martes, 21 de enero de 2014

LA SOLTERONA DE EDITH WHARTON


La solterona
Edith Wharton
Editorial Impedimenta 2013
Traducción del inglés y postfacio de Lale González-Cotta
138 páginas
17,95 €                   

Edith Wharton (1862-1937) nació Nueva York, en el seno de una familia rica norteamericana  que le proporcionó una importante educación. El hecho de haber pertenecido a la alta burguesía le provee de  una buena fuente de información  para escribir novelas y relatos en los cuales refleja las costumbres de la clase social de la que provenía. Vivió a caballo entre Norteamérica y Francia, donde falleció. La novela más conocida  de Edith Wharton es La edad de la inocencia (1920).

La solterona (1921) es una de las  novelas en la que la clase social es el elemento más importante. Comienza la narración explicando que en el  “Nueva York de 1850 despuntaban unas cuantas familias cuyas vidas transcurrían en plácida opulencia” (pág. 1).

Antes de conocer a las protagonistas, Edith Wharton  nos hará un recorrido por  la historia de los Ralston, una de las familias más influyentes del país. Los Ralston no se relacionan más que con los de su propia esfera social: “preferiría que mis nietos escogiesen a una Lovell o a una Vandergrave, o a alguien de nuestra clase” (pág. 11).

Delia Lovell se casó con un Ralston y Charlotte Lovell, su prima, había elegido un buen partido: se casaría con un Ralston con quien “todo sería más prudente o más…normal” (…)” la seguridad, la prudencia y las ventajas que proporcionaba dicho vínculo lo convertían en la clase de enlace que, íntima y gozosamente, anhelaba cualquier casadera de los mejores círculos” (pág.15).

Sus vidas transcurren en la más absoluta tranquilidad   hasta que un hecho importante de la vida de Charlotte le llevará a la anulación del compromiso matrimonial con Joe Ralston  y a compartir un secreto entre ambas mujeres el resto de sus vidas.

Realmente las protagonistas de la novela son Charlotte y Delia o Delia y Charlotte aunque hay dos personajes masculinos que condicionarán sus vidas: Clement Spender y el doctor Lanskell, es precisamente éste personaje la voz crítica de esta sociedad hipócrita y decimonónica: “Todos confiaban en el juicio del doctor Lanskell, pero lo que de verdad los llevaba hasta él era la certeza de que en aquella sociedad con tantos prejuicios no había cosa alguna que a él le pudiese intimidar” (pág. 100).  Ambos personajes son el lado antagónico de esa alta sociedad.

La novela tiene dos partes: en la primera conocemos a los personajes y el secreto de Charlotte. Edith Wharton  hace una perfecta descripción del carácter  de las protagonistas y, sobre todo, de la condición de la mujer en esa esfera social. Delia Ralston es la perfecta madre y esposa pero no deja de ser una mujer encorsetada y reprimida.

Charlotte deberá tomar una decisión drástica para proteger su secreto con la complicidad de su prima Delia: “contarle la verdad desharía el matrimonio de un plumazo (…) La tolerancia social no medía a hombres y mujeres por el mismo rasero, y ni Delia ni Charlotte se habían preguntado jamás el motivo: como la mayoría de las jóvenes de su clase, se limitaban a ceder ante no ineluctable.” (pág. 48). Sobran las palabras.

En la segunda parte, Wharton profundiza en la psicología de las protagonistas. Comienza advirtiendo que todo apunta a que Charlotte Lovell será una solterona:”Y a medida que su carácter se transformaba, se iba asemejando cada vez más  a la típica solterona: empecinada, metódica, maniática en minucias y propensa a magnificar las más nimias tradiciones sociales y domésticas” (pág. 62).  

Cuando enviuda Delia convivirán en la misma casa y el secreto que las une hará que aparezcan discusiones, celos y  rencores.

Todo esto está espléndidamente explicado y diseccionado en el postfacio de Lale González-Cotta, La edad de la inclemencia.

La solterona es una obra elegante, muy inteligente. La fuerza de sus protagonistas es arrolladora y le provoca al lector  emociones encontradas. Prejuzgar las decisiones tomadas por ambas, comprender o no el porqué de ellas desde el principio al fin. Simpatizar unas veces y odiar otras a cada una de las protagonistas.

