jueves, 16 de febrero de 2012

22 ESCARABAJOS. ANTOLOGÍA HISPÁNICA DEL CUENTO BEATLE DE VARIOS AUTORES



22 escarabajos. Antología hispánica del cuento Beatle
Edición a cargo de Mario Cuenca Sandoval
Autores:Hipólito G. Navarro, Fernando Iwasaki, Marcelo Figueras, Iban Zaldúa, Salvador Gutiérrez Solís, Maurice Echeverría, Miguel Antonio Chávez, Leopoldo Marechal, Care Santos, Xavier Velasco, Pilar Adón, Javier Fernández, Roberto Valencia, Leonardo Aguirre, Eduardo del Llano, Rodrigo Fresán, Esther García LLovet, Patricia Esteban Erlés, Raúl Pérez Cobo, Mario Cuenca Sandoval, Andrés Neuman y Salvador Luis.
Ed. Páginas de Espuma, 2009
318 pp.
16 euros.


No suelo leer a lo largo del año muchas antologías. Tengo un dicho que expresa mi recelo: Las antologías las carga el diablo. Suele suceder que entre la variedad no siempre es fácil garantizar un equilibrio en interés y calidad. Y aquí encuentro esta Antología hispánica del cuento Beatle, que quizás por lo raro viene a picar mi curiosidad y, como un gato, pico. ¿Y qué me encuentro? 22 relatos de escritores españoles e hispanoamericanos. 22 relatos que tienen como trasfondo los Beatles. Y leo. Y enseguida observo que hay dos tipos de relatos (además de la división inicial que podemos hacer entre los escritos a un lado u otro del charco): los que han sido incluidos en esta antología después de haberse ya publicado, o escrito, y los que han sido escritos especialmente para ella. Difícil papel para el editor, Mario Cuenca Sandoval. Y sin más, tras un prólogo bastante orientador, me encuentro los relatos uno a uno, y, después de leerlos todos, me apercibo de que, en general, me gustan más los que ya estaban escritos antes de pensar en la antología. Pero sobre todo me encuentro ante un relato por el que casi se justifica la antología y que me hace pasar un buen rato. Pero antes de empezar por ellos y, debido a su número, me limitaré a hablar de los que me provocaron algo. Y vuelvo al que considero mejor. Una historia disparatada que llega de la mano de Fernando Iwasaki. Su título es Rock en los Andes. Imaginen que en un pueblo perdido de los Andes, donde aparte de religión católica y costumbres ancestrales poco más conocen. Y ya tienen bastante con los de Sendero Luminoso. Ahora se les ocurre traer ese nuevo lenguaje del diablo que denominan rock. Y ahí se juntan conspiraciones, terrorismo, paranoia, rock, atentados, política y bombas. Y créanme, entenderán el mundo de otro modo tras su lectura. Y reirán. Como yo lo hice.

No lo he dicho pero el libro está dividido en tres partes que sucesivamente se denominan: Yesterday, Beatles postmodernos y Yo soy la morsa. Casualmente, y exceptuando este primero, la mayoría de los que me han gustado están en la última parte.

El siguiente relato está firmado por Eduardo del Llano y se llama The Beatles. En este relato, el autor, que es también el protagonista del mismo, crea toda una sucesión de hechos y toda una teoría para justificarse y convertirse a sí mismo en el protagonista. Para ello los Beatles se convierten en actores secundarios. Un relato sencillo, bien tramado y finalizado.

Otro relato a destacar es el de Rodrigo Fresán que lleva como título una canción de los Beatles, Come Together. En este caso es la historia de una familia que siempre ha sido la protagonista de los acontecimientos históricos. Una familia retratada por el tiempo con un trasfondo inequívocamente beatle. Otra historia redonda.

Esther García Llovet nos plantea un relato más complicado pero bien trazado. Imaginen que alguien encuentra un paralelismo entre la última película de Kubrick, sí esa en que salen Tom Cruise y Nicole Kitman: Eyes wide shut, y la película Help! que protagonizaron los propios Beatles, eso pasando por el hecho de que el propio Kubrick quiso que los cinco de Liverpool protagonizaran una versión de El señor de los anillos que finalmente no se realizó, quien sabe si para bien del cine. Una historia cinematográfica no exenta de jet lag y de asesinato. Su título es precisamente Jet Lag 68.

Otro aconsejable relato es el del propio antólogo Mario Cuenca Sandoval titulado El rodillo de la roca N. Un extraño relato a modo de reportaje periodístico en el que se narra cuando los Beatles conocieron a P. Apostolakis. No sabe uno cuánto hay de relato y cuánto de reportaje periodístico.

También considero destacables los relatos de Care Santos, con historia de terror incluida, y Andrés Neuman.

En definitiva, 22 relatos sobre los cinco de Liverpool. Libro aconsejable para fans y fanáticos. También para curiosos. Y plenamente aconsejable a todos los públicos.

martes, 14 de febrero de 2012

EL GUANCHE EN VENECIA DE JUAN MANUEL GARCÍA RAMOS


El guanche en Venecia
Juan Manuel García Ramos
Artemisa ediciones, 2011
210 pp
19,50 euros


