martes, 31 de enero de 2012

TRANSICIONES ENTRE POEMARIOS


Varios son los libros que me van llegando y que por uno u otro motivo van quedando atrás, relegados en una montaña que poco a poco se va formando. Pero hay un momento, en el que, revolviendo entre ellos con el fin de buscar uno u otro –las más de las veces sin encontrarlo- acabo dando con aquello que dejé allí encima para acordarme, por estar a la vista, y sin apercibirme de que lo que hoy está a la vista mañana estará enterrado entre otros tantos libros.


Tres son los poemarios elegidos para este Transiciones que excepcionalmente no trazará sendas de uno a otro libro sino que descubrirá los matices de cada uno de ellos poniendo de relieve, en este caso, las diferencias.


Tomo en primer lugar el libro Todas las lunas de Yolanda Gutiérrez Martos, poemario que ya es el tercero de esta autora. Tuve la ocasión de leer el primero que editó, Terrapromesa, y creo decir bien si destaco su crecimiento literario. La autora no abandona la línea intimista de su literatura, si bien cada vez profundiza un poco más en sus versos. No deja de haber referencias a la poesía romántica, a Bécquer, a las que ha añadido otras tantas a Benedetti, a Huidobro o a Cernuda. Versos cálidos unas veces, otras contienen cierta amargura. Versos que van evolucionando y que vienen a demostrar que la autora tiene todavía un largo camino que recorrer. Son poemas que nacen desde la sinceridad, huyendo del artificio retórico, de las metáforas. A veces la autora gusta de reiterar sus ideas. Es fácil encontrar repeticiones, reiteraciones y anáforas. Me ha gustado especialmente el poema Los renglones torcidos (p. 32) en el que Yolanda Gutiérrez hace referencia a las dificultades que tiene para escribir –la autora es una militante en la lucha por dar a conocer los efectos de la dislexia y hay otro poema en el que habla también explícitamente de ella, Dislexia en palabras- y el modo en el que las va superando.

Hay también nostalgia en sus versos, del tiempo y de los momentos pasados (p. 42):

“Vuelven a caérseme las horas,

de nuevo

abro los ojos

y las recojo con nostalgia

Mientras el aroma se extravía”

Y acaba encontrando uno el oficio en algunos cierres destacables (p.57)

“Tiempo que no es mío,

solo

un transeúnte en mis horas.

Inexorable.

Y a veces, tardío”




Es el poemario de José Luis García Herrera(1964), El recinto del fuego, un poemario más reposado, no en vano el autor tiene en su haber más de una decena de libros. El presente fue premiado por el Ateneo Guipuzcoano en el año 2007 como ganador en el Premio Internacional de poesía erótica-amorosa. Es pues un libro que canta al amor y se centra en el amor erótico. El autor traza un itinerario amoroso que va a la par de un itinerario a través de puntos geográficos junto al mar. García Herrera los va recorriendo y vuelve a unos una y otra vez con denuedo, porque sabe encontrar el momento en el que la pasión se desbocó.

Sus versos son versos llenos de palabras, a veces quizá excesivos, derramados. De una calidez que atrapa y desborda. Porque el amor está concebido como un estallido de sentimientos, como las olas y el mar a los que alude continuamente a través de ese itinerario geográfico que es también un itinerario a recorrer en el cuerpo de una mujer. La reiteración de determinadas palabras da el tono del libro: sangre, besos, carne, olas, labios, torso, desnudez…

El verso de García Herrera es un verso muy cuidado. El autor selecciona las palabras y acaba embrujando con el derroche de melosidad que destilan sus versos. Y no sé por qué razón su poemario me ha llevado a recordar ese otro del gran Vicente Aleixandre titulado La destrucción o el amor.

El verso de José Luis García Herrera es también un verso rotundo que en algunos casos prodiga unos buenos cierres (p.25):

“Solitario me alejo hacia los muelles

donde algunos balandros zozobran y gimen

su largo abatimiento de caballos apresados.

Me alejo con los brazos abiertos sobre el aire,

me retiro sin volver la mirada”

Y también este magnífico verso final (p.27):

“Ser y ser en otro, dices y eternizas”

Versos sin rima con aroma clásico.


El último poemario es bastante diferente a los anteriores en cuanto a la temática. No habla de amor aunque a veces el autor gusta de hacer alusión a él pero con un claro efecto irónico. También se diferencia en la forma. A José Icaria (1968) le preocupa mucho más el contenido y la temática que la forma, por eso el suyo es un verso libre pero desgarbado. A veces sus palabras caen como una tenaza.

Malestar en el paraíso es un poemario reivindicativo y de temática social. Su propio título lo indica. Por cierto, gran título, porque sirve para dar el tono del contenido y a la vez mostrar algo del sarcasmo del autor. Vivimos en un mundo que nos presentaban como un paraíso, pero en él encontramos la injusticia, la violencia y el malestar.

Son sus versos desde el propio título un compendio de violencia derramada hasta llegar en algunos casos a la escatología porque en el imaginario del autor debe explicarse todo. Versos que son contundentes en su expresión (p.11):

“Pero, al día siguiente, despierto en mi cama

intacto

y con el alma vacía”

Y a veces excesivos (p.25):

“pero te llevo dentro de mí

como el jugo de mis huesos”:

También cargados de rabia (p.30):

“Hemos vendido a sus hijos,

prostituido a sus madres,

asesinado a sus padres”

En sus palabras no se vislumbra esperanza alguna, porque el paraíso se da por perdido, quizá como el de Milton. No hay tiempo para la ensoñación (p.32):

“y de repente, otra vez,

con los huesos a la intemperie

y con la muerte, socavando nuestros pies”

Recomiendo especialmente el poema Ah, la España profunda que refleja acertadamente el sentir del libro. Y para finalizar una muestra de la ironía del autor en este poema denominado Una sana costumbre (p.44):

“Cuando volvíamos de vacaciones,

mi padre tenía la sana costumbre

de castigarnos sin motivo,

no fuésemos a pensar

que la vida era una fiesta”



Yolanda Gutiérrez Martos, Todas las lunas, Abey ediciones, 2011, 79 pp.

