sábado, 12 de marzo de 2011

EL VIOLINISTA DE MAUTHAUSEN DE ANDRÉS PÉREZ DOMÍNGUEZ



El violinista de Mauthausen
Andrés Pérez Domínguez
Ed. Algaida, 2009
479 pp
20 euros

Andrés Pérez Domínguez es un autor archiconocido entre los que se presentaban y ganaban concursos literarios, por eso no es tan extraño que conquistase el XII Premio de novela Ateneo de Sevilla tomando el relevo al también andaluz Félix J. Palma.

No es la presente la típica novela sobre la Segunda Guerra Mundial, aunque el trasfondo de la guerra fundamente lo que sucede en la trama. Tampoco es la clásica novela sobre los campos de concentración aunque el que uno de sus personajes esté cinco años en Mauthausen determina lo que ocurre. Ni tan siquiera es la tan vista historia de nazis porque el supuesto nazi protagonista no es tal. En fin, una vez rotos los tópicos, El violinista de Mauthausen es literariamente un notable ejercicio narrativo en el que unos personajes principales muy bien trazados hacen no sólo creíbles, sino cercanos cada uno de los acontecimientos que transcurren en sus azoradas vidas.
La historia está construida sobre la base de una interacción de cuatro personajes fundamentales. En primer lugar Rubén Castro, refugiado político de la guerra de España en París y pareja de Anna Cavour, profesora de alemán con descendencia mitad francesa y mitad alemana. A ellos hay que añadir dos más, Robert Bishop, espía de la OSS norteamericana y Franz Müller, alemán y alguna cosa más. La trama avanza y retrocede por las vidas de estos cuatro personajes desde París hasta Berlín, desde Salzburgo hasta Mauthausen y las desgracias de tres de ellos, Franz, pero, sobre todo Anna y Rubén, parecen no tener fin.

Andrés Pérez Domínguez, al que ya había tenido ocasión de leer en La clave Pinner, traza un relato a caballo entre una historia de amor, una historia de espías, una historia bélica, una historia trágica… Va saltando de género en género torciéndolos todos ellos en pro de un argumento que nos lleva de un lado a otro, de un lugar a otro, de un personaje a otro. Es magistral el dominio de la narración que tiene el autor y que pone en marcha en una novela con un esquema muy bien trazado y roto en diversos pedazos para ser montado en un orden que puede parecer aleatorio pero que no es tal. Quizá sólo habría que objetar una cierta caída de la tensión en el tercer cuarto de la misma para volver con un final trepidante que no desvelaremos pues va trazando zigzags hasta sorprender.

Tal vez el personaje que más nos toca el corazón es Rubén, por ser llevado a un campo de concentración. Aconsejo la lectura pausada del capítulo sobre las penurias que pasa en un vagón de tren, da la impresión de que el propio autor haya viajado en uno de esos vagones de carga para ganado al describir con tanto acierto lo que pasa por las mentes de los que son conducidos al desastre. Al final de la historia también me sorprende la actitud del propio Rubén cuando, tras ser liberado del campo (no voy a descubrir mucho más), razona del siguiente modo tal y como aparece en la página 449: Yo debía estar muerto.

No hace mucho tuve ocasión de reseñar otro libro que habla más directamente de lo que ocurrió en los campos de concentración, en este caso en Auschwitz. Se trata de El mal absoluto de José Luis Muñoz. Ahí se centra bastante más en las torturas y barbaridades que se cometieron. No es, sin embargo, lo que sucede en El violinista de Mauthausen aunque comentaba la frase extraída de la página 449 porque coincide con la actitud de Yehuda Weiss, víctima de los campos de concentración en la historia narrada por José Luis Muñoz.

Para aquellos que puedan estar interesados el año pasado apareció una edición ilustrada de El violinista de Mauthausen en donde se puede seguir con precisión fotográfica la historia.
No voy a añadir nada más sobre esta narración que el autor confiesa que creó a partir de una imagen que captó en una estación de metro en Viena. Una pareja de bailarines que bailaba en su andén sin música. Por cierto, descubra el lector el porqué del título de la novela pues constituye uno de los motivos que une a sus personajes y cierran la trama.

miércoles, 9 de marzo de 2011

LOS AMORES DE SYLVIA DE ELIZABETH GASKELL


Los amores de Sylvia
Elizabeth Gaskell
Ed. Mondadori, 2010
Traducción de Damián Alou
603 pp
27,90 euros

Elizabeth Gaskell nació en 1810 en Chelsea (Londres), en el seno de una familia cuyo padre era ministro de la iglesia unitaria, una de las iglesias más tolerantes de la época y especialmente progresista en su actitud para con las mujeres, lo que permitió a Gaskell poder tener una buena educación. Es una escritora de tendencias progresistas y esto se puede observar en buena parte de su obra introduciendo el conflicto entre clases sociales.

Los amores de Sylvia es la historia de Sylvia Robson, una mujer muy bella de la cual se enamoran dos hombres muy distintos entre sí: Philip Hepburn, un joven con un futuro prometedor como comerciante pero físicamente poco agraciado, y Charley Kinraid, un hombre muy apuesto, mujeriego y pescador de ballenas. Entre ellos habrá un secreto que les marcará toda su vida. Viven en Monkshaven, ciudad inventada por Gaskell pero que parece ser que es la ciudad de Whilby, pequeña población pesquera que ella visitó junto con dos de sus hijas, famosa por sus balnearios y cuyo clima no era todo lo beneficioso que la Sra. Gaskell buscaba. De hecho, en toda la novela el clima es un factor primordial.

Bajo esta historia de amor, Gaskell nos da una interesante visión de la historia de la Inglaterra que narra en Los amores de Sylvia: "Suerte tenemos nosotros de vivir en la época presente, en la que todo es lógico y coherente"(p. 99)




La obra está escrita en pasado, narrando hechos que acontecieron 60 años antes. En ellos Gaskell , utilizando la historia de amor de los tres jóvenes, nos relata la situación social de la época: durante las guerras napoleónicas existían las patrullas de leva que enrolaban por la fuerza a todos los jóvenes sanos. En el caso de Los amores de Sylvia, estas patrullas aprovechaban cuando los pescadores retornaban de la pesca de la ballena en Groenlandia para secuestrarles y enviarles a barcos de la armada real para luchar contra los franceses. Esto marcará el futuro de Sylvia. Es muy interesante la visión que tiene Daniel Robson, padre de Sylvia, al respecto de las patrullas.

Los amores de Sylvia es una novela deliciosa. Su autora es, posiblemente, la mejor escritora de la denominada novela victoriana. Ha tenido la valentía de escribir la situación de la sociedad en las zonas industriales con una visión progresista y, lo que es más complicado, siendo mujer, y describir la mojigatería de la sociedad rural victoriana, profundamente cerrada, inculta y clasista.

Llama la atención que la protagonista de Los amores de Sylvia tenga una personalidad tan distinta a las de las otras novelas de Elizabeth Gaskell. Todas sus protagonistas son mujeres luchadoras, analíticas, con buena educación. Sylvia es todo lo contrario. Vive en un entorno tosco. Se deja llevar por los sentimientos, no por la razón. No le interesa aprender a leer: Después de todo-dijo Sylvia, arrojando su pluma y abriendo y cerrando su mano cansada y agarrotada-, no veo de qué me sirve agotarme aprendiendo a escribir cartas cuando no he recibido ninguna en mi vida (…) Si recibiera alguna, no sabría leerla (…) Ojalá desterraran a todos los hombres que se estrujan el cerebro inventando palabras nuevas.” (p.145-6)

Margaret Hale de Norte y Sur es una mujer que, pese a no vivir holgadamente y provenir de un ambiente rural, es instruida, y es capaz de defender a un hombre, el dueño de una importante empresa textil, de las posibles agresiones de sus trabajadores en un día de huelga. De la misma manera que Molly Gibson de Hijas y esposas, se siente muy atraída por los conocimientos científicos.

Es una novela para disfrutar, para no parar de leer hasta el final, pese a sus 603 páginas. Para seguir leyendo más novelas de Elizabeth Gaskell. Muy recomendable para todos aquellos lectores apasionados de este periodo de la literatura inglesa. Por cierto, es una delicia poder leer la novela en esta edición tan cuidada de Mondadori. Muy interesante el prólogo de Damián Alou, en el que nos adentra en el mundo de Elizabeth Gaskell.

Los amores de Sylvia fue publicada en 1863 y fue la última novela que publicó ya que falleció en 1865.
Pilar I.

lunes, 7 de marzo de 2011

UN KOALA EN EL ARMARIO DE GINÉS S. CUTILLAS


Un koala en el armario
Ginés S. Cutillas
Cuadernos del Vigía, 2010
14 euros
100 pp



Un koala que un buen día entra en nuestra casa y se dirige al armario para dormir, un equipo de fútbol que entrena cada día jugando con otro supuesto equipo que se ejercita en la mitad oscura del campo, un oficinista que habita en un ascensor, un tipo que se pasa una tarde mirando el misterio que oculta una puerta de la que salen o desaparecen personas, tales son los argumentos que Ginés S. Cutillas inventa para Un koala en el armario, argumentos extraídos de una vida cotidiana sesgada, contemplada con una mirada propia que tiene unas reglas que no siguen los cauces de la normalidad, sino que superan la realidad para crear otra nueva. Ésa es la virtud más importante del autor, Ginés S. Cutillas (Valencia, 1973).