La conquista de Canarias es un episodio de la historia de España no excesivamente conocido. Sobre todo si al hablar de conocimiento no lo hacemos teniendo en cuenta el territorio que se conquistó. Para el resto de españoles peninsulares y de otras islas sigue siendo una historia desconocida. Una historia con héroes y con villanos. Con episodios de verdadera crueldad, a veces con ensañamiento. Uno de estos episodios, el último, es el de la conquista de Tenerife, allá por 1496. Después de haber sufrido una severa derrota en el Barranco de Acentejo, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo dispuso un numeroso ejército con la intención de romper la resistencia que los escasos reyes guanches que seguían en guerra podían mostrar. Ello después de haber convencido a unos cuantos de estos reyes para que se unieran a sus planes de conquista. Lo que se llamó el Bando de las Paces. Así llegamos al final del relato, cerca de Aguere -la actual San Cristóbal de la Laguna-. Y la historia terminó con la victoria del ejército español, como no podía ser de otro modo pues era el ejército más poderoso del mundo en ese momento. Poco podían hacer armas de piedra y palo contra arcabuces y cañones. En ese lance final fallece Bencomo, el veterano rey que había llevado a la victoria a los guanches. Y aquí empieza el argumento de El guanche en Venecia que nos brinda Juan Manuel García Ramos que, en un juego ucrónico, nos plantea a modo de crónica la posibilidad de que el rey guanche no muriera. Este guiño a una posibilidad que jamás se dio, guiño me temo -por la dedicatoria que García Ramos hace a Rumeu Armas, estudioso de la Historia de Canarias - que convierte en territorio literario lo que había sido hasta ahora histórico, y territorio para la imaginación y la ficción.

Bencomo es hecho prisionero tras la batalla de Aguere. Fernández de Lugo lo conduce hacia la península con la idea de llevarlo a la Corte de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. Una vez allí los Reyes Católicos disponen que ni sea ejecutado ni tampoco vendido como esclavo como otros tantos guanches, incluidos los que se rindieron, que acabaron en los mercados de esclavos de Sevilla. Aspectos que denunció en su momento Fray Bartolomé de las Casas antes de hacer lo propio con los indígenas de América, pues no debemos dejar de lado que ambas conquistas suceden al mismo tiempo y hasta cierto punto Canarias es un campo de experimentación para los ejércitos españoles que luego se batieron en América.

En ese estado extraño en el que queda Bencomo, sin posibilidad de regresar a su tierra para comandar a los suyos hacia una nueva revuelta pero también viendo su vida perdonada y hasta con cierta libertad de movimientos, maldice su fortuna y su situación le consume. Los Reyes Católicos le alejan de la Corte y de España y lo envían a Venecia haciendo escala en diversos territorios de Italia. La estancia en Venecia será larga pero no por ello el rey guanche dejará de pensar en su tierra.

García Ramos consigue contar esta historia a modo de crónica, como si de una crónica histórica se tratara, empleando formas arcaicas para hacerla más creíble. Tomar esta forma de narración hay momentos que lastra el desarrollo de la misma pero tiene la ventaja de no plantearse la idoneidad de un discurso más moderno que aquí sirve para que el cronista, uno de los personajes que acompañan a Bencomo, se exprese como un narrador muy cercano, y, a ratos, también protagonista de la historia.

No termina ésta aquí pues todavía se habrán de cruzar dos veces más Bencomo y el Adelantado Fernández de Lugo, evidentemente estos nuevos encuentros no tienen ninguna realidad histórica y son fruto de la fértil imaginación del autor. Estos dos encuentros finales justifican el desenlace de la historia, si bien la misma termina perdiéndose pues el cronista acaba alejado y sin noticias del que fuera, hasta cierto punto, compañero de preocupaciones del rey guanche.

Bencomo es dibujado como un hombre de gran porte - me recuerda a la imagen que de él hay en la plaza de la Candelaria, junto a la basílica. Debía ser un anciano pero se le describe como un hombre alto y corpulento. Un hombre inteligente, justo y hábil en la conversación. En su estancia en Venecia aprende el italiano y se mueve con facilidad en un mundo completamente desconocido. Es pues la imagen positivizada del héroe. Por contra los villanos son el Adelantado Fernández de Lugo y su segunda mujer, Beatriz de Bobadilla. Ambos descritos como personajes excesivos en sus deseos de fama y fortuna. Excesivos hasta la ceguera, tal y como demuestra el episodio en el que el Adelantado y Bencomo confluyen en Venecia, episodio este que por ser de la parte final del libro evito describir por su importancia. Baste decir que la historia dibuja a Fernández de Lugo como un hombre ambicioso. Y no sabemos si el personaje real sucumbió a esta ambición tal y como le ocurre al personaje de la novela.

El otro personaje cuya importancia en la historia va in crescendo es el de la segunda esposa del Adelantado, Beatriz de Bobadilla, mujer de intrigas palaciegas con el rey Fernando y que se ve desterrada de la Corte.

Historia bien tramada, acertadamente bien construida, con un derroche de imaginación histórica aunque llega a ser creíble para aquellos que no conocen la historia real. Es por este motivo que más que una novela histórica nos encontramos con una ucronía, un libro sobre lo que pudo ser pero que jamás fue. El guanche en Venecia.

jueves, 9 de febrero de 2012

LA VIDA DESPUÉS DE MARINA SANMARTÍN PLA


La vida después
Marina Sanmartín Pla
Ed. Baile del sol, 2009
111 pp
10 euros

La vida después es el primer libro de Marina Sanmartín Pla. Marina es conocida en la red gracias a su blog La fallera cósmica por el que ha obtenido algunos galardones. En este primer libro de relatos, y tal como su título avanza, nos presenta la vida en un momento límite, aquel que antecede a una ruptura. Las protagonistas, todas ellas mujeres, ven cómo de una forma irremediable sus relaciones concluyen. De los ocho relatos de este libro parece que la autora se mueve mejor creando historias en donde se ahonda en los orígenes de los conflictos. Por eso parecen más logrados los relatos largos.

