domingo, 26 de octubre de 2014

EL PLACER DE VER MORIR A UN ÁNGEL DE RAFAEL CALERO PALMA



El placer de ver morir a un ángel
Rafael Calero Palma
Ed. Huerga y Fierro, 2011
65 pp.
10,45 euros

No es el sentimiento religioso el que mueve el poemario de Rafael Calero Palma ni tampoco el misticismo ni siquiera la mitología. El placer de ver morir a un ángel es un libro con un trasfondo tremendamente humanista. Esos seres alados de los que habla el autor existen y no son realidades lejanas. En realidad, los ángeles son como nosotros. Tienen nuestros mismos problemas, se enamoran, se emborrachan, vagabundean, sortean la muerte como pueden. Todo esto es así porque los ángeles que describe Rafael Calero poco tienen que ver con la imagen que de ellos podamos haber acuñado a través de la cultura o de la religión. Quizá no tengan ni nombres ni apellidos, quizá sean tan anónimos como cada uno de nosotros cuando circulamos por la calle. Probablemente así lo quiera el autor, porque, probablemente, esos ángeles somos nosotros.
Seres que sienten y viven, que temen, aman y mueren. Y, al entrar en su mundo, lo que hacemos es entrar en el nuestro. Y si analizamos lo que dicen y piensan, nos analizamos a nosotros mismos. Por eso El placer de ver morir a un ángel es un libro con un importante trasfondo humanista (p.19):

“El vaivén de las olas
ha dejado sobre la arena húmeda
tres ángeles muertos”

¿Son los ángeles inmigrantes ilegales en pos del sueño de alcanzar la costa de un mundo nuevo? Quizá. Pero también puede ser que hayamos vivido engañados todo este tiempo sobre lo que era un ángel, ya lo dice el autor (p.23):

“los ángeles buenos
eran sólo
la invención
de un dios
politoxicómano
y borracho”

¿Pueden ser los ángeles vagabundos borrachos? (p.24):

“el ángel demente sostiene
un cartón de vino barato”

Tal vez. O puede ser que sean todos esos seres expulsados del sistema y destinados a vivir fuera de todo paraíso. Por eso los ángeles también lloran (p.26):

“El ángel del llanto
(…)
la última vez
que llora por alguien
que no le merece”

Y también debe haber ángeles terribles, ángeles que dañan, ángeles como éste (p. 28):

“…el ángel de la muerte.
Sobre la mesita de noche
un almanaque
con el logotipo
de una entidad bancaria”

Debe ser el ángel de los desahucios, el ángel que se encarga de expulsar a las personas de sus hogares.
También está el ángel punk (p.31):

“escribió en un muro:
No hay futuro”

Y el ángel solitario (p. 32) y el ángel enamorado (p.33), incluso el ángel anarquista (p.34):

“y gritó:
Sin dios ni amo”

El ángel caníbal (p.35), el de la provocación (p.37) y, claro, el de la guarda (p.39).
Ángeles como nosotros que sienten, aman y se desgarran (p.40). Y los ángeles también leen poesía (p.43):

“Lleva un libro en las manos.
Una antología de los poemas
de Juan Ramón.
El ángel enfermo
abre el libro.”

Ángeles tan humanos como el ángel yonki (p.49):

“Tomó  entre sus dedos
sarmentosos
una jeringuilla de plástico”

Un ángel “ al que no le preocupa/ en absoluto/haber sido expulsado/del Paraíso (p.50).
Ángeles que se plantean paradojas (p.53):

“Locura cotidiana:
el ángel
que ha perdido
la fe
reza
confundido
a un Dios
que ya no cree en él”


Como recuerda la prologuista Isabel Rodríguez Baquero con un verso de Blas de Otero, El placer de ver morir a un ángel es un libro de ángeles fieramente humanos

martes, 7 de octubre de 2014

ARDIMIENTO DE BACO


Ardimiento
Baco
Zoografico ediciones, 2014
132 pp
10 euros

No sé de qué forma un autor puede vivir su vida literaria escindido en dos mitades. En mi caso no puedo imaginármelo. No veo diferencia, más allá de las propias características de cada género, entre una creación u otra. Esteban Gutiérrez Gómez ha decidido que su faz poética tenga el nombre de Baco. No conozco su obra narrativa, pero dada esta escisión debo juzgar a Baco a través de su obra Ardimiento. Dice en el prólogo, un prólogo diseccionador, Gsús Bonilla,  que esta es la primera obra poética del autor. De hecho funciona como una especie de antología vital y, probablemente, sea esa una de sus grandes virtudes, analizar su propia existencia, sus intervalos, sus pasos desde un prisma sincero. No busca el autor algo complicado. Su verso se hace accesible, incluso para los que no leen poesía. Huye del barroquismo y reivindica la sencillez y la sinceridad. Y eso lo vemos en sus versos. Es pues un poemario de autenticidad y de registros vitales. Un poeta que se abre al lector sin guardarse nada, sin cartas escondidas, sin trampas. Se abre con todas las consecuencias, sin tapujos, sintiéndose, a pesar de todas las dudas, un ser libre. Es otro de los aspectos fundamentales del libro, la libertad. Es un poemario libre de ataduras y estilos. Libre en el uso del vocabulario, libre en la temática de los poemas. Éstos van saltando de tema en tema, de vivencia en vivencia,  probablemente hasta el ardimiento, hasta dejar al autor en paz consigo mismo y con todos. Hay rabia, pero también serenidad, hay reflexiones a vuelapluma y otras de mayor calado.  Todo eso está en Ardimiento.
¿Cómo ve el mundo Baco? A las pocas páginas sabemos lo que sueña (p.20):

