lunes, 24 de noviembre de 2014

TIJERAS OXIDADAS DE INMA ARRABAL




Tijeras oxidadas
Inma Arrabal
Ed. Torremozas, 2014
80 pp
9 euros

Rastros de poesía social y humanística en la obra de Inma Arrabal.



      Uno de los deseos que todo escritor alberga, cuando lleva un cierto tiempo creando, es haber conseguido tener una voz propia. Que aquello que se escribe pueda tener un estilo único y reconocible. Inma Arrabal, que no es ya ninguna recién llegada a la poesía y que posee una experiencia dilatada, tiene ese don. Creo que he leído todos sus libros. Prácticamente, poco más o menos, la conozco desde que publicó su primer poemario, Sura. Quizá un poco después. He leído cada una de sus obras y he observado su evolución. Evolución que ha seguido una asombrosa coherencia y que, a la par, ha conservado las virtudes iniciales haciéndose cada vez más madura. Así a esa voz interior reconocible, a ese deseo por comprenderse y comprender el mundo que le rodeaba, por comunicarse consigo misma para poderlo hacer con los demás, poco a poco se ha  unido una preocupación más que notoria por la situación social del mundo y del país en el que le ha tocado vivir. Creo adivinar que se ha acrecentado conforme su escritura ha ido ganando en fuerza y vigor, también en seguridad y madurez. Esa voz se ha  añadido como algo natural. Sus libros se han poblando de citas de autores con mayor calado literario y en estos dos últimos, el presente, Tijeras oxidadas, que ahora celebramos, y en el anterior, Una mirada al absurdo, he visto como la temática social se ha acrecentado. Aquí ocupa poco más o menos la primera parte aunque hay un correlato con algunas citas y menciones en fragmentos y versos posteriores. También la presencia de César Vallejo y con él de la poesía social que aparece especialmente en Tijeras oxidadas.


      Un artista, un escritor, un poeta es partícipe de la realidad que le rodea. Habrá quien considere al poeta desde la perspectiva más o menos conocida de la turris ebúrnea, sin embargo, pese a que Inma Arrabal siempre ha tenido una mirada propia y definible sobre la realidad, no ha rehuido hablar de su entorno. Sin atreverme a situarla en corriente alguna, sí que su poesía, tal y como vengo disertando aquí, se ha acercado a un terreno más comprometido. No en vano existe cierta responsabilidad social de dar a conocer el tiempo que nos ha tocado vivir. Sé que esta afirmación puede ser discutible desde un tipo de poesía más centrada en el yo, en el solipsismo, en un cierto tipo de escapismo, o desde supuestos más cercanos al esencialismo. Sin perder un ápice su singularidad poética, ha dejado poco a poco su impronta, su preocupación, su determinación de denuncia. Quiero destacar en este texto este aspecto, pues es un punto de inflexión que creo advertir en Una mirada al absurdo y que parece consolidarse en este Tijeras oxidadas. Tengo la impresión de que esta visión ha ido naciendo para no marcharse. Su preocupación social la entroncan con otros poetas no necesariamente de su generación pero a los que les ha tocado vivir un mismo tiempo. Estoy pensando en Antonio Orihuela, quizá como punta de lanza.


      Echemos la vista atrás, precisamente hace unos años, en unas jornadas desarrolladas en Viladecáns (Barcelona) con motivo del evento Vilapoética, tuve ocasión de exponer una ponencia que llevaba por título Escribir poesía y en la que partía precisamente de la poesía de Gabriel Celaya. Y partía de su conocido poema La poesía es un arma cargada de futuro. Y citaba a César Vallejo y a Gabriel Celaya, pero también a Blas de Otero. Rescato aquí un fragmento de ese mismo poema de Gabriel Celaya:


Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.