José Luis García Herrera, El recinto del fuego, Huerga y Fierro editores, 2008, 76 pp.

José Icaria, Malestar en el paraíso, Poesía Aude,2008, 62 pp.

jueves, 19 de enero de 2012

LA REALIDAD ES OTRA DE ALBERT LLADÓ


La realidad es otra. Aforismos, greguerías y otras emergencias.
Albert Lladó
Prólogo de Agustín Calvo Galán
Fotografías de David Lladó
Editorial A Fortiori, 2010.
79 páginas.
9,50 euros

La realidad es otra es un libro particular. Digo particular porque practica un género literario que no posee una nómina muy larga de autores. Y, sin embargo, La realidad es otra, dicho para empezar, es un libro altamente recomendable. Para empezar contiene un estupendo prólogo de Agustín Calvo Galán que traza un recorrido sobre el significado del aforismo, pues de aforismos trata el libro. Algunas ideas destacables de este prólogo para hacernos a la idea del lo que nos encontraremos a continuación (p.6):

-El aforismo pretende subvertir o evidenciar la realidad.

-El aforismo ha de ser como un ensayo pero en su mínima expresión.

Me consta, y así lo atestigua el prologuista, la admiración que Albert Lladó profesa a uno de los grandes aforistas de la lengua española: Ramón Gómez de la Serna. De hecho hay pruebas de sus greguerías en las palabras del autor. Así pues nos encontramos ante un libro de pequeñas certezas, de frases que ayudan a expandir la mente, de sentencias que a veces son como un mazazo y otras que son como grandes sonrisas. A todas estas palabras también les acompañan otros tantos mensajes en forma de fotografías de la mano de David Lladó. El paciente lector también sabrá encontrar microrrelatos, historias contadas en pocas palabras pero que en sí mismas contienen un inicio, un desarrollo y un desenlace. Pequeñas perlas con un significado completo. Y para ello A.Lladó busca del artificio necesario para mejor expresar la idea. Así hay paradojas (p.12):

“¿Existen las verdades absolutas? Absolutamente no”

Circunloquios (p.12):

“Sólo sé que Sócrates sólo sabía que no sabía nada”

Consejos (p.15):

“El escritor debe fijarse en sus primeros defectos, y potenciarlos. Sólo así se puede llegar al estilo propio”

Ironía (p.16):

“Monarquía: forma de gobierno de los primates”

Microcuento (p.19):

“Siempre olía a grasa. Porque se bañaba con jamón”

Poema (p.25):

“La fiebre cabalga por el desierto, en una cama de dunas,

como una púber que aletea sus piernas,

aunque disfrazada de dama blanca”

Reflexión (p.30):

“El objetivo de la cultura no es descubrir la verdad, sino arañar ciertas mentiras”

Un claro homenaje a Gómez de la Serna en forma de moderna greguería (p.45):

“El secador de jamones es un armario de camisas comestibles”

O en(p.49) :

“La escoba tiene las pestañas sucias”

O verdades como puños en este aforismo, uno de mis favoritos, cargado de realidad (p.69):

“El primer “usted” que le dedican a uno

es un espejo sonoro del paso del tiempo”

Tan pocas palabras nunca contuvieron tantos y tan interesantes mensajes. La realidad es otra. Cuatrocientos aforismos que son mucho más que cuatrocientas frases y que cada lector acomodará como desee a sus normas de actuación. Disfrútenlas pues y piensen, de ello se trata.


jueves, 12 de enero de 2012

CRUZAR EL UMBRAL DE INMA ARRABAL

Cruzar el umbral
Inma Arrabal
Ed. Huerga y Fierro, 2011
73 pp
12 euros

Los que hemos seguido la obra poética de Inma Arrabal – Amayamar, Los que no volvimos, La poesía es una enfermedad cardiovascular- quizá nos sorprenda esta última vuelta de tuerca que nos viene dada a través de este poemario titulado Cruzar el umbral.

En primer lugar debería decir que me ha llamado la atención sobremanera algo que no había observado en poemarios anteriores y quizá tenga que ver con el momento histórico que nos ha tocado vivir. Inma Arrabal, hasta ahora, había diseñado unos textos donde su mundo interior, ese ambiente intimista y la realidad personal constituían un universo. Ahora le ha añadido el universo externo a ella. Si estuviéramos en una clase de matemáticas, de aquellas que recibimos de pequeños cuando nos explicaban la teoría de conjuntos, diríamos que Arrabal nos ha creado un poemario que establece una intersección entre su mundo interior y el exterior. Es una novedad y una sorpresa que particularmente celebro. Eso no significa en absoluto que la autora haya abandonado su habitual lenguaje, su forma y expresión que la caracteriza, su estilo propio. En absoluto. De ello hay muestras y el lector habitual de Arrabal no lo echará de menos. Tan solo añadirá un elemento más a la ensalada.

En esa comunicación con el mundo exterior, cada vez más agresivo y más insolidario, Inma Arrabal establece a veces un cierto tono de denuncia y para ello –creo que también es una novedad- utiliza una forma mucho más simplificada, mucho menos elaborada, más cercana –incluso para los no lectores de poesía- como si con palabras más sencillas pudieran aprehender con mayor facilidad esa otra realidad que le ha tocado vivir, con poemas mucho más narrativos.