Da la impresión de que últimamente se está moviendo algo en el cuento español y quizás Cutillas aporta su grano de arena. La lectura de Un koala en el armario no deja de recordarme algunos de los libros más celebrados de Juan José Millás como No mires debajo de la cama o El orden alfabético antes de que otros derroteros le llevaran a un más que mediocre Dos mujeres en Praga. No en vano Cutillas tiene la virtud de crear mundos que se rigen por normas propias que a los ojos de la razón pueden parecer simplemente absurdas o repentinas. El autor imprime un estilo característico a sus historias, un estilo que nos lleva a la sorpresa, a la extrañeza, al delirio e, incluso, a la risa. Relatos tras los que después de una narración más o menos creíble, una frase final, como un mazazo, nos sitúa en un terreno desconocido, absurdo, sin sentido. El término perplejidad será uno de los que más utilice el lector tras la lectura y asimilación de su contenido. Algunos cuentos necesitan de más de un simple vistazo y otros de un reposo para sacarle todo el jugo, porque Cutillas es un autor que esconde la carta definitiva en las últimas palabras.

De entre los más celebrados me inclino por La puerta, cuyo argumento ya he desgranado al principio, Desconfianza ciega o el grandísimo y delirante, casi diría marxista, por los hermanos Marx, El botón rojo. Pero no menos delirantes son El equilibrio del mundo o El mundo desde mi bañera. También descubrirá el lector qué se esconde tras un misterioso funcionario que siempre da las mismas respuestas en El funcionario, o la razón que se oculta tras una carta en Motivo de devolución y sabrá cómo y porqué uno acaba viviendo con una desconocida en Una historia doméstica.

Qué más decir de un libro que provocó que todo un vagón de metro se fijara en mí tras soltar una sorpresiva carcajada.

lunes, 28 de febrero de 2011

TRANSICIONES DESDE MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN EN MEMORIA.




Es difícil encontrar una obra en la que aparezca un tridente de autores tan comprometidos como el que acabo de leer: Manuel Vázquez Montalbán, José Saramago y Eduardo Haro Tecglen. Lamentablemente los tres ya han muerto. Cuánto hubieran dicho sobre esta época negra y oscura de vacíos ideológicos.

El motivo fundamental que origina este libro es un acto en memoria de Manuel Vázquez Montalbán, fallecido en el año 2003. Se edita en el 2004. Su título, Manuel Vázquez Montalbán en memoria de Serafín Palazón y Juan Carlos de Sancho.

El libro llegó a mis manos de casualidad y de rastro. No es una novedad, casi es una reminiscencia.

Las palabras de Haro Tecglen en su epílogo recordando un duro poemario de Vázquez Montalbán, Praga, me han sugerido una relectura de algunos de sus versos más perturbadores y a la vez más reveladores:

el mar estanque
paraliza el horizonte
barcos sin estela
cadáveres a la deriva de su propia sangre.

Y también:

los invasores
fusilaban archivos
borrachos de memoria bárbaros
hartos de carne humillada
y ofendida.
Y:

sombras de amenazas gritos himnos
la obscenidad del tanque enhebrando ventanas.


Es probable que Vázquez Montalbán no sea tan famoso por sus versos, incluso muchos desconocerán el libro del que estoy hablando. Quizá fuera necesaria una relectura de esta obra en este oscuro mundo donde la ideología predominante se fabrica en papel.

Vázquez Montalbán, Haro Tecglen, Saramago, cúanto os echamos de menos. Como diría Philippe Forest, Sarinagara. Si leen el libro ya me entenderán. Cuánto de memoria, cuánto de pérdida. En palabras del poeta japonés Kobayashi Issa, en sus enigmáticos versos:

sólo rocío
es el mundo, rocío,
y sin embargo.

Un paréntesis abierto como la vacuidad de la pérdida y el vacío intelectual que sólo dejan los grandes.


Manuel Vázquez Montalbán en memoria de Serafín Palazón y Juan Carlos de Sancho, El rinoceronte de Durero y el Gobierno de Canarias, Islas Canarias 2004.

Sarinagara de Philippe Forest, Sajalín editores,Barcelona 2009 (Se puede consultar la reseña de este libro en este mismo blog)

Praga de Manuel Vázquez Montalbán, Ed. Lumen,colección Ocnos,Barcelona 1982.

CUENTOS CHINOS DE ALEJANDRA DÍAZ-ORTIZ


Cuentos chinos
Alejandra Díaz-Ortiz
Trama editorial, 2009
85 pp
12 euros


Da la sensación de que el lector debe estar preparado para leer Cuentos chinos, básicamente porque en seguida descubre que en el libro no hay relación alguna con el país asiático y que la autora procede de México. Y ahí es donde entra la precaución, porque entonces debemos entender que la licencia poética nos llevará por un recoveco engañoso. Para terminarlo de arreglar, y a modo de colofón, descubrimos que “el amor es un cuento chino”. ¿Quizá un engaño?, ¿una mentira?...


Hace tiempo que descubrí que la cotidianidad es un terreno altamente ficcionable -Cotidianos, Ed. Isla Varia 2008-. En este caso la autora, Alejandra Díaz-Ortiz, de cuya vida sólo sabemos que ha nacido en México y se define como analfabeta pasional, parte de una realidad cotidiana para ficcionarla. Muchos de los relatos que encontramos, pues también hay algunos microrrelatos, parten o hablan de ese mundo tan cotidiano, pero a la vez tan rico en matices y posibilidades, que es el mundo de la pareja, de las relaciones humanas, del amor pero, y espero que me lo permita la autora, desde una óptica cuasi doméstica. El presente libro es un libro que bien entenderán las mujeres y que a los hombres nos aportará un contrapunto a nuestra visión de la vida. Seguro que ellas me entenderán. Por lo tanto es un libro que disfrutarán porque los relatos de Alejandra Díaz son relatos ingeniosos hechos con el corazón. Unas veces con un corazón espinoso, otros con un corazón quejumbroso, otras con un corazón amante.


Para empezar, un prólogo de Luis Eduardo Aute y, luego, un mundo de realidad, sí realidades, hechas cuento con un material narrativo reducido al mínimo, donde la paradoja, la frase final rompedora juega un papel esencial. Cuentos cortos, fácilmente digeribles pero que pueden caer como un mazazo en el lector, simplemente porque nos enseñan que la vida también contiene el material narrativo que nos muestra Alejandra. No encontraremos textos complicados, ni recursos estilísticos enrevesados pero sí que nos harán pensar.


A veces frases contundentes:
“Pero lo que sí me ha jodido de mi muerte es esta puñetera certeza de no volver a respirarte”.
Muchas veces es la paradoja la que fundamenta la historia como en su magnífico Karma. En otras ocasiones la obviedad resulta el terreno abonado para la mayor de las paradojas (No hay que llevar el trabajo a casa) o sustenta una realidad basada en la propia mentira (Ya….).


Lo imposible se hace real y lo deseado se convierte en una realidad que jamás hubiera uno querido que sucediera (A grandes males, grandes remedios).


Y, puestos a poner, la autora también demuestra que no todas las mujeres necesitan encontrar al príncipe porque en muchas ocasiones el príncipe puede convertirse en rana o situarnos en terreno pantanoso (Amor al primer verso).


Pero a Alejandra Díaz-Ortiz también le puede la curiosidad y la búsqueda de los intrincados significados de las palabras y sus posibilidades - (Per)versiones -.


Hay relatos que dejarán al lector perplejo (Sonrisa número quince o en Reflejo condicionado).


También hay un lugar para la crueldad, para el desajuste de los amantes, para descubrir que a veces las cosas nos ocurren a destiempo cuando a nuestro amante le hubiera gustado que ya hubieran sucedido y el amor acaba languideciendo (Hubo una vez que un hombre muy guapo me amó).


La anécdota es un territorio prolífico para la autora (La última voluntad), también he hablado de la paradoja (Una amiga de verdad) o el cliché (Por amor).


Sorprende como las situaciones más tristes, más desagradables también pueden ser tratadas con una cierta sorna como en 1536. Y esa misma sorna nace de la propia realidad en el relato Israel, donde el protagonista pretende cambiarse el nombre en el registro civil pues no desea ser un sinónimo de “matar niños, civiles inocentes o de guerra” (p.70)


Algunos de los relatos más interesantes llevan el número del diablo como título –aconsejo fervientemente que encuentren la explicación al 666- o el escatológico relato de lo que se puede dar o quitar en Página de sucesos.


Uno de las historias que jamás nos gustaría protagonizar, por su dureza, es La llamada del mes.

Y, probablemente, uno de los que más me ha gustado es Pantalón de vestir, por su capacidad para buscar la contradicción a la vez que por su contundencia al mostrarla.


Descubran en Cuentos chinos estas pequeñas o grandes mentiras encubiertas, déjense también engañar aunque no sean chinos o chinas y quizá, y a pesar de todo, crean en el amor. Bueno, si lo desean.

lunes, 7 de febrero de 2011

TIEMPO DE VICENTE LUIS MORA


Tiempo
Vicente Luis Mora
Ed. Pre-Textos, 2009
93 pp.
15 euros

Tiempo de Vicente Luis Mora (1970) debe ser un eslabón más de la literatura en construcción o de las pasarelas que crea el autor. Un eslabón de un proyecto literario en constante erupción y definición. Una tarea en la que uno puede adentrarse simplemente con observar su blog, Diario de Lecturas.


Para empezar Tiempo no es un poemario al uso, pues mezcla diversas técnicas que van desde la poesía más lírica hasta la poesía visual, el uso de imágenes, la variación de textos poéticos y narrativos, etc. Todo es válido en la construcción del autor que percibe el mensaje como un todo compuesto de submensajes, al igual que la televisión puede observarse también a través del zapeo.