El lector no se arrepentirá de esta lectura de tan sólo 136 páginas pero soberbias cada una de ellas. 

sábado, 18 de enero de 2014

COSAS DE FELIPE ZAPICO ALONSO




Cosas
Felipe Zapico
Zoográfico, 2013.
60 pp
9 euros.

Para cualquier escritor es un atrevimiento ofrecer a los lectores lo primero que escribió, por eso debemos agradecer este acto de generosidad a Felipe Zapico que, sólo tras una previa selección y sin corrección alguna, nos trae este Cosas, poemario que ya destaca por su exterior a modo de libreta de apuntes escolares. La propia biografía que aparece en el libro ya nos advierte de que el poemario fue escrito en 1981. Así que a la hora de leerlo no podemos ponerlo cronológicamente a continuación de Balances parciales (2013), El ladrón de peras (2013) y Fotomatón (2013). Es, así, su antecedente más lejano pero en el que ya se aprecian algunos de los temas que posteriormente desarrollará en sus libros. Una cosa que sí destacó su autor en las presentaciones es que no habla de amor. Sin embargo el amor y la pérdida son temas recurrentes en Balances parciales y en El ladrón de peras.

Situados así para entender qué vamos a encontrar, lo primero que observamos es una distribución de los poemas en cuatro partes.

La primera es la que contiene más crítica. Refleja más la rebeldía de la edad. Probablemente contiene algunos de los disparadores que, posteriormente, desarrollaría tanto en sus poemarios como  en las canciones de su grupo musical, Deicidas.

Para muestra encontramos el siguiente fragmento (p.13):

“La bala de plata
no es menos mortífera
la píldora dorada
no es menos amarga
y la verdad escondida
no es menos mentira
tabús y mentiras no son ofrecidas (…)”

Sorprende que a principios de los años 80 el autor ya viera lo que nos venía encima con la burbuja inmobiliaria, y lo dice en su Cosa primera (p.9):

“Y llegaron ellos
los invasores,
construyendo en prados
grandes bloques.
Nos dejaron a todos
los sinsabores.
No podemos huir,
ya nos invaden
por aquí,
por allí,
los constructores”

La segunda parte del poemario es igualmente crítica pero añade un par de elementos: la burla (p.29):

“(…)rimbombantes sobrenombres con el alias al lado
esqueléticos cadáveres cada uno por su lado
letras caídas de libros aquí quiere ir hilvanando
fanfarrias y chirimoyas este cuenta se ha acabado (…)”

Y los juegos de palabras creando cacofonías (p.30):

“Fea fe veo en tu faz
Fécula fecal fardan las fauces
Farfanes  faquines fantasean en el fango (…)”

La tercera parte es variada. Contiene críticas al turismo que durante años ha sustentado la economía española (p.34):

“(…) Las playas de Málaga
se nutren de gabachos (…)
Se llevarán unos kilos de sol y agua verde (…)”

También a los intelectuales (p.37) por sus “siempre discusiones más que bizantinas” cuya única intención es llenar “esa hora de la tarde en que las fiestas/ y certámenes aún no han comenzado”

La parte final es, quizá, la más personal, incluso la más intimista (p.47):

“Raíles helados
frío matinal
sol esperanzador (…)

Y también se repite en su último poema (p.52):

“Sol
carretera comarcal
tractores anticuados
coches veloces en busca del mar (…)”

Cosas es una forma de descubrir el principio del autor y una buena manera de situar la poesía a pie de calle.


viernes, 27 de diciembre de 2013

POETÍLICOS SOBRIOS DE MAG MÁRQUEZ Y ABEL EZEQUIEL PAISAJE



Poetílicos sobrios
Mag Márquez y Abel Ezequiel Paisaje
Ed. Karakartón, 2013
10 euros
76 páginas


