jueves, 15 de mayo de 2014

LAS SUMAS Y LOS RESTOS DE ANA PÉREZ CAÑAMARES



Las sumas y los restos
Ana Pérez Cañamares
Devenir, 2013
131 pp
12 euros


Uno de los rasgos que se perciben en la escritura de Ana Pérez Cañamares (1968) en su poemario Las sumas y los restos es la humanidad. Cualquiera puede llegar a entender el poemario si posee esa cualidad. Sin embargo no es un rasgo neutro. Ana Pérez Cañamares practica una humanidad militante, una humanidad combatiente. Es por esta razón por la que algunos de sus versos, tras una faz de dulzura, dejan un mensaje profundo, corrosivo, de los que se recuerdan.

Las sumas y los restos es un poemario que ganó el Premio de Poesía Blas de Otero en la convocatoria de 2012. Está dividido en seis partes. Cuatro vienen conformadas por los puntos cardinales. Dos más se unen para encontrar Los tesoros y un Epílogo.

Recuerdo haber tenido la ocasión de leer un libro en el que aparecían algunos poemas suyos,  23 Pandoras, editado por Baile del Sol. Aquel era un poemario en el que alzaban la voz un conjunto de mujeres. De alguna forma también era un libro militante. Han pasado más de cuatro años desde aquello. Probablemente podríamos decir que la autora y su poesía han crecido.

Pérez Cañamares parece plantearnos una brújula vital. Una brújula con la que cada uno de nosotros podemos sentirnos cercanos porque aquello de lo que habla es parte también de nuestras vidas: habla de pequeñas grandes cosas de lo cotidiano. Y ella misma, quizá como un propósito, lo viene a señalar desde un principio (p.18):

“Si aprendiera a cuidar lo pequeño
lo grande permanecería a salvo”

Toda una declaración de intenciones que se va desgranando a lo largo del libro. Sin embargo en lo pequeño también hay luchas y reivindicaciones y derechos que proteger y vidas que proteger y eso también está en su poesía, por eso alza la voz (p.47) y dice:

“A la revolución por el hartazgo”

Y a veces para llegar a conclusiones nos obliga a hacer un inventario de nuestras propias miserias, de los cuerpos dejados en las cunetas, de las vidas desperdiciadas en aras de ideales que sólo han favorecido a unos pocos. De la bota que pisó y sigue pisando y para ello hace falta no olvidar y dejarlo por escrito, aunque se repita, precisamente para que no se repita (p. 32):

“Dicen que a los supervivientes de los campos
les dolía la primavera. Cómo podían los árboles
retoñar sobre las fosas comunes”

Versos de una humanidad crítica que no se limitan a señalar, a recordar, tienen propósito de continuar hasta nuestros días, por eso añade en el mismo poema:

“En el infierno la primavera era una ofensa.
Aquí es una burla: mostramos por una ventana
un paraíso prometido que siempre cae en lunes”

Y por si hay duda de que de aquellos polvos vienen estos lodos, o dicho de otra forma como los hechos se suceden unos a otros hasta llegar a la actualidad, demostrando que toda historia es cíclica porque la estupidez humana también lo es, añade (p.30):

“Sé que es la hora del telediario
porque me siento carroña”

Es una voz cercana la que nos va llevando de un tema a otro, de un hecho a otro, no hay artificios, las palabras son simples, los finales de los versos son claros, meridianos, contundentes. Tras la suavidad de la voz, la palabra deviene grito y conclusión. Y la conclusión no nos deja descanso (p.23):

“ahora soy por fin una niña que balbucea
fascinada por la belleza
                              de su fracaso”  

Y, en realidad, su fracaso es el nuestro, porque lo que dice podría decirlo cualquiera de nosotros, porque sus palabras sienten a ras de piel y a ras de tierra. Palabras que son contornos que nos envuelven (p.36):

“Nos miran sin entender para qué o quién vestimos
por qué nos acicalamos para ir al matadero”

No hay remedio posible. Así lo señala. No queda más que vivir aunque vivir no sea un remedio (p.42):

“Pero el remedio es imposible:
a la vida –siempre distinta-
el miedoso la llama amenaza”

A veces la mirada de la autora muestra una desgarradora sensatez (p. 44) y da la impresión de que en cualquier momento pueda tirar la toalla (p. 51):

“solo si la palabra humanidad
es sólo una palabra de cuatro sílabas”

Pero no hay tregua que pactar, no hay espacio para sentirse vencido, hay que levantarse y buscar nuestro lugar. En el de la autora los animales tienen su hueco. Se percibe su ternura, su amor y su defensa (p.59):

“Al final un arañazo para dejar bien claro
que la ternura no es una mercancía”

Hablaba de una humanidad militante, cuando me refería a la poesía de Ana Pérez Cañamares. Hay veces en las que me siento particularmente inclinado a acercarla a la de Antonio Orihuela. Probablemente encuentro puentes entre ambos. Por el mismo camino entiendo cuando los demás nos señalan, lo entiende la autora, cuando negamos las tergiversaciones y no nos sentimos culpables más que para ironizar (p.57):

“Los errores no están tanto en mi vida (…)
El error está en cómo interpreto todo:
la mala traductora que soy”

Y pasadas las heridas, llegan también los recuerdos, las partes de nosotros que dejamos atrás, que también tienen cabida en Las sumas y los restos (p.101):

“Nosotros no teníamos pueblo.
O mejor dicho: habíamos tenido
y nos lo habían quitado”

Los recuerdos también traen dolor (p.85):

“En este mundo la muerte no es definitiva.
Sólo la crueldad extiende su imperio.
Y así llevamos cuarenta años, como aquél”

Alusiones a las guerras, a la dictadura. También recuerdos de las pérdidas cercanas (p. 113):

“Desde que murió,
mi madre me está leyendo.
Ya no soy su hija.
No soy una preocupación”

Es inevitable extraer conclusiones, como hace la autora (p.109):

“La cadena más pesada caería
si mirara al pasado como
a un hijo recién nacido, o
como a un padre recién muerto”

Que las conclusiones nos sirvan para vivir (p. 96):

“Hubo un tiempo en que la vida
y el mundo eran pareja.
Ahora se están divorciando”.