Trabé contacto con la literatura de Vicente Luis Mora a través de su novela Alba Cromm por lo que ya conocía la manera de entender la escritura del propio autor, pero debo decir que éste es el primer poemario suyo que leo.


Desde un primer momento el lector descubre que los referentes poéticos del autor están fuera de la propia poesía y fuera de ese contexto deben ser tratados. Son la física y la química (p.15):


Según Heisenberg
se puede saber
el lugar
donde están mis partículas
o su dirección,
pero no las dos cosas
al mismo tiempo.

Ante esta dificultad a la hora de hallar referentes, siquiera asideros, lo mejor que puede hacer el lector es avanzar en la lectura de Tiempo y captar la complejidad de algunos de sus textos (p.17).


El tiempo es solución
para la disolución


De la máxima de Heisemberg puede deducirse entonces la fractura de todas las cosas. La fractura del tiempo, la fractura de nosotros mismos. Y esa misma fractura crea visiones distintas de las mismas cosas (p 18).


El sujeto es arena
visto desde fuera,
compacto;
disgregado,
desde dentro.


Pero algo de luz nos arrojan las palabras del autor entre tan intrincados principios (p19):


El mundo es física
y nosotros, química.


Una de las dificultades que tenemos es clasificar el mundo, la realidad, y saber por qué se ordena de tal manera (p20).


La realidad
es igual
en todas partes.
Lo que ignoramos
es cómo se ordena.
Por qué
se ordena.


Como si la química y la física se hubieran combinado secretamente o como si un alquimista hubiera descubierto el secreto de la creación, tenemos una dificultad, no disponemos de las claves (p21).


No tenemos
el libro
de fórmulas


En nosotros subyace parte de la argamasa que hace posible la materia (p23).


nada mas poderoso
que la materia
uniéndose al producto
de la boca


Hay momentos en que Tiempo parece contener algo así como un misticismo científico. Y sin embargo, el autor nos va dando algunas claves para alcanzar el objetivo. Quiere decirnos que el no tener nada, el vacío, nos hará ser más felices (p25):


Lleno de cosas
(…)
se llama desierto
(…)
y quedo hueco,
feliz.


La poesía de Mora también nos ayuda a construir la realidad y otorga una dimensión a las cosas y al pensamiento que, por separado, parecen no tener sentido. Para el autor es importante la poesía porque nos sitúa en el espacio; la filosofía, porque coloca el pensamiento frente al sinsentido y el arte porque construye el espacio como un ser vivo (p26).


Pero como el propio autor afirma con rotundidad, la incertidumbre no la crea el principio de Heisemberg, al cual vuelve, sino Dios (p36). Y bajo tal premisa parece Mora aceptar su existencia. Curioso podría parecer que un poemario basado en principios tan científicos aluda a Dios, si no es para contraponer lo uno a lo otro. El principio científico, aquí hecho verso, al principio deístico.


Y del principio científico nadie se salva, porque hoy en día es tan fácil unir los puntos dispersos del mundo con el Google Earth (p.41)


Por todo ello, según Mora, el ser más inteligente es el que se acerca más por su modo de vivir a lo que será al final. Si uno vive en el vacío, desprovisto de cosas y objetos, antecede con su postura a la nada en que nos convertiremos (p47):


Nuestro destino
es la nada
(..)
Y el hombre más vacío
sólo es más inteligente.


Y a continuación, y casi de forma cruel, nos sitúa en lo que somos, nos diluye en la inmensidad del conocimiento (p48):


La angustia
vertical
de la existencia
en grupo:
esos granos de arena,
esos millones iguales,
todos nosotros.


Así la metáfora adquiere sentido, el desierto es la sociedad y cada uno de los granos, un individuo.


Una prueba más del enfrentamiento Dios-conocimiento se plasma en los versos (p51):


Si hay Dios,
es un suicida,
y si no el Caos
hace honor
al nombre.


Al fin y al cabo no estamos seguros de lo que sabemos y de todos nosotros sólo quedarán nuestros objetos.


El desierto, la sociedad, no está vacía, está llena del tiempo de todos los individuos que la componen, como el desierto está lleno del tiempo que tardó en construirse cada una de las motas de polvo que lo constituyen (p67):


Sí, quizá,
a pesar de todo
nos valga la imagen
del desierto
como explicación
del mundo


Y, al igual que la máxima de Heráclito, nadie cruza el mismo río dos veces (p70):


nadie puede
pisar dos veces
la misma arena

Dejemos que Tiempo de Vicente Luis Mora nos diluya por unos instantes en un tiempo de grata lectura

lunes, 24 de enero de 2011

EL MAL ABSOLUTO DE JOSÉ LUIS MUÑOZ


El mal absoluto
José Luis Muñoz
Ed. Algaida, 2008
309 pp
20 euros



Algunos descubrimos los campos de concentración nazis a través de aquel pavoroso libro llamado Deportación. Más tarde tuvimos ocasión de leer el best seller de Gerald Green, Holocausto que, posteriormente, se convirtió en serie televisiva con gran éxito en los años 70. Todos comprobamos la eficacia alemana en la maquinaria de exterminio tanto como en la maquinaria de guerra - ver Las armas secretas alemanas de Briand Ford-.

El mal absoluto de José Luis Muñoz habla del holocausto y de los campos de exterminio, aunque la acción del libro se desarrolla mucho después. Aprovechando la celebración del aniversario de la liberación de Auschwitz un equipo de la televisión alemana ZDF entrevista a un oficial de la SS, Günter Meissner, que estuvo allí tras ser herido en el frente ruso. Lejos de arrepentirse de sus actos, lo que hace es enorgullecerse y justificar lo que pasó basándose en el momento histórico y en el ascenso al poder de Hitler. Como contrapunto a este personaje, la televisión también entrevista a Yehuda Weiss que coincidió allí, en Auschwitz, como víctima. La narración continúa en un extraño juego en el que los papeles de víctima y verdugo tienden al final a intercambiarse en un original juego de espejos.

Pese a que la trama de la novela no es excesivamente complicada, el punto fuerte de la misma es lo real y bien trazados que están los perfiles psicológicos de ambos personajes: Günter Meissner y Yehuda Weiss.

El autor ha tenido que estudiar bien algunos aspectos de la vida en Auschwitz, sin embargo utiliza a la perfección ese material en el punto justo para no aburrir, poniendo la información en boca de los personajes en lugar de dejarla en manos del narrador que hubiera sido más fácil.

Ya había tenido ocasión de leer a José Luis Muñoz en una obra posterior, La frontera sur. En el caso de El mal absoluto el conflicto se sitúa en primer plano, como si el pasado retornara, como si se hubiera cerrado en falso. Y J.L Muñoz pone en boca de Yehuda Weiss y de la entrevistadora, Eva Steiger, la denuncia de los juicios de Nuremberg. Se pregunta cuántos de los que intervinieron en el exterminio nunca fueron juzgados. Günter Meissner fue uno de ellos.

Otro de los aspectos a destacar por el que sobrevuela el libro son los experimentos con prisiones que se llevaron a cabo. Ya tuve la ocasión de reseñar un libro en el que se hablaba de experimentos médicos en campos de concetración con detalle -Doctores del infierno de Vivien Spitz-. José Luis Muñoz a través de sus personajes narra algunos de estos experimentos.

En general podemos pensar que el tema de los campos de exterminio ya ha sido ampliamente tocado en la literatura y en el cine. Sin embargo, José Luis Muñoz tiene la habilidad de narrar los sucesos fuera de ese tiempo histórico, basando el nudo narrativo en la acción-reacción de los personajes y acercándose más a una novela psicológica.


El mal absoluto fue premiado con el XI Premio de novela Ciudad de Badajoz.

lunes, 17 de enero de 2011

CHÉJOV COMENTADO DE ANTÓN CHÉJOV


Chéjov comentado
Antón Chéjov
Edición y prólogo a cargo de Sergi Bellver
Comentarios:Jon Bilbao, Matías Candeira, Luis Alberto de Cuenca, Óscar Esquivias, Ignacio Ferrando, Hipólito G. Navarro, Víctor García Antón, Eduardo Halfon, Juan Carlos Márquez, Ricardo Menéndez Salmón, Elvira Navarro, Salvador Luis, Marta Rebón, Care Santos, Eloy Tizón y Paul Viejo.
Traductores: James y Marian Womack
Nevsky Prospects, 2010
318 pp
22,50 euros

Que a estas alturas un clásico nos pueda parecer imprescindible es poco menos que una perogrullada. Mucho más si ese clásico es un autor ruso del siglo XIX y tiene como apellido Chéjov.

