluir algún texto de Carver pero creo que no hubiera aportado nada a la narración, incluso podía haber distraído al lector. También pensé que el Carver actual no tenía nada que ver con el novelista triunfador de sus inicios. El protagonista es un perdedor en su sentido más absoluto, un tipo que ha saboreado las mieles del triunfo y ha visto que no sabían a nada. No hay derrota más amarga que saber que la victoria no vale para nada, que está hueca, que es de cartón piedra.

En cuanto al nombre de Carver no guarda relación con Raymond Carver, autor que me gusta pero que tampoco es de mis favoritos. Me gustó el apellido, quería que el personaje no tuviera ningún anclaje geográfico claro y el nombre de Leo Carver se avenía bien a esta premisa.

-No sé si ese lado oscuro en el que naufraga Leo Carver tiene algo que ver con todos esos escritores malditos que vivieron en el filo de la navaja: Bukowski,Jack London, etc. El mismo London éscribió un libro sobre su alcoholemia. ¿Tomó datos de algún personaje real como modelo?

No me he basado tanto en escritores como en personajes o vivencias que me han rodeado. Todos hemos conocido personas de nuestro entorno que fracasaron o se autodestruyeron con el alcohol, con las drogas o con cualquier quimera estúpida. En cualquier bar o en la calle podríamos encontrar experiencias semejantes a las del personaje central de “El golfo de los Poetas”. En este caso creo que el personaje es un collage de vidas y experiencias cercanas, un ente creado con retales vividos, sentidos o intuidos, pero siempre próximos, de ninguna forma recreados a partir de mitos o del malditismo literario.


-La novela da en la última parte un giro inesperado que en el fondo es muy coherente con el desarrollo de la historia. No vamos a descubrir el contenido aquí pues vale la pena leer toda la novela, sin embargo ¿pensó muchos finales alternativos o siempre tuvo claro este final?

Barajé otro final que también me gustaba y que tenía que ver con el mendigo que vive en el cuartucho de máquinas de la piscina. Es un personaje que está mucho más próximo de lo que podía parecer a Leo, con el que se identifica y hasta, en cierta manera, admira.

-¿Comparte algo con Leo Carver, de su visión de la vida o de la literatura?

Quizá una cierta visión agonística de la literatura. Soy de los que no disfruta escribiendo y creo que Leo sólo disfrutó de la literatura en un breve momento. Para mí escribir es remover y no siempre lo que se encuentra es agradable y en eso creo que sí me puedo parecer a él. También encuentro a Leo próximo a mí como un antimodelo posible al que nunca nos querríamos acercar, aunque también me atraiga su forma lúcida y valiente de mirar al abismo. Creo que no es tan difícil estar cerca del abismo como hacerlo de forma consciente. Hemos sido legión los que hemos estado seguramente cerca del filo pero pocos de forma consciente. Jugábamos pero Leo no juega ni experimenta con nada y creo que ese matiz redobla la aspereza del personaje. Sabe a qué está jugando y en este aspecto el personaje es un valiente.

-Vd es un autor que antes de lanzarse al mundo editorial se ha ido curtiendo en el mundo literario a través de los concursos ¿lo recomienda?

Probablemente los concursos literarios de cuento son uno de los campos más “democráticos” para abordar el mundo editorial. Si habláramos de los concursos de novela sería otro cantar aunque también hay concursos corrompidos en el relato breve. Como toma de experiencia y para calibrar la recepción de lo que escribes ante un lector que no te conoce es una buena prueba. Si funciona la experiencia también es importante saber retirarse a tiempo ya que estos concursos generan una dinámica, una forma de escribir llamémosle “concursera” que en muchos casos puede hacer que no evoluciones.

-Hay una pregunta que no me resisto a hacerle ¿No le parece extraño que una novela tan bien escrita, y que no abunda, como la suya haya tenido que dar tantas vueltas para ser publicada?

