domingo, 26 de abril de 2015

BASSET DE STELLA GIBBONS





Basset
Stella Gibbons
Traducción: Laura Naranjo y Carmen Torres García
Editorial Impedimenta, 2014
311 páginas
22,50 €

Stella Gibbons (1902-1989): Escritora inglesa que, además de trabajar como periodista, escribió numerosas novelas,  relatos y  poesías.  Bassett fue su segunda novela y fue publicada en 1933.

Tras finalizar sus estudios de periodismo, trabajó para la British United Press. Durante este tiempo comenzó una relación con Walter Beck, en el que se inspiró para recrear a George, el personaje principal de  Bassett.
 
Hilda Baker es una mujer que no destaca ni por su inteligencia ni por su belleza. Tiene una vida monótona. Siempre va de su pequeño apartamento al taller de confección donde trabaja. Como tiene unos pequeños ahorros decide invertirlos en algo útil y así piensa  que podría asociarse con otra persona para regentar una casa de huéspedes después de ver un anuncio en una revista. Para ello se dirige a Bassett,  un pequeño pueblo del condado de  Buckinghamshire.  En él vive la señorita  Padsoe,  una mujer pusilánime que, en otro tiempo, disfrutó del privilegio de ser de familia adinerada. No está acostumbrada a mandar y sus sirvientas, Winifred y su madre,  abusan de ella. 


Tendrá que llegar Hilda Baker para poner orden en su vida y en su casa.

Por otro lado están los habitantes de Baines House. George, un joven que trabaja muchas horas en la empresa de su padre; Bell, la hermana, muy unida  a George. Ambos son “jóvenes, ricos y encantadores, y la gente se moría por trabar amistad con ellos” (pág.56).   La señora Shelling, la madre de ambos, es una mujer rica, severa y de convicciones estrictas. Los habitantes de Bassett rara vez acuden a ella para pedirle favores:
“Dios sabe que la señora Shelling tenía todo lo que una mujer podía desear, incluyendo un marido muerto” (pág. 184). Y, como adinerada que es,  necesita de una dama de compañía para que le haga la vida más fácil. Será entonces cuando contrate a la señorita Queenie Catton. Es una joven que procede de una familia progresista y liberal que intenta educar a sus hijos inculcando el amor libre:
“Como la mayoría de los progresistas felizmente casados, el señor Catton disfrutaba de lo lindo lanzando pullas contra el monstruo del matrimonio desde la seguridad que le proporcionaba su alianza de bodas” (…): “El matrimonio era inestable, obsoleto, degradante y estaba condenado al fracaso” (pág. 141).

La joven  es de ideología comunista. Acepta el trabajo de dama de compañía porque no soporta la algarabía que reina siempre en su casa. “No le atraía ni la belleza ni el lujo; no era sensible a la primera y su joven espíritu más bien austero sentía aversión por el último, pero le gustaba la paz, el orden y la tranquilidad”  (pág 140).

Será en la mansión de los Shelling donde encuentre la paz y el amor. Pero no es todo tan maravilloso como parece.


En la novela se van entremezclando los acontecimientos, tanto lo que sucede en La Torre, donde viven la señorita Padsoe y Hilda Baker, como lo que sucede en Baines House, con la familia Shelling  y otros personajes que van apareciendo a lo largo de la obra y la autora lo hace de manera magistral y con un gran sentido del humor. 


Es preferible no desvelar más sobre contenido de la novela pero lo cierto es que no decepciona  ni una sola de sus páginas. Como siempre, Stella Gibbons nos deja con la sensación de querer seguir leyendo. Es por lo que hay que agradecer a Impedimenta que nos siga deleitando con la reedición de la obra de esta gran escritora.

domingo, 22 de marzo de 2015

COMIDA PARA PERROS DE GSÚS BONILLA




Comida para perros
Gsús Bonilla
Ed. Baile del sol,2014
100 pp.
12 euros

Nacimos para convertirnos en comida para perros. Y no es que la perspectiva de ser convertidos en comida para perros sea peor que convertirnos en cualquier tipo de comida. El problema es convertirnos en deshecho de la sociedad, de ser despojado de todo –y no hablo de pertenencias- de la poca humanidad que podamos tener. Nos convierten en basura. Gsús Bonilla viene a decirnos eso mediante un desesperado grito que sienta como una punzada. Si se lee el poemario impasible sin sentir un puñetazo en el mentón debe tenerse sangre de horchata o haberse enriquecido ilegalmente merced a algún negocio negro de los que aparecen día a día en los periódicos.

