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sábado, 10 de marzo de 2012

ENTREVISTA A MAUD LETHIELLEUX

Desde donde estoy veo la luna es la última novedad que presenta editorial Grijalbo. He tenido la oportunidad de charlar en directo con su autora, Maud Lethielleux. Ésta es la entrevista.

Luis Vea, Barcelona.


Luis Vea: Ciertamente antes de enfrentarme a la lectura de su libro me ha despistado bastante su portada. Me daba la impresión de ir a leer un libro chic-lit o para adolescentes. Luego me he encontrado algo bastante más duro. ¿Qué opina? ¿Tenía pensado cuál era el lector de su novela?

Maud Lethielleux: Aunque el ambiente sea duro la novela no es dura. Es cierto que no es una novelita rosa pero hay alegría, ironía, burla… No me parece que sea dura. El ambiente y la situación sí, pero la historia en sí, no.

L.V: ¿Por qué una historia sobre vagabundos? ¿O es una historia sobre la esperanza?

M.L: Es sobre todo una historia sobre la esperanza. Quería transmitir la idea de que el arte puede salvar a una persona y que eso está al alcance de todo el mundo. Incluso para una persona como la protagonista que no tiene estudios ni cultura.

L.V: Una buena parte de la trama transcurre en un territorio que parece ser la banlieu de París. Se dibuja un panorama muy difícil donde hay ocupas, vagabundos… El hecho de situarse la historia en este terreno, ¿tiene algo que ver con las revueltas ocurridas en el extrarradio de París hace unos años?

M.L: No, en absoluto. Más que pensar en el extrarradio de París pensé en cualquier ciudad que está a varias horas de París porque cogen el tren. Hoy en día, en Francia, hay indigentes en todas partes. O sea que no está ni siquiera en una de las ciudades que se consideraría con problemas.

L.V: Dibuja un panorama editorial bastante sombrío. ¿Considera que es así? ¿Se basó en su experiencia editorial?

M.L: Lo que relato corresponde a la experiencia que tuve con la publicación de mi primer libro y es cierto que el ambiente es sombrío porque me encontré con una experiencia idéntica y no es sólo la mía, sino la que se encuentran muchos jóvenes autores que publican por primera vez.

La editora que aparece en el libro es exactamente igual a un personaje real, tuve problemas con ella y conozco a otros autores que también los tuvieron. Tuve la suerte de ser publicada por otra editorial. Otros no la tienen. Esta persona ha empujado al suicidio a algunos autores.

De todos modos presento el panorama tal y como lo veo, pero también está la figura (en el libro) del otro editor, la del educador que es una persona muy distinta.

L.V: En el fondo Moon es una soñadora. Sus amigos tratan de enseñarle la verdadera realidad pero ella parece no escucharlos. Sólo al final reconoce haber vivido en una fantasía. ¿Es quizá la rendición del mundo de Moon?

M.L: Moon no quiere tener responsabilidades, tiene miedo de enfrentarse a la realidad, de entrar en los moldes en los que entra la gente normal porque no sabe si estará a la altura de lo que ella espera. Tiene mucho miedo de hacerse ilusiones. Sólo al final de la novela es cuando ella acepta abrirse a esas otras posibilidades.

L.V: Todos los personajes de la novela son personas jóvenes y desarraigadas. Ex presidiarios, drogadictos, ocupas, vagabundos… Da la impresión de que los que viven fuera de ese desarraigo son los extraños. ¿Es una inversión de la realidad?

M.L: En la novela también aparecen personajes que no son marginales como la abuela, el editor, la librera que trabaja con Slam, pero es cierto que el universo que rodea a Moon es el de personas que han tenido problemas, en caso contrario no habrían acabado en la calle. Desde el punto de vista de ellos crean una microsociedad, ven el resto de la sociedad como algo fuera de lo normal. En este sentido sí hay una inversión de los papeles.

Precisamente esa inversión de los papeles es lo que me ha interesado porque muy a menudo cuando se habla de los sin techo en una novela el autor emite juicios como víctima, ve un universo triste. En este caso me pongo en la piel del que vive en la calle, con sus referencias, y lo normal es eso. Así se ve el otro punto de vista. (Moon) vive de una manera feliz; aprovecho para ver desde dentro de esta persona.

L.V: El libro parece tener tres partes. Una primera cada vez más triste, una segunda con una cierta esperanza que poco a poco se va truncando y una última que parece que se queda en una posición intermedia en la que cada cual puede interpretar positivamente o no. ¿Le parece así?

