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martes, 24 de julio de 2012

DÍAS DE FUEGO EN LA HABANA DE DAMIÁN PATÓN




Días de fuego en La Habana
Damián Patón
Ed-Bohodón, 2012
144 pp.
14 euros (formato ebook: 7 euros)

Había tenido la oportunidad de leer algunos trabajos de Damián Patón (1963), pero, probablemente, Días de fuego en La Habana es la obra más redonda que he leído de él. Una serie de personajes con turbias vidas buscan lejos de su hogar la paz que no hallan en su lugar habitual. Lamentablemente no son del todo conscientes de que el infierno siempre viaja con ellos. Los personajes que diseña Damián son desarraigados de su propia vida, envueltos en miserias personales y morales. También se caracterizan por su incapacidad para asumir su rol sexual. Uno de los puntos fundamentales de la novela son los diálogos. Casi siempre certeros  y creíbles. Probablemente el punto más discutible y opinable lo da el narrador. Quizá un narrador ideologizado. A veces se unen las opiniones del autor que aparecen en boca del narrador, otras los personajes se conducen por una senda marcada. Sin embargo la novela tiene destacables elementos de la literatura de género negro a las que se añaden un interés en profundizar en el perfil psicológico de los personajes. Moisés Clavijo (¿el nombre ha sido elegido por el autor para emparentarlo con el drama de Goethe?), un tipo que huye de sí mismo con el pretexto de escribir un libro que jamás acierta a empezar. Buscando quizá su propia identidad conoce a  Iker Getxo, un personaje envuelto en la penumbra de la duda sobre su propia condición sexual. Los diálogos entre estos,  su acercamiento, también sus desencuentros y, por último, su huída a España tras una discusión de calado son parte del día a día de Moisés en La Habana. También en el camino se entrecruza el juez Javier Terré, juez de menores que, sin embargo, olvida sus escrúpulos por un momento para acabar haciendo lo que le condujo a la isla, acostarse con una jinetera, pero menor de edad. Por último, el teniente Oswaldo, un policía enamorado de un transexual que se niega a aceptar la realidad de ese enamoramiento. Todos los perfiles y sus vidas se van entrecruzando. Es magnífica la escena entre Moisés Clavijo y el juez Javier Terré, cuando el primero va al hotel del segundo a devolver la cartera que ha encontrado y cómo el segundo, en un alarde de estupidez y soberbia, se comporta como un imbécil pagado de sí mismo. Buena ambientación general de la vida y las miserias de la Habana que, sin embargo, queda oculta por la vida y miserias de los personajes que de fuera vienen y transitan por esa realidad.

Al final del libro, un hecho viene a enturbiar el normal desarrollo de la acción. Un hecho que no es baladí para todos los personajes y tampoco lo es en la más reciente historia de España: el 11 M. Ese acontecimiento terminará por devolver a todos ellos de una u otra forma a la realidad de su regreso, cada uno a su madriguera, sin haber resuelto sus problemas interiores. El diablo sigue viajando con ellos al mismo lugar del que partieron y con el agravante ahora del desastre que se avecina.

Recomendable libro de este autor para los amantes de los personajes indefinibles y atormentados y, también, por los que tienen querencia por el género negro. Días de fuego en La Habana.

miércoles, 12 de agosto de 2009

JUAN CACHO O UN CACHO DE JUAN DE FRANCISCO PALACIOS CHAVES


Juan Cacho o un cacho de Juan
Francisco Palacios Chaves
Bohodón ediciones, 2008
251 páginas
17,31 euros

Juan Cacho es un ser normal, con una vida normal y unos problemas normales que frecuenta a veces compañías un tanto extrañas.Ésa es la descripción más simple del libro Juan Cacho o un cacho de Juan. Pero hay mucho más, porque a Francisco Palacios se le nota que disfrutó escribiendo su novela, conformando cada uno de los rasgos de la personalidad de Juan Cacho, que es casi como su alter ego, incluso en el dibujo caricaturesco de la portada que tiene gran parecido con el propio autor.

Al leer Juan Cacho o un cacho de Juan inmediatamente tuve cerca un par de referentes. Como si Juan Cacho fuera a la vez el Wilt español. Y no menos lejana es la referencia que enseguida tuve en la punta de la lengua: cruasán. Ello gracias a que no hace demasiados años un autor desconocido triunfó con una novela denominada: Lo mejor que le puede pasar a un cruasán. Quizá porque la propuesta literaria de Francisco Palacios, andaluz y mañagueño - y eso se nota-, no se aleja demasiado.

El propósito del autor es entretener, lejos de la literatura sesuda y correosa. Palacios nos entrega una novela básicamente humorística que, sin embargo, hacia el final del libro adquiere tintes de novela policíaca.

Tras un comienzo un tanto vacilante debido a la acumulación de hilarantes descripciones y tópicos, poco a poco la novela nos va llevando a una senda cuasi policíaca sin dejar nunca el humor. Sin embargo, en ningún momento, abandona el tono general. Y eso es una virtud y hace que el lector no se sienta estafado.

Y al llegar al final todas las pequeñas microhistorias, que son algo así como una sucesión de amores de verano, concuerdan a la perfección. Por eso no se entiende que ninguna gran editorial se haya interesado por el trabajo de Francisco Palacios, pues su propuesta literaria viene que ni pintada a cualquier caluroso verano.

Lectores, a disfrutar de Juan Cacho o un cacho de Juan.