“Cada noche
al acostarme
sueño poemas”

Son a veces sus poemas abiertos y que nos siembran de dudas. No en vano no es el oficio de poeta resolver certezas, más bien sembrar dudas y hacernos reflexionar. Por eso dice en el mismo fragmento (p.21):

“Y así estoy todo el día
pensando en que llegue la noche
y vuelva a escribir
fantásticos poemas    en sueños
que jamás
recordaré”

Algunas de sus composiciones tienden a enseñarnos las vergüenzas del mundo (p.32):

“Las cosas no están bien
Y tenemos ganas de seguir malviviendo”

Y más tarde:

“Entonces se entiende,
hermanos,
la prisa, y lo asqueroso
y necesario
que es hablar de dinero”

Hay fragmentos de mayor intimidad –si es que acaso podemos decir más de una parte que de otra, pues se trata de un poemario con una visión muy cercana al autor-. A mí me gusta especialmente este poema por su claridad y simplicidad (p. 54). Se titula Veneno:

“Ya sé lo que estás pensando
que
50 años son muchos
para publicar un primer poemario.

Quizás tengas razón,
pero no te preocupes,

he sabido guardar

todo
mi veneno”

El autor prácticamente adopta todos los tonos posibles, desde la denuncia al lirismo, de la exaltación a la invocación. Y tal y como decía, la rabia también está presente (p.63):

“Ojalá
todo lo vuestro
se convierta
en mierda”

Ya he comentado que el lenguaje del autor era un ejercicio de libertad que no todos los puristas poéticos entenderán. Aquí prevalece la sinceridad sobre la forma. Prevalece el mensaje sobre la retórica.
Tiempo también tiene el autor para recomendar una mirada sobre el mundo y la creación literaria. Consejo válido para noveles (p.72):

“Se trata de aprender
que a la hora de escribir
lo fundamental es saber observar
la realidad
de otra manera”

Y, literariamente, tiempo también para atizar a unos y otros con valentía (p.77):

“Te aseguro que conozco a muchos seres
enfundados en cueros despellejados,
y a muchos bardos de pacotilla,
de largos fulares y palabras pausadas,
que no llevan corbata
pero que han comido muchas pollas
y se han dejado dar por el culo
incluso que han vendido a sus mejores amigos
sólo para conseguir una reseña de mierda”

Quizá lo mejor para finalizar sea tomar unas palabras acertadas del prólogo de Gsús Bonilla (p.10):
“las palabras son el agua de la lluvia que las identifica, la Poesía una canaleta más que vierte sobre los adoquines de las aceras los espasmos de las tormentas. Eso es todo”

Eso es todo y casi nada. Vaya. Aconsejo echar un vistazo a las magníficas ilustraciones de Quino Romero. Original la puesta en escena de la colección de Zoográfico ediciones.

jueves, 25 de septiembre de 2014

VERSOS DE INVIERNO (PARA UN VERANO SIN FIN) DE MATÍAS ESCALERA CORDERO



Versos de invierno (para un verano sin fin)
Matías Escalera Cordero
Ed. Amargord, 2014
67 pp.
10 euros

Llego a estos Versos de invierno (para un verano sin fin) de Matías Escalera Cordero a punto de terminar el verano. Y quizá suene raro hablar de invierno a punto de dejar el verano. Así lo hace el autor. Matías Escalera es un conocido poeta que enmarca su obra en la llamada poesía de la conciencia crítica en donde se sitúan otros autores como Antonio Orihuela, Jorge Riechmann, Isabel Pérez Montalbán, etc. Así lo destaca Alberto García-Teresa en su ensayo Poesía de la conciencia crítica 1987-2011, editado por Tierra de Nadie ediciones el pasado año. Es el mismo García-Teresa el que prologa la obra Versos de invierno (para un verano sin fin) haciendo hincapié en algunas constantes del poemario: los usos fragmentarios del texto, también de los puntos suspensivos  y un trasfondo de crítica hacia el sistema de poder.