Poetílicos sobrios no es simplemente un libro, en realidad, es algo mayor. Es un proyecto poético y escénico cercano al teatro. En este libro, sus dos autores tratan de recoger algunos de los poemas que han ido recitando o interpretando en sus numerosas actuaciones en el circuito poético de Barcelona. Sus poemas son pequeñas piezas para ser interpretadas. Son piezas con vocación oral, es por este motivo que el papel las constriñe. Y uno debe leerlas imaginando la entonación, los gestos, los altibajos de la voz de sus autores. Es así como yo he leído este libro, este poemario artesanal. Éste es otro de los aspectos a destacar, pues hasta la composición del libro sale de la norma. Está construido con los restos de cartón que han sido reciclados. Hecho a mano. Por eso debo de ser uno de los pocos afortunados que posee esta edición. Quizá habría que exigir a la editorial una nueva tirada. Pero prosigamos con lo que decía al principio. La poesía que contiene el libro es eminentemente oral, de ahí que la repetición sea tan importante. La repetición y el efecto de las voces que se superponen son esenciales. No se trata de leer el libro simplemente como se haría con cualquier otro poemario. Se trata de que se atrevan a ver una de las actuaciones de esta pareja y, a continuación, y habiéndolos escuchado, reciten como ellos estas palabras o, al menos, las repitan mentalmente con su entonación (No teman la reacción de los vecinos).
El poemario se construye como un espacio poético-teatral donde no faltan las acotaciones. Mezcla idiomas y sonidos, introduce el lenguaje de internet y el de los móviles. Pero, al final de todo, contiene la palabra con toda su fuerza (p.9):

“Cortan y recortan la memoria
para dejarla calva de recuerdos
para que confundamos la diestra con la siniestra,
la legalidad con la justicia,
la manipulación con el orden,
y olvidemos de dónde venimos (…)”

Destacan los temas sociales pero muchas veces tratados con un tamiz humorístico.

También lo cotidiano (p.11):

“No te das cuenta,
en la taza siempre queda
el poso de los días”

Y también en (p.12-13):

“Date cuenta,
que ese poso negro
no es más que el pozo
donde naufragan todos tus sorbos”

Da la impresión de que a veces quieren despertar las conciencias (p.47):

“allí donde queremos llegar hay tanta belleza
que un día despertamos y se nos rompe algo
al ver que estamos cuerdos de verdad
y todo aquello es una mierda
donde existen miserias como éstas”

Y a veces la desesperanza también nos trae algo de humor negro (p.55):

“póngame dos pizcas de determinismo histórico
a mi dos puntos más de share humano”

Pero en general el tono del poemario es más sarcástico-festivo (p.58):

“Y por eso reparte todas las hostias,
A trote y moche
A cal y canto
A diestra y a siniestra
Sin que se conozca mineral, vegetal, animal o humano
que se resista a tanta hostia, rehostia y malahostia celestial”

Pero sin olvidar la intención de alcanzar nuestras conciencias (p.67):

“entrar en una farmacia
pedir la píldora del día después
esperar a que amanezca
y suene el despertador
para que esto tenga algún sentido”


Poetílicos sobrios nos traen poesía fresca pero no vacía. Poesía que permanece y se hace poso,  como esa taza de café de todos los días.



lunes, 9 de diciembre de 2013

INOCENCIA DE PENELOPE FITZGERALD




Inocencia 
Penelope Fitzgerald 
Traducción: Pilar Adón
Epílogo: Terence Dooley 
Editorial Impedimenta 2013 
341 pág. 
22,75 €


Penelope Fitzgerald (1916-2000) fue novelista, poetisa, ensayista y biógrafa inglesa  aunque comenzó a escribir a una edad tardía. Perteneció a una familia de intelectuales: teólogos, literatos, criptógrafos. Ella fue educada en importantes colegios de Oxford, entre ellos Wycombe Abbey (el Eton masculino).

Publicó Inocencia en 1986. La novela transcurre en la Italia de 1950, concretamente en la Toscana, en Florencia. Chiara Ridolfi, la protagonista, acaba de salir de un internado inglés  y un tanto exclusivo. La joven pertenece a una antigua familia de nobles italianos venida a menos y un tanto peculiares. Es magnífica la explicación, al inicio de la novela, de la historia de la villa de la familia Ridolfi, la Ricordanza, conocida popularmente como “los Enanos”.

Todo comienza cuando Chiara le dice a su padre que se quiere casar con un médico, el doctor Salvatore Rossi, al que conoció en un concierto de música clásica.

Inocencia es una novela inteligente, sensual pero que provoca cierta dosis de ansiedad en el lector. Tendrá desde el primer momento la sensación de que la relación entre los protagonistas es absolutamente destructiva.

La escritora dibuja a los personajes con una carga psicológica importante, tanto a los principales como a los secundarios.

La protagonista, Chiara Ridolfi, es una mujer joven y hermosa pero muy indecisa: “Su manera de enfrentarse a lo que fuera que se le viniera encima quedaba a medio camino entre el entusiasmo y la timidez (…)” (pág. 37).