Mancharse las manos dice Celaya. ¿No es acaso eso mismo lo que hace Inma Arrabal ? Leámosla:


¿Acaso no queremos ver ni oír,

en el murmullo agitado de las calles,

la pobreza en pancartas,

la injusticia en tambores

y en altavoces las miserias humanas?


No es ya que esta pregunta, quizá planteada como retórica, resulta una afirmación aún siendo interrogativa,  realmente viene a golpearnos en la cara para que despertemos, ¿no resulta ya una afirmación puramente humanista incluso más que social? ¿No será que preguntando, lo que pretende la autora es afirmar su convicción de que es necesario depositar los ojos, la vista, los sentidos hacia una realidad cada vez más a la sombra?


Pero ya antes nos dice:


Quizá empiece así el fin del mundo.

Sin embargo, aún queda mucho por decir

y tiemblan las palabras.


Y sus palabras se convierten en denuncia pues no se limita a señalar lo que está ocurriendo, no hace de mera observadora, profundiza en las causas y nos señala las consecuencias:


Promesas incumplidas, avaricia en la cúpula,

compromisos sin resolver

y el ser humano, sin derechos ni voz,

es arrastrado por el suelo

como si fuese un reptil de sangre fría.


Y parece que avanza un paso más indicándonos el camino a recorrer:


(…) intento encontrar otro lenguaje,

(…) que nos pueda permitir acabar con abusos

e injusticias.


En su poemario anterior, Una mirada al absurdo, ya denunciaba el origen del absurdo de nuestras vidas, el sinsentido de acumular cosas y objetos, la estupidez de desear y las falsas necesidades creadas, origen de desigualdades y escaseces:

Tenía necesidades estúpidas,

casi podía tocarlas y no tenían sentido.

Allí las palabras, trasformadas en Espíritus líquidos, tal y como ella misma las denomina en el poema homónimo,  nos advertían del riesgo: 


Alzas la voz

y el eco traspasa las conciencias

Denuncia.

Condena.

Sentencia.

    Comunica…


Si en Una mirada al absurdo la pregunta es más genérica, más tímida:


¿Podremos conquistar el mundo con paciencia?

(…)¿Qué finalidad tiene pisar y que nos pisen?


En Tijeras oxidadas, la pregunta es más certera buscando la llaga:


¿por qué tanto abuso,

si está escrito que nos iremos

desnudos y sin nada

de este absurdo e incomprensible mundo?


      Podría extenderme todavía más en comparar uno y otro libro, citar muchos más ejemplos –que los hay- pero para el lector será suficiente haber encontrado una nueva faceta que se abre camino y en la que Inma Arrabal nos procura el aliento poético para continuar la lucha, una lucha basada en la palabra, una lucha que necesariamente nos debe llevar a la conquista de la justicia absoluta, de la libertad, y, evidentemente, una lucha por la humanidad. Bienvenida a esta batalla la voz de Inma Arrabal y sus palabras.

*Texto publicado como Epílogo al libro Tijeras Oxidadas de Inma Arrabal.

domingo, 16 de noviembre de 2014

JAGANNATH DE KARIN TIDBECK



Jagannath
Karin Tidbeck
Traducción de Carmen Montes Cano y Marian Womack
Editorial Fábulas de Albión, 2014
166 pp
20 euros

Probablemente Jagannath sea uno de los libros de relatos más sorprendentes que he leído. Por su originalidad, tono y, también, por sus excesos. El libro publicado por Fábulas de Albión está compuesto por catorce historias de esta joven escritora sueca capaz de inventarse mundos extraños de difícil encaje. En el prólogo. Karin Tidbeck explica muy bien la razón de sus relatos, razón que tiene que ver con la vida que llevan en Suecia: "pasamos mucho tiempo en el crepúsculo, que es una condición liminal, una tierra de nadie. La luz posee una cualidad tenebrosa y melancólica. Supongo que eso se manifiesta en lo que escribo, tanto en la idea de lo tenebroso y lo melancólico, como en la impresión de haberse asomado a otro mundo, donde el sol se ha detenido" (p.11)

En la primera historia, con nombre de mujer, Beatrice, el doctor Franz Hiller se enamora de un dirigible. Anna Goldberg, a su vez. se enamora de una bomba de vapor. A ambos se les hace pequeño el lugar para poseer su amor por lo que necesitan tener más espacio y deciden alquilar un  local juntos.  