El libro termina en Los tesoros, que contiene algunos de los pasajes más tiernos recordando a los padres que fallecieron. Y extrae su propio epílogo.

Las sumas y los restos de Ana Pérez Cañamares, humanidad combativa, lecciones de vida hechas poesía. Porque poesía y vida son lo mismo.


domingo, 11 de mayo de 2014

AVUI FOSQUEJO MORTA/EL SILENCI PLOU SOBRE LES PEDRES DE MARIAN RAMÉNTOL SERRATOSA I CESC FORTUNY I FABRÉ



Avui fosquejo morta/ El silenci plou sobre les pedres
Marian Raméntol Serratosa/ Cesc Fortuny i Fabré
Ed. Alvaeno, 2013
63+63 pàgines
12 euros


Es difícil trobar un poemari que reflecteixi bé dues veus contraposades que, a la vegada, es complementen. Un amic em deia que Marian Raméntol i Cesc Fortuny eren como una mena de ying i yang poètic. Una simbiosi de l´un cap l´altre. I es veritat. Ambdós autors, que comparteixen llibre, a la vegada complementen les seves veus. No resulta estrany donat que la seva contribució a la poesía, música i cultura en general ja es reconeix a Barcelona ciutat i potser a Catalunya. El llibre que ve distribuit per un inrevés estructual – ja m´entendrà qui l´ha tingut a les seves mans- ve prologat per l´Eduardo Moga. Un pròleg que mereix una especial atenció doncs no es limita a donar complaença als autors, tracta de fer una anàlisi acurada i a la vegada apropar les seves poètiques. Un exercici gens fàcil.

De la poética de la Marian Raméntol destaco una certa sensualitat, però no una sensualitat comú, és una sensualitat conreada a l´espai, als buits del cos. La contínua al.lusió als nostres forats corporals i a vegades a la nostra buidor (p. 18):

“Si la paraula es bomba,
obre-li el ventre
per tal que el discurs no perdi el cap”

O també (p.23):

“Avui fosquejo morta, morta com la nit
que s´escola pel desguàs, molt endins,
amb el silenci regalant per l´esfinter”

En destaco un troç més però de ben segur podria posar més exemples (p.25):

“ben humit a l´eixida de la meva claveguera,
i et prometo que tornaré a fecundar-me”

I també en aquesta sensualitat ens trobem amb l´aigua, líquid elemental i fonamental (p.27):

“L´aigua baixa plena,amb el teu nom”

I també (p.28):

“Les dents menudes de l´aigua
em sancionen”

I (p. 36):

“Una absència innavegable
em mira des del penja-robes”

Poemes en general molt breus amb imatges potents i visuals, son com senyals punyents que esgarrapen i t´obliguen a continuar.

Son comuns alguns recursos estilístics com la paradoxa i les sinestèsies (p. 45):

“Amb les corbes suspeses i els ulls inflats,
plous àridament sobre el solatge”

Un estudi curós de les paraules i del llenguatge.

Per contra en Cesc Fortuny planteja una veu més dura, probablement més violenta poèticament (p. 10):

“ Fins i tot la terra ens vol morts,
suaus com un tros de carn picada”

I les seves paraules, moltes vegades d´una escatologia arrelada a la terra, sonen no ja punyents, inclús els seus sentiments son desagradables donat que ens plantegen la disjunció de pensar en nosaltres mateixos com una forma de viure (p. 12):

“ arraulit a la seva fredor,
on els mots tenen mamelles
com una gola passiva
que em retorna a la matriu”

Mare terra engendradora, mare terra que ens ho dona tot i on nosaltres li retornem tot (p. 14):

“ets com el vi, begut  a la força,
com l´orina de la terra”

Els poemes de Cesc Fortuny son, a vegades, narratius: Infeliç, la sal anuncia les meves petjades, A la terra del mirall, El mercuri que crei a les algues dels meus dintres, etc…

I altres la seva prosa s´enteranyina i acabo recordant, com també ho fa l´Eduardo Moga, alguna cosa d´en Vicente Aleixandre (p. 23) malgrat la distancia i el temps.

També la insistència en lo primigeni, en els líquids que dónen vida (p. 27):
“una lleterada vegetal que em clava les arrels a la boca”

I, al mateix poema:

“on creixen els cabells de la tarda, i s´alleten”

És la poesía de Cesc Fortuny una poesia que desasoga, que no permet descans algú. A vegades captem un cert surrealisme (p.35):

“El penis és un fantasma líquid i superflu”

O també (p. 38):

“Sóc l´epilèpsia del llampec”

Paraules dures com si no hi hagés remei (p. 47):

“La gent que no sap avorrir-se,
es torna imbécil”

Curiosament el darrer vers diu (p. 61):

“la llum del perdó està trencada”


jueves, 17 de abril de 2014

LAS MUJERES DE T.C.BOYLE




Las mujeres
T.C. Boyle
Traducción: Julia Osuna Aguilar
Editorial Impedimenta, 2013
538 pág.
24,95 €

Las mujeres es una novela sorprendente. Thomas Coraghessan Boyle (1948) nos narra de forma magistral la vida y, sobre todo, los amores del famoso arquitecto Frank Lloyd Wright, uno de los arquitectos más importantes del siglo XX y conocido por el diseño, entre otros, del Guggenheim de Nueva York, el Hotel Imperial de Tokio o su casa, Taliesin, ubicada en Wisconsin, dos veces quemada y dos veces reconstruida.
Su vida fue, sentimentalmente hablando, bastante ajetreada. Esposas, amantes que después se convierten en esposas. Todas ellas mujeres con una sensibilidad especial para el arte pero que acaban siendo arrastradas por la personalidad de Wright.

