lunes, 5 de octubre de 2015

POEMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA DE RAFAEL CALERO PALMA






Poemas de destrucción masiva
Rafael Calero Palma
Ed. Alhulia, 2015
64 páginas

¿De qué materiales construimos las vidas? ¿Qué lugar ocupan nuestras experiencias diarias en ellas? Rafael Calero Palma construye un poemario que parece dar respuesta a las preguntas,  en el que tan importante es la reivindicación como la vivencia diaria. Todo forma parte de uno mismo, en este caso del autor. De ahí que se sucedan unos a otros. Poemas de amor, de queja, poemas satíricos, pequeñas experiencias, reflexiones. Un variopinto poemario que parece destinado a cubrir todas las facetas en la vida del ser humano y, por añadido, del poeta.

Poemas de destrucción masiva se nos revela como un poemario directo, sin ambages, sin subterfugios, sin figuras retóricas. Desde el primer momento el autor, con un título tan singular y tan cercano, nos da un contexto certero de los derroteros por los que circulará el libro. Una obra destinada a todo el mundo, lector o no de poemas. Tal es su virtud. Frente al anterior, El placer de ver morir a un ángel, un poemario más reivindicativo, en este descubrimos la periferia del autor, todos esos haces que crean la luz, la chispa final. También el cambio de estilo es notable. En aquél había un sentido metafórico que impregnaba los poemas al utilizar la palabra ángel como sinónimo de ser humano, también había mucha más reflexión. El presente es un libro más directo, más entendible a primera vista, más metido en el ojo del huracán.

Podríamos dividir en dos los tipos de poemas que encontraremos. Por un lado los que tienen un trasfondo político, social o, simplemente, reivindicativo. Por el otro los que se refieren a temas más íntimos y personales: el amor, la familia, la cotidianidad, etc…

Especial atención merece el poema ¿Para qué sirve un poeta español contemporáneo? (pag. 41-43), un poema ácido,  en el que bajo una capa de ironía se esconde una gran denuncia sobre lo amañada que está la vida literaria y la falsedad del mundo que rodea la escritura. El autor exhibe una cierta amargura a través de ejemplos que, sin duda, un lector avispado sabrá dar nombres y apellidos.

“Un poeta español contemporáneo puede publicar sus ver-
sos basura en columnas semanales, en revistas como
Interviú o diarios como Público.” (p.41)

Una de las características estilísticas del libro es la reiteración, ya sea de palabras, de esquemas o de ritmos con los que se pretende dar relevancia a una idea central. Reiteraciones en el esquema las encontramos ya en el primer poema: Esto no es poesía (p. 11-13):

“Esto no es poesía,
dice mi mujer.
Esto no es poesía,
dicen mis amigos (…)”

y también en:

“Porque esto es un grito de rabia.
Porque esto es una guerrilla urbana (…)

En el primer caso con la repetición del verso “Esto no es poesía” se reitera el esquema. En el segundo caso bajo la fórmula reiterativa  “Porque esto es“. Ocurre en otros tantos poemas. El autor quiere remarcar algunas ideas.

En otras ocasiones uno puede captar algunas señales de los autores o creadores que han influido en el poeta:  contemporáneos y cercanos en preocupaciones sociales y temáticas dentro de la corriente de poesía de la conciencia crítica como Jorge Riechmann, mitos musicales como Leonard Cohen, poetas ya fallecidos como José Agustín Goytisolo, Federico García Lorca, Pablo Neruda, etc, y, especialmente, a  Whalt Whitman –al que se dirige en un largo poema final destacable (p. 58-63) casi a modo de oración-.

Poemas de destrucción masiva es un poemario en el que voluntariamente nos podemos detener, avanzar o retroceder, pero es un poemario, como el anterior también, en el que la carga humana es fundamental. Rafael Calero parece golpearnos con reflexiones que nos resitúan en el sendero correcto, aquel que nunca deberíamos haber abandonado.

lunes, 6 de julio de 2015

ECONOMÍA DE GUERRA DE ANA PÉREZ CAÑAMARES





Economía de guerra
Ana Pérez Cañamares
Ediciones Lupercalia, 2014
125 páginas
13,95 euros

No hace falta ser poeta para apercibirse de la belleza. Sobre todo cuando hablamos de la belleza de las pequeñas cosas, hasta de la belleza de lo que se pierde. Cualquier ser humano es capaz de captar la ternura. Lo difícil es expresarlo. Y eso es lo que hace Ana Pérez Cañamares. Ya tuve la ocasión de reseñar aquí uno de sus libros, hace apenas un año: Las sumas y los restos. En aquel hallábamos un humanismo militante. En este Economía de guerra encontramos una belleza combativa.