Salvatore Rossi es médico en el Hospital de San Agostino, especialista en neurología. Es un hombre trabajador e inteligente pero con un carácter tremendamente egoísta y egocéntrico. Su padre era comunista y amigo personal de Gramsci, de hecho es uno de los personajes que aparece brevemente en la novela. La visita al hospital que le hacen Salvatore y su padre cuando está cerca de su muerte marcará la vida del protagonista.

Penelope Fitzgerald hace una descripción muy acertada  de Salvatore: “Debía salir de Bolonia como un hombre al que no pudieran distinguir por nada, ni por su procedencia ni por su carácter; tenía que ser pura y simplemente el joven doctor Rossi, hecho a sí  mismo, capaz de tomar sus propias decisiones” (pág. 70).  

La filosofía de Salvatore: “Si haces lo que esperan de ti (…) dejarás de ser una persona especial. Como médico, debo saber lo que es lo normal y asumir que cualquier vacilación en esa normalidad es una señal de peligro. Como ser humano, debo hacer justo lo contrario.”  (pág. 69).

En toda la narración de Inocencia, Salvatore demuestra un carácter fuerte, dominante, incluso, en ocasiones, antipático pero intentará en todo momento estar junto a Chiara. Está obsesionado con ella. En cuanto a Chiara, al lector le apetecerá protegerla. Está enamorada y también hace lo imposible por estar junto a Salvatore.

Merecen especial atención los personajes secundarios: Maddalena, la hermana de Giancarlo Ridolfi y tía de Chiara, es una mujer singular. Es la responsable del Refugio para los Indeseados, o sea, ancianos y bebés: “Unos desdentados podrán convivir pacíficamente con otros desdentados” (pág. 20).

O Cesare, el primo de Chiara, encargado de Valsassina, la granja familiar, un hombre silencioso y asocial: “Nunca decía nada a menos que fuera absolutamente necesario. Para él la conversación no era en ningún caso una de las artes de la vida ni un entretenimiento (…)” (pág. 27).

Y qué decir de Barney, amiga de Chiara: una joven inglesa decidida y atrevida. Todo lo contrario de Chiara: “la quería por su habilidad para deshacerse de los obstáculos” (pág. 85).

Y entre todos los personajes está Italia y concretamente la Toscana. La luz, las casas señoriales, los viñedos. La calidez del paisaje se transmite en las palabras de la escritora. Es muy acertada la ilustración de la portada de la novela que hace la editorial Impedimenta.

Es muy aconsejable el epílogo de Terence Dooley, Amena Stanza, albacea y amigo personal de Penelope Fitzgerald. En él hace una extensa explicación sobre  la novela. De hecho  opina  que “Inocencia es la más hermosa de las tragicomedias de Penelope Fitzgerald” (pág.331).

Inocencia, de  Penelope Fitzgerald, es una buena elección para regalar en estas fiestas navideñas.

domingo, 24 de noviembre de 2013

365 HAIKUS Y UN JISEY DE JOAN DE LA VEGA



365 haikus y un jisey
Joan de la Vega
Rúbrica ed, 2012.
101 pp.
10 euros

Recuerdo que hace ya algún tiempo hablando con Joan de la Vega con motivo de la publicación de su poemario Una luz que viene de fuera, reseñado también en este blog, me dijo que había cambiado la política por la naturaleza. Fruto de ese contacto específicamente con la montaña nació su anterior poemario pero en estos haikus da buena cuenta de ello también. La naturaleza es en 365 haikus y un jisey el terreno en el que se organiza el poemario, es el motivo para escribir, el disparador creativo, la forma de obtener la libertad, el modo en el que Joan de la Vega encuentra su paraíso y se explaya contándonos todas las pequeñas cosas que ve en ella.

Dice la wikipedia sobre el concepto de haiku que: “Consiste en un poema breve, generalmente formado por tres versos de cinco, siete y cinco moras respectivamente. Comúnmente se sustituyen las moras por sílabas cuando se traducen o componen en otras lenguas. La poética del haiku generalmente se basa en el asombro y el arrobo que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza”

Personalmente me importa menos la parte puramente formal. Sí me interesa mucho más la parte de significado y aquí el autor cumple absolutamente con lo que es un haiku. Una muestra (pag 10, haiku 15):

“Negros cipreses
nos dan la bienvenida.
Moran en paz”

Sin entrar excesivamente en el trasfondo filosófico del haiku si hay que destacar algunos aspectos del sentido del haiku que también se observan en los poemas de Joan de la Vega:

La descripción de fenómenos naturales o cambio de las estaciones:

“Arde la higuera.
Su aroma, un eclipse.
Dulce de mayo” (p.44, haiku 151)

O también en:

“Un rayo apunta
muy cerca y hace diana.
Su ira es la mía” (p.47, haiku 161)

La descripción de la vida cotidiana de la gente:

“Cortas la flor.
Empañas tus pulgares
de insensatez” (p.34, haiku 112)

O también en:

“Muere un jabato.
Lo acorraló el miedo
de los lanceros”(p.84, haiku 310)

El estilo de los poemas se basa en la sencillez y en lo sutil. Cantan a la libertad y a la eternidad.
Pero también los hay que se salen del guión tradicional y hablan por ejemplo de la poesía (metapoesía):

“Todo poema
no es más que ciénaga, humo,
Hambre de luz.” (p. 88, haiku 325)

Los hay que jugando con la paradoja hablan de la religión:

“Sólo el Buda
paciente oye el cantar
de los cantares” (p. 78, haiku 285)

El libro termina también con brevedad con un jisey que para los no avezados es algo así como una última voluntad o despedida. En Joan de la Vega es:

“Últimos días
A pesar del dolor
Soles y lunas” (p.101, jisey)


365 haikus y un jisey, arte y naturaleza en comunión.

jueves, 3 de octubre de 2013

TRATADO DE ORNITOLOGÍA DE ANTONIO JIMÉNEZ PAZ


Tratado de ornitología
Antonio Jiménez Paz
Baile del Sol, 2013.
79 pp.
10 euros

Tratado de ornitología no es el último libro publicado de Antonio Jiménez Paz, es una reedición. De hecho en el prólogo que realiza su primer editor, Ernesto Suárez, ya nos advierte de que estamos ante una reedición del libro 20 años después, como los tres mosqueteros. Comento este hecho porque no nos encontramos ante el libro posterior a Casi todo es mío (2008, reeditado en el 2010), ya comentado en este blog, y a pesar de Zoo sin fauna (2010) que es una antología personal y que contiene algún poema de este Tratado de ornitología.

A veces cuando se aborda una reedición hay la tentación de modificar el verso. Creo que no es este el caso y que se ha mantenido el conjunto, versos e imágenes. Así pues nos encontramos ante un libro del autor de hace veinte años. Pero del mismo modo ya se vislumbran diversas características que lo enlazan con textos posteriores: un afán de abarcar con pocas palabras por eso el verso es sucinto y tiene siempre diversas lecturas. En este caso es muy visible el uso de la paradoja porque las distintas lecturas dan lugar a ideas aparentemente fuera de lo que consideramos habitual:

(p.32) “Había un pájaro
que no sabía dónde
aguardan los árboles
que nunca vuelan”

o en:

(p.36) “ en el pío-pío
de un pájaro inclinado
 al silencio”

o también en:

(p.61) “Pájaro sobre pájaro.
Así se construye un árbol.
Árbol sobre árbol.
Así se construye un nido”

Baste decir que su lenguaje, y, sobre todo, su uso, aparentemente cerrado, aparentemente dubitativo es sólo una excusa para buscar un lenguaje, un motivo para jugar con el lector. En este caso, y especialmente en este Tratado de ornitología, donde además se une la imagen, una imagen que aparentemente nada tiene que ver con el texto. Imágenes de cuerpos desnudos y de lucha mientras los textos hablan de pájaros.

En la contraportada José Ismael Gutiérrez habla del esencialismo de las palabras de Antonio Jiménez Paz, esencialismo en querer expresar mucho con poco, esencialismo que aborda la incertidumbre de la palabra y de su búsqueda. ¿Quizá no existe la palabra justa? ¿Quizá lo que no hay es una única forma de expresar una cosa sin quizá poder expresar la opuesta? ¿Qué propósito tiene el autor al incrementar esa incertidumbre no añadiendo títulos a sus poemas –exceptuando precisamente el último-?

Tratado de ornitología habla de pájaros. Los pájaros sugieren libertad, sugieren salir de lo habitual, aquí son también una excusa para hablar de otras cosas.
(p.19) “Hay pájaros que merecen versos.