La novela está dividida en tres partes, cada una de ella dedicada a una mujer aunque no en un orden lógico y cada parte tiene un prólogo –de ficción- narrado por Tadashi Sato, un aprendiz japonés  de la escuela-taller que crea en Taliesin.

La primera mujer de Wright es Catherine Tobin Wright, “Kitty”, se casaron muy jóvenes y con ella tuvo seis hijos pero no les prestó la atención que realmente merecían. Kitty no aceptaba las numerosas infidelidades de su marido: "(…) su marido era un donjuán, siempre lo había sido y seguiría siéndolo (…) debía ejercer sus encantos sobre las mujeres del barrio porque eran ellas las que llevaban las riendas de la economía familiar (…). "(pág. 401).

Pero el problema llegó cuando Wright y “Mamah”, reúnen a sus respectivas parejas para decirles que están enamorados y que les abandonan ya que su amor es lo más importante.  “Kitty lo había aceptado, le había creído y confiaba en él. Tenía la esperanza de que superara aquel encaprichamiento, al igual que había superado otros con anterioridad “(pág. 401).

Martha Borthwick, “Mamah”, será su amante. Abandona a su marido y a sus hijos pequeños para vivir con Frank Lloyd Wright. “Tenía la mano tan firme y decidida como la de un asesino, la de un leñador con el hacha sobre la panza del lobo o la de una bruja con el horno a todo trapo, y se le fue al asa de la maleta, al tiempo que susurraba su despedida en un idioma nuevo, el del heroísmo y el sacrificio, y se escabullía por el pasillo”. (pág 416)

Era una mujer de ideología liberal y feminista. Traduce libros del alemán de Ellen Key, feminista sueca, escritora, pedagoga y pensadora radical.  Intenta educar a sus hijos en esas convicciones ideológicas aunque sólo los ve en vacaciones.

A ambos no les dio tiempo a casarse ya que murió trágicamente en el primer incendio de Taliesin. Esta casa, una de las obras más importantes de su arquitectura, la construyó para Mamah. Es posible que fuera a la mujer que más amó.

En el duelo de Mamah conoció a Maude Miriam Noel, “Miriam”, una mujer esnob, superficial, inestable y aficionada a la morfina. Con un carácter tan fuerte como el de Wright. Tuvieron un amor apasionado, violento, visceral. Realmente fue una relación enfermiza y destructiva. “La necesitaba, la quería, y le rogó que volviera, y no solo a Chicago, sino a Taliesin, para ser su mujer. ¿Y ella? (…) ¿Y qué si era por lujuria?. La necesitaba, e iba a mostrarle todo lo que podía darle, más allá de eso, de la maldición del sexo (…) (pág. 279).

La última esposa fue, Olga Lazovich Milanoff Hinzenberg, “Olgivanna”, de origen serbio. Se conocieron en un espectáculo de ballet en Chicago, en 1924 y él quedó prendado  “una joven morena, alta y de rostro adusto (…)” (pág.39). “Se le fueron los ojos hacia ella en cuanto se sentó”, (pág. 41).  Él se encapricha de ella, al igual que se encaprichó de las anteriores y consigue que abandone a su marido y, junto a su hija  Svetlana, para irse  a vivir con él a Taliesin. Con el tiempo se vuelve una “mujer amargada, magra y carente de humor, (…) siempre atareada con las tareas del hogar (…)”, (pág.40).

En Las mujeres,  T. C. Boyle nos describe a Frank Lloyd Wright como un hombre egoísta, estafador, vividor. “Iba y venía con total libertad de Spring Green a Chicago, donde viajaba para engatusar a clientes (…). Manipulaba los libros de cuentas, firmaba cheques sin fondos (…) (pág. 249). 

Quería vivir a su aire, sin tener en cuenta las normas de la sociedad del momento. “¿Por qué no le dejaban vivir su vida a su aire?¿Quién hacía las reglas para reprimirle?. Las normas eran para otra gente, para la gente ordinaria, la que no tenía ni pensamiento propio ni originalidad ni ningún sentido del mundo (…)” (pág. 442).

Hemos de imaginar que en la época en la que vivió el arquitecto y en esa América profunda, no debió ser muy bien visto el modo de vida que vivía. La prensa deba cuenta de todos sus amoríos e incluso Miriam llegó a acusarle de haber violado unas cuantas leyes sobre moralidad vigentes en ese momento en el país, cuando ya vivía con Olgivanna.

Aún así, era adorado por sus aprendices a los que trataba como auténticos esclavos. No sólo tenían que trabajar como delineantes sino también en el campo, la cocina. Era dueño de sus vidas.