Tuve la ocasión de asistir a la presentación del libro Chéjov comentado que sirvió acaso también de presentación de la propia editorial, Nevsky Prospects, en Barcelona. Allá estuvieron sus traductores, James y Marian Womack; su editor, Sergi Bellver; uno de los comentaristas, Jon Bilbao, y el escritor Fernando Clemot como maestro de ceremonias. De sus palabras, de las propias palabras del editor, Sergi Bellver, y en dichas palabras, uno encuentra la explicación a la pregunta. Seguro que habrá quién pueda preguntarse, no sé si con razón o sin ella, qué necesidad había de volver a traducir a Chéjov (1860-1904) y de volver a publicarlo puesto que sus obras nos han llegado ya en diversas ediciones y se encuentran también en bolsillo (Yo mismo poseo, al menos, un par de ediciones de los cuentos de Chéjov: La dama del perrito y otros cuentos, Ed. Orbis, 1982 y Cuentos de Chéjov, Ed. Vergara, 1964, amén de una recopilación denominada Maestros rusos, en cuyo volumen tercero también aparecen cuentos de Chéjov, ed. Planeta, 1962) Quizá habría que explicar que se cumple el 150 Aniversario de Antón Chéjov pero también habría que adentrarse en el propósito último del libro que no es más que establecer una mirada sobre el autor ruso desde la perspectiva de dieciséis escritores actuales. El de mayor edad nacido en 1950, el más joven en 1984. Y esta visión da lugar a numerosas perspectivas, comentarios e, incluso, algún relato y un divertimento a modo de J´acuse. Pero no nos adelantemos. Quizá primero decir qué vamos a encontrar en el libro. Inicialmente el prólogo de Sergi Bellver. Seguidamente un total de dieciséis relatos de Chéjov y también dieciséis comentarios a cerca de dichos relatos. Comentarios que vienen de los siguientes autores: Jon Bilbao, Matías Candeira, Luis Alberto de Cuenca, Óscar Esquivias, Ignacio Ferrando, Hipólito G. Navarro, Víctor García Antón, Eduardo Halfon, Juan Carlos Márquez, Ricardo Menéndez Salmón, Elvira Navarro, Salvador Luis, Marta Rebón, Care Santos, Eloy Tizón y Paul Viejo.


Del prólogo de Sergi Bellver recomiendo encarecidamente leer el último párrafo – en realidad recomiendo leerlo todo, pero esto especialmente – pues constituye una suprema muestra de amor a la literatura y una declaración de intenciones. Baste una pequeña parte del texto como ejemplo: “Escribimos porque creemos que a nuestra luz los lectores podrán mirar lo real del mismo modo en el que lo percibimos o, mejor aún, de una manera distinta pero complementaria a la nuestra. Escribimos para preguntarnos juntos” (p.24).


Uno podrá compartir o no la selección de los relatos. Hay quien echará en falta La dama del perrito o quizá algún otro. Yo agradezco especialmente la publicación de Tristeza, Enemigos, Desdicha y Ostras.


En todos ellos encontraremos una de las características fundamentales de la narrativa chejoviana basada en la importancia del detalle. Chéjov es un maestro a la hora de crear una narración prácticamente de la nada, por ejemplo en Pequeñeces o El amanuense. De su meticulosidad en la construcción ya hablé no hace mucho con motivo de la reseña de Cuaderno de notas, Ed. Páginas de Espuma-La Compañía, 2010 en donde podremos encontrar los entresijos de su escritura. Entresijos que voy a intentar destacar en los relatos de este Chéjov comentado. Porque no sólo es un maestro del detalle, lo es también de la psicología en la construcción de los personajes. Las Bellas nos plantea cómo un hecho similar nos provoca un efecto diferente en función del momento en el que nos llega. En el relato uno llega a ver la profundidad psicológica con la que Chéjov plantea sus personajes. Me quedo también con unas palabras de Luis Alberto de Cuenca en su comentario: “la costumbre no engendra tristeza, sino renuncia, conformismo, resignación” (p. 44). Pero Chéjov es fundamentalmente un autor que pisa con los pies en el suelo, es médico y odia la incultura y la superstición porque capta el daño que puede llegar a hacer. El misterio constituye un alegato contra la superchería y la incultura. Una denuncia de la propia imbecilidad. Incluso una personalidad importante, como el consejero Navaguin, puede verse engañado por la superstición. Como resuelve Ignacio Ferrando es un “reconocimiento de la propia estulticia” (p 57).


Matiz a matiz nos topamos con Casa con mezzanina, donde Chéjov plantea la imposibilidad del amor entre dos mundos opuestos: el de un artista, cultivado y elitista, y el de la maestra, Lida, que vive la crudeza de la realidad. Aunque no es propiamente la mujer, Missius, de la que se enamora el pintor, pero sí la que impide ese emparejamiento. En el relato también destaca el contenido de las acaloradas conversaciones que mantienen la maestra y el pintor que muestra la disparidad de ambos mundos. En su comentario, Eloy Tizón destaca la capacidad de Chéjov para “capturar en su fina malla los matices fugaces” (p.87), esos pequeños matices que sirven al autor para construir historias y de los cuales ya he hablado. Y cuando el detalle se convierte en el punto sobre el que aguarda el funesto final nos llega Quiero dormir. Un relato en el que el lector llega a ponerse en el lugar de la protagonista, la niñera Varka, y justifica el fin que aguarda, a pesar de la crueldad porque la realidad también es cruel. Esclavizada de noche y día e incapaz de poder descansar ni un solo minuto. Eduardo Halfon se pregunta si “¿no es la nimiedad la materia prima del cuentista?”(p. 100). Nimiedad y matiz, matiz que es más que motivo para cometer una acción tan despreciable como el asesinato pero que también constituye la única solución para deshacer una injusticia. En esa crueldad se encuentra el protagonista de El hombre enfundado; narra porqué un hombre se deja morir al verse ridiculizado. Salvador Luis destaca con acierto la naturaleza de un ser “intratable, aprisionado por las normas sociales y el-qué-dirán” (p.129). Crueldad que justifica las acciones de Yakob en El violín de Rothschind y que nos desentraña una historia de arrepentimiento. Marta Rebón relaciona al personaje principal de la historia, Yakob, con el propio autor, en ambos el arte les otorga un sentido a la vida dado que tanto Yakob, el violinista, como el propio autor viven en dos mundos: el de Yacob como fabricante de ataúdes y el de Chéjov como médico. La música y la escritura les dan una razón para la vida, argumento que ya nos suena en el relato Casa con mezzanina donde el pintor mantiene una postura en la que su mundo se sostiene por su amor al arte.


También es común en Chéjov esa sátira comedida que se manifiesta en numerosos relatos. En En Moscú a un bohemio autor sólo le queda una cosa que hacer en la vida. Suicidarse. Óscar Esquivias capta bien la esencia de la narración para deconstruirla y crear un nuevo relato, Temblad, filisteos.


Seguidamente vienen tres de los cuentos que más me han gustado: Tristeza, Enemigos y Desdicha. En Tristeza destaca la pena que produce no el saber de la pérdida que ha sufrido el protagonista, un cochero, sino la desdicha de no saberse escuchado por nadie. Chéjov huye del sentimentalismo, al contrario de lo que haría un autor romántico. Víctor García Antón destaca la renuncia “a compartir su existencia con otros hombres” (p. 177) al sentirse rechazado por los que le rodean.


En Enemigos se ahonda en la contradicción de dos circunstancias adversas. Por un lado la muerte de un hijo y por el otro la cuasi muerte de una esposa. El autor va tirando del hilo para mostrarnos el porqué de esa contraposición en la que Ricardo Menéndez Salmón destaca, en un magnífico análisis, la historia de la fatalidad y de la imposibilidad del perdón para lo cual nos desmenuza la literatura chejoviana y la carveriana en un texto de análisis literario más que recomendable.


En Desdicha pasamos de la fatalidad al cuasi terror con un punto gore, incluso. Y en Incidente ocurrido a un médico vuelve a aparecer la figura del doctor que ha ido siendo personaje principal en más de un relato.


Grisha nos habla de la ternura del descubrimiento de la realidad por parte de un niño.


Confesión da pie a Paul Viejo a crear un texto aguerrido contra Chéjov a modo de J´acuse, cuyo inicio es más que una declaración de intenciones a modo de divertimento: “Ocurre quizá demasiado a menudo que a Chéjov, como al militar de cualquier país que jamás ha entrado en combate, el valor se le supone” (p. 261). Intente el lector -de acuerdo o no con el comentarista- seguir el razonamiento, ejercicio cuando menos literariamente interesante.


El último relato, Ostras, parece ser una premonición del inmediato futuro de Chéjov después de su muerte tal y como destaca Hipólito G. Navarro. Chéjov fue transportado tras su fallecimiento por un tren cargado de ostras, en cuyo vagón fue depositado para conservarse.


Tras este pequeño pero somero recorrido por el contenido del libro y tras haberlo leído no ya con atención, sino con delectación, puedo decir no sólo que Chéjov comentado es un buen libro, sino que diría que es uno de aquellos libros que no podemos dejar pasar si amamos la literatura, aunque tengamos la desgracia de no ser rusos para leerlo en su idioma original.

jueves, 30 de diciembre de 2010

DE HABLAR CONMIGO DE JOSÉ GANIVET ZARCOS


De hablar conmigo
José Ganivet Zarcos
Ed. Zumaya, 2010
77 pp.
12 euros


José Ganivet Zarcos, profesionalmente dedicado a la enseñanza, nos presenta el poemario De hablar conmigo. Por su nombre uno podría pensar que el contenido del poemario llevaría consigo una autoreflexión y que giraría en torno al yo, en este caso al yo poético. Sin embargo De hablar conmigo es un libro que posee mucho de contemplación, no en vano una buena parte del mismo contiene poemas donde la descripción de paisajes y naturaleza resulta fundamental.


Es De hablar conmigo un libro de temática y formas variadas. En materia formal, y pese al predominio del soneto, existen otros tipos de composiciones sin rima. Sobre el tema ya he destacado la presencia del paisaje como elemento fundamental, pero hablamos de un paisaje cercano, un paisaje que sirve de referente al autor, paisajes conocidos quizá de la niñez, de lugares visitados que han dejado huella tanto para cantar su contenido como para describirlo. Quizá en ese punto encontramos la autoreferencia que denota el título De hablar conmigo. ¿El autor habla consigo mismo a través de los paisajes que se impregnaron en sus recuerdos? ¿Sirven esos mismos recuerdos para preguntarse a sí mismo?