Es el verso de Escalera un verso largo, un verso explicativo que nunca concluye, un verso abierto y abiertamente crítico. Un verso que bajo la placidez inicial suele llevarnos a un recorrido no imaginado. Es por esta razón que encontramos un título tan peculiar. Durante todo el poemario surge la figura del veraneante. Ese ser que vive en una especie de semi inconsciencia, ajeno a la realidad, en un mundo en el que lo único que importa es la despreocupación y el verano. Es algo así como vivir con una venda en los ojos. Es una metáfora de lo que el poder hace con nosotros. Nos vela los ojos con promesas de diversión, nos da un día sí y otro también consejos para olvidar la preocupación, para ser felices como si ingiriéramos las pastillas soma de los personajes de Aldous Huxley en Un mundo feliz. No en vano hay una soterrada denuncia a nuestra ceguera ciudadana.

No hace falta pasar muchas páginas para encontrarnos con un poema cuyo título nos indica por dónde van los tiros: El secreto de los veraneantes ciegos (p.19):

“Insiste –veraneante- hasta la oscuridad…
Hasta la ceguera irremediable”

Evidentemente, no habla el autor de ceguera producida por el sol, en realidad habla de ceguera social y el veraneante puede ser cualquiera de nosotros.

En el poema siguiente, Los cinco sentidos, encontramos una especie de metapoema. El autor viene a utilizar los paréntesis para crear un nuevo poema que casi puede ser leído independientemente del resto del texto. Presentado como un texto, a simple vista aclarativo, viene a ser el leit motiv de la realidad.

De vez en cuando el verso se vuelve más directo, diría yo que también más duro (p.27):

“(cuando) Gritar no nos asigna lugar alguno: ni lo exacto
… tampoco nos justifica…”

Frases de una contundencia lapidaria que el autor va desgranando (p.32):

“Lástima de bloque ahogando el mar (mientras la piel arde
               y el mundo arde
               por los cuatro costados…)

El verano no parece tener fin, como nuestra inconsciencia. El verano, metáfora del autor para hablar de nuestra cerrazón, de nuestro engaño. Por eso un título como Memoria de otro verano sin fin, porque nuestro espejismo no acaba nunca. Sigamos cerrando los ojos, sigamos tomando soma. Todos sabemos que pocos leerán mensajes apocalípticos.

 Más directa todavía es su Perfomance o postpoesía (decídanse) (p.38):

“(…) la increíble puesta en
 escena de esos millones de trabajadores cobrando sus nómi-
nas cada final de mes; o esos millones que son despedidos,
deslocalizados o subsidiados(..)”

Y, poco después (p.39):

“Son tantos, al fin y al cabo, los modos de materializar (y
materializarse) nuestra sumisión…”

Tantas razones para la insumisión y tan cercanas. Versos que se hacen cercanos porque describen la realidad misma de lo que somos y vivimos, nosotros los veraneantes.

También es parte de los textos, artificios de humor negro e ironía (p.54), quizá escapatoria poética…

Al final unos versos del Epílogo inevitable, tan certeros (p.67):

“Volver a casa (ocupar la celda…) Y recuperar tu puesto
Asignado de antemano
En la fila…”

Versos de invierno (para un verano sin fin) para lectores que no consumen soma.


lunes, 8 de septiembre de 2014

EL DIAGNÓSTICO DE EDITH WHARTON


El diagnóstico
Edith Wharton
Traducción de Susana Carral
Breviarios de Rey Lear, 2014
72 páginas
9.80 €

Edith Wharton (1862-1937) proviene de la alta burguesía neoyorquina, aspecto que le otorga una buena fuente de información sobre las costumbres de la clase social a la que pertenece y que  reflejará en sus novelas y relatos.

Conocí la obra de Edith Wharton con La solterona, en ella se puede observar la fuerza psicológica que poseen sus personajes, sobre todo los femeninos,  y la carga crítica hacia esa sociedad hipócrita, clasista y cerrada.

En El diagnóstico (1930) no defrauda. Es un relato de apenas 60 páginas en el que, de una manera irónica,  nos  retrata  a uno de esos personajes que tan bien conoce: un hombre de la alta sociedad norteamericana,  hipócrita, egoísta,  profundamente machista y, además, hipocondríaco.

Paul Dorrance es un soltero acomodado de mediana edad que cree que va a morir. Pese a que los médicos le han confirmado su buena salud, cree tener una enfermedad incurable y, por tanto, llegará de manera inminente su muerte: “Al hacerlo, su mirada tropezó con una hoja de papel que descansaba sobre la alfombra, a sus pies (…). Allí tenía la verdad. En aquel papel del suelo se encontraba escrito su destino” (pág. 20).