Comida para perros es crudo y real. El autor no renuncia a ningún tipo de escatología, a ningún tipo de exageración, de crueldad –incluso léxica- para transmitirnos su sensación: que somos comida para perros.
El poemario contiene una serie de textos, unos a modo de prosa, otros a modo de verso o de prosa poética. Desgrana sin un hilo conductor claro todas las sensaciones. Uno va saltando de texto en texto sintiéndose unas veces más conmovido, otras simplemente más cabreado. Descubre que cualquiera de nosotros también somos comida para perros.

Nos recuerdan los hechos diarios que muchos se empeñan en olvidar, en no ver, en no tener en cuenta (p.24):

“rememoro el silbido de la pelota de goma, el vacío de la
cuenca del ojo” (…)

Crueldad necesaria pues no está para componendas el tiempo que nos ha tocado vivir. Y así lo dice una y otra vez el autor (p.25):

 “os maldecimos, como a aquellos que idolatran
las cuchillas de las alambradas
en las fronteras”

Reconocemos y nos reconocemos en las palabras y en los hechos, en los gritos, en los silencios, en los lloros, en las imágenes del telediario, en las que el telediario no es capaz de ofrecer, en la sombra de los desheredados, en los desheredados de nosotros, hijos de la orfandad de clase. Y, sin embargo, no le falta lírica al texto (p.27):

“hoy, cuando los niños acunan
botes de humo
y besan la anchura
en las bocachas de las escopetas
y se dejan la infancia
en la fumarola, poco después
de los fogonazos”

En algunos poemas es muy claro el lirismo (p.45):

“aquellas garras, desabotonaban la inmensidad del alma
la grandeza de los pájaros no estaba en su vuelo sino en el
descanso sobre los cables eléctricos, empapándose de agua
de lluvia (…)

Hay crítica pero no es lamento, es constatación, es deseo de hacer llegar (p.57):

“se tenía sed y no se podía combatir el fuego
encontraron la manera de castrarnos (…)”

No es lamento, no es inacción. Es grito que aúlla y pide movimiento y determinación (p.76).

“(…) todos ellos forman un corro. es el baile
 de los terminales y os hace gracia”

Y (p.80):

“(…) es emocionante que una parte
 de mi pueblo sigue preparada y planta cara a esta bestia
capital que nos clava, día a día, sus uñas”

Comida para perros, manual poético para la revolución, de Gsús Bonilla.



domingo, 8 de marzo de 2015

TRES INHALACIONES DE LUIS MIGUEL RABANAL




Tres inhalaciones

Luis Miguel Rabanal

Amargord, 2014

105 pp

12 euros.



A los que somos asmáticos el concepto inhalación siempre nos lleva al mismo lugar. Esa sensación de falta de aire que se cura con la inhalación de algún medicamento. No sé si Luis Miguel Rabanal (1957) es asmático -quizá debería habérselo preguntado- pero aquí creo entender su significado. Creo ver ese alzar la cabeza para respirar aire fresco cuanto todo alrededor está viciado hasta el ahogo.

Tres inhalaciones contiene tres poemas largos de temática diferenciada cuya característica esencial sea quizá la necesidad de respirar para abandonar el aire viciado. De respirar aire fresco, de libertad, de ahogo que necesita calmarse.

El primer poema ,  Las luces largas, parte de una cita que corresponde a una noticia aparecida en un periódico. En ella se habla de un accidente de tráfico. Habla también de otras hipótesis: suicidio, atropello, un conductor a la fuga. Luis Miguel Rabanal parece describirnos la escena, las sensaciones que pasan por el accidentado, lo que allí se ve y se siente y en una posible historia y su devenir posterior  (p. 9):

“Se acerca la luz

como el mal se acerca.