M.L: Para mí la primera parte no es triste, depende del lector. Lo que describe es el universo de Moon. Algunos la han encontrado triste pero otros lectores han dicho que incluso dan ganas de vivir en la calle, por la descripción tan fresca que se muestra. La segunda parte es la más triste, surge una nota de esperanza pero entonces aparecen todos los temores de ella, todo el miedo a fracasar, la pérdida de referencias. (Moon) debe elegir entre intentar ser normal entre comillas o continuar como hasta ahora y se encuentra ante una opción que le cuesta mucho, ella sufre en ese momento. La tercera parte es directamente positiva porque ella se va abriendo al amor, a la vida normal, a la escritura. Para mí es un libro alegre.

L.V: Cometa, la perra, llega a ser un personaje más de la novela, a veces incluso de los personajes más importantes. ¿Es así cómo lo había previsto?

M.L: Es un personaje muy importante porque es el principal punto de referencia de Moon. Ella con la perra puede explayarse, demostrarle todo su amor sin pudor mientras por ejemplo con Slam o con Fidji –al cual, al final no dice nada- ella se retiene, es muy pudorosa. Es un personaje muy atractivo para el lector.

L.V: ¿El amor de Moon por Fidji no es excesivo?

M.L: No creo que sea excesivo porque hay que tener en cuenta que Moon tiene 19 años, (Fidji) es su referencia en la calle, ha estado con él dos años y lo vive con muchísima intensidad. Además hay que tener en cuenta que es prácticamente la única familia que tiene, a parte de Cometa, pero para los que tenemos otros puntos de referencia como adultos, podemos vivir las cosas de otra forma. Para Moon es su única familia y referencia y la relación ocupa mucho espacio.

L.V: Una de las cosas que no aparece en la novela es de dónde proviene Moon. ¿Cuál es su historia para llegar a la calle?

M.L: Habría sido demasiado fácil buscar el origen, habría sido simple buscar una explicación psicológica, y habría parecido una película de malos. Cada lector se lo puede imaginar. He preferido imaginar el presente de Moon y no el proceso que le ha llevado a la calle.

Moon es la narradora y no es el tipo de persona que contaría su historia. También ha sido una opción para hacerla creíble.

L.V: A veces parece que el enemigo sean los servicios sociales. ¿Le parece así?

M.L: Es el punto de vista exclusivo de Moon. Es joven, tiene buena salud, puede ganarse la vida vendiendo sonrisas. Tiene la impresión de que ha elegido su vida y si hubiera querido aceptar ayuda no se hubiera marchado del centro de acogida, seguramente no habría rechazado la ayuda de sus padres. Si está en esa situación es porque ha rechazado otras ayudas. Es el caso de una persona joven y sana, en el caso de otras personas más mayores y con una situación más difícil seguramente sería de otra manera. Creo que los servicios sociales hacen un trabajo que ayuda pero desde el punto de vista de Moon es una injerencia en su vida, en una decisión libre que ella ha tomado.

L.V: Da la impresión de que la crisis obliga a historias imaginativas que nos hagan olvidar la realidad, sin embargo su libro habla de la realidad de la calle, una realidad muy dura. ¿Va vd. contra corriente?

M.L: Es cierto que no es una novela de ciencia ficción, una novela que se salga de la realidad, aunque nos evada pero es una novela llena de esperanza, una novela de una persona que se encuentra en una situación difícil, se dirige hacia la luz y hacia un abanico de posibilidades que se abre cuando ella las acepta. Da esperanza y espero que sea de buen augurio para la situación en que vivimos.

L.V: Lo decía porque la figura de Moon no es la figura de una heroína, es una persona que tiene que trabajar duro para llegar a la esperanza. Desde ese punto de vista nos encontramos ante una historia más o menos real. No nos evadimos. Estamos en la realidad.

M.L: Es cierto que estamos en la realidad pero Moon accede a unas posibilidades llenas de esperanza para una persona sin estudios, escribe una novela y es publicada. Parto de la realidad con una visión optimista.

L.V: ¿Está trabajando en un nuevo proyecto? ¿Retomará el personaje de Moon?

M.L: Hay un nuevo proyecto pero que no tiene nada que ver con estos personajes.

L.V: Lo decía básicamente porque Moon es un personaje con mucha entidad, con mucha alma, muy bien diseñado y que atrae al lector.

M.L: No hay nada imposible si me lo piden.

En mis novelas siempre hay una puerta que se abre a otras posibilidades y en mis otras novelas me han pedido algunos lectores que continuase con los mismos personajes pero de momento no lo tengo previsto.