Eleanor Welwood es su amante. Una relación secreta sin amor, al menos por parte de él. Es un hombre egoísta. Sólo la quiere para que le cuide y esté a su lado durante la enfermedad. Al principio pudo haber pasión pero ella era una mujer madura. “Ella lo había cautivado, pero nunca hasta el extremo de desear que fuera libre para casarse con él” (…) “Todos pertenecían al mismo grupo social, pequeño y restringido” (pág. 26).

Cuando los médicos le diagnostican que no va a morir,  él hace la siguiente reflexión:” (…) podría ser el momento adecuado para hacerla ver, con gran delicadeza, que lo suyo no podía continuar para siempre- nada es eterno- y que, a la edad de él y con la nueva perspectiva de la salud recuperada, lo lógico sería aceptar que cualquier hombre tendría sus puntos de vista propios, sus propios planes; que incluso podría pensar en contraer matrimonio…casarse con una joven, tener hijos, una casa en el campo… (pág. 19).  Profundamente machista.

Lo cierto es que, como consecuencia del informe médico que descubre, las cosas cambian y su cobardía hace replantearse esta reflexión. Enfermo de muerte decide casarse con ella. Sin amor, por supuesto.
“Una nueva forma de egocentrismo, más virulento e impaciente que el otro, dictaba sus palabras y sus gestos…y él lo sabía. Sólo se casaba para situar un centinela entre su persona y la presencia que acechaba en el umbral (…) (pág. 32).

Durante su viaje de novios por Europa,  pide una nueva opinión médica. Todo cambiará y la autora le dará un giro sorprendente al final del relato.

¿Cómo se puede decir tanto en tan pocas páginas? Pues se puede y de manera magistral.

He llegado a El diagnóstico  gracias a  Izaskun Legarza, propietaria de la Librería de Mujeres de Santa Cruz de Tenerife, un espacio maravilloso para encontrar muy buena literatura y actividades literarias muy interesantes. Ella me aconsejó esta espléndida obra y, como siempre,  acertó.



sábado, 30 de agosto de 2014

LA SEÑORITA MAPP DE E.F.BENSON



La señorita Mapp
E.F. Benson
Traducción de José C. Vales
Editorial Impedimenta 2013
379 páginas
22,75 €

Edward Frederic Benson (1867-1940) era un reconocido escritor de cuentos de fantasmas aunque fue la saga de Mapp y Lucia la que le dio reconocimiento. Consta de seis novelas y varios relatos. La señorita Mapp (1922) es la segunda de la serie y en ella va incluido uno de los relatos, La vizcondesa del music hall (1929).

La narración transcurre en Tilling, pueblecito costero inventado por Benson y tan importante en la narración como los propios personajes.

Elizabeth Mapp es una de las damas más importantes de Tilling. Es una mujer avara, hipócrita, rencorosa y malvada pero elegante, encantadora y tremendamente coqueta.

Maneja a la sociedad de Tilling a su antojo y, a través de su cenador, no se le escapa ningún acontecimiento que suceda a su alrededor: “la señorita Mapp permanecía sentada, como una gran ave de presa, junto a la espléndida ventana de su cenador de piedra; el amplio arco que la conformaba le ofrecía un estratégico ángulo de visión que le resultaba extraordinariamente útil para sus propósitos” (pág. 9). Desde la ventana controla los movimientos de todos sus habitantes y someterá a todo su círculo social.

Controla al mayor Flint y el capitán Puffin ya que sus casas dan a ambos lados de su ventana. Están obsesionados con el golf y el whisky. Son grandes amigos que pasan sus noches discutiendo y bebiendo a partes iguales y la señorita Mapp les intentará separar, no en vano lleva mucho tiempo pretendiendo casarse con el mayor Flint.

Otro personaje entrañable es Diva Plaistow, que debe su nombre a Lady Godiva, más cotilla si cabe que Elizabeth Mapp. Entre ellas existe una tremenda rivalidad por ver quién sabe más de los acontecimientos que suceden en Tilling. En secreto se copian los vestidos y esto da lugar a situaciones realmente entretenidas en la lectura de la novela.

Las situaciones más divertidas se dan en las partidas de bridge, en casa de Susan Poppit, miembro de la Orden del Imperio Británico, la cual mantiene una relación nada discreta con el discreto señor Wyse, emparentado con la aristocracia italiana ya que su hermana está casada con un conde y a  la cual todo Tilling está deseando conocer. 

En La señorita Mapp todos los personajes son decimonónicos pero hay uno que es un soplo de aire fresco en la narración,  Irene Coles, sufragista, socialista y pintora postimpresionista que gustaba de pintar desnudo al tendero y a la cual odia profundamente la señorita Mapp. “Desprendía un espantoso tonillo humorístico, un indecente desprecio por la opinión pública o privada, y su talento innato para la imitación burlesca eran tan asombroso como su opinión sobre los alemanes” (pág. 39).