Nada ya se oye”



Y también en (p.17):



“Morir no tiene por qué

ser diferente a pasar

las aguas con cautela”



La segunda parte contiene un conjunto de poemas bajo el título genérico de Pequeña galería de poetas sin reloj. En dichos poemas, cada uno de ellos titulado, aparece nombrado un poeta. Cada poema viene precedido de una cita de dicho poeta y da la impresión de que el contenido del poema parece recrear o estirar de la historia de la cita. Al final los poetas se interrogan sobre sí mismos o sobre el oficio poético y sus alrededores. Hay un poco de ironía, algo de absurdo y de chanza, de reírse de uno mismo (p.31):



“¿Por qué enmudecen los poetas

a las seis de la tarde?  ¿Por qué se desabotonan

la camisa como si nadie estuviera?

Que alguien nos saque de dudas,

por dios.”



Por estas páginas pasan: Efraín Huerta, Rosa Chacel, Jaime Gil, Anna Ajmatova, Philippe Soupault, Neftalí Reyes, Unica Zürn, Victoriano Crémer, Wystan H.Auden, Luis Cernuda, Marina Tsvetáieva, Panayoti Seretide, Carlos Edmundo de Ory, Álvaro Mutis, Césare Pavese, Gottfried Benn y Marguerite Duras.

Otros ejemplos (p. 33):



 “Los poetas benditos, los poetas malditos,

esos sí que experimentan unas ganas de morirse

locas”



“¿Habrán sido los poetas alguna vez

verdaderamente felices?” (p.35)



“Las poetas permanecen ensimismadas alrededor

de la encina, han salido un ratito a mirar

el estertor de la noche” (p. 42)



“Los poetas orinan en sus manos en sueños” (p.46)



La tercera parte contiene un largo poema de amor, es un decir. Su título: Un poema de amor. En él fundamentalmente se habla de un caso de malos tratos, de vejaciones, de violencia contra la mujer (p.50):

“no me des en la cara por favor he sido buena

acataré lo que tú digas”



El poema pare ser un diálogo entre el maltratador y la maltratada.



“no me veas con odio

no soy ruin como insinúan afuera

me mortifican tus ojos si miras a alguien” (p.56)



Tres inhalaciones, tres instantes en que uno necesita respirar aire fresco, de Luis Miguel Rabanal.




martes, 17 de febrero de 2015

VILLETTE DE CHARLOTTE BRONTË





Villette

Charlotte Brontë

Traducción: Marta Salís

Editorial Alba Minus, 2014

643 páginas

14 €



Charlotte Brontë (1816-1855) era hija de un clérigo, vicario de una pequeña aldea de los páramos de Yorkshire, esos mismos páramos que conocimos en Jane Eyre. Tenía cinco hermanos: Emily, Anne, Maria, Elizabeth y Branwell. Quedaron huérfanos de madre a edad muy temprana y todas las hermanas fueron llevadas a un internado para hijas de clérigos donde dos de ellas enfermaron de tuberculosis y, una vez ya abandonado, murieron.  De hecho, Charlotte Brontë se inspiró en este colegio para crear Lowood, el siniestro internado donde vivió Jane Eyre


En 1842 Charlotte y Emily ingresaron en otro internado en Bruselas como alumnas primero y Charlotte, como maestra después. Las experiencias vividas allí le sirvieron para escribir Villette, ciudad ficticia en donde transcurre la obra. 


Uno de los factores que define toda la obra de Charlotte Brontë es la importancia de la enseñanza. Todas sus protagonistas son maestras o institutrices.


Villete fue publicada en 1853 poco antes de morir su autora y en ella narra la historia de Lucy Snowe,  muchacha huérfana que, por avatares del destino, debe abandonar Inglaterra y acaba viviendo y trabajando en un internado para señoritas en Bélgica. 


La directora del colegio es Madame Beck, una mujer recta, a su manera,  cuya filosofía en la vida es la vigilancia y el espionaje. Nada se le escapa. Pero este internado no es como Lowood, “la comida era buena y abundante: en la rue Fossette no se veían caras pálidas o demacradas” (pág. 98) y la educación lo suficientemente escasa para no agobiar a las jovencitas: “adquirían conocimientos gracias a un método increíblemente fácil, sin penosos esfuerzos ni un despilfarro inútil de inteligencia” (pág. 100); “se negaban en rotundo a ejercitar la memoria, el raciocinio o la atención” (pág. 111)


En el internado existen dos tipos de alumnas: las externas que, una vez que acaban las clases, vuelven con sus familias; y las internas. Entre ellas está Ginevra Fanshawe, una jovencita coqueta, caprichosa y egoísta, que utiliza a  Lucy como confidente pero la trata con desdén o adulación, a su antojo. De la misma manera que trata con desdén a todo pretendiente burgués que se le acerque: ”Me siento mucho más cómoda con usted, mi vieja y querida cascarrabias, que adivina lo peor de mí y sabe que soy coqueta, ignorante, presumida, caprichosa, necia, egoísta y todas las demás lindezas que usted y yo hemos acordado que conforman mi carácter” (pág. 121).