Quizá es ahí en donde alcanza más fuerza, en ese despliegue de rabia, de impotencia, casi de insulto sin insultar, de indignación (p 21):

“ a que las guerras sean el pan nuestro de cada día

a que algunos discursos huelan a muerte, ambición y poder”

O también en (p.23):

“la justicia ha venido a despertarme

con sus labios llenos de ponzoña”

Alguien pensará que no son sus versos más elaborados, ni siquiera los más sensibles ni los más profundos, pero nadie podrá quitarles su autenticidad, su sinceridad, su rabia…

Capítulo aparte merece esa otra voz que, a través de los versos finales entre paréntesis de algunos poemas, parece situar el escenario final, la guinda, lo que nadie se atreve a decir ni aclarar, la última verdad, la razón de la locura –recuerdo de La poesía es una enfermedad cardiovascular sus últimos desatinos: aquí no hay desatinos, aquí hay verdad descarnada- (p.30):

“Pero yo sé, que las manos las lleva llenas de preguntas obvias,

como lo están en mi mente algunas respuestas inútiles…)

Todo esto en un poemario que la autora divide en tres partes. La primera más centrada en el mundo exterior, una segunda que parece funcionar como un espacio de transición y la tercera que encuentra a la Inma Arrabal más personal, más íntima, más hacia adentro. Es en esta última parte donde el lector habitual encontrará los textos que hacen de puente con otros poemarios anteriores. Textos que van dedicados a la familia, a los más cercanos y a los que se fueron, hilo conductor que Arrabal traza con eficacia en una buena parte de su obra literaria. La pérdida, el reencuentro con lo que tenemos y la apreciación de lo que el mundo que nos rodea nos aporta.

Libro de temáticas diversas donde uno puede encontrar algunos de los universales de la literatura, que la autora sabe conjugar con acierto, eficacia y sencillez. Gusta de leer y releer desde la indignación hacia el amor.

martes, 3 de enero de 2012

AL BORDE DEL TIEMPO AZUL DE SERGIO ARRIETA


Al borde del tiempo azul
Sergio Arrieta
Nautical Union Works editorial, 2011.
92 pp.
14 euros ( 9,90 ebook)



Si tuviera que hablar del poemario Al borde del tiempo azul a un extraterrestre previamente tendría que explicarle lo que significa la palabra desconcierto. Y supongo que me costaría, pero luego tendría que explicarle una de las bases del poemario: el trinomio religión-mitología-arcaísmo. En fin, Al borde del tiempo azul es toda una mélange entre La Biblia y El señor de los anillos. Y de ahí mi desconcierto. Tenemos dioses, walkirias, ángeles, almas, elfos, brujas, sirenas, magos, etc…

Dicen que en tiempos de crisis hay una tendencia creciente a la evasión y podría parecer que Al borde del tiempo azul, en lo que se refiere al azul, hace más referencia al cielo que al mar. Pero no es así. En el prólogo el propio autor explica la razón del color azul y el porqué de la división del poemario en dos partes. Y no es que siempre el tema central de los poemas tenga únicamente una tendencia hacia la evasión, hacia el escapismo. El propio autor también se siente preocupado por el tiempo que le ha tocado vivir y hace algunas alusiones al mismo (p.30):

“Juglares del politiqueo (…)

Equilibristas de corrupciones (…)”

Ya digo que no es lo habitual. El propio autor reconoce una deuda con Bécquer y su estilo también está presente en sus versos (p.54):

“Pero ando,

caballero moderno,

herido en el centro,

más derecho”

O en (p.55):

“(…)porque llegaba la primavera

a lomo de pájaro”

Y también en (p.26):

“Y Tú eras su único astro,

aunque no eras sol.”

Hay un gusto por lo arcaico y en determinados momentos por lo barroco y ampuloso(p. 88):

“Todo presente ya es viejo galeón,

redondo cual un sueño

que giraría alrededor de sí mismo”

Y también en adjetivaciones como “fragancias níveas” (p.83) o en los siguientes versos (p.80):

“Aquella barca de calma

abre la tinta en estelas.

Se escurre sobre el ébano

del espejo de almas de humos”

También hay alguna polémica y contundente reflexión (p.56):

“Cuando los pueblos son víctimas

de sus gobernantes, éstos lo son

de la historia de sus pueblos”

Y algunos de los cierres de poema más afortunados (p.14):

“Fue cuando sentimos el viento

en nuestros pobres rostros.

Y la imperiosa necesidad

de dejar los arroyos de barro y sangre”

Y también (p.13):

“Subió la sangre al igual

que en pozos de carne,

hirvió en manos y cráneos.

Quería volver a la mar”

Para terminar algo del poema Los cuatro elementos para captar el tono del poemario. Aquí a modo de diálogo (p.34):

“-Soy hija de elfo, nieta de bruja. Sirena

soy, sin alumbrar.

-¡No existís! ¡no existís!

-Te ahoga más tu ignorancia que la mar.

-Quienquiera que seas, devuélveme el aire, a la

tierra.

-Ven conmigo y te daré niñas mitad tú, mitad yo.