Las mujeres de T. C. Boyle es una novela para  incondicionales de biografías de personalidades con sus luces y sus sombras.

domingo, 6 de abril de 2014

EL LIBRO DE JADE DE JUDITH GAUTIER



El libro de jade
Judith Gautier
Ardicia editorial, 2013
126 páginas
15,90 euros

En una época tan convulsa como la que nos ha tocado vivir pocas son las noticias que nos reconcilian con el mundo y la humanidad. Al final acabamos huyendo sin saber hacia dónde y porqué. Isabel Núñez (1957-2012) solía decir que la belleza le calmaba. Pocos son los libros cuyo goce estético nos hace olvidar por un instante este mundo nuestro. Recuerdo uno especialmente con temática de fondo también oriental. Sarinagara de Philip Forest, libro reseñado ya en esta página. Libro también que, casualmente, solía citar Isabel Núñez.

Así encontrar una joya tan delicada como El libro de Jade de Judith Gautier (1845-1917) es como situarse en un balneario mental. La autora es hija de Théophile Gautier (1811-1872), de gran cultura y sensibilidad oriental, dominaba el chino y cultivaba el gusto por lo oriental como era común en su época. Con este libro de poemas trató de recoger toda una tradición y modo de vida oriental. Baudelaire (1821-1867) le dedico Las flores del mal.

El libro está dividido en siete partes que constituyen algo así como siete esferas de la vida que recoge la tradición cultural china. Son, a saber: Los enamorados, la luna, el otoño, los viajeros, el vino, la guerra y los poetas.

Ayudan notablemente a situarse en el contexto los escritos Remy de Gourmont, prólogo a la edición de la época, y un acercamiento desde la actualidad que nos da Jesús Ferrero para entender las notables diferencias de concepto entre lo oriental y lo occidental.

Judith Gautier viene a hacer una reinterpretación de textos chinos clásicos, cuyos autores cita, según el gusto francés de la época, contagiado de la corriente literaria dominante, el simbolismo.

Los textos son un compendio de imágenes exquisitas, pero a la vez cotidianas, sencillas, cuya trascendencia está en la delicadeza de los momentos que se describen, en la dulzura de los paisajes y de los instantes.
Algunos ejemplos (p.41):

“El cielo está también en el río; cuando una nube cruza
sobre la luna la veo pasar en el agua “

O también (p.69):

“(…) pienso que el hombre,
sin las mujeres, es como una flor despojada de follaje”

Y (p.87):

“La mujer, en el esplendor de su belleza, se asemeja
al viento tibio de agosto, refresca y perfuma nuestra
vida”

Retazos de monotonía que a veces no están exentos de una cierta crueldad (p.97), la crueldad de la guerra, la crueldad de la naturaleza humana:

“Venga, mujer, clava tu larga aguja en la seda roja del
bastidor, y trae aquí mis armas guerreras (…)
Y ahora tiembla y aléjate, a que este es el rostro terri-
ble que ofreceré a los enemigos”

Es este apartado de la guerra uno de los más llamativos del libro.

El libro comprende el mundo de las tradiciones, de lo antiguo, donde cada uno tiene un papel.

Como señala acertadamente Jesús Ferrero en los poemas orientales importa tanto lo visual como lo musical. De ahí la importancia de lo sensorial.

También son especialmente curiosas las imágenes de los viajeros con su recuerdo de la tierra que dejan atrás, tan cercana a nuestra realidad (p.81):

“Pobre viajero, lejos de la patria, sin dinero y sin amigos,
Ya no escuchas la dulce música de la lengua materna”

Y muy destacable también el apartado relativo al vino (p.88):

“Como la hierba que quita las manchas sobre una pieza
De seda, borra el vino las disputas en el corazón”.

El libre de jade nos trae un mundo lejano, ya olvidado, con un testimonio especial de la época en que fue escrito.


sábado, 22 de marzo de 2014

AGUA DURA DE SERGI BELLVER



Agua dura
Sergi Bellver
Ediciones del Viento, 2013
124 pp
14,50 euros


A Sergi Bellver (1971) lleva preocupándole –y ocupándole- el relato como género desde hace tiempo. Le hemos conocido como editor en Chéjov comentado –Ed. Nevsky Prospects, 2010, ya reseñado aquí- también como antólogo en Mi madre es un pez –Ed. Libros del Silencio, 2011- y ahora le vemos publicar su primer libro de relatos, si bien algunos de ellos ya habían aparecido en otros lugares y el libro ya se había publicado digitalmente.

Agua dura es un libro un tanto oscuro pues los paisajes oscuros parecen acompañar los textos, tanto como la fotografía de su portada. Pero muchos de esos paisajes impactantes de la fotografía son también paisajes duros interiormente. Las entretelas de los protagonistas que pueblan los relatos de Agua dura son muchas veces desoladoras, desarraigadas, desesperadas. Son personajes transmutados a lugares –luego hablaremos de ellos- donde les ha tocado vivir, muchas veces a su pesar. Allí sobreviven atormentados, recuerdan tiempos pasados o son movidos a desarrollar unas vidas que parecen incontroladas.

Sergi Bellver es fiel a una forma de escritura que él ejemplifica en Faulkner, pero también podría citarse a Joseph Conrad, a Robert Musil o a Jack London o a tantos otros. A Bellver le preocupa la historia. Contar historias que emocionen, que hagan sentir, que comuniquen, que dejen huella, que nos impriman. Huye de los experimentos con gaseosa de generaciones anteriores -de las nocillas, de las escrituras fragmentarias- y de las posteriores –hipsters literarios-. Reivindica lo que él denomina Nuevo Drama, un retorno a la escritura que comunica. En este movimiento le acompañan Manuel Astur, Juan Soto Ivars (también antólogo de Mi madre es un pez) y Francisco Javier Sánchez Ocaña. Agua dura se circunscribe a los parámetros de este movimiento.