Probablemente la que más me ha gustado ha sido Despertar en Sarajevo, una historia a caballo entre dos ciudades ¿Madrid? y Sarajevo. Un profesor universitario y una estudiante y una historia de ¿amor? que adquiere desde su principio una extraña deriva que sólo puede conducir a la monotonía y al abandono. Pocas cosas parece que ambos compartan más allá de Sarajevo y sus historias de la guerra, los escenarios que Eli recorre fotográficamente y que sirven para plantear su trabajo. Y da la impresión de que hay una especie de intercambio. Tú me das sexo y a cambio yo te ayudo en tu trabajo. No parece que R –sólo una inicial sin nombre, como corresponde a alguien que sale de tu vida con rapidez- ejerza una excesiva atracción sobre Eli. Con todos esos elementos es difícil que la historia no concluya como debe concluir.

Otra historia altamente recomendable es La verdad, una historia que me recuerda a una película que vi hace años, Todos los años a la misma hora. En este caso se trata de una mujer casada con Pedro y con un hijo, Rafa, que recibe la visita de un amigo de su padre. Envuelta en una vida monótona acaba acostándose con F –también sólo una inicial- un detective privado que recala en su ciudad para seguir un caso. Se instala en un piso para seguir el encargo de su cliente. Allí mismo se cita con ella cada mes hasta que, transcurrido un cierto tiempo, él ya no aparece. Con la incertidumbre de no tener noticias de F sigue su vida hasta acabar conociendo el final. Triste final en una historia a ratos muy sensible y con un conmovedor desenlace. Bien tramada y bien llevada.

Sólo por estas dos historias que acabo de reseñar vale la pena leer el libro, pero todavía hay algo más, seis más que se inician con la que da título al libro La vida después, en la que da muestras de cómo continúa una vida tras una ruptura. En primera hora de la mañana en Madrid: Rayuela también hay otra ruptura anunciada. El libro de Rayuela es además el pequeño hilo conductor entre este relato y La verdad que se inicia con el gesto de tirar este libro a la basura. Historias que parece concluir pero que proporcionan una continuidad a lo cotidiano.

La bola del ocho es un relato con cuatro personajes en un extraño cuadrilátero en el que hay un niño de por medio y un deseo oculto de una madura mujer que acaba realizándose. Quizá una leyenda urbana convertida en cuento.

Olfato es una historia con un trasfondo terrible, probablemente de maltrato psicológico, tan actual, tan cierto como contundente y una relación podrida que no termina de acabarse.

Influencia del arte y los objetos bien podría llamarse Crónica de una separación anunciada pues desde la primera línea parece entreverse el final.

Historias con protagonistas femeninos, historias que también invitan a la reflexión sobre el motivo de las rupturas, a veces también obligan a pensar en lo adecuado de determinados emparejamientos, y de cómo la vida debe irremediablemente proseguir. Historias desasosegantes que nos recuerdan situaciones vividas y que Marina Sanmartín plasma notablemente bien.

viernes, 3 de febrero de 2012

CASA DE AIRE DE FRANCISCO CENAMOR


Casa de aire
Francisco Cenamor
Amargord ediciones, 2009
81 pp
8 euros

Francisco Cenamor es un poeta bastante conocido en internet gracias a su blog Asamblea de palabras en el que mantiene la noble tarea de dar a conocer o citar a otros autores y, al mismo tiempo, publicitar certámenes literarios para general conocimiento de los lectores y creadores. También es un poeta con diversos libros publicados o sea que Casa de aire se inscribe dentro del proceso de avance, de desarrollo, de investigación del autor quizá empeñado en encontrar la voz que le defina. Eso que, a la postre, es lo que diferencia a un autor de otro. Y Casa de aire es un libro que contiene a su vez distintos libros, distintas visiones expresadas en diversas partes. Es un libro de certezas cotidianas. Contiene un prólogo en el que Muhsin-Al-Ramli escribe precisamente de esas diversas partes y del porqué de esa división. La primera, Casa de aire propiamente dicha, habla de la vida cotidiana de una mujer en diversas imágenes o fragmentos. Una segunda en la que el cine tiene un papel protagonista, Ríos de gente. Y la tercera, Última función, en la que parecemos asistir a la representación de la propia vida.

En la primera parte sobresale la reiteración de algunas palabras que pueden dar muestra del tono de la misma: golpe, caer, dolor, vacío, daño. Versos escuetos, como en todo el poemario, pero a la vez reveladores. Versos contundentes, versos que contienen verdades cotidianas comunes entre nuestras vidas. Son composiciones en donde los cierres suelen ser muy llamativos.

“La noche

es propicia

para el golpe” (p.15)

O también (p.19):

“No era tan fácil

llegar y no ser nada”

O (p.21):

“Tu nueva casa de aire

te atrapa.

Nada cabe en ella”

O (p.24):

“De suspiros

se llena tu casa.

Tan grande. Tan vacía”

Y hay dureza, la dureza que adivina una historia, una vida, una realidad tan confusa como real, tan aparentemente común como demuestran las noticias de los telediarios, día tras día (p.39):

“Doña Bolsas

de los niños que te siguen.

Hechicera

del olor de otros.

Madre de raídos peluches.

Y de siete muñecas rotas”

Y el fin del último poema, de esta primera parte, anuncia como artificio la siguiente, Ríos de gente, mediante la reiteración de las palabras. Segunda parte que no se divide en números romanos sino en fragmentos horarios de lo que sucede en la vida, como secuencias de la misma separadas por horas, minutos y segundos. Monotonía de relatos fílmicos de la vida con una clara vocación de mostrar la realidad como una cámara. Hay descripción de hechos, conversaciones y crueldad expresada en pocas palabras (p.52):

“-El otro día. Un infarto. Al menos no sufrió.

Siempre hay algún tendero que te cuela una fruta podrida”

Hechos luctuosos y hechos cotidianos como parte de una misma realidad que no diferencia, que es transmitida con nitidez, con objetividad del mismo modo, sin distinguir, porque esos mismos hechos se entremezclan en nuestras vidas. Podredumbre y mortandad.