No me sorprende casi nada. La literatura hace tiempo que se mueve, en su mayor parte, por criterios estrictamente mercantiles, sólo hay que ver algunos anaqueles de grandes superficies… Es muy difícil publicar si no vienes avalado por una trayectoria de publicaciones anterior o por alguna resonancia mediática. Si no has publicado antes no publicas pero cuesta publicar la primera novela. Es un pez que se muerde la cola, cuesta salir de este círculo vicioso y entrar en la rueda. En muchos casos esta barrera nos priva de leer primeras novelas interesantísimas que se quedan guardadas, muertas de risa. En este aspecto me considero un afortunado al encontrar una editorial que se ha leído la novela sin prevenciones.

-Y ahora, ¿en qué está trabajando?

Tengo una novela acabada y una tercera en ciernes. Quería acabar una trilogía que indagara sobre la memoria y sus límites, sobre el extraño mecanismo de recepción de recuerdos, en muchos casos se diría que aleatorio. Es un tema que me interesa y por ahora me tiene muy entretenido.

Muchas gracias, Fernando Clemot, por su atención y mucha suerte en este largo camino literario.

martes, 15 de diciembre de 2009

EL GOLFO DE LOS POETAS DE FERNANDO CLEMOT


El golfo de los poetas
Fernando Clemot
Ed. Barataria, 2009
286 pp
17 euros.

Tras la exitosa publicación de Los estancos del Chiado con la que Fernando Clemot ha sido galardonado con el premio Setenil, ahora nos presenta su primera novela, El golfo de los poetas. Una novela que ahonda en la condición humana y, sobretodo, en su lado más obscuro. El protagonista, Leo Carver -véanse las referencias literarias del autor-, escritor de culto venido a menos, emprende un viaje a Italia con el fin de dejar atrás su mala racha. Es en este lugar, acompañado de su mujer, su hija y una amiga de su esposa, donde revivirá parte de su pasado y, lejos de conseguir olvidar su ruina, no hará más que profundizar en su alcoholemia descubriendo cuán relacionados están su pasado y presente.

Fernando Clemot, del cual ya habíamos descubierto grandes dosis narrativas en su libro anterior, crea una novela de trasfondo depresivo en la que profundiza sobre los mecanismos que nos conducen a la ruina, a la dejadez, al abandono y, al mismo tiempo, con una descripción precisa, nos traza un retrato de un alcohólico y un depravado sexual. Hay momentos en que uno parece revivir las vidas de otros tantos escritores malditos: Bukowski, London, etc... De este último, el relato de Clemot me ha recordado otra novela sobre el alcoholismo, John Barleycorn(Las memorias alcohólicas).

Clemot a lo largo de una narración en forma de diario nos va introduciendo en el pensamiento de Carver, escritor que además ha perdido la memoria a corto plazo, y que se vale de unas libretas que siempre lleva consigo para recordar lo que hace. Clemot consigue brillantemente conducirnos a través de los entresijos de la mente de este perturbado personaje, utilizando el monólogo interior, y las escasos diálogos con otros personajes que van apareciendo y que suponen la ligazón definitiva con su pasado.

Gusta el autor de la frase larga, frase descriptiva -estilo casualmente bastante alejado de Carver- pero a la vez de la frase contundente, de la frase que escarva en nuestro interior. Es la novela de Clemot una novela profunda, trufada de desasosiego, de las que cuesta leer por lo que producen en el lector, de las que remueven las entrañas y no dejan indiferente. Paradójicamente Fernando Clemot domina a la perfección los mecanismos de la novela psicológica y de la novela clásica pero ello no provoca en el lector la sensación de estar ante una novela antigua.

Uno de los aciertos creativos de El golfo de los poetas es el concepto de bisagra: pensamientos bisagra, recuerdos bisagra, amigos bisagra. Concepto elemental para entender los entresijos mentales de la novela. El concepto bisagra es el que nos lleva de un lado a otro, de un personaje a otro, de un recuerdo a otro... El que nos explica los complejos mecanimos de la memoria, de las interelaciones entre hechos, entre sentimientos y sucesos y que sirve al autor para ir yendo del pasado al presente tal y como hace el propio Carver.

