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lunes, 28 de febrero de 2011

CUENTOS CHINOS DE ALEJANDRA DÍAZ-ORTIZ


Cuentos chinos
Alejandra Díaz-Ortiz
Trama editorial, 2009
85 pp
12 euros


Da la sensación de que el lector debe estar preparado para leer Cuentos chinos, básicamente porque en seguida descubre que en el libro no hay relación alguna con el país asiático y que la autora procede de México. Y ahí es donde entra la precaución, porque entonces debemos entender que la licencia poética nos llevará por un recoveco engañoso. Para terminarlo de arreglar, y a modo de colofón, descubrimos que “el amor es un cuento chino”. ¿Quizá un engaño?, ¿una mentira?...


Hace tiempo que descubrí que la cotidianidad es un terreno altamente ficcionable -Cotidianos, Ed. Isla Varia 2008-. En este caso la autora, Alejandra Díaz-Ortiz, de cuya vida sólo sabemos que ha nacido en México y se define como analfabeta pasional, parte de una realidad cotidiana para ficcionarla. Muchos de los relatos que encontramos, pues también hay algunos microrrelatos, parten o hablan de ese mundo tan cotidiano, pero a la vez tan rico en matices y posibilidades, que es el mundo de la pareja, de las relaciones humanas, del amor pero, y espero que me lo permita la autora, desde una óptica cuasi doméstica. El presente libro es un libro que bien entenderán las mujeres y que a los hombres nos aportará un contrapunto a nuestra visión de la vida. Seguro que ellas me entenderán. Por lo tanto es un libro que disfrutarán porque los relatos de Alejandra Díaz son relatos ingeniosos hechos con el corazón. Unas veces con un corazón espinoso, otros con un corazón quejumbroso, otras con un corazón amante.


Para empezar, un prólogo de Luis Eduardo Aute y, luego, un mundo de realidad, sí realidades, hechas cuento con un material narrativo reducido al mínimo, donde la paradoja, la frase final rompedora juega un papel esencial. Cuentos cortos, fácilmente digeribles pero que pueden caer como un mazazo en el lector, simplemente porque nos enseñan que la vida también contiene el material narrativo que nos muestra Alejandra. No encontraremos textos complicados, ni recursos estilísticos enrevesados pero sí que nos harán pensar.


A veces frases contundentes:
“Pero lo que sí me ha jodido de mi muerte es esta puñetera certeza de no volver a respirarte”.
Muchas veces es la paradoja la que fundamenta la historia como en su magnífico Karma. En otras ocasiones la obviedad resulta el terreno abonado para la mayor de las paradojas (No hay que llevar el trabajo a casa) o sustenta una realidad basada en la propia mentira (Ya….).


Lo imposible se hace real y lo deseado se convierte en una realidad que jamás hubiera uno querido que sucediera (A grandes males, grandes remedios).


Y, puestos a poner, la autora también demuestra que no todas las mujeres necesitan encontrar al príncipe porque en muchas ocasiones el príncipe puede convertirse en rana o situarnos en terreno pantanoso (Amor al primer verso).


Pero a Alejandra Díaz-Ortiz también le puede la curiosidad y la búsqueda de los intrincados significados de las palabras y sus posibilidades - (Per)versiones -.


Hay relatos que dejarán al lector perplejo (Sonrisa número quince o en Reflejo condicionado).


También hay un lugar para la crueldad, para el desajuste de los amantes, para descubrir que a veces las cosas nos ocurren a destiempo cuando a nuestro amante le hubiera gustado que ya hubieran sucedido y el amor acaba languideciendo (Hubo una vez que un hombre muy guapo me amó).


La anécdota es un territorio prolífico para la autora (La última voluntad), también he hablado de la paradoja (Una amiga de verdad) o el cliché (Por amor).


Sorprende como las situaciones más tristes, más desagradables también pueden ser tratadas con una cierta sorna como en 1536. Y esa misma sorna nace de la propia realidad en el relato Israel, donde el protagonista pretende cambiarse el nombre en el registro civil pues no desea ser un sinónimo de “matar niños, civiles inocentes o de guerra” (p.70)


Algunos de los relatos más interesantes llevan el número del diablo como título –aconsejo fervientemente que encuentren la explicación al 666- o el escatológico relato de lo que se puede dar o quitar en Página de sucesos.


Uno de las historias que jamás nos gustaría protagonizar, por su dureza, es La llamada del mes.

Y, probablemente, uno de los que más me ha gustado es Pantalón de vestir, por su capacidad para buscar la contradicción a la vez que por su contundencia al mostrarla.


Descubran en Cuentos chinos estas pequeñas o grandes mentiras encubiertas, déjense también engañar aunque no sean chinos o chinas y quizá, y a pesar de todo, crean en el amor. Bueno, si lo desean.

lunes, 20 de diciembre de 2010

LOS MARES DETENIDOS DE CARLOS ÁLVAREZ-UDE


Los mares detenidos
Carlos Álvarez-Ude
Trama editorial, 2010
104 pp
14 euros



A Carlos Álvarez-Ude (1953-2010) le llegó la publicación de su único libro de poesía, Los mares detenidos, tarde. Tarde pues fue editado el ocho de febrero y falleció el pasado diecisiete de abril. Sin embargo los que le conocieron destacan su gran cultura poética. Parece entonces extraño encontrarnos ante un poeta –aunque no solamente poeta, también editor y agitador cultural conocido por haber sido parte de la revista Ínsula- con un único libro de poesía editado.


Los mares detenidos es un libro básicamente de temática amorosa, focalizada en la figura de Alejandra –de hecho uno de los poemas lleva su nombre- . Alejandra Díaz Ortiz, escritora mejicana, fue su esposa.