Una de las características fundamentales , y yo diría básica ,que sostiene los textos de este libro son los finales de los poemas. Poemas que se van desgranando y cuyo epílogo siempre contiene un mazazo. Un verso que difícilmente se olvida. Algunos ejemplos:

(p.19) “aunque os declaráis laicos
todavía habláis desde un púlpito”

(p.23) “somos peces fabricando anzuelos”

(p.25) “Habéis ganado ganasteis
hoy me tragué vuestro futuro
como un jarabe malo”

(p.37)”Soy quien sueña llegar a la vejez
para dejarse adoptar por gallinas
y vivir en la luz de las mañanas
que ahora abandono en la casa de empeños”

Ana Pérez Cañamares parte de la idea de que estamos en guerra. La nuestra es una guerra que continúa día a día pero que ha de permitirnos seguir contemplando las pocas cosas que tenemos, que tenemos porque quizás no son de nadie o son de todos.

(p.40) “Yo no entiendo cómo el cielo
abandonado por las nubes
puede aguantar su tensión azul”

Y ante la dificultad de la lucha lo único que nos sostiene son esos pequeños espacios de belleza o de victoria:

(p.86)”En mi patio está creciendo una hiedra
que le arranqué a la Casa de Campo.

Quizá sobre esa hiedra- o  muy cerca-
Cayó el tío Manuel bajo las balas.

Ahora, mi tío brota en abril
Cuando le llevo agua hasta los labios”

Y para seguir luchando hay que denunciar, hay que señalar …

(p.15) “Así sois, capitalistas.
En el último momento
cuando estamos a punto
de estamparnos contra el suelo
siempre nos echáis una mano.
No para ayudar ni para disimular
sino para acelerar el final de la caída.
Y que pase el siguiente.

Hay momentos en los que la poeta parece detenerse, parece congraciarse con el mundo pero al final siempre hay una injusticia, un motivo de denuncia, una desazón:

(p.122) “Perderemos la guerra de las mayúsculas
pero la vida está de nuestra parte:
Lloramos y celebramos la brizna”

(p.113) “Somos pueblo.
Hasta aquí hemos llegado.
No aguantamos más”

La poesía de Ana Pérez Cañamares - y estos dos últimos libros  Las sumas y los restos y Economía de guerra - viene a acercarse a la llamada Poesía de la conciencia crítica cuya punta de lanza es Antonio Orihuela.

Economía de guerra, belleza combativa.

jueves, 4 de junio de 2015

CALEIDOSCOPIA DE FRANCISCO JAVIER GUERRERO





Caleidoscopia

Francisco Javier Guerrero

Ed. Adeshoras, 2014

97 pág

13 euros



Creo que fue cuando estudiaba Ciencias de la Información la primera vez que escuché la palabra intertextualidad. Lo hice de la voz de un prestigioso semiólogo, Miquel de Moragas. Muchos años después la volví a ver en la prensa. La palabra recordaba la habilidad en el plagio de ciertos escritores y denunciaba casos harto conocidos después. Nada que ver con lo que hablaba Miquel de Moragas. Ha vuelto a mi pensamiento dicha palabra de la mano de Francisco Javier Guerrero, en este caso no con el siniestro ejemplo del plagio periodístico, sino con el significado que el catedrático universitario utilizaba al hablar de diversas disciplinas.


Caledoscopia, el libro de Francisco Javier Guerrero es un mosaico de intertextualidades, quizá, como el mismo titula, es un calidoscopio –ese aparato que de niños nos hacían fabricar en clases de manualidades con trocitos de vidrio-. Pero no negaremos que el principal recurso, me atrevería a decir estilístico, que utiliza es la intertextualidad que es más o menos el camino, el sendero que el autor va trazando entre sus diversos relatos y microcuentos. A veces con una sugerente continuación de la historia, con una mención de un hecho que se repite, pero la más de las veces con una continuidad de los personajes que, como en una cola imaginaria, parecen darse la vez para proseguir la historia como ocurre con esos lectores que el Día del Libro acuden en tropel para leer uno detrás de otro el Quijote en voz alta. Y así se dan la vez Ángel Gaos, Olvido Gelmán, Salvador Ory, César, Mario, Abel Durán, Franz Kafka, Joaquin…  Me da que el autor ha tenido en cuenta algunos apellidos literarios –y no lo digo por Kafka- para proseguir este cúmulo de historias que se dan el imaginario turno.