Serán como ambos. Aire y agua. Ven, acepta el

pacto”




lunes, 26 de diciembre de 2011

LA INUNDACIÓN DE YEVGUENI ZAMIATIN



La inundación
Yevgueni Zamiatin
Traducción de Marta Rebón
Prólogo de Marta Rebón y Ferran Mateo
Ed. Alfabia, 2010
85 pp
13 euros 
Este pequeño librito, que presupongo es bastante desconocido para el lector español, es toda una joya. Es verdad que su autor, Zamiatin, siempre ha quedado en una segunda fila en la fotografía de la potente literatura rusa del XIX tras los Dostoievski, Tolstoi, Chéjov, Gorki, Bulgakov, etc… Y no es que el argumento de La inundación sea extremadamente complicado, más bien al contrario. La historia de la inundación de un río, el Nevá, tras la que se esconde un drama de infidelidad, de celos y de palabras no dichas.  Lo magistral del texto es la capacidad de Zamiatin de penetrar en la psicología de los personajes, sobre todo de Sofía. De bucear en sus pensamientos e ideas para crear una historia en nada lejana a pesar  de esos aproximadamente ochenta años transcurridos desde su escritura. Una historia a medio camino entre la intriga y la novela psicológica.
Trofim Ivánich es un trabajador casado con Sofía y con la cual no ha logrado tener ningún hijo. En el piso de arriba de la misma vivienda se encuentra Ganka, una joven que ha quedado huérfana, y que viene a unirse a la pareja tras quedarse en esta situación de soledad e indefensión. Aquí se inicia un loco amor de Trofim por Ganka que es descubierto por Sofía. En ese momento los hechos se precipitan. Al poco sobreviene la inundación que es también la forma, la metáfora, con la que el autor va asociando los sentimientos in crescendo de Sofía hasta un nuevo episodio inundatorio y el desenlace final.
Uno de los aspectos destacables de la manera de plantear la novela es una linealidad simple, así como un círculo de personajes relativamente corto, que creo no llega a la decena, siendo tres los importantes. Con este equipaje narrativo la parte más complicada sobreviene al ir tensando la relación y, evidentemente, en el desenlace final que Zamiatin maneja con maestría. A veces da la impresión de encontrarse uno con las visicitudes de Kurtz en El corazón de las tinieblas, en esa especie de demonio que llevamos dentro incluso las criaturas más angelicales. El realismo que refleja el ruso es uno de los puntos a destacar que acercan la narración al lector poniéndole en un brete.
Disfrutará también la lectora de novelas victorianas a mi modo de ver por el protagonismo que alcanzan los personajes femeninos, Ganka y Sofía, y por el fiel reflejo de la dureza de la vida de las mujeres en aquel pasado siglo XIX y principios del XX. Es pues, desde este otro punto de vista, una lectura más que recomendable también para las lectoras que quieran ahondar en el machismo imperante y las duras condiciones de vida a la que la mujer rusa estaba sometida.
Recomendación aparte merece el prólogo de Marta Rebón y Ferran Mateo para entender el universo literario en el que se encontraba Zamiatin y sus vicisitudes desde la admiración revolucionaria hasta su exilio.
Disfruten así lectores y lectoras de esta pequeña obra, no por pequeña  menos importante.

lunes, 12 de diciembre de 2011

AMOR DE ARTUR DE X.L. MÉNDEZ FERRÍN


Amor de Artur
X.L. Méndez Ferrín
Traducción de Moncha Fuentes
y de Xavier R. Baixeras
Introducción de Constantino Bértolo
Ed. Impedimenta, 2009
170 pp
17,90 euros

X.L.Méndez Ferrín es una autor consagrado dentro de las letras gallegas, una voz de referencia, incluso ha sido propuesto diversas veces para el Premio Nobel de Literatura, pero quizá un poco menos conocido en el resto del país. Con Amor de Artur, libro escrito hace más de veinte años y reeditado por Impedimenta, descubrimos el mundo mítico del autor. Un mundo que en realidad no existe, más que en la mente del escritor, aunque quizá en la mítica Tagen Ata, lugar en el transcurren los cuentos de Amor de Artur, confluyen características de un territorio a veces reconocible como la Galicia de las leyendas, del pasado celta, lejos de los tópicos de los gallegos, del pensamiento conservador y del lugar donde nació un dictador. No en vano el autor, X.L. Méndez Ferrín, ha militado en partidos políticos de cariz independentista gallego. Esa intrahistoria política, convertida en filamento literario, se palpa en los cuentos en los que uno se adentra para encontrar a veces pequeñas historias y, otras veces, narraciones de carácter legendario.
Antes de adentrarme en el contenido del libro, no quiero dejar de destacar el interesantísimo prólogo de Constantino Bértolo que critica la tendencia centrípeta a excluir las otras literaturas por excéntricas. Destaca el papel de Méndez Ferrín dentro de la narrativa gallega y, asimismo, de la española, aunque haya todavía muchos que no quieran saber que la periferia, en algunos autores, se constituye en centro. Bien por ese prólogo valiente.
Componen este libro cinco cuentos, uno de los cuales, el primero, da título al conjunto, Amor de Artur. El volumen se inicia nada menos que con la reinterpretación de un mito artúrico. El autor para ello se sitúa en un estilo a veces demasiado arcaico y su lectura se hace lenta. Es uno de los aspectos que uno detecta en seguida. Méndez Ferrín se demora con las palabras y las descripciones. El lector ávido de este tipo de narrativa encontrará en el gallego un pozo.
Los cuentos restantes hablan de realidades e historias diversas. En Familia de agrimensores encontramos la extraña relación de dos mujeres que entran en contacto. Una, huyendo del recuerdo de una guerra, la otra la toma a su servicio. El ambiente de posguerra, bien trazado, nos recuerda quizá una guerra muy cercana a pesar de que no debemos olvidar nunca que hablamos de Tagen Ata, ese territorio mítico que, tal vez, sólo existe en la mente del autor.
En Calidad y dureza la extraña búsqueda de un autor que se convierte en obsesión, tras el cual se esconde el mito de Tagen Ata y de su cultura. Mito que trasluce la necesidad de encontrar los orígenes. De hecho es uno de los temas recurrentes en este libro, cuento a cuento.
En Extinción de contactos el protagonista es un cantante que, bajo el recuerdo de Tagen Ata, disfruta de una vida nada saludable inducido al vicio de sexo y alcohol. Un cantante famoso con una remembranza común a los personajes de este libro.
El último relato, Fría Hortensia, quizá  es el de mayor intensidad,  también uno de los más largos y que constituyen la base, junto con el primero de este libro. Siguiendo la estela de los anteriores tiene detrás todo un mundo mítico y lleno de sensaciones. En este cuento, una anciana mujer, algo así como una bruja, cita en su casa a un conjunto de adolescentes para narrarles una historia antigua, muy antigua. Una de esas historias que abren caminos y donde se entremezclan otras tantas cosas.
En  resumidas cuentas, Amor de Artur contiene cinco relatos que bajo un universo mítico, con gran dominio del lenguaje, los símbolos y la sensualidad, nos acerca a esa tierra legendaria llamada Tagen Ata. ¿Quieren descubrirla?