Los personajes masculinos de Villette tienen un papel importante dentro de la narración.  Monsieur Paul, profesor del internado, es un hombre con un carácter severo, un temperamento extremadamente colérico y controlador con Lucy.  El doctor John es un hombre inteligente, atractivo, divertido con el que Lucy entabla una buena relación.


No falta en la vieja casa de la rue Fonssette el fantasma de una monja que aterroriza a la protagonista.


Pero es el personaje principal de la novela de Charlotte Brontë, Lucy Snowe, el realmente interesante. Ella brilla con luz propia. Es un personaje muy rico en matices y  tiene mucha similitud con Jane Eyre. Ambas son mujeres huérfanas, mujeres que están solas en el mundo, mujeres autosuficientes que trabajan como  institutrices o como profesoras. Son discretas, pero excepcionales, que pasan desapercibidas a ojos de los demás; parecen grises, pero no lo son: ”Yo no era la sombra de una dama brillante (…) Mi presencia solía pasar inadvertida; era una persona bastante gris, pero ambas, la oscuridad y la depresión, debían ser voluntarias…” (pág. 391).


Lucy Snowe transmite en toda la novela  la nostalgia, la soledad que domina su vida incluso hasta caer enferma: “viviendo mi propia vida en un tranquilo mundo de sombras” (pág. 157).


No obstante Lucy es una mujer ambiciosa. De ser la dama de compañía de una anciana llega a ser profesora. Se dice a sí misma “alégrate de trabajar para conseguir la independencia hasta haber demostrado, al conseguir ese trofeo, tu derecho a desear algo mejor (…) Creo en cierta combinación de esperanza y luz que dulcifica los peores destinos” (pág. 474). También hay similitud entre las protagonistas de otras novelas victorianas. Son mujeres fuertes, independientes, con voz y pensamiento propio, por ejemplo,  Elisabeth Bennet en Orgullo y Prejuicio (Jane Austen), o Margaret Hale en Norte y Sur (Elizabeth Gaskell), entre otras. 


Hemos de tener en cuenta que en la época victoriana la mujer era considerada como un ser mediocre. Monsieur Paul nos instruye de lo que opina sobre las mujeres intelectuales: son “un accidente desafortunado, algo para lo que no existía lugar ni cometido en la creación, y que nadie quería como esposa o empleada (…) Estaba convencido de que la encantadora, apacible y pasiva mediocridad femenina era la única almohada en la que el pensamiento y el buen juicio masculinos podían encontrar descanso para sus sienes doloridas; en cuanto al trabajo, sólo una cabeza viril podía hacerlo con buenos resultados “(pág. 465). Ahí es nada. Y pensar que más de doscientos años después aún hay sujetos que piensan igual.


Sin embargo ellas se revelaban ante esta situación intentando ser tratadas como iguales. Así lo manifiesta Jane Eyre ante el señor Rochester: ¿Piensa que porque soy pobre y oscura carezco de alma y de corazón? ¡Se equivoca! ¡Tengo tanto corazón y tanta alma como usted! Y si Dios me hubiese dado belleza y riquezas, le sería a usted tan amargo separarse de mí como lo es a mí separarme de usted”.


Villette es una gran  novela. Y lo es por la riqueza de sus personajes, por la filosofía que transmite la autora en toda la obra, su inteligencia. No debió ser fácil que una mujer escribiera y, además, publicara libros en el siglo XIX. Y lo curioso es que todas las hermanas Brontë publicaron alguno, entre prosa y poesía, unas veces con pseudónimo y otras con sus auténticos nombres.


Villette es una novela para leer y releer como todas estas fantásticas obras de la novela vitoriana. Son más de seiscientas páginas de buena literatura.