Hay palabras
que en sus vuelos
no se deberían cruzar”

Y la imagen que sigue al texto es una invitación.
Y en esa excusa para hablar de otras cosas hay también un gesto de humor:

(p.25) “El sol no asoma
hasta que las aves
recién peinadas
se alinean sobre las ramas”

Y parece que también hay lugar para la crítica:

(p.29)”Algunos pájaros revolotean
golpeando un cuerpo tranquilo,
machucando el alfabeto
por un grito misericorde”

¿O es que acaso no hay personas, incluso escritores y poetas, que con sus palabras machucan el lenguaje?
Y frente a eso el autor no hace más que jugar una y otra vez con el lenguaje:

(p.35)” De tus mil y una noches
dame tres o cuatro para mis días”

Y del amor:

(p.35)“Podríamos jugar en serio,
podríamos hacerlo, mi amor,
de vez en cuando”

Al final uno acaba extrayendo pequeñas conclusiones vitales:

(p.42) “El cielo es un ensayo
 general”

Y el pájaro parece sólo tener una única certidumbre: su vuelo.

(p.53) “Ave migratoria,
te veo llegar y partir”

Hasta la renuncia:
(p.54) “Vuélame tú”





lunes, 2 de septiembre de 2013

MARY BARTON DE ELIZABETH GASKELL




Mary Barton
Elizabeth Gaskell
Traducción: Miguel Temprano García
Alba Editorial  2012
479 pp
30 €


Elizabeth Gaskell (1810-1865) fue una novelista inglesa que vivió en la época victoriana. Nació en Chelsea, cerca de Londres. Su padre fue pastor de la iglesia unitaria, una iglesia tolerante y progresista, lo que permitió que Gaskell pudiera tener una buena educación.

Cuando era un bebé su madre falleció y éste sería un tema recurrente en su obra, especialmente en Mary Barton. El padre volvió a casarse por lo que Elizabeth Gaskell pasó una buena parte de la infancia con su tía, en Knutsford, Cheshire. Esta población quedaría inmortalizada en la maravillosa novela Cranford (1853).

En 1832 se casó con William Gaskell, también reverendo de la iglesia unitaria y con una vida literaria reconocida. Establecieron su residencia en Manchester, cerca de la zona industrial. Esto contribuyó a que parte de su obra contenga una importante carga social: Mary Barton, Norte y Sur (1854), por ejemplo.

Como consecuencia de las obligaciones de su marido, Elizabeth Gaskell conoció de cerca la vida de los obreros de Manchester, su precaria situación económica y las consecuencias de la Revolución Industrial. En ambas novelas se puede observar lo que provocó la crisis en el sector textil: el desempleo,  el hambre, los movimientos obreros, las huelgas y las diferencias sociales entre obreros y patronos.

Elizabeth Gaskell fue una escritora de tendencias progresistas. El ambiente que la rodeaba era de intelectuales, disidentes religiosos o reformadores sociales. Alguna de las personas que frecuentaban su casa, el 84 de Plymouth Grove, (hoy en ruinas) fueron Charles Dickens y Charlotte Brontë, entre otros.

Mary Barton fue su primera novela. La publicó en 1948  de forma anónima y obtuvo un gran éxito.  En ella se narra la historia de Mary Barton,  una muchacha muy bella y  de la cual están enamorados dos hombres, Jem Wilson, obrero de una fundición y enamorado de ella desde que eran niños y Harry Carson, un joven adinerado, hijo de uno de los patronos de una empresa textil de Manchester, que se encapricha de ella.

Mary coquetea con Harry aunque no está enamorada de él. Realmente coquetea con la ilusión de vivir en la abundancia, de ser rica. Cuando Jem le declara su amor ella le desprecia pero será en ese momento en que  ella se dará cuenta de lo que siente por él.

Un crimen inesperado hará que se convierta en la heroína de esta novela.

La trama de Mary Barton gira en torno a las  revueltas sociales  como consecuencia de la Revolución Industrial,  la pérdida de seres queridos  provocada por las enfermedades derivadas del hambre, de la miseria y de la falta de recursos económicos y las diferencias irreconciliables entre los propietarios de las empresas textiles y los obreros: “Las fiebres (como ocurría a menudo en Manchester) eran tifoideas causadas por las míseras condiciones de vida, la suciedad del barrio y el desánimo del cuerpo y del espíritu. Eran virulentas, malignas y muy contagiosas”. (pág. 84).

 Elizabeth Gaskell perdió a su único hijo cuando era pequeño y, en esta obra, utiliza esta vivencia para describir escenas desgarradoras de la muerte de niños por falta de alimentación. De la misma manera que utiliza la falta de la figura materna para justificar alguna de las decisiones que toma Mary.