lunes, 21 de noviembre de 2011

EPIGRAFÍAS DE MANUEL RIVERA MORAL


Epigrafías
Manuel Rivera Moral
Silva Ed, 2011
77 pp.
10 euros

Trazar una ruta por lugares que el autor considera imprescindibles o quizá llegar a conocer a los personajes que a Manuel Rivera Moral (1962), autor del poemario Epigrafías, le parecen importantes. No siempre lugares especialmente conocidos ni personajes necesariamente muy renombrados. Epigrafías parece recorrer el epitelio literario del autor.

Dice la Real Academia de la Lengua en su diccionario que epigrafía es la ciencia cuyo objeto es conocer e interpretar las inscripciones. Sin duda de inscripciones hablamos pero también de huellas, de testimonios, de palabras que el tiempo deja, de historias que el viento trae.

Divide el autor su libro en tres partes. La primera, plagada de escenarios -Delfos, Parnaso, Castillo de Montaigne, Central Park- y de personajes -Prometeo, Orfeo, Dylan, Sísifo, Mesalina, César-... Estos sólo en el segundo poema. De eso se trata, de interpretar lo que el autor nos acerca que no son sino pequeñas intrahistorias a las que da forma de poema. El propio Manuel Rivera nos hace partícipe de sus intenciones poéticas desde un primer momento y deja muy claro el propósito (p.9):

En un principio, escribimos
por atraer las cosas
y llevarnos la vida con nosotros.

A lo largo de los poemas, muchos de ellos arraigados en el clasicismo griego y romano, suceden pequeñas cosas. No sabemos si realmente sucedieron de ese modo, pues el autor se convierte en el cronista de estos pequeños acontecimientos (p.17):

Explica el epitafio: “conocí el aplauso del público
mas no el triunfo de haber corrido en cuadriga”.

Y uno acaba extrayendo la esencia máxima de cada pequeña historia en pocas palabras (p.18):

“si es una vergüenza
ser el segundo hombre en el Everest
tendré que vivir con esa vergüenza”

Parece que la pequeña cotidianidad se sucede en las palabras que quedan para la posteridad, trazando minúsculos y breves retratos. Retratos que son muestra de una sutil filosofía de a diario.

No huye, sin embargo, Manuel Rivera, de intentar construir puentes desde el pasado al presente - y quién sabe si al futuro- dando en el clavo con algunos versos finales que son mazazos, demostraciones fehacientes de nuestra escasa capacidad para comprendernos y comprender (p.23):

“bajorrelieves de Nínive,
galerías del Británico,
petróleo de Irak”

Y en este camino de transcripción también hay lugar para análisis y crítica (p.25):

Aquel niño que lo miraba
sin chistar,
ahora es un hombre vivido
y lleno de debates
sobre culturas, verdades
reveladas, religiones, naciones,
misiones y “pueblos elegidos”.

Ese niño, ya hombre, podría ser cualquiera de nosotros y su historia la nuestra.

Y bien, estas Epigrafías son del pasado como del presente, o de un pasado cercano. De otros países, de otras civilizaciones, ciudades o lugares, de otras épocas y también de aquí, dejando testimonio de lo que también sucede (p.31):

Manuel Benítez El Cordobés
(...)
confiesa a su compadre Camarón,
(...)
“yo nunca mate ese animal,
me acordaría por sus ojos y mi miedo”

Quizá el poema Progresión geométrica da la medida de nuestro momento y cuán revelador resulta ser para la actualidad de codicia, crisis y miseria.

Si la primera parte del libro, Fabupoemas, habla de nombres más conocidos, la segunda, Cartas y Tatuaje, nos sitúa en el lugar de los anónimos. Así encontramos finalmente un cierto humanismo de lo cotidiano (p.58):

no se llama “maestro”
a cualquiera.

Y también en (p.60):

El amor o la amistad
-ejercicios de fe y estilo-
perdieron su mayúscula.

O (p.55):

(…) que un breve y pródigo
destierro sea
el único castigo para
estos héroes ridículos.

Palabras sencillas y contundentes, sentimientos que se aferran y se revelan terriblemente humanos, angustiosamente cercanos.

Así la tercera y última parte del libro parece retomar el principio y deja buen sabor de boca en su epílogo, no en vano el autor ha trazado a lo largo del tempo del poemario toda una trayectoria de la historia de la cultura (p.76):

Valgan lo vivido, la fábula
y el garabato.

Filosofía de vida que trasciende desde el trazo elaborado hasta el más casual.

domingo, 16 de octubre de 2011

ENTREVISTA A ANTONIO JIMÉNEZ PAZ


   


El último libro que publicaste, excluyendo esta antología, Casi todo es mío, mostraba una capacidad de síntesis y de polisemias que hacía complicada la lectura por decir mucho en pocas palabras. ¿Era ese el propósito?