Otro de los aspectos destacables es la presencia, numerosa presencia, de elementos que nos acercan o hablan de religión. Es posible que ese interés por lo espiritual venga dado en estos poemas por una preocupación latente del autor, no en vano en su propia biografía señala sus numerosas colaboraciones en trabajos de trasfondo religioso.


Contiene además un poso melancólico presente en numerosos poemas. Melancolía que no excluye cierta vitalidad –“desbordados los cauces de la vida” (p.13)-. Sin embargo predomina en la segunda parte del libro cierto sesgo romántico y como nota general a lo largo de todo él la presencia de una expresión con cierta tendencia al arcaísmo.


Es la poesía de José Ganivet Zarcos una poesía que no busca el recurso estilístico pero sí contiene un especial cuidado del lenguaje, probablemente por ese poso que destila de poesía clásica con reminiscencias modernistas y machadianas.


De todos los poemas destacaría el presente:

Síndrome de Sthendal

Cada torre se eleva como un ángel
sobre el puente del Arno iluminado;
como un bosque de ojivas defendido
por efebos con honda y con facas.

Enajenan el alma, sus cimientos,
tanto escorzo de mármol desnudado,
tanto gesto sublime, tanta gracia,
redimidos de tiempo y de torpeza.

Luego miras tus ojos con tus ojos,
los estragos del tiempo en el espejo,
consumida la boca, deshojada,

Y constatas la orina en los portales,
la humedad extendido por los zócalos
y esta herrumbre que anega las calzadas.

lunes, 20 de diciembre de 2010

LOS MARES DETENIDOS DE CARLOS ÁLVAREZ-UDE


Los mares detenidos
Carlos Álvarez-Ude
Trama editorial, 2010
104 pp
14 euros



A Carlos Álvarez-Ude (1953-2010) le llegó la publicación de su único libro de poesía, Los mares detenidos, tarde. Tarde pues fue editado el ocho de febrero y falleció el pasado diecisiete de abril. Sin embargo los que le conocieron destacan su gran cultura poética. Parece entonces extraño encontrarnos ante un poeta –aunque no solamente poeta, también editor y agitador cultural conocido por haber sido parte de la revista Ínsula- con un único libro de poesía editado.


Los mares detenidos es un libro básicamente de temática amorosa, focalizada en la figura de Alejandra –de hecho uno de los poemas lleva su nombre- . Alejandra Díaz Ortiz, escritora mejicana, fue su esposa.


Leyendo el poemario de Álvarez-Ude uno se apercibe de la plenitud amorosa en la que vivía el autor y que se constata en cada uno de los poemas de Los mares detenidos. Unos versos que son, seguramente, deudores de una larga tradición de poetas que han cantado al amor. Hay aromas de Bécquer, de Neruda, de Benedetti. Sin embargo hay una idea que rota a través de muchas de las estrofas, una reinterpretación de un verso de Gil de Biedma de su composición No volveré a ser joven. Ese verso que en Biedma es “que la vida iba en serio”, Álvarez-Ude lo hace suyo en diversas ocasiones como “que vivir va en serio” (p.29), “y la vida va en serio” (p.43), o “la vida va en serio” (p.53). Esa reiteración de una misma idea que recorre todo el libro como poso de una cierta melancolía no sabe uno si era la premonición de una muerte cercana o la fatal casualidad.


Del poemario cabe destacar algunas ideas o subtemas que parten del tronco común de la expresión del amor: el proceso de enamoramiento, la vuelta a la inocencia perdida, la incertidumbre del amor, las esperas que provoca y los estados de plenitud y de ausencia. Todos ellos se desarrollan en las páginas de Los mares detenidos, poemario que se divide en cinco partes: Los mares despiertan, Los mares escuchan, Los mares se detienen, La mar y Colofón. En los tres primeros se habla básicamente del proceso de enamoramiento y en el cuarto del amor en sí mismo. Quizá en el Colofón descubrimos algunas claves más. Destaco el presente poema de entre todos ellos situado en esta parte final. Se titula El gesto:


Un vaso en la tierra que nunca se llena,
pero rebosa una lágrima que coges caliente
y, luego, se hace vapor, respiración, anhelo
y palabra, sobre todo, palabra y, por si se pierde,
un gesto, un simple gesto de amor infinito.

Es Los mares detenidos un libro sencillo de leer y entender, incluso para el profano en el género poético. De entre sus virtudes: la sencillez, a veces incluso excesiva, la cercanía y la sinceridad. Apenas encontramos artificios estilísticos: la reiteración, las contradicciones o las paradojas en versos relativamente desnudos y sin florituras, con un lenguaje asequible.


Como comentario final destacar un apartado llamado ¿Quién es Carlos Álvarez-Ude ? donde una serie de nombres conocidos opinan sobre el autor junto con otros tantos de amigos y parientes.
Sólo queda leer Los mares detenidos, qué mejor homenaje a un poeta que leer su obra.

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA ÚLTIMA LLUVIA DE FRANCISCO MORALES LOMAS


La última lluvia
Francisco Morales Lomas
Ed. Carena, 2009.
79 pp.
10 euros.

Francisco Morales Lomas es un autor multipremiado tanto en prosa, poesía o ensayo. De su poesía destaca su vocación humanista que trasciende al hombre y nos acerca a la espiritualidad, espiritualidad que se ve reflejada en el libro La última lluvia con más de una alusión a la religión. Sin embargo no es La última lluvia un libro con una unidad temática. En la primera parte básicamente dominan los temas en los que el agua adopta un papel fundamental tal y como se expresa en el título, ya sea en su vertiente marina o de lluvia. En la segunda parte del libro destaca también la presencia de elementos relativos a la tierra andaluza, su querencia por los paisajes, la alusión a los colores y a la tauromaquia.


No sólo se puede hablar de una inexistencia de unidad temática concreta, tampoco hay una unidad estilística pues encontramos composiciones poéticas rimadas y composiciones sin rima. Las composiciones rimadas adoptan la forma de soneto. Lejos de ser una dificultad esta variación de temas y formas nos da una visión global de los asuntos que preocupan al autor y aquellos que constituyen su nudo poético.


El aficionado a la poesía encontrará en los poemas de Francisco Morales Lomas un cierto clasicismo, a veces un lenguaje excesivamente barroco o intrincado que, en ocasiones, resta un poco de espontaneidad a la composición y la lastra con abundancia de adjetivaciones que parecen gustar mucho al autor.


Gusta a Francisco Morales Lomas jugar con las contradicciones y reiteraciones en el lenguaje, también con las paradojas. A veces nos conduce a afirmaciones contundentes, en otras ocasiones nos arrebata con su suavidad y nos sorprende con sus cierres en los poemas. Por lo general no se prodiga en la crítica social pero uno de los poemas que más he disfrutado ha sido el presente sin título:

Ya llegó el amigo americano
con asombro ante los cristales rotos.

Con la angustia que precede a la nada
y es un falso propósito para la conquista.

Lleva el paso cambiado
y la torpeza de precipitarse por el vértigo
de lo que en su caída, brota.

Como brota la muerte en los cementerios
y en la ágil desmemoria.

Volviendo siempre hacia ninguna parte,
lugar ancho donde claudica el mundo.

Envolviendo las cosas con palabras
para que huelan mejor y eviten las heridas.

Disfruten del descubrimiento de este autor, sobre todo los lectores a los que apasionen las formas clásicas.

jueves, 25 de noviembre de 2010

ORGULLO Y PREJUCIO Y ZOMBIS DE JANE AUSTEN Y SETH GRAHAME-SMITH


Orgullo y prejuicio y zombis
Jane Austen y Seth Grahame-Smith
Traducción de Camila Batlles Vinn
Ed. Umbriel, 2009
381 pp.
16 euros


Orgullo y prejuicio fue escrito por Jane Austen en 1796 y publicada en 1813 de manera anónima y considerada como unos de los grandes clásicos de la literatura inglesa.


El argumento de Orgullo y prejuicio sería la historia de la familia Bennet, una familia burguesa alocada y arruinada, que tiene cinco hijas casaderas y cuya madre, una mujer bastante vulgar e histérica, hará lo imposible para que hagan un buen matrimonio, a ser posible con un hombre rico. Viven en una pequeña y tranquila localidad inglesa, Meryton, muy cerca de Londres. El problema comienza cuando se aloja en la localidad el Sr. Bingley, joven apuesto y adinerado, que vendrá acompañado de sus hermanas, su cuñado y su amigo, el Sr. Darcy, un hombre tan orgulloso y recto como guapo y rico. El Sr. Bingley se enamora de Jane, la mayor de las hermanas Bennet, y el Sr. Darcy se enamorará de Elisabeth. Tanto el Sr. Darcy como Elisabeth Bennet tendrán que luchar contra el orgullo de él y los prejuicios de ella para con él. Y en toda la trama aparecerán personajes muy interesantes que dan una idea de cómo se vivía en la Inglaterra durante el reinado de Jorge III.


Seth Grahame-Smith publicó Orgullo y prejuicio y zombis en el 2009. En él combina la extraordinaria novela de Jane Austen con zombis que devoran a seres humanos para comerles el cerebro. En ella, las hermanas Bennet lucharán contra los innombrables o zombis siguiendo las técnicas aprendidas bajo la tutela del maestro Liu en el templo de Shaolin en la provincia de Henan.


El primer capítulo de Orgullo y prejuicio comienza: “Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero y rico necesita tomar esposa”. (1)


Así comienza Orgullo y prejuicio y zombis: “Es una verdad universalmente reconocida que un zombi que tiene cerebro necesita más cerebros”.