Creo que por deformación profesional he acabado siguiendo más las pasarelas intertextuales que los propios argumentos y que, probablemente, estas palabras puedan influir en algún lector ávido de continuar los pasos y los senderos que el autor con mucho ingenio nos ha ido trazando, no solo con palabras y personajes, también con las ilustraciones de Raquel Boucher. Al final ha acabado siendo un ejercicio interesante y casi un reto porque me ha obligado a volver a leer el libro de nuevo. Probablemente debido a mis prejuicios como lector empecé la obra intentando separar los textos y resumir su contenido sin apercibirme de que  había trampa tras de ellos y obligándome a una segunda lectura. La segunda lectura me ha derivado por todas las pasarelas que he ido descubriendo y que casi prefiero no detallar más a fin de no romper el hechizo. El autor consigue que una narrativa aparentemente lineal esconda realmente una realidad fragmentada pero, a la vez, indivisible. Casi recomendaría al lector que se abstuviera de leer como si de una novela se tratase, que intentara experimentar, incluso, olvidando los argumentos. O, en definitiva, dejándose llevar por el propio texto que es lo que todo lector debe hacer aunque el autor nos acabe venciendo con sus pequeñas añagazas. Es Caleidoscopia un libro para empezar a leer de otro modo y a la vez para descubrir que las pequeñas historias contienen semillas que pueden germinar en grandes cosas. Sigamos pues entonces a Francisco Javier Guerrero en su aventura literaria.

martes, 5 de mayo de 2015

HIERBA OLIENDO A CARNE DE RAQUEL ZARAZAGA



Hierba oliendo a carne

Raquel Zarazaga

Ed. Baile del sol, 2013

65 páginas

8 euros



Hace un tiempo que leí el libro de Raquel Zarazaga. Hoy he vuelto a él, he releído su dedicatoria: “Hierba oliendo a carne, lleno de mujeres con olor a tierra”.


Tierra y mujeres. Me he permitido dejar algunas palabras.


He oído y leído a la autora defender (referirse a ) su libro hablando y reiterando a las mujeres. Ellas están presentes en los rincones del libro, en los versos. 


En una primera parte las encontramos en lugares, en ciudades: en Praga, en Trinidad (la isla, supongo), en París, en Perú, en Londres. Tienen nombres determinados, no son mujeres anónimas. Se llaman Lucinka o Nicolasa, Casilda, María Dolores, María la Gorda, madame Bijoux (de hecho no importa la clase social), Bella Juanita, Mizzy. Son señoras o son prostitutas. Todas mujeres.


En una segunda parte del poemario la importancia ya no estriba en el lugar, tal vez los espacios se acortan (p.30):


“Sea siquiera ella

quien me habite esta noche”



Más cercanía, más carnalidad (p.33):



“Peregrinos,

tras tanta lucha nunca sabemos

cuando a gustar convida

el amor y su deseo”



Carnalidad-religión, difícil binomio (p38):



“ Y así,

mientras el fuego de la sífilis la devoraba

asomando brutal en su cuerpo,

causando lastimoso horror,

ella hacía acopio de oraciones y penitencias”



El poema se reitera - La monja muerta y la monja muerta II-. Me quedo con estos últimos versos (p.40):



“Y aun siendo una ilusión

consigue engañarles.

Es la costumbre.

Necesitamos la luz,

la buscamos a toda costa”



Retornos y finales más contudentes.


En la última parte también hay mujeres. Mujeres reales, personajes, y también la visión que los pintores tienen de la mujer a través de los cuadros (p.48):


“Sacerdotisas del sexo,

hetairas,

cortesanas,

orizzontales

o putanas”

(p.49):

“Mujeres-árboles que

conforman un jardín”



Para finalizar me voy a servir del principio del libro para dejar estas palabras (p.11). Significativas:


“Ellas son la tierra, el fruto, la saliva”


Hierba oliendo a carne. Raquel Zarazaga.