La parte final, Última función, es mucha más breve. Dividida como una comedia en cinco únicos actos. Aquí el autor no establece ningún nexo de unión con la anterior. El teatro de la vida y el propio espectáculo son ya una misma cosa. Quizá porque la línea que va uniendo las partes –la vida, la cotidianidad, la monotonía- forma un único núcleo que puede ser visto de diversas maneras. Casa de aire, Francisco Cenamor.

martes, 31 de enero de 2012

TRANSICIONES ENTRE POEMARIOS


Varios son los libros que me van llegando y que por uno u otro motivo van quedando atrás, relegados en una montaña que poco a poco se va formando. Pero hay un momento, en el que, revolviendo entre ellos con el fin de buscar uno u otro –las más de las veces sin encontrarlo- acabo dando con aquello que dejé allí encima para acordarme, por estar a la vista, y sin apercibirme de que lo que hoy está a la vista mañana estará enterrado entre otros tantos libros.


Tres son los poemarios elegidos para este Transiciones que excepcionalmente no trazará sendas de uno a otro libro sino que descubrirá los matices de cada uno de ellos poniendo de relieve, en este caso, las diferencias.


Tomo en primer lugar el libro Todas las lunas de Yolanda Gutiérrez Martos, poemario que ya es el tercero de esta autora. Tuve la ocasión de leer el primero que editó, Terrapromesa, y creo decir bien si destaco su crecimiento literario. La autora no abandona la línea intimista de su literatura, si bien cada vez profundiza un poco más en sus versos. No deja de haber referencias a la poesía romántica, a Bécquer, a las que ha añadido otras tantas a Benedetti, a Huidobro o a Cernuda. Versos cálidos unas veces, otras contienen cierta amargura. Versos que van evolucionando y que vienen a demostrar que la autora tiene todavía un largo camino que recorrer. Son poemas que nacen desde la sinceridad, huyendo del artificio retórico, de las metáforas. A veces la autora gusta de reiterar sus ideas. Es fácil encontrar repeticiones, reiteraciones y anáforas. Me ha gustado especialmente el poema Los renglones torcidos (p. 32) en el que Yolanda Gutiérrez hace referencia a las dificultades que tiene para escribir –la autora es una militante en la lucha por dar a conocer los efectos de la dislexia y hay otro poema en el que habla también explícitamente de ella, Dislexia en palabras- y el modo en el que las va superando.

Hay también nostalgia en sus versos, del tiempo y de los momentos pasados (p. 42):

“Vuelven a caérseme las horas,

de nuevo

abro los ojos

y las recojo con nostalgia

Mientras el aroma se extravía”

Y acaba encontrando uno el oficio en algunos cierres destacables (p.57)

“Tiempo que no es mío,

solo

un transeúnte en mis horas.

Inexorable.

Y a veces, tardío”




Es el poemario de José Luis García Herrera(1964), El recinto del fuego, un poemario más reposado, no en vano el autor tiene en su haber más de una decena de libros. El presente fue premiado por el Ateneo Guipuzcoano en el año 2007 como ganador en el Premio Internacional de poesía erótica-amorosa. Es pues un libro que canta al amor y se centra en el amor erótico. El autor traza un itinerario amoroso que va a la par de un itinerario a través de puntos geográficos junto al mar. García Herrera los va recorriendo y vuelve a unos una y otra vez con denuedo, porque sabe encontrar el momento en el que la pasión se desbocó.

Sus versos son versos llenos de palabras, a veces quizá excesivos, derramados. De una calidez que atrapa y desborda. Porque el amor está concebido como un estallido de sentimientos, como las olas y el mar a los que alude continuamente a través de ese itinerario geográfico que es también un itinerario a recorrer en el cuerpo de una mujer. La reiteración de determinadas palabras da el tono del libro: sangre, besos, carne, olas, labios, torso, desnudez…

El verso de García Herrera es un verso muy cuidado. El autor selecciona las palabras y acaba embrujando con el derroche de melosidad que destilan sus versos. Y no sé por qué razón su poemario me ha llevado a recordar ese otro del gran Vicente Aleixandre titulado La destrucción o el amor.

El verso de José Luis García Herrera es también un verso rotundo que en algunos casos prodiga unos buenos cierres (p.25):

“Solitario me alejo hacia los muelles

donde algunos balandros zozobran y gimen

su largo abatimiento de caballos apresados.

Me alejo con los brazos abiertos sobre el aire,

me retiro sin volver la mirada”

Y también este magnífico verso final (p.27):

“Ser y ser en otro, dices y eternizas”

Versos sin rima con aroma clásico.


El último poemario es bastante diferente a los anteriores en cuanto a la temática. No habla de amor aunque a veces el autor gusta de hacer alusión a él pero con un claro efecto irónico. También se diferencia en la forma. A José Icaria (1968) le preocupa mucho más el contenido y la temática que la forma, por eso el suyo es un verso libre pero desgarbado. A veces sus palabras caen como una tenaza.

Malestar en el paraíso es un poemario reivindicativo y de temática social. Su propio título lo indica. Por cierto, gran título, porque sirve para dar el tono del contenido y a la vez mostrar algo del sarcasmo del autor. Vivimos en un mundo que nos presentaban como un paraíso, pero en él encontramos la injusticia, la violencia y el malestar.