Entre los rumores de la visita del Príncipe de Gales, el duelo del mayor y el capitán, el golf, las partidas de bridge y el acopio de comida, La señorita Mapp representa una sátira de la Inglaterra rural de principios del siglo XX y narrada con mucho sentido del humor.

En la misma novela está el relato La vizcondesa del music hall. Una lectura de apenas veinte  páginas que podría ser uno de los capítulos de La señorita Mapp, en la que el autor nos obsequia con las mismas intrigas, malentendidos y humor que hemos encontrado en la novela.


La señorita Mapp es una lectura muy entretenida que nos hará adentrarnos en el universo Mapp y Lucia y para disfrutar durante el verano, olvidándonos de la tonta programación televisiva porque, para divertirnos con cotilleos, tenemos a los habitantes de Tilling. 

lunes, 25 de agosto de 2014

LA FUERZA DE LOS FUERTES DE JACK LONDON



La fuerza de los fuertes
Jack London
Ilustraciones de Mar del Valle
Ediciones Traspiés, 2014
62 pp
15 euros

No sé exactamente cuántos libros habré leído de Jack London desde mi infancia, pero no me equivoco si digo que pueden ser una treintena entre novelas y libros de relatos. Es un autor al que, a pesar de ser considerado ahora como de juventud, regreso con cierta asiduidad. No en vano puedo haber leído su  Martin Eden una decena de veces, a los que han seguido otros tantos como Colmillo Blanco, La llamada de la selva, Asesinatos SL, Talón de hierro, John Barleycorn, las memorias alcohólicas, etc…

En el caso que nos ocupa, La fuerza de los fuertes, libro que ahora ha aparecido en la editorial Traspiés preciosamente ilustrado por Mar del Valle, nos encontramos ante un relato breve que contiene todo el universo London. Una parte de biologismo, también algo de filosofía spenceriana, la lucha por la vida y una prosa simple pero que se desliza contándonos la historia con facilidad y maestría.

Recuerdo, y cito de memoria, que en Martin Eden el protagonista achacaba a un profesor universitario su carencia de biología. Bien, en este La fuerza de los fuertes hay mucha biología, mucho darwinismo social.

La trama es bien sencilla. En una tribu un viejo cuenta a sus nietos la historia de la misma, esta explicación supone una parábola de la realidad pues al mismo tiempo nos está contando el origen de las sociedades, de la economía, de la pirámide social, del dinero y del advenimiento del capitalismo con sus desigualdades. Uno tras otro los acontecimientos se suceden de forma que casi nos parecería que estamos reviviendo las etapas en la construcción de cualquier sociedad moderna, la diferencia es que la tribu parece vivir en una especie de época paleolítica. Todo empieza con la necesidad de buscar un jefe - y digo que empieza, pero en realidad, debería decir que empieza a torcerse - dado que llegan a la conclusión de que es mejor tener a alguien que los dirija. Eso lleva a la creación de una nobleza, al reparto de las tierras que antes habían sido comunales, la aparición del dinero, la creación de un ejército, la organización de la familia, la división del trabajo, la creación de propietarios y jornaleros y la llegada de un cierto capitalismo inicial que podemos fácilmente trasladar a la actualidad cubriendo las líneas de puntos que nos marca el autor.

De una forma amena y a través de personajes con nombres típicamente tribales, London nos da una lección de economía en un relato que bien podría servir para ilustrar muchas lecciones. 

Como todo lo de London absolutamente recomendable y, con el añadido, de las estupendas ilustraciones a dos tintas.


Añadiría que el hecho de haber sido escrito hace cien años ni le resta interés, más bien al contrario, en estos tiempos nuestros tan convulsos, ni su manera de narrar y su lenguaje nos alejan de su lectura. Una buena elección para llenar una tarde aburrida de domingo.

martes, 12 de agosto de 2014

LA IMPECABLE ACTUACIÓN DE LA POESÍA PARA REDUCIR A UN HOMBRE DE GSÚS BONILLA






La impecable actuación de la poesía para reducir a un hombre
Gsús Bonilla
Ed. Umbrales, 2014
45 pp
5 euros

Gsús Bonilla es conocido por su faceta ilustradora en numerosas editoriales (Baile del sol, Amargord, etc) y también por su labor poética. En este pequeño libro de largo título, La impecable actuación de la poesía para reducir a un hombre, parece unir ambas facetas.  Quizá porque el planteamiento del libro gira a caballo entre ambas disciplinas: la imagen y la palabra. Simplemente porque  se complementan. Así la imagen es pieza fundamental en ocasiones y, en otras, es la palabra la que da el contrapunto. Podríamos decir que no sobreviviría la una sin la otra.