En esa época la mujer debía ser educada para el matrimonio y la maternidad. Instruirse en las doctrinas morales y enfocar la educación hacia las tareas propiamente femeninas: la religión y los talentos (música, canto, baile, bordados…), y apartándolas de otros conocimientos que podrían provocar que la mujer fuese poco atractiva para los hombres. Jane Austen prefiere una educación más liberal para la mujer sin tener en cuenta todos estos talentos.


En el capítulo 8 de Orgullo y prejuicio podemos encontrar el siguiente párrafo: "Una mujer debe tener un conocimiento completo de música, canto, dibujo, baile y lenguas modernas para merecer el calificativo (talentosa); y, además, ha de tener un cierto no sé qué en su aire, en su manera de andar, en el tono de su voz, en su trato y en sus expresiones, sin lo cual el dictado sólo es merecido a medias.”


En el mismo capítulo 8 pero de Orgullo y prejuicio y zombis, el párrafo sería el siguiente: “Una mujer debe poseer buenos conocimientos de música, canto, baile y lenguas modernas; debe estar perfectamente adiestrada en los estilos de combate de los maestros de Kyoto y en las tácticas y armas europeas modernas. Además, debe poseer cierta cualidad en su aire y modo de caminar, el tono de su voz, su forma de hablar y expresarse, para poder considerarla una mujer instruida”.


Orgullo y prejuicio y zombis es una novela realmente entretenida, muy interesante para que los jóvenes entren en contacto con los clásicos de la literatura que, en condiciones normales, no leerían. Aunque lo divertido es haber leído primero Orgullo y prejuicio de Jane Austen y después leer Orgullo y prejuicio y zombis y buscar las diferencias, como en las viñetas de los periódicos.


Los personajes secundarios de la obra -que son tan importantes como las protagonistas por su riqueza de matices: el Sr. Collins, Lady Catherine De Bourgh, el Sr. Bennet, los tíos de las señoritas Bennet, los oficiales del ejército, etc - en Orgullo y prejuicio y zombis son extraordinarios. Por ejemplo, Lady Catherine, aparte de tener el talento de ser extremadamente rica, ha matado más innombrables que cualquier persona que viva en Inglaterra.


Las vicisitudes que viven las protagonistas van acompañadas de los peligros que encontrarán en sus paseos, bailes, etc, al encontrarse con los muertos vivientes.
El libro contiene unas espléndidas ilustraciones de los zombis realizadas por Philip Smiley y al final de la obra hay una guía de debate para los lectores curiosa de realizar.

Si quieren disfrutar de una lectura entretenida no dejen de leer Orgullo y prejuicio y zombis de Jane Austen y Seth Grahame-Smith.


Pilar I.


(1) Todas las citas están sacadas de la edición Más fuerte que el orgullo (Orgullo y prejuicio). Edición de 1944 (2ª edición) de M. Arimany, Ed. (Barcelona). Traducción del inglés por R. Berenguer).

jueves, 18 de noviembre de 2010

BREVE HISTORIA DEL CULO DE JEAN-LUC HENNING




Breve historia del culo
Jean-Luc Henning
Traducción de José Miguel González Marcén
Principal de los Libros, 2010
237 pp
19 euros

Da la impresión que escribir un libro con el título de Breve historia del culo estuviera destinado desde un primer momento a provocar el morbo y el escándalo. No sé si ése era el propósito del escritor Jean-Luc Henning a la hora de pensarlo. Si Ramón Gómez de la Serna fue capaz de escribir uno con el título de Senos en 1917 y más recientemente Juan Manuel de Prada se atrevió asimismo a hacerlo con Coños, en 1994, parece que sólo faltaba intentarlo ahora con los traseros. Y puede también dar la impresión de que el libro pretende provocar la hilaridad del lector, y no digo que en algún momento no lo consiga, aunque no sea el fin principal, porque Breve historia del culo es en sí mismo un tratado serio sobre las posaderas, si es que acaso la jovialidad de esta parte del cuerpo puede invitar a seriedad alguna.

Para comenzar detengámonos en la cantidad de frases que usamos y que aluden a nuestras nalgas: perder el culo, besar el culo, partirse el culo, ser un culo de mal asiento, tener la vista en el culo, patear el culo, tener el gusto en el culo, ser feo como un culo, tener cara de culo, ser un tonto del culo, tener la flor en el culo, etc … Puede ser que una parte tan enunciada y de tal riqueza léxica y expresiva mereciera un tratado. Ahora preguntémonos por qué muchas de estas expresiones y frases hechas tienen un significado peyorativo. Quizá es que nuestro pensamiento está teñido del pensamiento de los que nos precedieron. La religión cristiana consideraba el culo la cara del diablo. Durante nuestra evolución humana nos hemos esforzado en ocultar esta parte del cuerpo. También le hemos otorgado un significado erótico, incluso lo hemos convertido en la puerta trasera de la copulación. Muchas de estas anécdotas las encontraremos en el libro de Henning. Información y cuestiones que seguro que jamás nos hemos planteado.

Breve historia del culo es un tratado sobre nuestras posaderas. Habla de esta parte de nuestra anatomía desde muchos y diversos puntos de vista: artísticos, biológicos, históricos, religiosos, publicitarios, etc… Uno encontrará un verdadero epítome de lo que a asuntos culeros se refiere.


Vamos a tratar de ver algunos ejemplos alusivos. Es ilustrativo el propio inicio del libro:
“El culo data de la más remota antigüedad.” (p.9). Qué verdad más absoluta y universal. Y desde ese inicio nos sigue a todas partes.

“De las 193 especies vivientes de primates, solamente la especie humana posee unas nalgas hemisféricas que son permanentemente salientes” (p.9)

A su vez descubrimos una interesante afirmación: “el culo del hombre tendría su origen en la erupción del cerebro” (p.10)

Lutero espantaba al diablo, pues tenía de él visiones muy a menudo, gritándole: ¡Chúpame el culo! (p.26) y a su vez “ el diablo confesaba a las brujas (y a los brujos) sus pecados inmundos de castidad y hacía que besasen su ano, como señal de pleitesía” (p.27), incluso Rabelais “habría propuesto al sumo pontífice besarle la cara de detrás, con la condición que estuviera bien lavada” (p.30).

Durante el siglo XVI uno de los géneros literarios más cultivados fue el blasón erótico, en él se podía alabar o denigrar tanto como se quisiera. Algunos de ellos están dedicados a tal insigne parte del cuerpo (p.35-41).

No voy a extenderme en más ejemplos que son muy ilustrativos y que seguramente cada lector descubrirá y preferirá según sus propios gustos.

A la finalización del libro se me han ocurrido un par de objeciones al mismo que el lector también puede tomar como consejos. En primer lugar, y dada la gran cantidad de referencias artísticas a cuadros, hubiera sido una gran idea que el libro se hubiera ilustrado. Al no ser así recomiendo al lector que coja un ordenador, se conecte a internet y que haga un recorrido por la evolución artística del culo a través de la pintura pues encontrará en el libro el nombre de pinturas y sus autores. Será un recorrido sumamente interesante. Asimismo, y puesto que el universo cultural del autor es básicamente francés, se echa de menos una adaptación de dicha fraseología al castellano. El que firma esta reseña ha hecho un pequeño intento inicial que seguro que podrá ser completado fácilmente por el lector.

En fin, no se me puede ocurrir mejor razón para perder el culo que comprar y leer este tratado sobre las posaderas.

martes, 9 de noviembre de 2010

LA HIJA DEL OPTIMISTA DE EUDORA WELTY


La hija del optimista
Eudora Welty
Traducción de José C. Vales
Ed. Impedimenta, 2009.
222 pp
19 euros



La hija del optimista de Eudora Welty, premio Pulitzer en 1972, es una novela contada como si fuera un cuento. Todo transcurre en el sur de los Estados Unidos. Laurel McKelva es una mujer de mediana edad, viuda de guerra, hija del juez McKelva, hombre bondadoso que, habiéndose quedado viudo unos años antes, decide casarse con Fay, mujer egocéntrica, mimada, consentida y más joven que su hija. El juez se ha de someter a una intervención quirúrgica y muere unos días después, en pleno carnaval de Nueva Orleans. Ambas mujeres llevan al juez a su hogar paterno en Mount Salus y, habiendo desaparecido el nexo que las unía, aparecen las diferencias de caracteres. En el funeral del juez, el pueblo se vuelca en Laurel dando de lado a la joven viuda por lo que esta decide marcharse con su familia para reponerse del duro golpe y volver con posterioridad a tomar posesión de la casa del juez.


La hija del optimista es una novela sorprendente. Lo que parece un cuento de hadas acaba siendo un cuento donde ni todos los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. Es un viaje retrospectivo en la vida de una mujer que se reencontrará con su niñez, la vida con sus padres, su matrimonio con Phil y la fuerza que obtendrá para seguir a delante.
Muy recomendable su lectura.


Pilar I.

lunes, 25 de octubre de 2010

EL ESCÁNDALO LEMOINE DE MARCEL PROUST


El escándalo Lemoine
Marcel Proust
Traducción de Laura Naranjo y Carmen Torres
Ático de los libros, 2010
106 pp
9.90 euros



Marcel Proust, antes de llegar a la cúspide de En busca del tiempo perdido, escribió esta pequeña obrita de poco más de cien hojas que acertadamente desempolva Ático de los libros en su colección denominada Breves del Ático. El escándalo Lemoine es en sí mismo un pequeño ejercicio retórico, una prueba de pruebas o un ensayo metaliterario. Si me lo permiten, es un divertimento a modo de ejercicio de estilo, de ejercicio de posibilidades narrativas, un poco buscando voces y formas. Algo así como lo que Raymond Queneau nos proponía en sus Ejercicios de estilo.