Son sus versos desde el propio título un compendio de violencia derramada hasta llegar en algunos casos a la escatología porque en el imaginario del autor debe explicarse todo. Versos que son contundentes en su expresión (p.11):

“Pero, al día siguiente, despierto en mi cama

intacto

y con el alma vacía”

Y a veces excesivos (p.25):

“pero te llevo dentro de mí

como el jugo de mis huesos”:

También cargados de rabia (p.30):

“Hemos vendido a sus hijos,

prostituido a sus madres,

asesinado a sus padres”

En sus palabras no se vislumbra esperanza alguna, porque el paraíso se da por perdido, quizá como el de Milton. No hay tiempo para la ensoñación (p.32):

“y de repente, otra vez,

con los huesos a la intemperie

y con la muerte, socavando nuestros pies”

Recomiendo especialmente el poema Ah, la España profunda que refleja acertadamente el sentir del libro. Y para finalizar una muestra de la ironía del autor en este poema denominado Una sana costumbre (p.44):

“Cuando volvíamos de vacaciones,

mi padre tenía la sana costumbre

de castigarnos sin motivo,

no fuésemos a pensar

que la vida era una fiesta”



Yolanda Gutiérrez Martos, Todas las lunas, Abey ediciones, 2011, 79 pp.

José Luis García Herrera, El recinto del fuego, Huerga y Fierro editores, 2008, 76 pp.

José Icaria, Malestar en el paraíso, Poesía Aude,2008, 62 pp.

jueves, 19 de enero de 2012

LA REALIDAD ES OTRA DE ALBERT LLADÓ


La realidad es otra. Aforismos, greguerías y otras emergencias.
Albert Lladó
Prólogo de Agustín Calvo Galán
Fotografías de David Lladó
Editorial A Fortiori, 2010.
79 páginas.
9,50 euros

La realidad es otra es un libro particular. Digo particular porque practica un género literario que no posee una nómina muy larga de autores. Y, sin embargo, La realidad es otra, dicho para empezar, es un libro altamente recomendable. Para empezar contiene un estupendo prólogo de Agustín Calvo Galán que traza un recorrido sobre el significado del aforismo, pues de aforismos trata el libro. Algunas ideas destacables de este prólogo para hacernos a la idea del lo que nos encontraremos a continuación (p.6):

-El aforismo pretende subvertir o evidenciar la realidad.

-El aforismo ha de ser como un ensayo pero en su mínima expresión.

Me consta, y así lo atestigua el prologuista, la admiración que Albert Lladó profesa a uno de los grandes aforistas de la lengua española: Ramón Gómez de la Serna. De hecho hay pruebas de sus greguerías en las palabras del autor. Así pues nos encontramos ante un libro de pequeñas certezas, de frases que ayudan a expandir la mente, de sentencias que a veces son como un mazazo y otras que son como grandes sonrisas. A todas estas palabras también les acompañan otros tantos mensajes en forma de fotografías de la mano de David Lladó. El paciente lector también sabrá encontrar microrrelatos, historias contadas en pocas palabras pero que en sí mismas contienen un inicio, un desarrollo y un desenlace. Pequeñas perlas con un significado completo. Y para ello A.Lladó busca del artificio necesario para mejor expresar la idea. Así hay paradojas (p.12):

“¿Existen las verdades absolutas? Absolutamente no”

Circunloquios (p.12):

“Sólo sé que Sócrates sólo sabía que no sabía nada”

Consejos (p.15):

“El escritor debe fijarse en sus primeros defectos, y potenciarlos. Sólo así se puede llegar al estilo propio”

Ironía (p.16):

“Monarquía: forma de gobierno de los primates”

Microcuento (p.19):

“Siempre olía a grasa. Porque se bañaba con jamón”

Poema (p.25):

“La fiebre cabalga por el desierto, en una cama de dunas,

como una púber que aletea sus piernas,

aunque disfrazada de dama blanca”

Reflexión (p.30):

“El objetivo de la cultura no es descubrir la verdad, sino arañar ciertas mentiras”

Un claro homenaje a Gómez de la Serna en forma de moderna greguería (p.45):

“El secador de jamones es un armario de camisas comestibles”

O en(p.49) :

“La escoba tiene las pestañas sucias”

O verdades como puños en este aforismo, uno de mis favoritos, cargado de realidad (p.69):

“El primer “usted” que le dedican a uno

es un espejo sonoro del paso del tiempo”

Tan pocas palabras nunca contuvieron tantos y tan interesantes mensajes. La realidad es otra. Cuatrocientos aforismos que son mucho más que cuatrocientas frases y que cada lector acomodará como desee a sus normas de actuación. Disfrútenlas pues y piensen, de ello se trata.


jueves, 12 de enero de 2012

CRUZAR EL UMBRAL DE INMA ARRABAL

Cruzar el umbral
Inma Arrabal
Ed. Huerga y Fierro, 2011
73 pp
12 euros

Los que hemos seguido la obra poética de Inma Arrabal – Amayamar, Los que no volvimos, La poesía es una enfermedad cardiovascular- quizá nos sorprenda esta última vuelta de tuerca que nos viene dada a través de este poemario titulado Cruzar el umbral.

En primer lugar debería decir que me ha llamado la atención sobremanera algo que no había observado en poemarios anteriores y quizá tenga que ver con el momento histórico que nos ha tocado vivir. Inma Arrabal, hasta ahora, había diseñado unos textos donde su mundo interior, ese ambiente intimista y la realidad personal constituían un universo. Ahora le ha añadido el universo externo a ella. Si estuviéramos en una clase de matemáticas, de aquellas que recibimos de pequeños cuando nos explicaban la teoría de conjuntos, diríamos que Arrabal nos ha creado un poemario que establece una intersección entre su mundo interior y el exterior. Es una novedad y una sorpresa que particularmente celebro. Eso no significa en absoluto que la autora haya abandonado su habitual lenguaje, su forma y expresión que la caracteriza, su estilo propio. En absoluto. De ello hay muestras y el lector habitual de Arrabal no lo echará de menos. Tan solo añadirá un elemento más a la ensalada.