En primer lugar parece que el autor intenta jugar con el lector pues uno encuentra más palabras en el título que en muchas de las páginas que contiene el libro. Este juego quizá sea el principio para adentrarnos en las imágenes en blanco y negro. Imágenes turbias, desleídas en ocasiones, imágenes que nos obligan a hacer a veces un ejercicio figurativo. Y la palabra como contrapunto final. Imágenes y palabras que utilizan juegos, que también se sirven de artificios retóricos y estilísticos. Veo metáforas, comparaciones, paradojas, hipérboles… Es fácil aplicar el mismo criterio a la imagen. Se nota que el autor se siente cómodo en ambos mundos y los utiliza para complementarlos.

No sabría decir si lo que tenemos delante es algo así como  poesía visual, probablemente porque cuando nos encontramos entre géneros mixtos toda definición se hace más complicada.

Son recurrentes las temáticas sociales, la crítica, una relación muy cercana con el entorno actual. Gsús Bonilla se muestra como un autor áspero con el tiempo que le ha tocado vivir y esa función la expresa en sus imágenes y textos. Imágenes y textos que del mismo modo que nos obligan a pensar, a reflexionar, también nos conducen a la indignación, al hastío.  El dinero, el capitalismo como sistema, el mercantilismo, la insolidaridad, la necesidad, la falta de futuro, el miedo, la hipocresía, los falsos liderazgos, la baja calidad de la democracia, los recortes sociales, son algunos de los temas de los que habla el autor. Temas todos ellos de primerísima actualidad.


La impecable actuación de la poesía para reducir a un hombre es un libro para leer, ver, releer y  volver a ver. Un libro que no se agota en la lectura ni en la contemplación. Un libro que debe perpetuarse en nuestro pensamiento, en nuestras reflexiones, un libro dispuesto a abrir camino y mentes. Un libro, en definitiva, de los que marcan sendero, de los que abren caminos. Un libro que huele a libertad de verdad. Un libro que no podemos perder a pesar de su brevedad o por ella.

jueves, 31 de julio de 2014

ELÍAS Y LOS LADRONES DE MAGIA DE CRISTINA MONTEOLIVA



Elías y los ladrones de magia
Cristina Monteoliva
Ed. Círculo Rojo, 2013
186 pp.
12 euros.

Elías y los ladrones de magia es un viejo proyecto que su autora, Cristina Monteoliva, llevaba tiempo intentando publicar. Cuando parecía que la cosa iba hacia delante esta maldita crisis se llevó el proyecto en la editorial donde iba a ver la luz y la autora tuvo que acudir a un procedimiento extraordinario, el crowfunding. De este modo pudo recaudar el dinero suficiente para finalmente poder publicar el libro en la Editorial Círculo Rojo.

A Cristina Monteoliva se la conoce básicamente por su labor al frente de la página literaria La Biblioteca Imaginaria que con tesón llevó durante un cierto tiempo hasta que finalmente decidió priorizar sus proyectos personales. Desde la ciudad de Granada y sin ayuda alguna se dedicaba a publicar semana tras semana reseñas literarias en una tarea individual -en lo que al manejo de la página se refiere- titánica y altruista y que no siempre han agradecido como debían autores y editoriales, probablemente por eso la página desapareció.

Pero voy al libro. Da la impresión de que Elías y los ladrones de magia se dirige básicamente a un público juvenil. Sin embargo, yo que no soy dado a este tipo de lecturas, lo he leído y me ha parecido fantasioso y ameno.  Y por qué no, recomendable a los adultos que todavía tienen algo de niño dentro de sí.

Vamos a la historia. Elías es un muchacho que un buen día realiza una excursión escolar. Su madre le acompaña en dicho viaje. El autobús se avería cerca de un circo. La madre se duerme en el vehículo mientras los niños se aventuran en el cercano circo (Qué más infantil que un circo y a  la par territorio mítico para la imaginación donde todo parece ser posible). Elías ve un pez. El pez resulta ser lo que no es, un caballero inglés convertido en pez. Tirando del hilo la historia nos llevará a una historia de amor, luego a descubrir el mundo de las sirenas para finalmente volver a Granada. El caballero inglés no sabe lo peligroso que es andar con sirenas. Y los personajes no saben lo tremendamente complicado que puede ser jugar con la magia.

Destacar algunos elementos mágicos y de gran contenido simbólico, seguro que Cirlot lo destacaría, y mitológico: las sirenas, el circo, el pez, los propios sueños. También el universo del caballero inglés, sir Percival, con su época post victoriana y quizás steampunk.

Prefiero no entrar mucho más en el argumento para no descubrir todas las pasarelas que nos proporciona.

Un aspecto a destacar son los diálogos en los que la autora se muestra eficaz y ágil. Probablemente sería uno de los puntos fuertes del libro para que la acción vaya fluyendo y los diversos escenarios temporales se puedan relacionar.