El argumento del libro es casi un macguffin, una excusa narrativa para desarrollar una o varias tramas. Y el argumento en sí mismo es bastante escueto y tiene su origen en el caso real de un químico, Henri Lemoine, que ofreció a la empresa más importante de diamantes, De Beers, la fórmula para crearlos químicamente, cosa que era claramente una estafa. Estafa en la que llegó a caer y perder dinero el propio Proust que resignado utilizó la historia para desarrollar la trama de su libro, El escándalo Lemoine. El argumento en sí es bastante pobre si no fuera por el planteamiento que el propio Proust desarrolló y que lo convierte en una genialidad. ¿Por qué no contar la historia desde el estilo de algunos grandes escritores franceses? Así Proust acaba imitando a Flaubert, Balzac o Saint-Simon. Pero no termina ahí la ironía. La parodia va más allá y también se permite el lujo de ponerse en la piel del crítico y criticarse a sí mismo. O plantearlo como si fuera un folletín o un episodio de los diarios de Goncourt. Casi están todas las formas narrativas desarrolladas y cuesta ponerse en la tesitura de que una misma trama simple y escueta pueda contarse de tantas formas diferentes.

El lector avispado podrá bucear e intentar descubrir algunas perlas escondidas y notas de humor de las que no está exenta esta pequeña joyita de Proust, una de esas obras desconocidas que de no ser publicada en este formato no llegaría al público en general.


Aconsejo encarecidamente buscar los gazapos y trampas a las que nos somete el genio de Proust. Y para muestra, en las páginas 41 y 42, hay una crítica de Goncourt hacia la actitud de Proust en relación a Zola. Sabiendo que el texto se lo dirige Proust a sí mismo. ¿O quizá no? Me temo que éste es un pequeño pitorreo literario del que los especialistas en literatura francesa podrán sacar más jugo. Y el lector también.

jueves, 7 de octubre de 2010

ALBA CROMM DE VICENTE LUIS MORA


Alba Cromm
Vicente Luis Mora
Ed. Seix Barral, biblioteca breve, 2010.
262 páginas
17 euros


Vicente Luis Mora es conocido por diversas facetas. Baste teclear su nombre en google para ver que maneja multitud de proyectos al mismo tiempo. Esa ubicuidad, que a algunos nos parece algo casi imposible, poco más o menos como la cantidad de obras que escribió Lope de Vega en vida, no le impiden dedicarse a escribir con tino poesía, novela y ensayo. Y, a tenor de lo que se puede leer en su blog, de dedicarse a la lectura de una buena cantidad de libros. Y ciertamente Alba Cromm como novela quizá no destaque tanto por su argumento como por la forma de plantearlo.

No hace demasiado tiempo tuve la oportunidad de entrevistar a la autora chilena, Claudia Apablaza. En dicha conversación hablamos de los géneros, de su mezcla y también de la forma de plantear una novela lejos de la linealidad, de la fragmentación. Todo ello tomando como base su última obra, Diario de las especies. Vicente Luis Mora utiliza de forma similar algunos planteamientos fragmentarios, huyendo de la linealidad, de la narración tradicional, incorporando los formatos de los blogs, de los chats y de otras herramientas de internet. Al igual que Apablaza, que utilizaba una forma de narrar basada en el relato a pedazos a través de los post de los blogs, Vicente Luis Mora incorpora las voces de diversos personajes que se expresan a través de otros medios. Aparece el lenguaje directo del chat, un lenguaje espontáneo, que apenas tiene filtros, rápido, unas veces demasiado sincero y falto de control. También aparece la escritura más reposada del diario. A ellos se le incorpora la noticia periodística y, por encima de todos, el formato de revista, pues Alba Cromm está planteado como si fuera una revista, Upman. Un número extraordinario. Encontramos secciones, anuncios –que el autor ha dotado a veces de un corrosivo humor- noticias, reportajes, cartas al director y un editorial.


Vayamos por partes. Alba Cromm es una novela. Su argumento es básicamente sencillo. Una inspectora de policía, Alba Cromm, especialista en delitos informáticos, se dedica a investigar un caso de pederastia en la red y para ello tendrá que enfrentarse a un hacker. Todo mezclado con las diversas vicisitudes del pasado y presente de la protagonista: su dificultad para relacionarse con el sexo masculino, sus recuerdos del pasado como militar, sus visitas a la psicóloga y amiga…

Alba Cromm va desgranando algunas de sus preocupaciones a través de un diario y en un blog.


Del argumento poco que añadir. De la forma, mucho que decir, porque Vicente Luis Mora ha hecho un trabajo milimétrico al imaginar una revista desde su grafismo, composición, secciones, hasta el mínimo detalle, sabiendo que posteriormente tenía que integrar en esa revista su novela. Casi estamos hablando de un metagénero, una novela dentro de una publicación periódica. En ese punto debemos considerar que ha inventado un nuevo formato. Y no es extraño dada su preocupación por las pasarelas entre obras del mismo género e, incluso, de géneros y formatos diferentes ya sean gráficos, audiovisuales o sonoros. En esa contemplación del arte como un todo -él habla a menudo de una pangea- cabe pensar que una novela no es un género estricto, sino más bien un gran saco donde todo es posible, definición que ya utilizara Baroja hace ya bastantes años, una pasarela para el conocimiento de todo lo que nos rodea, de todo el arte que nos rodea, de todo el mundo que nos rodea. ¿O acaso el arte no es parte del mundo y el mundo no puede ser parte del arte? Siguiendo su propia tarea de construcción de pasarelas es donde la realidad de su novela, Alba Cromm, cobra verdadera entereza y consistencia. Tarea que debe dar que pensar más allá del propio argumento. Porque Vicente Luis Mora nos habla de la imposibilidad de contar una historia a partir de un único relato, no sólo a través de los diversos puntos de vista de los protagonistas, sino también desde los diversos medios de expresión que hoy en día manejamos. Pone de relieve la imposibilidad de la linealidad de la visión, pues incluso aquella persona que contempla una pantalla de televisión tiene la capacidad de cambiar de canal ilimitadamente. Vicente Luis Mora relata cambiando constantemente de canal e, indirectamente, introduce el concepto de zapping novelístico. Algo más que singular porque, incluso, al igual que en la vida real, la novela puede contener su propio ruido, en este caso ruido literario. ¿Y que es sino cada uno de esos anuncios que interrumpen la lectura del libro? Para un lingüista sería evidente: ruido que se introduce en el canal. Ruido que atenúa o nos distrae del mensaje principal. Pero, asumiendo que la propia lectura contiene ruido, incluso ese ruido constituye sus propios mensajes. Unos humorísticos y otros informativos. Anuncios, elementos externos a la novela, que, sin embargo contienen visiones del mundo que preocupan al autor: los residuos y su reciclaje (p 44), la deshumanización de la familia (p.65), la violencia (p.88), la situación económica (p.90) y la preocupación por la salud y la estética (p.207).


Por otro lado, la narración no termina en el libro que leemos. Porque el autor nos tiene preparada otra sorpresa. La narración continúa a través de la blogosfera en las bitácoras que dos de sus personajes tienen en internet. Y esos blogs continuarían en tanto que el autor lo deseara. Juego que ya puso en práctica Apablaza en el libro antes mencionado. Por lo tanto, el autor revienta también el formato de la obra de la obra, o de la metaobra, pues cuando uno adquiere el libro se apercibe de que la obra no está completa, o que, al menos, tiene continuidad en otro espacio, en otro formato. Juego que da lugar a muchas posibilidades que quizá no muchos autores ni editoriales hayan contemplado creando productos mixtura.


Algunas otros aspectos a analizar. ¿Dada la dificultad de relación de la protagonista con el sexo masculino, por qué plantear la novela dentro de una revista masculina de carácter bastante retrógrado y machista? Ver el editorial de la revista, páginas 13 a 18 o las cartas al director en las página 44 o, simplemente, que el siguiente número de la revista esté dedicado a Rocco Siffredi que para el año 2018 seguro que no estará ya de tan buen ver.


Y para aquellos lectores dados a buscar los gazapos, en este caso más que provocados, les sugiero que lean atentamente la última página, que anuncia el siguiente número de la revista Upman, y en la que seguramente encontrarán diversos nombres conocidos. O la demoledora crítica que uno de los personajes hace de un libro del propio autor, página 129.


Un consejo: No se pierdan la entrevista con Bigfood y adivinen quién se esconde tras la fotografía (154-7).

jueves, 9 de septiembre de 2010

ASÍ ÉRAMOS DE JESÚS CAUDEVILLA


Así éramos
Jesús Caudevilla
Ed. Aladena, 2010.
276 páginas
16 euros

Durante un tiempo, quizá por la cercanía, daba la impresión de que la Dictadura de Franco y la Transición Española no eran terrenos abonados a la ficción. No hablo estrictamente de la Guerra Civil sino básicamente de lo ocurrido con posterioridad. Últimamente, sin embargo, la televisión nos ha ofrecido algunas historias exitosas que tienden a contar de una u otra forma lo que fueron aquellos años. Nada más hay que recordar Cuéntame o también Amar en tiempos revueltos. La novela Así éramos de Jesús Caudevilla (1953) tiene algo de ambas. En primer lugar porque el tiempo en que transcurre es el de los últimos años de la dictadura, tiempo que también es el hilo conductor en las series mencionadas. También el argumento fundamental de la historia hace referencia a un amor adolescente que se desarrolla en ese período, durante un año, aunque la historia tenga ramificaciones posteriores.