Otro de los aspectos fundamentales que flota es el de la culpa, la culpa que lleva a Leo Carver a beber y a olvidar, olvido que está íntimamente relacionado con parte de su pasado que, al unísono, no puede ni quiere recordar.

Es al final de la novela donde un último giro de timón nos lleva a entender la relación bisagra que hay entre pasado y presente y más, correctamente, entre pasado y pasado reciente.

Clemot no da concesiones a su personaje, no lo redime, no le permite un final feliz, tan solo le deja a su libre albedrío y no por sorprendente el final nos parece el más lógico.

Bravo por Fernando Clemot y por su novela que estoy seguro de que dará mucho de que hablar.

martes, 11 de agosto de 2009

ESTANCOS DEL CHIADO DE FERNANDO CLEMOT


Estancos del Chiado
Fernando Clemot
Paralelo sur ediciones,2009
196 páginas
10 euros.

Para leer algunos de los libros que se editan actualmente no hace falta nada, ni siquiera interés. Algunos se leen en un continuo pasar de hojas en el que uno puede saltarse frases sin que el resultado final quede alterado. Para leer el libro de Fernando Clemot, Estancos del Chiado, uno debe preparar el espíritu, debe tener esa rara disposición que sólo poseen los que abren los libros para releer una línea o un párrafo. Porque la lectura de Estancos del Chiado debe ser una lectura pausada, línea a línea, palabra a palabra, degustando cada adjetivo tanto como cada verbo.

Es el lenguaje de Clemot un lenguaje depurado, que busca el término exacto pero, a la vez, que se deleita con las sonoridades, con las letras, con las palabras... Fernando es, evidentemente, un constructor de historias, un artesano del cuento. Perfecto conocedor de los tiempos en que se desarrollan las acciones, recorre las historias con la intensidad precisa procurando nunca defraudar, incluso cuando alguna vez se puede intuir el final del relato (Cazadores de ganado). No es extraño que con semejantes habilidades, Clemot haya ganado tantos premios.

El autor divide el libro en tres partes: Mitologías, El jardín de la memoria y Ocasos.

Son los que conforman la última parte, los cuentos cuya redacción es más sencilla, historias en las que el autor va tirando del hilo desde la anécdota hasta llevarnos a un inesperado desenlace. Son cuentos para leer de un tirón pero que dejan poso. El poso de la reflexión que invita a una posterior relectura. Y, sin embargo, hay una excepción. El primero que constituye esta serie, Levante , es un cuento que, en sí mismo, esconde el más terrible de los secretos. Un secreto al que el autor nos va llevando lentamente, iluminándonos el camino hasta mostrarnos el panorama en un final absolutamente desasosegante.

La primera parte, Mitologías, me remite a la redacción del mito que hacía Roland Barthes en Mitologías. Fernando Clemot convierte en personaje a Eça de Queiroz en un relato, Una dame sans merci, acercándose a los cuentos de Poe. Juega con la historia en el relato Orgullosamente apasionado , a veces con la capacidad de alterarla o de gestar una ucronía.

En la segunda parte, El jardín de la memoria, Fernando Clemot habla del recuerdo. Un recuerdo a veces cercano, El verano del cortapichas, Bautizos de primaveras pasadas. Otras veces el recuerdo nos remite a un lugar, a Lisboa, como el relato que da título al libro, Los estancos de Chiado. Incluso se atreve a investigar sobre su propio origen.¿Cuánto habrá de fantasía y cuánto de realidad en esa historia?. En definitiva, si la lectura pausada, si la lectura que deja poso, si la lectura de un libro que hace reflexionar les seduce, lean a Fernando Clemot. Lean Estancos del Chiado.