Elías y los ladrones de magia es una lectura amena para este tiempo vacacional y también una lectura abierta para niños y mayores. ¿Tendrá continuidad?

martes, 8 de julio de 2014

GPS DE AGUSTÍN CALVO GALÁN


GPS
Agustín Calvo Galán
Amargord, 2014
67 pp.
10 euros

Leo en el avión. El viaje se hace corto en compañía cuando uno lleva brújula. Yo llevo GPS. El libro de Agustín Calvo Galán me acompaña. Parece señalarme el camino más allá de hacia donde el piloto desee llevarme. De hecho me acerca a los libros. A la Feria del Libro de Madrid. Yo llevo puesto el de Agustín. Dentro de poco lo llevaré leído. Tengo una ventaja absoluta: el sendero marcado. Agustín es hábil señalando el camino, para ello se vale de una pequeña estratagema. ¿Cómo definir el camino si antes no definimos sus límites? Es más, ¿cómo señalar ningún camino si antes no sabemos hasta dónde llegan nuestros propios límites? Y los señala. ¿Qué es el ser humano? Definir lo que soy para saber a dónde voy (p. 28):

“Ser humano es
                              ser                        asfixia”

Y sabiendo lo que yo soy, saber lo que eres tú, quizá como antónimo, como complemento, como camino (p.29):

“Eres arco
cóncavo, mi espera”

Y sigue.

Dice el prologuista, Alejandro Céspedes, dos cosas que me parecen curiosas. Una que no le importa lo que ha querido escribir el autor (p.14). También dice que Agustín Calvo Galán usa el GPS para perderse (p.18). Crea así la paradoja de utilizar un punto de encuentro como punto de pérdida. El sendero para no encontrar ni encontrarse. Aún así describe sus límites y los de los que importan. Y con ello provoca la extrañeza, la controversia entre lo que es uno, lo que son los demás, el camino que cada uno toma. Y quizás no es necesario encontrarlo o que nos encuentre.

Luego describe algunas cosas que le rodean. La sed (p.30):

“La sed
se extiende más allá
de lo fértil”

Se zambuye y retorna a lugares que le son gratos (p. 43):

“Ni el Zambeze ni el Iguazú”

Sigue el afán por ser, aunque nada nos ayude a ser, ni la palabra, ni el idioma (p.45):

“Ni siquiera el idioma
nos ayuda
a ser”

Los límites, las fronteras, los caminos… Insiste el autor (p.47):

“Finjo todo lo que digo
o  no lo digo, o soy
               o lo que sea”

Al final uno se define fácilmente mediante un (p.51):

“Informe de bienes y contrato nupcial”

Me pregunto si uno se reduce a la burocracia que va dejando en el camino, si al final somos sólo un recibo del gas o una factura sin pagar. Y entre todas las respuestas posibles quizá sólo encuentro la negación (p.56):

“Pues nada vive para decir,
nadie dice, nadie escribe,
nadie se repite (…)”

Al final el muro y la frontera (p. 59) tan habitual como metafóricamente entre nosotros:

“El muro era un hacha cortando
una frontera, como toda frontera
una frontera atroz”

¿Seguimos en el punto de partida? (p.59):

“Como si alguien pudiera decir
qué es ser yo mismo”

Que al final el poema, aunque sólo plantee nuestras dudas, sea para pensar y pensarnos (p.60):

“que yo mismo soy
y poco más”

jueves, 15 de mayo de 2014

LAS SUMAS Y LOS RESTOS DE ANA PÉREZ CAÑAMARES



Las sumas y los restos
Ana Pérez Cañamares
Devenir, 2013
131 pp
12 euros


Uno de los rasgos que se perciben en la escritura de Ana Pérez Cañamares (1968) en su poemario Las sumas y los restos es la humanidad. Cualquiera puede llegar a entender el poemario si posee esa cualidad. Sin embargo no es un rasgo neutro. Ana Pérez Cañamares practica una humanidad militante, una humanidad combatiente. Es por esta razón por la que algunos de sus versos, tras una faz de dulzura, dejan un mensaje profundo, corrosivo, de los que se recuerdan.

Las sumas y los restos es un poemario que ganó el Premio de Poesía Blas de Otero en la convocatoria de 2012. Está dividido en seis partes. Cuatro vienen conformadas por los puntos cardinales. Dos más se unen para encontrar Los tesoros y un Epílogo.

Recuerdo haber tenido la ocasión de leer un libro en el que aparecían algunos poemas suyos,  23 Pandoras, editado por Baile del Sol. Aquel era un poemario en el que alzaban la voz un conjunto de mujeres. De alguna forma también era un libro militante. Han pasado más de cuatro años desde aquello. Probablemente podríamos decir que la autora y su poesía han crecido.