En esa comunicación con el mundo exterior, cada vez más agresivo y más insolidario, Inma Arrabal establece a veces un cierto tono de denuncia y para ello –creo que también es una novedad- utiliza una forma mucho más simplificada, mucho menos elaborada, más cercana –incluso para los no lectores de poesía- como si con palabras más sencillas pudieran aprehender con mayor facilidad esa otra realidad que le ha tocado vivir, con poemas mucho más narrativos.

Quizá es ahí en donde alcanza más fuerza, en ese despliegue de rabia, de impotencia, casi de insulto sin insultar, de indignación (p 21):

“ a que las guerras sean el pan nuestro de cada día

a que algunos discursos huelan a muerte, ambición y poder”

O también en (p.23):

“la justicia ha venido a despertarme

con sus labios llenos de ponzoña”

Alguien pensará que no son sus versos más elaborados, ni siquiera los más sensibles ni los más profundos, pero nadie podrá quitarles su autenticidad, su sinceridad, su rabia…

Capítulo aparte merece esa otra voz que, a través de los versos finales entre paréntesis de algunos poemas, parece situar el escenario final, la guinda, lo que nadie se atreve a decir ni aclarar, la última verdad, la razón de la locura –recuerdo de La poesía es una enfermedad cardiovascular sus últimos desatinos: aquí no hay desatinos, aquí hay verdad descarnada- (p.30):

“Pero yo sé, que las manos las lleva llenas de preguntas obvias,

como lo están en mi mente algunas respuestas inútiles…)

Todo esto en un poemario que la autora divide en tres partes. La primera más centrada en el mundo exterior, una segunda que parece funcionar como un espacio de transición y la tercera que encuentra a la Inma Arrabal más personal, más íntima, más hacia adentro. Es en esta última parte donde el lector habitual encontrará los textos que hacen de puente con otros poemarios anteriores. Textos que van dedicados a la familia, a los más cercanos y a los que se fueron, hilo conductor que Arrabal traza con eficacia en una buena parte de su obra literaria. La pérdida, el reencuentro con lo que tenemos y la apreciación de lo que el mundo que nos rodea nos aporta.

Libro de temáticas diversas donde uno puede encontrar algunos de los universales de la literatura, que la autora sabe conjugar con acierto, eficacia y sencillez. Gusta de leer y releer desde la indignación hacia el amor.

martes, 3 de enero de 2012

AL BORDE DEL TIEMPO AZUL DE SERGIO ARRIETA


Al borde del tiempo azul
Sergio Arrieta
Nautical Union Works editorial, 2011.
92 pp.
14 euros ( 9,90 ebook)



Si tuviera que hablar del poemario Al borde del tiempo azul a un extraterrestre previamente tendría que explicarle lo que significa la palabra desconcierto. Y supongo que me costaría, pero luego tendría que explicarle una de las bases del poemario: el trinomio religión-mitología-arcaísmo. En fin, Al borde del tiempo azul es toda una mélange entre La Biblia y El señor de los anillos. Y de ahí mi desconcierto. Tenemos dioses, walkirias, ángeles, almas, elfos, brujas, sirenas, magos, etc…

Dicen que en tiempos de crisis hay una tendencia creciente a la evasión y podría parecer que Al borde del tiempo azul, en lo que se refiere al azul, hace más referencia al cielo que al mar. Pero no es así. En el prólogo el propio autor explica la razón del color azul y el porqué de la división del poemario en dos partes. Y no es que siempre el tema central de los poemas tenga únicamente una tendencia hacia la evasión, hacia el escapismo. El propio autor también se siente preocupado por el tiempo que le ha tocado vivir y hace algunas alusiones al mismo (p.30):

“Juglares del politiqueo (…)

Equilibristas de corrupciones (…)”

Ya digo que no es lo habitual. El propio autor reconoce una deuda con Bécquer y su estilo también está presente en sus versos (p.54):

“Pero ando,

caballero moderno,

herido en el centro,

más derecho”

O en (p.55):

“(…)porque llegaba la primavera

a lomo de pájaro”

Y también en (p.26):

“Y Tú eras su único astro,

aunque no eras sol.”

Hay un gusto por lo arcaico y en determinados momentos por lo barroco y ampuloso(p. 88):

“Todo presente ya es viejo galeón,

redondo cual un sueño

que giraría alrededor de sí mismo”

Y también en adjetivaciones como “fragancias níveas” (p.83) o en los siguientes versos (p.80):

“Aquella barca de calma

abre la tinta en estelas.

Se escurre sobre el ébano

del espejo de almas de humos”

También hay alguna polémica y contundente reflexión (p.56):

“Cuando los pueblos son víctimas

de sus gobernantes, éstos lo son

de la historia de sus pueblos”

Y algunos de los cierres de poema más afortunados (p.14):

“Fue cuando sentimos el viento

en nuestros pobres rostros.

Y la imperiosa necesidad

de dejar los arroyos de barro y sangre”

Y también (p.13):

“Subió la sangre al igual

que en pozos de carne,

hirvió en manos y cráneos.

Quería volver a la mar”

Para terminar algo del poema Los cuatro elementos para captar el tono del poemario. Aquí a modo de diálogo (p.34):

“-Soy hija de elfo, nieta de bruja. Sirena

soy, sin alumbrar.

-¡No existís! ¡no existís!

-Te ahoga más tu ignorancia que la mar.

-Quienquiera que seas, devuélveme el aire, a la

tierra.

-Ven conmigo y te daré niñas mitad tú, mitad yo.

