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lunes, 7 de junio de 2010

LA NATURALEZA DE UN CRIMEN DE JOSEPH CONRAD Y F.MADOX FORD.




La naturaleza de un crimen
Joseph Conrad y Ford Madox Ford
Ed. El Olivo Azul, 2010
80 pp
14 euros

La naturaleza de un crimen es un libro escrito a dos manos por Joseph Conrad y Ford Madox Ford. Una propuesta del primero al segundo, pues aunque ahora consideramos más importante a Conrad, en su momento era quizá más conocido Madox Ford. De Conrad no hace falta mencionar sus grandes novelas: Lord Jim, El corazón de las tinieblas, Nostromo, El agente secreto, etc. Hace unos días también reseñábamos otra de sus obras menos conocidas: El final de la cuerda. De Madox Ford destaca especialmente El buen soldado y El final del desfile.


Fue Conrad quien propuso a Madox Ford hacer una novela a dos manos. En realidad fueron tres, ésta y dos novelas más: Los herederos y Romance. Si bien el libro no deja de ser una obra menor, es curioso saber que Conrad no la incluyó en la lista de la totalidad de sus obras, quizá no contento con el contenido final. E, incluso, en el prólogo, Madox Ford confiesa haber olvidado la existencia de La naturaleza de un crimen.

Es significativo leer uno tras de otro los prólogos sucesivos de los dos autores y ver de qué modo se escribió La naturaleza de un crimen. Incluso cómo los mismos hechos son descritos de forma diferente. La supuesta colaboración en uno se convierte en pequeños conflictos contados por el otro.

El planteamiento de La naturaleza de un crimen se basa en una larga confesión, la del criminal que admite su pecado. En esa larga confesión en forma de carta a su amada, mujer casada con otro hombre, el protagonista cuenta su crimen y, al mismo tiempo, descubre lo peor de sí mismo a la persona que quiere. Viéndose acorralado, y en un desenlace lamentablemente seguro e inevitable, pone en manos de su amante la verdad de sus pensamientos y vida. El modo en que se apoderó de la fortuna de su amigo siendo él albacea y de qué forma adquirió riquezas y fama.

Si bien la forma de plantear la narración como largo ejercicio de retórica continúa una larga tradición literaria, a veces lastra el contenido. La primera parte se lee con rapidez. Hacia la mitad, la retórica espesa un poco la narración. El final toma un giro que resulta un tanto precipitado. No sabremos nunca si fue por alguna de estas razones por las que Conrad despreció su pequeña obra. Siempre nos quedará la duda del motivo.

A través de las páginas de La naturaleza de un crimen cobran vida algunos temas de rabiosa actualidad. Una muestra: “… no es éste un tiempo de grandes hazañas sino de gigantescas operaciones especulativas”(p.24). Un ejemplo de que mucho de lo que vivimos proviene del pasado, por lo que nunca viene mal releer a los grandes, en este caso a Madox Ford y a Conrad. Y, a pesar del desenlace, recomiendo encarecidamente leer entre líneas el capítulo final, descubriremos un sibilino razonamiento merecedor de nuestra mayor atención.

lunes, 5 de abril de 2010

EL FINAL DE LA CUERDA DE JOSEPH CONRAD


El final de la cuerda
Joseph Conrad
Ed. Funambulista, 2009
Traductora: Isabel Lacruz Bassols
282 pp
20 euros

No había vuelto a leer a Conrad desde mi adolescencia. Recuerdo que llegué a él a través de la recomendación escolar de La línea de sombra. Eran tiempos en los que devoraba a Verne, a Salgari y a London con avidez. Pronto descubrí a Conrad. Así fui leyendo Lord Jim, El agente secreto (en mi edición era El copartícipe secreto), Un vagabundo de las estrellas. Luego conocí la existencia de la genial película de Coppola, Apocalipsis now. De ahí a leer El corazón de las tinieblas faltó un instante. Y sin saber de qué modo lo dejé en ese punto. Hace quizás una veintena de años. Luego descubrí esta pequeña obra que desconocía, El final de la cuerda y me mostré dispuesto a retomar a Conrad, ese mismo autor que tantos ratos de mi adolescencia había cubierto con pasión.

El final de la cuerda no es una obra menor. Sigue el esquema de la novela conradiana en donde la vida transcurre en relación a un lugar –el mar, el río- y a un conflicto. Lo que a los personajes les sucede se precipita en ese mismo lugar. En este caso tenemos un triángulo de personajes que obedecen a intereses contrapuestos. Por un lado, el capitán del barco, Whalley, caballero venido a menos en la época de la Inglaterra colonial. También está Massy, patrón del Sofala y maquinista. Personaje tosco y venido a más gracias a un sorteo de lotería y que desperdicia su vida y su fortuna en lograr un premio mayor. Por último, el segundo, Sterne, lleno de rencor y envidia hacia sus semejantes y deseoso de mandar un navío. La vida de estos tres hombres se precipitará en el barco, el Sofala, mientras éste navega por un río.


La contraposición de los caracteres de los personajes y, sobre todo, el hecho de que los tres son capaces de extraer de sí mismos lo peor o lo mejor según las circunstancias es el hilo narrativo que va tensando la cuerda. Evidentemente, el título de la novela no es casual porque en El final de la cuerda la cuerda acaba tensándose más de la cuenta y rompiéndose.


En un principio, la novela se centra en el capitán Whalley y su vida. Viudo, con una hija casada viviendo en Australia a la cual no ve hace tiempo. Tras sufrir la ruina de su entidad bancaria, pierde todos sus ahorros. Privado de ese colchón para su vejez y a esa edad en que está pensando más en el retiro que en el trabajo, tiene que malvender su navío para hacer frente a las peticiones económicas de su hija. Así, tras la venta de su barco, se embarca en un nuevo navío: el Sofala, en donde aparecen los dos personajes mencionados con anterioridad, Massy y Sterne.


Con una prosa a veces excesivamente descriptiva pero con una destreza notable, Conrad tiene la capacidad de describirnos paisajes y caracteres con la misma soltura. Con unos cuantos párrafos y, sin apenas apercibirnos, nos expone el triángulo que da origen a la novela. El final desata todas las pasiones en la contraposición de los caracteres de los protagonistas.


Buena ocasión para retomar a Conrad si hace tiempo que no se disfruta de su lectura y de ahondar en las pasiones humanas, en las contradicciones que todos llevamos dentro y que en la narración se desatan en un río, como en su muy reconocida El corazón de las tinieblas, mostrándonos que todos llevamos dentro de nosotros al ángel y también al diablo.