El autor divide el libro en tres partes aunque la primera y la última sostienen el peso del  libro pues contienen los relatos más largos y también los más conseguidos a mi modo de ver. Pero el libro bien podría dividirse también en función de los paisajes en que se desarrollan. Esos lugares, cuando aparecen identificados, marcan la narración. Otros sin embargo, son espacios inocuos que podrían ser cualquier sitio.

Personalmente creo que el libro, su columna vertebral, está sostenido por cuatro o cinco relatos: El nudo de Koen, Los ojos de Sarah, Pájaros que llegan a Moscú, En la boca del otro e Islandia. Me gusta especialmente Islandia, a pesar de ser el último relato. El libro así expresado dibuja al principio un in crescendo, luego se hace meseta para terminar de nuevo creciendo. Deja un buen sabor ese relato final y el autor, creo, que por eso lo ha situado en último lugar.

El libro también tiene un par de características más que aúnan los relatos. En primer lugar el agua, que creo está prácticamente en todos. Y también tienen mucho que decir las relaciones familiares, las relaciones entre amigos y cómo nos marcan y determinan nuestra conducta y forma de actuar. La relación de dos hermanos que heredan una propiedad. La historia de Propiedad privada no es tanto lo que sucede en ella sino cómo las interrelaciones entre madre-hija-hijo dirigen el relato y justifican lo que pasa en él. Algo parecido sucede en El nudo de Koen con esos dos hermanos que comparten nombre pero que jamás se conocieron. Los conflictos que aparecen con esa coincidencia. ¿Determina la coincidencia su personalidad? ¿Acaso sus vicisitudes personales? Curiosamente también son hermanos los protagonistas del último relato, Islandia. Ya hablaremos luego de él.

El lector avispado también encontrará numerosos homenajes ocultos en los relatos de Bellver. Homenajes a los autores que le gustan, de los que ha aprendido, que son sus ejemplos. Unas veces los relatos vienen antecedidos por una cita. En otras ocasiones el autor se muestra más juguetón. Obsérvese en El nudo de Koen el dibujo que hace el texto. K, Koen, King. Bueno, dejo ese análisis para los mitómanos y los lectores tan juguetones como el autor.

Vuelvo a los textos.

En Los ojos de Sarah, previa cita de Conrad y de El corazón de las tinieblas, el conflicto parte de dos hilos que se van a ir uniendo. Por una parte la búsqueda de alguien y, por otra, un pasado que parece retornar, mejor, que nunca se ha ido. Una venganza pendiente y los ecos del pasado: los nazis, Mengele, los judíos, los campos de exterminio y experimentación, etc. Aquí sin embargo me gusta el itinerario de la búsqueda.

Llego ya a la segunda parte del libro y me llama la atención Pájaros que llegan a Moscú, una historia de la víctima que se convierte en cazador para sobrevivir. Se le añade el tiempo presente, en este caso la Rusia post soviética, las mafias, la corrupción. Destaco el ambiente de los bajos fondos. Es curioso, se me ha olvidado señalar que Bellver no es un autor dado a grandes descripciones, sin embargo con breves pinceladas nos quedan algunos de sus paisajes. En este texto también.

En los relatos más breves de esta segunda parte me pesa más la sensación final que la narración en sí, probablemente por su brevedad. En La manada, la sorpresa de descubrir a alguien que hace lo mismo que tú. Algo de lo que te escondes. En Señales de vida, la compulsión y el ansia de vivir de los que trabajan tan cerca de perder su propia vida. En Deseo de ser Dimitri, el paisaje de la lucha social tan cercana. En Banana dream, la ironía sobre la obra de Fernández Mallo (y supongo que de los nocilleros en general) y, finalmente, en La muerte de Edmund Blackadder imaginarse la muerte en atentado de un actor muy conocido por su humor.

La tercera parte contiene tres relatos largos. El primero de ellos, En la boca del otro, habla de la lucha por la supervivencia, contra la naturaleza, encarnada por la figura de un jabalí y contra la colectividad que rodea al protagonista que vive una existencia semi salvaje. En este caso el autor antecede el relato con una cita de Umbral pero bien podría haber seguido utilizando a Conrad o a London, pues la supervivencia es el eje central del relato unida al recuerdo de la madre fallecida que es la que trastoca el mundo del protagonista.

En Mala hierba, título que también corresponde a una obra de Baroja, la lucha por la supervivencia es más la rivalidad, aparentemente estúpida pero que termina siendo enfermiza, entre dos personas y su desenlace final. Sergi Bellver lleva hasta el extremo el enfrentamiento larvado entre dos personajes por una causa trivial que termina por desquiciar a ambos de forma que, aunque hay un perdedor, los dos pierden toda capacidad de juicio por su estupidez.

Finalmente está Islandia. De nuevo una relación entre dos hermanos, un espacio lejano, una isla, agua. Y un conflicto que vuelve al presente. Mucho podría decirse del relato pero desvelaría el intríngulis de la relación por lo que aconsejo leerlo. Este mismo texto también se encuentra en el libro Nómadas, antología de relatos de viaje de varios autores seleccionados por Elías Gorostiaga.

Más que meritorio resultado en este libro de Sergi Bellver con historias que gustarán de releer. Descubrir otra faceta del agua y los mundos y personajes atormentados que diseña el autor.


lunes, 17 de marzo de 2014

ENTREVISTA A JAUME PALAU

Luis Vea (Barcelona) Entrevistamos a Jaume Palau con motivo de la publicación de su libro Cuarto menguante.




Luis Vea-Cuarto menguante transcurre sobre la brevedad de las palabras. ¿Te encuentras más cómodo en el espacio de las pocas palabras? ¿En cuál de los tres formatos (cuento, microcuento, aforismo) te sientes mejor?