Serán como ambos. Aire y agua. Ven, acepta el

pacto”




lunes, 26 de diciembre de 2011

LA INUNDACIÓN DE YEVGUENI ZAMIATIN



La inundación
Yevgueni Zamiatin
Traducción de Marta Rebón
Prólogo de Marta Rebón y Ferran Mateo
Ed. Alfabia, 2010
85 pp
13 euros 
Este pequeño librito, que presupongo es bastante desconocido para el lector español, es toda una joya. Es verdad que su autor, Zamiatin, siempre ha quedado en una segunda fila en la fotografía de la potente literatura rusa del XIX tras los Dostoievski, Tolstoi, Chéjov, Gorki, Bulgakov, etc… Y no es que el argumento de La inundación sea extremadamente complicado, más bien al contrario. La historia de la inundación de un río, el Nevá, tras la que se esconde un drama de infidelidad, de celos y de palabras no dichas.  Lo magistral del texto es la capacidad de Zamiatin de penetrar en la psicología de los personajes, sobre todo de Sofía. De bucear en sus pensamientos e ideas para crear una historia en nada lejana a pesar  de esos aproximadamente ochenta años transcurridos desde su escritura. Una historia a medio camino entre la intriga y la novela psicológica.
Trofim Ivánich es un trabajador casado con Sofía y con la cual no ha logrado tener ningún hijo. En el piso de arriba de la misma vivienda se encuentra Ganka, una joven que ha quedado huérfana, y que viene a unirse a la pareja tras quedarse en esta situación de soledad e indefensión. Aquí se inicia un loco amor de Trofim por Ganka que es descubierto por Sofía. En ese momento los hechos se precipitan. Al poco sobreviene la inundación que es también la forma, la metáfora, con la que el autor va asociando los sentimientos in crescendo de Sofía hasta un nuevo episodio inundatorio y el desenlace final.
Uno de los aspectos destacables de la manera de plantear la novela es una linealidad simple, así como un círculo de personajes relativamente corto, que creo no llega a la decena, siendo tres los importantes. Con este equipaje narrativo la parte más complicada sobreviene al ir tensando la relación y, evidentemente, en el desenlace final que Zamiatin maneja con maestría. A veces da la impresión de encontrarse uno con las visicitudes de Kurtz en El corazón de las tinieblas, en esa especie de demonio que llevamos dentro incluso las criaturas más angelicales. El realismo que refleja el ruso es uno de los puntos a destacar que acercan la narración al lector poniéndole en un brete.
Disfrutará también la lectora de novelas victorianas a mi modo de ver por el protagonismo que alcanzan los personajes femeninos, Ganka y Sofía, y por el fiel reflejo de la dureza de la vida de las mujeres en aquel pasado siglo XIX y principios del XX. Es pues, desde este otro punto de vista, una lectura más que recomendable también para las lectoras que quieran ahondar en el machismo imperante y las duras condiciones de vida a la que la mujer rusa estaba sometida.
Recomendación aparte merece el prólogo de Marta Rebón y Ferran Mateo para entender el universo literario en el que se encontraba Zamiatin y sus vicisitudes desde la admiración revolucionaria hasta su exilio.
Disfruten así lectores y lectoras de esta pequeña obra, no por pequeña  menos importante.

lunes, 12 de diciembre de 2011

AMOR DE ARTUR DE X.L. MÉNDEZ FERRÍN


Amor de Artur
X.L. Méndez Ferrín
Traducción de Moncha Fuentes
y de Xavier R. Baixeras
Introducción de Constantino Bértolo
Ed. Impedimenta, 2009
170 pp
17,90 euros

X.L.Méndez Ferrín es una autor consagrado dentro de las letras gallegas, una voz de referencia, incluso ha sido propuesto diversas veces para el Premio Nobel de Literatura, pero quizá un poco menos conocido en el resto del país. Con Amor de Artur, libro escrito hace más de veinte años y reeditado por Impedimenta, descubrimos el mundo mítico del autor. Un mundo que en realidad no existe, más que en la mente del escritor, aunque quizá en la mítica Tagen Ata, lugar en el transcurren los cuentos de Amor de Artur, confluyen características de un territorio a veces reconocible como la Galicia de las leyendas, del pasado celta, lejos de los tópicos de los gallegos, del pensamiento conservador y del lugar donde nació un dictador. No en vano el autor, X.L. Méndez Ferrín, ha militado en partidos políticos de cariz independentista gallego. Esa intrahistoria política, convertida en filamento literario, se palpa en los cuentos en los que uno se adentra para encontrar a veces pequeñas historias y, otras veces, narraciones de carácter legendario.
Antes de adentrarme en el contenido del libro, no quiero dejar de destacar el interesantísimo prólogo de Constantino Bértolo que critica la tendencia centrípeta a excluir las otras literaturas por excéntricas. Destaca el papel de Méndez Ferrín dentro de la narrativa gallega y, asimismo, de la española, aunque haya todavía muchos que no quieran saber que la periferia, en algunos autores, se constituye en centro. Bien por ese prólogo valiente.
Componen este libro cinco cuentos, uno de los cuales, el primero, da título al conjunto, Amor de Artur. El volumen se inicia nada menos que con la reinterpretación de un mito artúrico. El autor para ello se sitúa en un estilo a veces demasiado arcaico y su lectura se hace lenta. Es uno de los aspectos que uno detecta en seguida. Méndez Ferrín se demora con las palabras y las descripciones. El lector ávido de este tipo de narrativa encontrará en el gallego un pozo.
Los cuentos restantes hablan de realidades e historias diversas. En Familia de agrimensores encontramos la extraña relación de dos mujeres que entran en contacto. Una, huyendo del recuerdo de una guerra, la otra la toma a su servicio. El ambiente de posguerra, bien trazado, nos recuerda quizá una guerra muy cercana a pesar de que no debemos olvidar nunca que hablamos de Tagen Ata, ese territorio mítico que, tal vez, sólo existe en la mente del autor.
En Calidad y dureza la extraña búsqueda de un autor que se convierte en obsesión, tras el cual se esconde el mito de Tagen Ata y de su cultura. Mito que trasluce la necesidad de encontrar los orígenes. De hecho es uno de los temas recurrentes en este libro, cuento a cuento.
En Extinción de contactos el protagonista es un cantante que, bajo el recuerdo de Tagen Ata, disfruta de una vida nada saludable inducido al vicio de sexo y alcohol. Un cantante famoso con una remembranza común a los personajes de este libro.
El último relato, Fría Hortensia, quizá  es el de mayor intensidad,  también uno de los más largos y que constituyen la base, junto con el primero de este libro. Siguiendo la estela de los anteriores tiene detrás todo un mundo mítico y lleno de sensaciones. En este cuento, una anciana mujer, algo así como una bruja, cita en su casa a un conjunto de adolescentes para narrarles una historia antigua, muy antigua. Una de esas historias que abren caminos y donde se entremezclan otras tantas cosas.
En  resumidas cuentas, Amor de Artur contiene cinco relatos que bajo un universo mítico, con gran dominio del lenguaje, los símbolos y la sensualidad, nos acerca a esa tierra legendaria llamada Tagen Ata. ¿Quieren descubrirla?