Ese último libro, Casi todo es mío, no puede desligarse de los anteriores, viniendo a estar cada uno construido de una forma diferente aunque uno sea su autor. Nunca hasta ahora he escrito varios libros a la vez, lo que significa que en mi caso la escritura de cada uno viene hilada por una determinada y obsesiva atmósfera, preocupándome ante todo matizar temática y estéticamente el libro anterior. Digámoslo así: mis libros se van sucediendo, resultando cada uno una vuelta de tuerca más sobre lo mismo. En este sentido es explicable esta condensación que indicas del último, porque he ido del prosaísmo a la mínima expresión. Algo me ha hecho darme cuenta que no por más palabras, más versos, se consigue decir más de lo que se pretende, hasta tal punto que esa síntesis polisémica me ha parecido más expansiva, por sus múltiples significados y porque incomoda al lector, al que dejo en sus manos la resolución del enigma propuesto, casi un puzle, pudiendo ocurrir que su interpretación no tenga nada que ver con la pretendida por mí. Y esto me gusta. Me gusta incomodar al lector, desconcertarlo, conseguir una escritura cuya lectura sea adaptable a su propia capacidad comprensiva, allá él y sus circunstancias. Pero lo que no intento nunca es dejarlo fuera. En definitiva, que en entender, lo que se dice entender, no está el problema. Cuando alguien no “entiende” un poema lo primero que ha de hacer es acudir al médico o bien buscar otra cosa con la que entretenerse. El principal problema de cualquier libro de poemas es su falta de proposición estética, de riesgo y de sustanciosidad.

En Zoo sin fauna las páginas finales contienen poemas de Casi todo es mío, pero llama la atención esa nueva vuelta de tuerca al estilo, con esos dos poemas finales que evolucionan hacia un verso menos escueto, hacia un poema más largo. ¿Será así tu próximo libro?

Si tenemos en cuenta que Zoo sin fauna de alguna manera es antes que una antología un montaje aparentemente antológico de mi obra, asuntos bien distintos, todo tiene su explicación. Podrás comprobar que es un libro que carece de introducción, de aclaraciones previas de cara al lector, sin preliminares que lo guíen, de tal manera que este puede tomárselo como si de un nuevo libro mío se tratara. Y de hecho lo es, en cuanto que se trata de un ensamblaje de poemas escogidos -no necesariamente los mejores- de mis distintos libros y sin las correspondientes notas o indicaciones ortodoxas a pie de página sobre la procedencia de cada uno. Es por eso por lo que encuentras poemas largos en él, porque proceden de mi primera publicación y de los que aquí utilizo algunos al final de Zoo sin fauna para cerrarlo. Es al fin y al cabo otra vuelta de tuerca más a mi proposición poética, un juego leve que evita lo que para algunos debería ser una antología en toda regla de un poeta... Un juego semejante lo llevé a cabo en 2003, cuando Baile del Sol me incluyó en una colección de antologías personales de poetas canarios. Tan personal fue que incluí material disperso publicado en revistas o suplementos culturales de periódicos, no solo procedentes de mis libros publicados hasta entonces, y organizándolo todo al margen de una antología al uso. Y es que pienso que las antologías son en la mayoría de casos modos instrumentales que usan los poetas para darse importancia, avisos de que cuando un poeta publica una antología de su obra es que supone que su obra es imprescindible y merece ser actualizada, al margen de que sus lectores lo crean así. Y como la opinión de los lectores no suele llegarle al poeta ya él mismo se encarga de asegurar la vigencia de su mundo poético. Y no digamos nada de los que publican sus obras completas. Lo más grave de todo es cuando ves que son los más jóvenes los que se dedican a este tipo de menesteres, lo que ya resulta algo insoportable... Otra cosa es cuando un poeta con más o menos reconocimiento y de cierta edad puede y debe hacerlo. Sin embargo yo no creo que mi obra merezca ser antologada como tal. Ni es tiempo ni se corresponde con mi forma de entender este oficio. Por eso juego con mi propia obra cuando se me ha ofrecido una de estas oportunidades y no a creerme que soy Antonio I el Grande. Es más, si me apuras mucho y me planteas qué se puede hacer con mi obra no te extrañe que te contestara que le pegues fuego. No soy de los que conciben la poesía como algo sagrado. Casi soy de usar y tirar.

Cuando se habla de la poesía canaria siempre hay una queja generalizada desde las islas a la poca atención que se presta desde la península. ¿Es necesario irse a vivir a Madrid para que a uno le hagan literariamente caso?

Bueno, yo creo que quejarnos es propio de todo bicho viviente, aunque también me parece algo ya crónico y muy propio de los poetas. Casi su oficio paralelo. Yo caí muy pronto en la cuenta de qué iba todo esto de la poesía, y que si continué fue aceptando cierto sino. No obstante, si entendemos que el poeta es un productor de libros como cualquier otro tipo de escritor a nivel pragmático los que vivimos en Canarias sí tenemos ciertas desventajas. Por mucho avance tecnológico del que presumamos no me cabe duda de que sí que continuamos a la cola de la atención editorial, simplemente porque no estamos presentes y las cañas y la diplomacia son valores en alza. Diga lo que se diga las relaciones desde Canarias son de forma obligada de otra manera y nuestros esfuerzos exigen el doble de sudor... Así que no es que tengamos que trasladarnos a Madrid o a Barcelona porque estos centros neurálgicos sean los centros de la poesía, no. Sí lo son de las editoriales, que es un asunto muy distinto. Mientras las Islas Canarias, de toda España, es el territorio más proclive por sus características a ofrecer un espectáculo volcánico, esos centros son los más dados al espectáculo del comadreo literario-poético: todos forman partes de una lectura que otra, se emborrachan juntos y comen perdices, forman camarillas donde si no cabes en esta cabes en la otra y siempre encontrarás alguna editorial a tu medida. Desde Canarias solo puedes decir “hola, ¿cómo estás?”... Yo, por ejemplo, he presentado algún que otro libro en Madrid. Y entre el público apenas he encontrado a otros poetas que acudan por curiosidad. Si va alguno es por amistad y por no dejarme solo. Sí conozco a otros canarios que por razones laborales viven allí. Y el resultado es curioso: automáticamente crecen sus contactos y les surge la posibilidad de publicar en una editorial que no sea made in Canary. Hay que tener en cuenta que en un tanto por ciento muy elevado conseguir una publicación no depende tanto del valor de tu obra sino de relaciones sociales. Esto es así aunque no se quiera hablar de ello, aparte de que resultaría hasta feo hacerlo... Pero que conste, los canarios lloramos, cierto. Por esto y por más. Lo más grave es que otros no siéndolo ni viviendo aquí sino en tales centros neurálgicos lloren más que nosotros. Eso, aparte de una falta tremenda de generosidad, es una falta de respeto.