Leyendo el poemario de Álvarez-Ude uno se apercibe de la plenitud amorosa en la que vivía el autor y que se constata en cada uno de los poemas de Los mares detenidos. Unos versos que son, seguramente, deudores de una larga tradición de poetas que han cantado al amor. Hay aromas de Bécquer, de Neruda, de Benedetti. Sin embargo hay una idea que rota a través de muchas de las estrofas, una reinterpretación de un verso de Gil de Biedma de su composición No volveré a ser joven. Ese verso que en Biedma es “que la vida iba en serio”, Álvarez-Ude lo hace suyo en diversas ocasiones como “que vivir va en serio” (p.29), “y la vida va en serio” (p.43), o “la vida va en serio” (p.53). Esa reiteración de una misma idea que recorre todo el libro como poso de una cierta melancolía no sabe uno si era la premonición de una muerte cercana o la fatal casualidad.


Del poemario cabe destacar algunas ideas o subtemas que parten del tronco común de la expresión del amor: el proceso de enamoramiento, la vuelta a la inocencia perdida, la incertidumbre del amor, las esperas que provoca y los estados de plenitud y de ausencia. Todos ellos se desarrollan en las páginas de Los mares detenidos, poemario que se divide en cinco partes: Los mares despiertan, Los mares escuchan, Los mares se detienen, La mar y Colofón. En los tres primeros se habla básicamente del proceso de enamoramiento y en el cuarto del amor en sí mismo. Quizá en el Colofón descubrimos algunas claves más. Destaco el presente poema de entre todos ellos situado en esta parte final. Se titula El gesto:


Un vaso en la tierra que nunca se llena,
pero rebosa una lágrima que coges caliente
y, luego, se hace vapor, respiración, anhelo
y palabra, sobre todo, palabra y, por si se pierde,
un gesto, un simple gesto de amor infinito.

Es Los mares detenidos un libro sencillo de leer y entender, incluso para el profano en el género poético. De entre sus virtudes: la sencillez, a veces incluso excesiva, la cercanía y la sinceridad. Apenas encontramos artificios estilísticos: la reiteración, las contradicciones o las paradojas en versos relativamente desnudos y sin florituras, con un lenguaje asequible.


Como comentario final destacar un apartado llamado ¿Quién es Carlos Álvarez-Ude ? donde una serie de nombres conocidos opinan sobre el autor junto con otros tantos de amigos y parientes.
Sólo queda leer Los mares detenidos, qué mejor homenaje a un poeta que leer su obra.

lunes, 12 de abril de 2010

UN NUDO EN LA GARGANTA (QUINCE CUENTOS CANALLAS) DE VARIOS AUTORES




Un nudo en la garganta (Quince cuentos canallas)
Varios autores
Trama editorial, 2009
183 pp
16,83 euros

Un nudo en la garganta nos presenta una propuesta narrativa en forma de quince cuentos de diferentes autores de uno y otro lado del Atlántico. Un compendio de relatos realizados por escritores de habla hispana y de temática canallesca. En el prólogo, Juan Ángel Juristo ve la necesidad de acotar el término canalla. Resumiendo: son moneda común los tipos despreciables con un proceder dudoso, antisociales y, a veces, marginales, cuyas historias rozan o son parte del mundo de la delincuencia. Tipos que salen de la cárcel, que llevan armas, trafican o comercian con drogas, aceptan sobornos, roban, asaltan, disparan, matan, les ponen o ponen los cuernos, frecuentan los bajos fondos, se vengan, asesinan, esclavizan, se drogan, se prostituyen o prostituyen o andan en pandillas. Un catálogo de la mayoría de las cosas que hacen y en las que ocupan el tiempo. Una lista nada despreciable en la que encontramos historias que abarcan el género negro o historias que llegan casi a la ciencia ficción. Un conjunto variado tanto en temas como en autores.



Si bien no conozco antologías anteriores que abarquen la temática, no sé si decir género pues quizá parece algo excesivo, y tampoco sé si era necesario tratarlo, pero aprovechando el tirón de lo negro y, en muchos casos, de un realismo más que sucio, Trama editorial nos ofrece esta propuesta que es, a la vez, una buena muestra de lo que autores españoles e hispanoamericanos son capaces de mostrarnos.



Personalmente me quedo con un par de piezas más que notables, ambas de autores argentinos. La primera, Oxidado de Leonardo Oyola, un torrente de venganzas interrumpidas por el tiempo y que parecen haber sido apagadas por el mismo, no siendo así. Un cruce de vidas que compiten por generar más dolor todavía, donde la cárcel acaba siendo un refugio. La otra, del también argentino, Guillermo Roz, titulada Los grises. Un relato de afrentas, de violaciones, del peor canallismo, de esclavitud y de crueldad, de escapadas de los bajos fondos. También un relato de venganzas a tiempo con un final relativamente feliz. Gran relato, para no perdérselo, donde el calificativo gris del título esconde el apelativo de una familia y la historia más negra.



Entre la representación española me quedo con el cuento de Paula Izquierdo, Venganza canalla. Probablemente la historia menos canalla con un final bastante vengativo en la que se ahonda en las palabras a medias, las frases no dichas y los deseos no formulados. También en las envidias y en los errores. Un relato bien llevado hasta su conclusión.



También destacar el relato Un buen tipo demasiado sentimental del español Ignacio Ferrando. Un cuento sobre el personaje de Philip Marlowe, un intento por dar origen al ser creado por Raymond Chadler.



Aquel que desee entrar figuradamente en la vida canalla, que le gusten los ambientes poco deseables y el género negro, el hampa, los mafiosos y la gente de mal vivir, territorio abonado para los enfrentamientos, encontrará en esta selección un compendio de hasta dónde nos pueden llevar todas las bajas pasiones.