L.V: Muchas gracias Maud por permitirnos hablar de tu novela y deseamos mucha suerte a Moon y a ti. Éxitos para ambas.

M.L: Muchas gracias y deseo tener muchos lectores españoles.

Foto: Pilar I.


jueves, 8 de marzo de 2012

DESDE DONDE ESTOY VEO LA LUNA DE MAUD LETHIELLEUX


Desde donde estoy veo la luna
Maud Lethielleux
Traducción de Daniel Montsech Angulo
Ed. Grijalbo, 2012
234 pp
15,90 euros



Leer a Maud Lethielleux ha sido una sorpresa. Primero porque no conocía a la autora, ni su trayectoria ni su relativa juventud. Segundo porque el libro, al menos en la edición española de Grijalbo, no deja de despistarme. Ciertamente, por la portada creo que jamás me hubiera interesado por Desde donde estoy veo la luna. No sé si se debe a un posicionamiento editorial o quizá a un afán de vender el libro a un determinado tipo de público. Lo cierto es que augura más un libro de literatura juvenil o chic-lit que un libro sobre la historia de una vagabunda. Es cierto que en la narración hay muchas dosis de fantasía en el mundo de la protagonista, Moon, y también de esperanza, a mi modo de ver también neutralizadas por un trasfondo relativamente duro. Por tanto nada de chic-lit, nada de literatura adolescente, nada de novelita rosa.

Desde donde estoy veo la luna narra la catarsis de una joven vagabunda, de cuyo pasado poco sabemos, y a la que el arte, en este caso la escritura, redime y ayuda a abandonar las calles.

Moon es una joven adolescente que vive en una plaza pública entre cartones junto a una floristería y con su perra Cometa. Vive el día a día de la dificultad de conseguir dinero para comer. Para ello vende sus mejores sonrisas. Habita una casa desde cuyo tejado inexistente ve la luna, siente el frío de la noche y la dureza de la violencia callejera. Su novio es otro sin hogar, Fidji, del que está perdidamente enamorada. Tanto es así que decide regalarle sus pensamientos en un libro. Consigue una pequeña libreta donde va anotando ideas y tramas. Al final compone algo parecido a una novela que su amigo Slam lee. Moon no sabe que esa novela irá a parar a dos editoriales. Aprovechando la trama, Maud Lethielleux critica duramente algunos caprichos del negocio del libro bien especificados en uno de los personajes. Quizá ese mismo que conduce su vida a una espiral que augura un terrible desenlace, pero ahí está la esperanza.

Moon acaba abandonando el mundo ideal en el que vive para percibir toda la crudeza del mundo de los adultos. Una novela donde las dos caras de la vida: esperanza/crueldad se dan cita. Es un raro libro porque bajo la capa de ternura subyace una realidad terrible. Un extraño libro para una época de crisis en la que quizá esperaríamos algo más imaginativo, más cercano a la pura fantasía.

Es difícil comparar la escritura de Maud, una escritura fresca en la que se incluyen neologismos, el habla de la calle, una jerga a caballo entre el mundo de los móviles y la realidad digital. Sin embargo Moon es una chica sin cultura que vive cerca del mundo de los ocupas, aunque no parece simpatizar con su causa. De hecho hay como una reacción de casta, pues Moon cree que son una especie de niños de papá. Los verdaderos dueños de la calle son los vagabundos. Procura no mezclarse mucho con los ocupas y tampoco quiere que sus amigos lo hagan. No en vano ese mundo trae mucho de borracheras y alcoholismo.

El libro también está trufado de amor adolescente, tan explosivo como exagerado, un amor paralizante que lo llena todo. Cuando Moon pierde a su novio Fidji, parece perder todos los referentes que le quedan en vida y ahí se avecina el desastre.

Cometa es la fiel amiga de Moon, un cachorro de perro, que la acompaña en todas sus vicisitudes callejeras mientras duerme entre cartones o revuelve la basura.

Sin duda el libro contiene críticas muy notables al mundo actual, al hecho de que necesitamos demasiadas cosas para vivir, pero también a cómo tenemos organizada la vida, a la falta de libertad, a la pérdida de valores. El lector avispado seguro que encuentra muchas más respuestas.

Sorprende bajo la capa de bonhomía toda una lección de civismo y una capacidad de autosuperación digna de una heroína callejera, una chica que apenas tiene un anorak contra el frío y un cachorro de perro. Con esas armas contemplar el futuro es todo un reto.