También da la impresión de que la poesía canaria circula por otros derroteros estéticos lejos de la tan cacareada poesía de la experiencia, ¿es la especial contribución de la insularidad?

Al menos creo que estamos inmersos en un microcosmos -eso sí, abiertos al mundo-, en un cruce inclasificable de culturas que de alguna forma influye lo quieras o no en lo que hacemos, creamos. Así como podríamos aceptar que hay una forma de ser, de hablar,  no podemos obviar que todo esto participa en nuestra manera de concebir las cosas. No es que seamos especiales ni tocados por un hada madrina ni tonterías nacionalistas o cosas de este tipo, pero sí creo que de alguna forma estamos dotados de una mirada poco común a la que será cuestión, claro, de sacarle provecho (esto sería lo inteligente por nuestra parte) en nuestro beneficio, no digamos en su aplicación a los actos creativos. Ser isleño es como jugar al fútbol fuera de un campo de fútbol. Pero esto no significa que estemos liberados de la poesía de la experiencia o de la de cualquier otra etiqueta. Aquí El Corte Inglés también existe. Vivimos en otra parte del mundo que no es la habitual, pero no en el culo del mundo como se suele decir en el argot popular. Y si así fuera, no veas qué hermoso culo que de todas partes del mundo dan lo que sea por venir a veranear. Ahora en serio, el horizonte de la insularidad no es un horizonte cualquiera.





Por cierto, que siendo tantos y tan buenos los poetas canarios, y tan desconocidos en la península, ¿por qué no hay un frente común en lugar de tantas rencillas?
 
 
Tampoco te pases, Luis, que como en botica también hay de todo. Primero, no somos tantos y, segundo,  no tan buenos todos los poetas canarios. Quizá yo sea el peor ejemplo... Pero intentos ha habido, eso sí, casi todos fallidos. Sin embargo algunos debieron haber conseguido algo más de lo poco que consiguieron, otros sin embargo menos, porque también los ha habido aprovechados. Lo cierto es que ni unos ni otros apenas han tenido repercusión. Y los frentes comunes ya sabemos que son difíciles de llevar a cabo, aquí como en Pekín. De todas formas ahí están nuestros libros. Y si los libros de nuestros mejores poetas no interesan por su intrínseco valor no creo que lo mejor sea montar un pasacalles por la Gran Vía o por las Ramblas de Barcelona, aunque a lo mejor va un día y sorprendemos a toda España disfrazados de plátanos con motitas.

Estamos en una época de cambio social por lo que la crisis nos anuncia. ¿Es un buen territorio abonado para la escritura? ¿Te plantea ese cambio temas de los que hablar?

Cualquier momento, cualquier periodo por el que atraviese tanto el individuo como la sociedad es bueno y digno para la escritura. Ninguna experiencia más fuerte para el ser humano que su propia muerte y ahí está, es uno de los temas universales de la literatura... Entonces, ¿por qué no van a ser estas pequeñas muertes sociales territorios abonados para una buena literatura? ¿Por qué no ha de participar el poeta, si así lo cree necesario, con la revulsión de su obra? Eso sí, no hay que olvidar nunca que la buena literatura permanece y que el resto se lo llevará consigo la propia crisis... Yo no sé hasta qué punto sería capaz de escribir poemas tan directos, de hecho no los he escrito, pero bastante de mi poesía conlleva una crítica general soterrada aunque muchas veces no lo aparente. Y en caso de que no, es fruto a fin de cuentas de un hombre que sufre. 





Antonio, tú eres una persona que has estudiado mucho la obra de Félix Francisco Casanova, ¿qué te parece que se le empiece a reconocer como autor?

Vamos a ver, a Félix Francisco Casanova nunca se le ha dejado de reconocer. Dentro de nuestro mundo isleño no solo es desde siempre muy popular sino que incluso como autor es y ha sido un referente útil para los estudiosos, para clasificaciones de las últimas generaciones de poetas. En la poesía hecha en Canarias, por ejemplo, hay un antes y un después de él. Creo que es España quien ha descubierto de buenas a primeras que tenía -tal como lo han tildado- su particular Rimbaud, precisamente fuera de su piel de toro, y gracias al esfuerzo de algunos admiradores suyos y de la editorial Demipage que son quienes han apostado por difundirlo más allá de nuestro territorio insular. Es un ejemplo de singularidad, como si revisásemos todo nuestro pasado encontraríamos muchas más sorpresas, grandes figuras y hechos internacionales relacionados con la literatura... Vayamos hacia atrás y ahí encontramos a un Luis Feria con su Premio Adonais y dado de lado por los estupendos estudiosos de la generación española de los 50. O Manuel Padorno. Y si llegamos al modernismo nos topamos con figuras como la de Tomás Morales y Alonso Quesada... Pero dejémoslo aquí, porque si sigo es posible que me den por loco.
 