Jaume Palau-Ciertamente, me encuentro mucho más cómodo en las distancias cortas lleven éstas el membrete que quieran, ya sea de cuento, microcuento o aforismo. Lo importante, para mí, no es tanto el nombre que demos a la criatura sino el plasmar, de la forma más sintética posible, la realidad (no siempre fácilmente perceptible), y la épica de lo cotidiano; inducir a una reflexión y a un posicionamiento ético. Deseo que mis textos tengan la inmediatez de un inyectable, que baste un instante para que circulen libremente en la corriente sanguínea de la imaginación y de la sensibilidad del lector y le proporcionen entretenimiento, provecho, y placer.

L.V-La idea de que tus cuentos tengan un reflejo en imagen. ¿Cómo surge?

J.P-Siempre he estado a favor de la confluencia de las artes, de su porosidad y de su mutua interrelación e influencia. Conozco, desde hace años, a Antonio Luque, un gran artista plástico y galerista de Tarragona, que habitualmente expone en el centro de Europa (Alemania, Austria, Suiza…) con una poética propia no siempre fácil de interpretar, ni del gusto del gran público al que, honestamente, no pretende ni engañar ni seducir y al que admiro porque considera –y en eso coincido con él- que ni la vida ni el arte están hechos para transitar por los rieles del conformismo, de las modas (porque conoce la frase de F. J. Strauss que dice que “quien se casa con el espíritu de su época, enviuda pronto),  ni del lugar común. Fue tan fácil como proponérselo y él, inmediatamente, hizo suyo el proyecto. Convinimos que actuara con la máxima libertad posible, pudiendo hacer un trabajo paralelo a partir, simplemente, del título del libro Cuarto menguante y lo que éste le sugiriera. Yo no tenía porque influir en su proceso creativo. Es más, quedé con él que no lo vería hasta estar acabado. Obviamente le pasé el texto. Por eso me sorprendió el resultado, el hábil trabajo de síntesis que fue capaz de hacer trasladando, a cada ilustración, la esencia de una historia.  

L.V-Imagino que ha habido un proceso de selección de los relatos. ¿Has buscado un nexo común, un hilo que los una o simplemente has hecho una selección pensando en los mejores relatos?

J.P-La selección se ha hecho siguiendo tres criterios: la extensión del texto, que todos los textos fueran detonantes para una reflexión aunque ésta fuera festiva, y a su calidad. Y ya se sabe lo que sucede cuando actúa este tercer criterio. ¿Qué texto seleccionar? Él que ayer te parecía, de forma indudable, que tenía que figurar en el libro hoy ya no lo ves tan claro y pondrías –y terminas poniendo- otro en su lugar. En este proceso me debato en un mar de incertidumbres, dudando de cada opción tomada en el siguiente instante de haberla tomado. Por eso me resulta placentero, y liberador, el ver el libro editado: pues me niega la opción de corrección. Ya se terminó aquel extenuante y estéril trabajo de Sísifo de acarrear el texto hasta la cumbre,  de la selección y de la enmienda constante, de poner hoy una coma que sin duda quitarás mañana. ¡Benditos sean los editores que te sacan el texto de las manos y te liberan de la compulsión de la corrección infinita y de la utopía del texto perfecto!

L.V-No es el primer libro de relatos que escribes, ¿es casi obligatoria pregunta si habrá alguna novela?

J.P-No lo creo. El célebre escritor guatemalteco Augusto Monterroso decía que una novela es una buena preparación para escribir un cuento. Y yo, por ignorancia de esa gran verdad, por atrevimiento y por aturdimiento, he comenzado por el relato corto. Claro que, como bien se sabe, con la edad menguan las facultades y tal vez entonces, y sólo entonces, perpetre una novela, (con todo el respeto, y admiración, que tengo por las grandes novelas y por los grandes novelistas capaces de plasmar un mundo en sus obras).

L.V-¿Qué opinas de la ya tan cacareada idea de que el cuento en España tiene una época dorada? ¿Y lo mismo sobre el microcuento?

J.P-Ya hace años que los suplementos culturales de los grandes diarios van pregonando, como rabadanes en epifanía,  la buena nueva del auge del cuento en España pero ¿cuántas editoriales se dedican, en exclusiva,  a publicar libros de relatos? ¿Cuántos de los grandes sellos editoriales poseen colecciones específicas de cuentos que no sean infantiles? De ambas ¿cuántas se atreven a editar autores desconocidos?
Sí constato un auge del microrrelato por internet. Hay blogs y revistas digitales dedicadas,  en exclusiva,  a su difusión y estudio, tanto españolas como hispanoamericanas, de éstas últimas principalmente argentinas y mexicanas. Entre los estudiosos y recopiladores en nuestro país me vienen a la memoria Clara Obligado y Fernando Valls, entre otros, por supuesto.
Resumiendo: creo que lo del auge del cuento en España, y lo de su época dorada, no deja de ser un lugar común, una leyenda urbana tan falsa y extendida como la de que Hacienda somos todos.




L.V-¿Piensas que el relato y el microrrelato son dos géneros distintos?

J.P-Estudiosos y teóricos de la materia afirman que sí, que son dos géneros distintos con sus propias características y especificidades y, por supuesto,  no seré yo quien enmiende la plana a éstos señores. Yo,  lo único que pretendo al leer un libro, bien sea de poesía o de prosa, al contemplar un cuadro, o al oír música, es que todas estas actividades me procuren, como ya he dicho antes, provecho y placer, que me pongan en contacto con lo desconocido, que enriquezcan mi experiencia y que me hagan un poco más sabio, un poco mejor persona, un poco más feliz.