A Jesús Caudevilla le empecé a leer a raíz de una de sus novelas, Las cañadas de Achinech (2005) basada en el concepto de ucronía. Es el autor un experimentado novelista con casi una decena de títulos en su haber.


Leyendo Así éramos ocurrirán dos cosas. Los que vivieron esa época se sentirán de nuevo rememorando aquellos momentos gracias a algunos hechos históricos que a modo de recordatorio el autor va introduciendo audazmente situándonos en el contexto. Para los que no vivieron esos años les servirá de referencia a ese cercano período de la vida de este país.


Así éramos es básicamente una novela de amor en tiempo de prohibiciones, una novela de amor juvenil. Los personajes nos parecen cercanos gracias al modo que el autor ha elegido para narrar a través de los diarios de dos adolescentes. Quizá el inconveniente sea que para intentar acercarse al carácter de esos adolescentes los textos sean en determinados momentos algo reiterativos debido a que, evidentemente, muchas de las citas se refieren a ese amor que les preocupa y les llena. Sin embargo creo que el lector habitual de historias románticas agradecerá esa reiteración y ese desmenuzamiento del proceso de enamoramiento que por respeto al texto no terminaré de desvelar.


Otro aspecto a destacar es que el proceso de enamoramiento será paralelo al del descubrimiento de la lucha política a través del Partido Comunista y su rama catalana (Partit Socialista Unificat de Catalunya, PSUC) durante la época en que los partidos estaban prohibidos. Esa vivencia de la clandestinidad, de la época en que los mensajes y consignas corrían a través de las pintadas y octavillas es uno de los aspectos más relevantes de la novela y debido a la precisión de fechas y hechos me atrevo a pensar que o bien era un tema que el autor ha vivido o muy buena ha sido la recopilación en la hemeroteca.


También destacan las vivencias durante el Servicio Militar ahora que toda una generación no sabe en qué consistía.


En fin, libro para recordar y revivir con una historia de por medio que agradará al lector romántico.

martes, 17 de agosto de 2010

AELITA DE ALEXÉI TOLSTÓI


Aelita
Alexéi Tolstói
Ed. Nevsky Prospects, 2010
Traducción: Marta Sánchez y Nieves Fernández
281 pp.
16 euros

Mucha ha sido la fascinación que literariamente ha provocado el viaje espacial desde que Julio Verne hiciera de él una novela en De la Tierra a la Luna (1865) y también mucho lo que se ha fantaseado sobre lo que en el espacio íbamos a encontrar, no siempre con visiones positivas, más bien al contrario desde La guerra de los mundos (1898) de H.G.Wells. Casualmente La guerra de los mundos también nos da una visión de lo que de Marte podíamos esperar. No obstante, en el mundo de la extinta Unión Soviética, la visión que se tenía de Marte viene dada por otras novelas. Recordar la fantástica Estrella roja (1908) de Alexánder Bogdánov, también editada por Nevsky Prospects, que, en este caso, es un referente más cercano para explicar esta Aelita (1922) de Alexéi Tolstói (1833-1945). Pero antes de adentrarnos en estas disquisiciones, pensemos un momento, desde nuestra perspectiva de lectores españoles, en algunos referentes previos, porque, pese a que la novela de Tolstói es muy anterior, a nosotros nos ha llegado mucho después cuando otras obras posteriores eran más que conocidas. A mi mente llegan la fantástica narración de Ray Bradbury, hoy en día un clásico, Crónicas marcianas (1950) o la humorística Marciano vete a casa (1955) de Frederic Brown o la más cercana trilogía de Kim Stanley Robinson, Marte rojo (1992), Marte verde (1993), Marte azul (1996) que abarca la vida humana en Marte durante un período de 35 años y que fue elogiada por Arthur C. Clarke como la mejor novela de la colonización de Marte. Seguramente el lector encontrará muchísimos más referentes con los que completar esta improvisada lista. Por eso es mejor leer la novela de Tolstói como un clásico que nos ha llegado tarde.


Hablábamos de la obra de Alexánder Bogdánov porque es anterior a la de Alexéi Tolstói y debo remarcar un par de aspectos en común: uno muy claro que es que habla de un viaje a Marte. Y otro más de profundidad, pues contiene una carga político-ideológica revolucionaria muy acorde con los sucesos que acompañaron a la creación y los primeros años de la Unión Soviética. Estos aspectos son también remarcables, quizá de una forma un tanto menos diseñada o esquematizada, en Aelita.


¿Cuál es el argumento de Aelita? Básicamente es la historia de un ingeniero que sueña con viajar a Marte para lo cual recluta a un antiguo soldado recién licenciado. En Marte encontrará un mundo que le abrirá los ojos sobre lo que dejó en la Tierra pero que, al mismo tiempo, le permitirá abrir su corazón maltrecho al amor de una marciana. Porque Aelita, bajo esa capa de ciencia ficción y de revolución, es básicamente una historia de amor. Una historia de amor que redime al protagonista, Loss, tras la muerte de su mujer, en un proceso similar al que sufre Martin Eden, héroe de la obra de Jack London, respecto de Ruth.


La novela de Tolstói tiene muchos paralelismos con obras como la de London, en cuanto a la expresión de ese proceso revolucionario que también existe en Estrella roja. Igualmente con respecto a esa inocencia que existe en la narración de la historia, a veces un poco primitiva, otras quizá un poco naif. Por otro lado, el relato nos sorprende inicialmente con toda una jerga hard o científica, como en Estrella roja, que llega a hacer a ratos demasiado lenta la narración.


Pasado un primer tercio de la novela, la sensación de encontrarnos con un texto de ciencia ficción excesivamente duro desaparece para dar paso a un texto más alegórico-legendario en donde el autor a través de la narración de Aelita y de las reflexiones de Loss, el ingeniero, y de Gúsev, el soldado, nos adentramos en la cultura marciana. Una narración a veces demasiado lenta y no siempre bien llevada, que da paso al tercio más significativo e interesante de la novela en donde se encuentra la historia de amor y el desenlace revolucionario. Destacar el final en el que, con maestría, el autor se reserva información para dejarla caer como una bomba de aviación en el momento justo. Buena conclusión, bien llevada y ciertamente sorpresiva.


Prepárese el lector que desee enfrentarse al texto de Tolstói para leer un clásico como los de Verne, H.G.Wells o, incluso, Rider Haggard

martes, 3 de agosto de 2010

CUADERNO DE NOTAS DE ANTÓN CHÉJOV


Cuaderno de notas
Antón Chéjov
Traducción de Leopoldo Brizuela
Ed. Páginas de Espuma-La Compañía, 2010
187 pp
9,90 euros



¿Qué escritor no desearía conseguir el éxito leyendo un sencillo manuscrito? Encontrar las dosis justas que necesite cada una de las narraciones. Saber de qué modo se cuecen las obras maestras, el modo de operar del cerebro de los grandes genios, la forma de trabajar, los detalles a incluir, el material a desechar… Este conjunto de cosas son las que uno puede encontrar, nada más y nada menos, en este pequeño Cuaderno de notas de Anton Chéjov. Un pequeño libro que en poco más de ciento ochenta páginas da cuenta de algunas de las genialidades de este maestro del cuento y excelente autor teatral.


Unas veces nos encontramos con escenas a medio hacer, en otras ocasiones son variaciones sobre el mismo tema, juegos sobre las posibilidades que puede tener una escena teatral o un fragmento de cuento. Uno se apercibe de la minuciosidad de orfebre con la que Chéjov trabajaba. Lo anotaba todo: precios, rasgos de los rostros, fragmentos de una esquina, detalles de un callejón, de una luz o de una casa. Todo se encuentra ahí. Y si uno sabe leer bien, entre líneas se apercibe de que para este autor la ocurrencia no debía constituir lo único. Había grandes dosis de trabajo, de dudas, de variaciones, de documentación y muchísimos detalles.


Otras de las cosas que a uno se le quedan grabadas al leerlas son esas frases lapidarias, esos golpes de humor, o de genialidad, de reflexión y de lucidez.


Algunas muestras de lucidez:


“… la igualdad de los hombres jamás será posible. La desigualdad debe considerarse, por tanto, como una ley inmodificable de la naturaleza. Pero nosotros somos capaces de volver inocua esta desigualdad (…) A este respecto, la educación y la cultura harán grandes conquistas.” (p.22)


“Lo nacional no tiene nada que ver con lo científico” (p. 67)


“El hombre no abre los ojos hasta que no es infeliz” (p.160)

Otras tantas de humor:


“Envidia tanto que bizquea” (p.24)


“No tener caballo se dice aquí poner a cuatro patas a la paisana” (p.29)


“Son formidables los alemanes, hablan del precio de la lana… mientras que nosotros, los rusos, nos enzarzamos a discutir sobre la liberación de la mujer (…)”( p. 38)

Y la sátira con crítica:


“Los curas y los actores tienen muchas cosas en común”(p.45)

Y consejos:


“La buena educación no consiste en no manchar el mantel con salsa, sino en aparentar que uno no ha visto nada cuando otro hace algo así”(p. 57)

Quizá lo único criticable es lo deslavazado del texto. La falta de unión entre unos fragmentos y otros, como seguramente corresponde a un cuaderno. Pero este pequeño libro es una de aquellas joyitas para leer con calma, para aprender, para llenarse de sabiduría… Un libro imprescindible para cualquier escritor y para los interesados en la obra del maestro ruso. Un libro al que acudirán muchos autores cuando no encuentren frases lapidarias con las que adornar su discurso. Ya saben, Cuaderno de notas de Anton Chéjov.