Tu obra es básicamente poética. ¿Hay algún planteamiento de pasar a otro género?

Creo que sí... Pero en estos momentos me lo estoy planteando todo, y tal vez vaya y dé el cante con algo al estilo de Paulo Coelho, o una novela de caballerías, o algo al estilo de Corín Tellado... ¿quién sabe? España entera debe estar a partir de hoy en alerta amarilla.

Muchas gracias, Antonio. Esperamos tus próximos libros con atención.

jueves, 13 de octubre de 2011

ZOO SIN FAUNA DE ANTONIO JIMÉNEZ PAZ



Zoo sin fauna

Antonio Jiménez Paz
Ed.23 escalones, 2010
67 páginas
8,9 euros
Es curiosa la querencia del autor por los animales que viene a demostrarse con este título, Zoo sin fauna, que dudo que sea casual, básicamente porque ya viene tras otro título denominado Tratado de ornitología. Y de éste último también hay una parte en Zoo sin fauna, porque el libro de Antonio Jiménez Paz es una recopilación, una selección de poemas escogidos por el propio autor de entre toda su obra. Nos encontramos así ante una variopinta gama de temas y también de estilos, pues los inicios de Antonio Jiménez Paz son bastante más barrocos y evolucionan hacia la brevedad, hacia una frase escueta en palabras -que no en significados- ya que el autor es muy dado a las polisemias, a los juegos de palabras, a la búsqueda de un lenguaje con el que afrontar su propio yo, su propio proceso de introspección que es muy visible en el libro Casi todo es mío. Pero vayamos por partes para hablar de este Zoo sin fauna. Poemario que no debería pasar inadvertido por alejarse mucho de los cánones poéticos predominantes en la península, pero ya se sabe que en este caso la insularidad, quizá para el bien poético o tal vez para el mal, ha conservado un rictus propio muy alejado de lo que en círculos poéticos se cuece en España. Pero sigo opinando que es potente en cuanto a su constante evolución, inconformismo y reinvención.
 No sé hasta que punto ese darle tantas vueltas a la poética surge de su interés por un autor durante mucho tiempo olvidado como Félix Francisco Casanova, ahora finalmente rescatado y elevado a los altares de la notoriedad. No sé si responde a la lectura, estudio y recuperación de autores absolutamente desconocidos aquí como Antidio Cabal o quizá a su búsqueda incansable de literaturas  al otro lado del charco, fuera del influjo de lo que llamamos Occidente o Europa.
Así plantados repasar la trayectoria de Antonio Jiménez Paz es una tarea que progresa página a página y en la que uno se adentra con dificultad pues no es la poesía de Antonio Jiménez Paz una poesía que se deje aprehender con facilidad. Es una poesía que obliga a la constante relectura, al retroceso y al avance, casi como si de un campo de batalla se tratase. Y eso es lo que he hecho en la lectura de este, por otro lado, breve libro, pues la trayectoria del autor se resume en tan solo cuarenta y tres poemas que corresponden a diversas fases.
En los primeros textos encontramos una querencia por la Antigüedad grecolatina y así aparecen mitos y personajes clásicos: Fedra, Ulises, Penélope… Textos narrativos largos que a veces reflexionan, reinterpretan o teatralizan. Son los textos más barrocos del poemario -básicamente los dos primeros (p. 9-18) - y también son los más alejados de la poética última. Le siguen varios poemas  de mayor brevedad, diría que del Tratado de ornitología, donde la presencia de las aves sirve de excusa para otros menesteres poéticos (p-24):
Poblado el horizonte de pájaros
queda el pecho traspasado
al mundo del amor inventado. 
Son poemas que inducen al pensamiento y probablemente ofrecen una reflexión menos introspectiva que la que nos brinda el poemario Casi todo es mío. Aquí una muestra de la variabilidad de posibilidades que el mundo otorga donde el pájaro es un cauce, un motivo, una señal que nos conduce (p.34).
Ver lo que nadie ve:
                                               ver pájaro y volar.
Le siguen algunos poemas, menos breves pero igualmente intensos, quizá menos ocultos, más generosos en su expresión, menos herméticos. Algunas de las palabras a las que me llevan son perplejidad, y, a veces al absurdo como en los versos (p.36):
Tengo un ángel de la guarda
que es un idiota. 
En ocasiones, también la tristeza y/o el mazazo final contundente (p.38): 
El raciocinio llega tarde
y ya sin sitio
se despeña sin ser empujado. 
En otras, la contradicción y la seguridad de que sólo somos lo que poseemos, y lo único que tenemos es a nosotros mismos. Sentimiento de soledad y de certeza (p.40). 
No sé quién soy.
Sólo que me quedo.
Llama la atención las escasas referencias al territorio natal del autor, la única quizá directa que he encontrado dice (p.45):
por un viejo corredor de tea
Quizá territorio del recuerdo, no en vano el poema lleva por título La infancia en días normales.
Estos poemas dan luego paso a una muestra bastante numerosa del libro anterior del autor, Casi todo es mío (p.48-59). Libro con dos partes diferenciadas del cual ya hablé con anterioridad en Reseñados.
Muestra de la capacidad de decir mucho con pocas palabras es el poema siguiente: 
La luz convierte en mariposa
lo que la noche en animal acorralado.
El final nos aventura un tiempo nuevo, menos breve, más generoso en palabras y en longitud, con dos poemas: Parece que escribo tiempo y Pajarillo.
Buen momento para revisar la trayectoria de Antonio Jiménez Paz, poeta consolidado, en este pequeño librito, Zoo sin fauna, gozoso de leer.