L.V-De qué forma llegaste al relato como género? ¿Qué autores crees que te han influido?

J.P-De forma natural. De pequeño y adolescente, como todos,  era un voraz consumidor de las novelas de aventuras de Alejandro Dumas, Emilio Salgari, Robert L Stevenson, Walter Scott, etc., que me hicieron recorrer paisajes exóticos, oler los aromas de las calles y zocos del pasado, y compartir con ellos aventuras extraordinarias pues todo buen lector, si la obra está bien escrita, es un compañero de viaje del protagonista. Más tarde, ya en la adolescencia, aprendí a andar por el camino de la literatura y comprendí que me bastaban diez pasos, o uno, diez páginas, o una, para plasmar una situación o un mundo. Hay otros que precisan recorrer mil quilómetros o mil páginas solo para enfrentar la aridez de un desierto sin épica y sin belleza, o para contar una vida tan narcisa como anodina. Por otra parte siempre intento aplicar a mi obra el lema del genial arquitecto Mies Van der Roe de “menos es más”.

Autores que me han influído: Arreola, Kjell Askildsen,  Borges, Carver, Cheever, Chejov, Richard Ford, Monterroso, Alice Munro, Papini, Ribeyro, Salinger, Oscar Wilde… ¡son tantos los grandes maestros que me han influído!

L.V-¿Háblanos de tus proyectos futuros?

J.P-Tengo previsto terminar un nuevo libro de relatos para finales del 2015, de momento sin título definitivo. 


Muchas gracias por tu tiempo, Jaume, y suerte con Cuarto menguante y tus próximos proyectos.

Fotos de la presentación de Cuarto menguante en diciembre de 2013 en Tarragona.

jueves, 13 de marzo de 2014

CUARTO MENGUANTE DE JAUME PALAU



Cuarto menguante
Jaume Palau
Ilustraciones de Antonio Luque
Silva Editorial, 2013.
103 páginas.
15 euros.

Los que se dedican al mundo de lo breve deben tener en la cabeza aquella máxima de Gracián. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Siempre he pensado que es más fácil sacar un buen cuento de una buena novela, que no sacar una buena novela de un buen cuento.

Estas dos reflexiones me vienen al pelo para hablar del libro de Jaume Palau, Cuarto menguante. Ya se habrá dado cuenta el avispado lector que al hablar de la brevedad, ésta iba a tener algo que ver con el título. Si bien es cierto que sabemos que el cuarto menguante es una fase lunar, también lo es el espacio que va haciéndose cada vez más pequeño y, en este caso, el espacio literario. Así el autor, en un ejercicio de osadía, se dedica a hacer historias cada vez más pequeñas hasta dejarlas reducidas a la mínima expresión, que es la línea.

Cuarto menguante viene, a mi modo de entender, definido por tres tipos de ejercicios narrativos. Una sería el relato, otro el microrrelato y otro abarcaría el espacio de la cita o del aforismo. El autor parece sentirse relativamente cómodo en los tres espacios por lo que Cuarto menguante se convierte así en una obra interesante de ser degustada. Cada una de las pequeñas historias, en su brevedad, contiene un universo mayor. Cada cual tendrá sus favoritas.

Antes de hablar de algunas de las historias me gustaría destacar en sí un par de hechos, que no son poco, en este tiempo que nos ha tocado vivir. Un primer dato a tener en cuenta es el cuidado que pone el autor en la elección del vocabulario hasta encontrar aquella palabra que considera más adecuada para cada ocasión, sin dejar de usar cultismos. Hay un tipo de literatura que ha olvidado que es el lector el que tiene que hacer un esfuerzo para entender al autor y no al revés. A esto se le debe añadir una intención de utilizar el bagaje cultural para crear y recrear historias y mitos retorciendo los trasfondos, los tiempos, los espacios o las realidades. Historias que nos suenan al acabar de leerlas. Trasfondos que se adaptan a nuestro tiempo, unas veces con afán de juego estilístico, en otras ocasiones con un propósito medido. Jaume Palau tampoco huye de reinterpretar la realidad del tiempo en el que le ha tocado vivir y se permite criticarlo. En la parte final, la de los aforismos, es más que evidente, pero también lo es en los cuentos y en los microcuentos.

Dicho esto voy a tratar de hablar de algunas de las narraciones que más me han sorprendido.

Empezaré por la primera parte. En El joven que quería ser poeta  (p. 9-13) encuentro ecos de la escritura de Oscar Wilde. Quizá es por la suavidad de la narración o del tono que, en ocasiones, me recuerda a algunos de los cuentos clásicos de Wilde. Un poeta persigue un sueño y es el sueño el que acaba de alguna forma deglutiéndole a él. Realidad y sueño terminan confundiéndose, quizá porque en el ánimo de todo poeta hay algo de la turris ebúrnea, del enclaustramiento de uno mismo. En este caso el protagonista lo lleva al extremo hasta vivir únicamente una realidad que es sueño, ¿o es el sueño el que se convierte en realidad?

El relato Un criterio propio  (p. 15-19) tiene su trampa por lo cual debo ser muy cuidadoso en no desvelarla. Por una parte, es una reinterpretación de un cuento clásico, pero eso no lo sabemos hasta el final. Por el otro, no es más que el conflicto – que no es poco – de una pareja. Eso tan habitual y tan cotidiano. Dejo al lector que descubra ese clásico reinterpretado.