Pérez Cañamares parece plantearnos una brújula vital. Una brújula con la que cada uno de nosotros podemos sentirnos cercanos porque aquello de lo que habla es parte también de nuestras vidas: habla de pequeñas grandes cosas de lo cotidiano. Y ella misma, quizá como un propósito, lo viene a señalar desde un principio (p.18):

“Si aprendiera a cuidar lo pequeño
lo grande permanecería a salvo”

Toda una declaración de intenciones que se va desgranando a lo largo del libro. Sin embargo en lo pequeño también hay luchas y reivindicaciones y derechos que proteger y vidas que proteger y eso también está en su poesía, por eso alza la voz (p.47) y dice:

“A la revolución por el hartazgo”

Y a veces para llegar a conclusiones nos obliga a hacer un inventario de nuestras propias miserias, de los cuerpos dejados en las cunetas, de las vidas desperdiciadas en aras de ideales que sólo han favorecido a unos pocos. De la bota que pisó y sigue pisando y para ello hace falta no olvidar y dejarlo por escrito, aunque se repita, precisamente para que no se repita (p. 32):

“Dicen que a los supervivientes de los campos
les dolía la primavera. Cómo podían los árboles
retoñar sobre las fosas comunes”

Versos de una humanidad crítica que no se limitan a señalar, a recordar, tienen propósito de continuar hasta nuestros días, por eso añade en el mismo poema:

“En el infierno la primavera era una ofensa.
Aquí es una burla: mostramos por una ventana
un paraíso prometido que siempre cae en lunes”

Y por si hay duda de que de aquellos polvos vienen estos lodos, o dicho de otra forma como los hechos se suceden unos a otros hasta llegar a la actualidad, demostrando que toda historia es cíclica porque la estupidez humana también lo es, añade (p.30):

“Sé que es la hora del telediario
porque me siento carroña”

Es una voz cercana la que nos va llevando de un tema a otro, de un hecho a otro, no hay artificios, las palabras son simples, los finales de los versos son claros, meridianos, contundentes. Tras la suavidad de la voz, la palabra deviene grito y conclusión. Y la conclusión no nos deja descanso (p.23):

“ahora soy por fin una niña que balbucea
fascinada por la belleza
                              de su fracaso”  

Y, en realidad, su fracaso es el nuestro, porque lo que dice podría decirlo cualquiera de nosotros, porque sus palabras sienten a ras de piel y a ras de tierra. Palabras que son contornos que nos envuelven (p.36):

“Nos miran sin entender para qué o quién vestimos
por qué nos acicalamos para ir al matadero”

No hay remedio posible. Así lo señala. No queda más que vivir aunque vivir no sea un remedio (p.42):

“Pero el remedio es imposible:
a la vida –siempre distinta-
el miedoso la llama amenaza”

A veces la mirada de la autora muestra una desgarradora sensatez (p. 44) y da la impresión de que en cualquier momento pueda tirar la toalla (p. 51):

“solo si la palabra humanidad
es sólo una palabra de cuatro sílabas”

Pero no hay tregua que pactar, no hay espacio para sentirse vencido, hay que levantarse y buscar nuestro lugar. En el de la autora los animales tienen su hueco. Se percibe su ternura, su amor y su defensa (p.59):

“Al final un arañazo para dejar bien claro
que la ternura no es una mercancía”

Hablaba de una humanidad militante, cuando me refería a la poesía de Ana Pérez Cañamares. Hay veces en las que me siento particularmente inclinado a acercarla a la de Antonio Orihuela. Probablemente encuentro puentes entre ambos. Por el mismo camino entiendo cuando los demás nos señalan, lo entiende la autora, cuando negamos las tergiversaciones y no nos sentimos culpables más que para ironizar (p.57):

“Los errores no están tanto en mi vida (…)
El error está en cómo interpreto todo:
la mala traductora que soy”

Y pasadas las heridas, llegan también los recuerdos, las partes de nosotros que dejamos atrás, que también tienen cabida en Las sumas y los restos (p.101):

“Nosotros no teníamos pueblo.
O mejor dicho: habíamos tenido
y nos lo habían quitado”

Los recuerdos también traen dolor (p.85):

“En este mundo la muerte no es definitiva.
Sólo la crueldad extiende su imperio.
Y así llevamos cuarenta años, como aquél”

Alusiones a las guerras, a la dictadura. También recuerdos de las pérdidas cercanas (p. 113):

“Desde que murió,
mi madre me está leyendo.
Ya no soy su hija.
No soy una preocupación”

Es inevitable extraer conclusiones, como hace la autora (p.109):

“La cadena más pesada caería
si mirara al pasado como
a un hijo recién nacido, o
como a un padre recién muerto”

Que las conclusiones nos sirvan para vivir (p. 96):

“Hubo un tiempo en que la vida
y el mundo eran pareja.
Ahora se están divorciando”.

El libro termina en Los tesoros, que contiene algunos de los pasajes más tiernos recordando a los padres que fallecieron. Y extrae su propio epílogo.

Las sumas y los restos de Ana Pérez Cañamares, humanidad combativa, lecciones de vida hechas poesía. Porque poesía y vida son lo mismo.