lunes, 21 de noviembre de 2011

EPIGRAFÍAS DE MANUEL RIVERA MORAL


Epigrafías
Manuel Rivera Moral
Silva Ed, 2011
77 pp.
10 euros

Trazar una ruta por lugares que el autor considera imprescindibles o quizá llegar a conocer a los personajes que a Manuel Rivera Moral (1962), autor del poemario Epigrafías, le parecen importantes. No siempre lugares especialmente conocidos ni personajes necesariamente muy renombrados. Epigrafías parece recorrer el epitelio literario del autor.

Dice la Real Academia de la Lengua en su diccionario que epigrafía es la ciencia cuyo objeto es conocer e interpretar las inscripciones. Sin duda de inscripciones hablamos pero también de huellas, de testimonios, de palabras que el tiempo deja, de historias que el viento trae.

Divide el autor su libro en tres partes. La primera, plagada de escenarios -Delfos, Parnaso, Castillo de Montaigne, Central Park- y de personajes -Prometeo, Orfeo, Dylan, Sísifo, Mesalina, César-... Estos sólo en el segundo poema. De eso se trata, de interpretar lo que el autor nos acerca que no son sino pequeñas intrahistorias a las que da forma de poema. El propio Manuel Rivera nos hace partícipe de sus intenciones poéticas desde un primer momento y deja muy claro el propósito (p.9):

En un principio, escribimos
por atraer las cosas
y llevarnos la vida con nosotros.

A lo largo de los poemas, muchos de ellos arraigados en el clasicismo griego y romano, suceden pequeñas cosas. No sabemos si realmente sucedieron de ese modo, pues el autor se convierte en el cronista de estos pequeños acontecimientos (p.17):

Explica el epitafio: “conocí el aplauso del público
mas no el triunfo de haber corrido en cuadriga”.

Y uno acaba extrayendo la esencia máxima de cada pequeña historia en pocas palabras (p.18):

“si es una vergüenza
ser el segundo hombre en el Everest
tendré que vivir con esa vergüenza”

Parece que la pequeña cotidianidad se sucede en las palabras que quedan para la posteridad, trazando minúsculos y breves retratos. Retratos que son muestra de una sutil filosofía de a diario.

No huye, sin embargo, Manuel Rivera, de intentar construir puentes desde el pasado al presente - y quién sabe si al futuro- dando en el clavo con algunos versos finales que son mazazos, demostraciones fehacientes de nuestra escasa capacidad para comprendernos y comprender (p.23):

“bajorrelieves de Nínive,
galerías del Británico,
petróleo de Irak”

Y en este camino de transcripción también hay lugar para análisis y crítica (p.25):

Aquel niño que lo miraba
sin chistar,
ahora es un hombre vivido
y lleno de debates
sobre culturas, verdades
reveladas, religiones, naciones,
misiones y “pueblos elegidos”.

Ese niño, ya hombre, podría ser cualquiera de nosotros y su historia la nuestra.

Y bien, estas Epigrafías son del pasado como del presente, o de un pasado cercano. De otros países, de otras civilizaciones, ciudades o lugares, de otras épocas y también de aquí, dejando testimonio de lo que también sucede (p.31):

Manuel Benítez El Cordobés
(...)
confiesa a su compadre Camarón,
(...)
“yo nunca mate ese animal,
me acordaría por sus ojos y mi miedo”

Quizá el poema Progresión geométrica da la medida de nuestro momento y cuán revelador resulta ser para la actualidad de codicia, crisis y miseria.

Si la primera parte del libro, Fabupoemas, habla de nombres más conocidos, la segunda, Cartas y Tatuaje, nos sitúa en el lugar de los anónimos. Así encontramos finalmente un cierto humanismo de lo cotidiano (p.58):

no se llama “maestro”
a cualquiera.

Y también en (p.60):

El amor o la amistad
-ejercicios de fe y estilo-
perdieron su mayúscula.

O (p.55):

(…) que un breve y pródigo
destierro sea
el único castigo para
estos héroes ridículos.

Palabras sencillas y contundentes, sentimientos que se aferran y se revelan terriblemente humanos, angustiosamente cercanos.

Así la tercera y última parte del libro parece retomar el principio y deja buen sabor de boca en su epílogo, no en vano el autor ha trazado a lo largo del tempo del poemario toda una trayectoria de la historia de la cultura (p.76):

Valgan lo vivido, la fábula
y el garabato.

Filosofía de vida que trasciende desde el trazo elaborado hasta el más casual.