Vejez (p. 21-23) es un repaso vital que se produce con la excusa tan peregrina de tener una erección. En realidad es más, porque la erección acaba siendo el símbolo de la vida a la que el protagonista se agarra, ahora que la muerte está tan cercana. Una historia de eros y tánatos también convertida en una reflexión cotidiana no exenta de profundidad y cierta amargura.

También hallamos ironía en el relato ¡De ninguna manera! (p. 25-27). Sorna que roza lo macabro. Una madre se comunica con su hijo a través de una combinación. Una combinación de números en la que su hijo tiene que confiar. Un relato sobre las relaciones materno-filiales de los personajes.

Los dos relatos siguientes de los que quiero hablar tienen algo en común. Génesis de un asesinato (p. 29-31) contiene la reinterpretación de otro mito cristiano. En el caso de Esa es mi vida  (p. 32-33) recuerdo haber leído un cuento anónimo oriental –luego reintepretado por Jorge Bucay- que tenía un trasfondo similar y un mensaje a modo de reflexión vital. En este último caso nos hace reflexionar sobre la vida, su brevedad y en qué la empleamos.

Curiosamente Jaume Palau tiene varios relatos con un trasfondo de reinterpretación religiosa. Además de este Génesis de un asesinato, también está Navidad (p.39-40), que habla de una moderna epifanía; Un día de abril del año 30 (p. 70), sobre la crucifixión y Lázaro (p.91), sobre el mito del mismo nombre.

De esta primera parte, con los relatos que ocupan más de una página, destacaría dos más. Por un lado, por su trasfondo social y actual, y, también, por lo macabro que resulta la situación una extraña subasta en Rebajas (p. 49-50). Por otro, por lo imaginativo, destacaría El libro del olvido (p. 45-46).

La segunda parte contiene cuentos de menor longitud que la página, aunque también van poco a poco menguando hasta no ser más que unas pocas frases. Cabe destacar El corcel (p.58) que contiene un habilidoso y breve argumento que no descubrimos hasta el final y que obvio desvelar. Manuscrito hallado en una botella (p.67) es también otra reinterpretación de la historia clásica del personaje que encuentra una botella en el mar. En este caso lo inesperado es también el final. Fin de año (p.68) resulta ser algo así como la historia del cazador cazado, en este caso hablando de una pareja y una relación amorosa de por medio. El hombre es bueno por naturaleza (p.75) es otra historia de final sorpresivo en la que el título si bien, parece que no revela nada, no podría explicar mejor el contenido.

La tercera parte es difícil explicar sin desvelar el contenido narrativo que a veces da más la impresión de contener verdaderas filosofías de vida. Mejor destacaré, de entre todos ellos, un par de aforismos:

“Y dijo Dios “no es bueno que el hombre esté solo”. Y creó los papeles. (p.97).

“Lo positivo de la gente que habla sola es que, como mínimo, no hay que esforzarse en darle conversación” (p.99)

Finalmente mencionar el magnífico trabajo de síntesis visual del ilustrador, Antonio Luque, que prácticamente con pictogramas da imagen al contenido de los cuentos.



Cuarto menguante o por qué una obra de arte también puede ser breve.

domingo, 2 de marzo de 2014

FOTOMATÓN DE FELIPE ZAPICO ALONSO Y SANTOS M. PERANDONES


Fotomatón
Felipe Zapito Alonso y Santos M. Perandones
Eolas ediciones, 2013
77 páginas
15 euros.

¿Qué fue primero la imagen o la palabra? ¿Qué llevó a qué? Su autor, el de las palabras, Felipe Zapico descubría hace poco el misterio en Barcelona. Unas cuantas imágenes llevaron a las palabras, unas cuantas palabras llevaron a las imágenes. Si fuera un partido de fútbol hablaríamos de empate. Empate en esfuerzos e intenciones. Y es que Fotomatón es un poemario, poemario también visual, que acaba siendo de intenciones. De palabras que dejan abiertas las ideas para que continúen dando vueltas en nuestras cabezas. Imágenes que dan paso a sugerencias, a pensamientos. La brevedad del símbolo y la brevedad de la palabra, que no deja de ser también un símbolo.

Fotomatón, tal y como se titula acertadamente el libro, da pie a imágenes literarias o visuales que se definen por la detención en un momento preciso. Imágenes y palabras de foto fija. Frescas, sensuales, vitales, a veces también básicas pero sugerentes. Un ejemplo (p.38):

“Entre los dedos
escapa
la vida.
Los sueños
se
fueron
hace tanto tiempo ya.”

Con una escritura sencilla el autor logra diseccionar los momentos con la clarividencia del bisturí y del escalpelo. Ese uso de palabras sencillas hace universales sus mensajes sin necesidad de retorcerlos. Es directo, pero no simple. La palabra se alía con el autor para garantizar el resultado buscado. Unas veces el mensaje resulta tan certero como universal la metáfora o la paradoja (p.46).

“Ni siquiera el palillo
puede
sacarte
de entre mis dientes”

Así,  el autor de Cosas, El ladrón de peras o Balances parciales nos aboca a reflexionar sobre nuestras vidas a través de la suya, sobre el mundo que nos rodea a través del suyo, a tomar conciencia del tiempo, del espacio, del momento a través de su propio tiempo, espacio y momento. Nos atrapa es su certidumbre para abandonarnos a nuestras dudas. Quizá nos aporta unas veces una luz, en otras ocasiones nos deja todavía más perplejos, pero sus idas y venidas no dejan indiferente. Sus palabras son como callejones que se abren, o como cajas que se cierran. Como las imágenes que las acompañan (p.56)

“… un leve rastro
de sangre
casi en la comisura
de mi alma”


Y de lo breve acaba naciendo todo.