En el prólogo, escrito por Elizabeth Gaskell, ya nos da una idea de cuál va a ser la temática de la novela: “Siempre había tenido una gran simpatía por esos hombres angustiados, que parecían condenados a luchar toda su vida con el trabajo y la necesidad (…)”. Es un prólogo que pese a estar escrito en 1848 es muy actual: “Por ahora, mi impresión es que han dejado a los obreros en un estado en que las lamentaciones y las lágrimas se dejan de lado por inútiles, y en que los labios se aprietan para maldecir y los puños se cierran dispuestos a golpear”.

Bajo la historia de amor que nos narra en Mary Barton, Elizabeth Gaskell  hace una dura crítica sobre  la situación social en la que viven los obreros de las grandes ciudades: “La indigencia y el sufrimiento de los operarios de las fábricas llevaba a sospechar a muchos de ellos que los legisladores, los magistrados, los patronos e incluso los sacerdotes eran, en general, sus opresores y sus enemigos, y estaban confabulados para oprimirlos y explotarlos” (pág. 112).

Es muy significativa la voz del padre de Mary, John Barton. Tejedor en una empresa textil, sindicalista y, como muchos de los trabajadores de estas empresas,  se quedó sin trabajo como consecuencia de la mecanización de las fábricas y de las crisis. Recuerda mucho a Higgins, el amigo de Margaret Hale en Norte y Sur.

Tiene una clara conciencia de clase y siente  una tremenda animadversión hacia los patronos: “¿Y qué bien me han hecho para que les tenga simpatía? (…).Cuando estoy enfermo, ¿vienen a cuidarme? Cuando mi hijo yace moribundo (…), ¿acaso vienen a traerme vino o el caldo que podría salvarle la vida? Y, si me quedo varias semanas sin trabajo cuando vienen mal dadas y llega el invierno con las negras heladas y el viento de levante y no hay carbón en la estufa, ni mantas para la cama y se marcan las costillas por debajo de la ropa hecha jirones, ¿comparte conmigo el rico su abundancia como debería hacer, si su religión no fuese un camelo? (…). No, los únicos que se preocupan por los pobres son los pobres”. (pág. 23-24). Toda una declaración de intenciones.

El lector podrá darse cuenta que es una novela con una temática muy actual. El detonante de la muerte de Harry Carson no es más que la ira de unos hombres desesperados porque no tienen nada que ofrecer a sus familias y el joven rico, en la reunión entre una delegación de obreros y el patrón, hace la caricatura de uno de los sindicalistas, riéndose de su precaria fisonomía. Hace unos días pudimos ver en los medios de comunicación como unos jóvenes adinerados, delante de la Audiencia Nacional, se reían de la desesperanza de unos ciudadanos, en su mayoría pensionistas, afectados por la estafa de las acciones preferentes de una entidad bancaria. Han pasado más de ciento cincuenta años y seguimos igual.

Es muy curiosa la presentación de los capítulos de Mary Barton. Siempre los inicia con un poema, canciones o citas de la Biblia, y siempre tienen que ver con la trama del capítulo. Esta técnica también la utilizó en Norte y Sur.

He de reconocer que Elizabeth Gaskell es una de mis escritoras preferidas. He releído varios de sus libros y nunca me canso de leerlos. Es una gran escritora.  Recomiendo las series británicas de la BBC que están basadas en sus novelas: Cranford, Regreso a Cranford, Esposas e Hijas y Norte y Sur.

Realmente el lector no se sentirá defraudado con la lectura de Mary Barton, o con cualquiera de las obras de la señora Gaskell.

domingo, 18 de agosto de 2013

LA SEGUNDA VIDA DE VIOLA WITHER DE STELLA GIBBONS


La segunda vida de Viola Wither
Stella Gibbons
Traducción: Laura Naranjo y Carmen Torres García
Ed. Impedimenta, 2013
453 pp
22,75 €

Stella Gibbons (1902-1989) nació en Londres  en un entorno familiar de clase media inglesa y con un padre aficionado al alcohol y al láudano y  un profundo odio hacia las mujeres. Esto fue utilizado por Stella Gibbons en parte de su obra y, quizás, uno de los personajes de esta obra, Victor Spring, sea el reflejo de lo que ella vivió. Fue periodista y escritora de novelas, relatos y poesía, pero es reconocida especialmente por la novela  La hija de Robert Poste (1932)  y su secuela Flora Poste y los artistas (1949). 

Publicó La segunda vida de Viola Wither en 1938 y en ella nos narra las vivencias de Viola, una joven guapa y sencilla, hija de un aficionado al teatro  y que, a su muerte, la deja en una difícil situación económica.
Viola  decide casarse con Teddy Wither, joven adinerado y por el que no siente ningún cariño. Pero al poco tiempo este también fallece y ella se ve obligada a vivir con los padres de Teddy, en Essex, porque su marido también carece de fortuna.

Los señores Wither son una familia burguesa que vive en un entorno opresivo,  rural  y bastante aburrido. Él está obsesionado con el dinero y quiere controlar las inversiones de todos los miembros de su familia. Ella es una mujer sumisa y muy conservadora y en la novela su vida sufrirá un importante revés.

Además de su hijo fallecido tienen dos hijas solteronas e  inútiles: Madge, de treinta y nueve años, interesada por el deporte y  los perros  y Tina, de treinta y cinco, cuyo único interés es su cabello, la moda y los libros de psicología femenina.

Cuando Viola se instala en The Eagles (así se llama la casa de los Wither), no es muy bien recibida. La señora Wither no entiende cómo su hijo se casó con una vulgar dependienta y su suegro pretende controlar todo su dinero, sin saber que no tiene ninguna fortuna. De hecho, con la única persona con la que llega a tener una cierta amistad es con Tina.

La vida en The Eagles es bastante aburrida: “Madge no era muy ducha en interpretar sus sentimientos con claridad; solo sabía que siempre estaba más contenta en el desayuno que en la cena” (pág. 12) pero todo comenzará a cambiar cuando aparecen en escena algunos personajes masculinos: Victor Spring, un  joven apuesto y rico, del que se enamorará Viola y Saxon Caker, el guapo chofer de la familia Wither, del que se enamorará Tina.

La segunda vida de Viola Wither nos recuerda a La Cenicienta aunque los personajes no son como en el cuento. Ni Viola es una fregona ni Victor es un príncipe azul.

Todo empieza en un baile estival, en casa de los Spring. Victor, el primogénito de la familia, además de ser guapo y rico es un joven profundamente machista. Según Gibbons “su opinión era estúpida, retrógrada y ultramasculina. Nunca abandonaba la idea (…) de que a las mujeres había que mantenerlas ocupadas con algún entretenimiento puramente femenino como coser, arreglar flores o cuidar niños hasta que un hombre requiriera su atención” (pág 295).  A Victor “las mujeres que sobrevolaban océanos, ganaban carreras de coches, escribían novelas brillantes o dirigían grandes negocios no le despertaban ni un ápice de admiración” (pág. 295). Vamos, todo un dechado de virtudes. Pero Viola será muy feliz con él.

Como toda la obra de Gibbons, La segunda vida de Viola Wither es una novela inteligente y cargada de ironía. Stella Gibbons tiene una escritura clásica, no en vano es admiradora de Jane Austen. En Westwood criticaba la aristocracia londinense y en  esta novela lo hace de la burguesía rural con ciertos dejes victorianos: no tolerar matrimonios dispares, actuar de determinada manera por el qué dirán, en definitiva, aparentar.  Todo ello hace que alguno de  los personajes quieran huir de Sible Pelden para instalarse en Londres.

De hecho, el escándalo se produce cuando Tina se enamora de Saxon, el chófer de la familia, y se casa en secreto con él antes de que éste herede una fortuna:” me enamoré de él en cuanto llegó. Es muy guapo y en esta casa… (…) Ninguno de nosotros es guapo y la vida que llevamos tampoco es bonita. (…) Ninguna mujer puede resistirse a eso, compréndalo padre. Sobre todo una mujer de mi edad que lleva años hambrienta de sexo… “(pág. 307). Imagínense este comentario en 1938.

Y al final de la novela, cuando Viola y Victor se están casando en la Iglesia de Sible Pelden, Gibbons se atreve a desvelar cuál será el futuro de todos los personajes.

Es una novela magistral. Divertida, tierna, sensual, en donde viviremos fiestas estivales, escapadas nocturnas al bosque y bodas con final feliz. Una fantástica lectura para disfrutar durante las vacaciones de verano.



Es una suerte que Impedimenta celebre sus cien títulos con esta novela y ponga a nuestro alcance la obra de esta gran escritora y en estas ediciones tan cuidadas.