En Cartas a Ove Lindström, un hijo regresa al hogar paterno a la muerte de éste. A través de su correspondencia recuerda su vida en la Comuna, a su madre que les abandonó y las borracheras de su padre.

En La señorita Nyberg y yo aborda la existencia de un ser imaginario llamado Brun.

El siguiente es Rebecka (curioso que tanto relatos lleven como título un nombre) habla de una suicida que siempre que va a quitarse la vida avisa a una amiga. El final es ciertamente inquietante. De este primer grupo de historias  quizás sea la mejor.

En Herr Cederberg, un hombre contrahecho y acomplejado tiene la afición de fabricar motores de avión. Un buen día fabrica un aparato.

Otra característica del libro de Tidbeck son sus personajes. Muchos de carácter extraño, huidizos, acomplejados, feos o tenebrosos, a veces ocultan algo. Hay algo de siniestro en casi todos ellos.

En ¿Quién es Arvid Pekon?, uno de los cuentos más flojos junto con Tías, aunque por razones distintas, nos aparecen una serie de llamadas telefónicas a cual más surrealista a una extraña telefonista de cuya existencia debemos dudar.

Curiosamente a partir de aquí  se encuentran los relatos más jugosos e interesantes. 

En el complejo vacacional de Brita y, a modo de diario, una novelista se traslada a escribir a un complejo vacacional en donde cada día hay gente diferente y un sueño la persigue. Uno de aquellos sueños persistentes que parecen realidad. Recomendable relato que no deja indiferente.

La montaña de los renos es una historia jugosa, más larga de lo habitual.  Un par de hermanos viajan al campo a la casa familiar para desmantelarla. Allí los recuerdos de lo vivido y de los objetos depositados se juntan con las leyendas, seres extraños y desapariciones. Otro de los mejores cuentos de Jagannath.

Mermelada de mora ártica nos habla de la historia de un  ser que decide vivir de una extraña forma. 

Algunos de los relatos de Karin Tidbeck parece que reflejen o transcurran por leyendas y personajes de la mitología escandinava como las vittra o los pyret, título del siguiente cuento.

Pyret habla de unas criaturas de origen animal pero que viven con los humanos.

En Augusta Prima se plantea la historia de un ser superior al que le está prohibida la existencia del tiempo, pero pronto la curiosidad hace que incumpla las prohibiciones y eso tendrá un castigo.

Tías es otro de los relatos que me han parecido más flojos, en este caso por su excesiva escatología que me ha resultado bastante desagradable.

Finalmente, el último relato, que da nombre a todo el libro, también es una historia larga y aconsejable. Un cuento no exento de escatología pero sin llegar a los extremos del anterior. Plantea la existencia de Madre, una criatura reproductora para la que trabajan sus hijos. Pronto acontece su muerte y sus hijas tienen que intentar sobrevivir. Un cuento original.

Jagannath es un libro recomendable. La mayoría de las historias son de gran originalidad, tanto es así que se hace difícil la comparación con otros autores o libros. Hay propuestas novedosas no exentas de brillantez y de curiosos desarrollos, a veces llegando al extremo, no siempre acertadamente, pero es comprensible que el propio hilo narrativo pueda llevar a la autora a explorar territorios pantanosos. Fantasía convertida en relatos de difícil clasificación. Preciosa presentación.

domingo, 26 de octubre de 2014

EL PLACER DE VER MORIR A UN ÁNGEL DE RAFAEL CALERO PALMA



El placer de ver morir a un ángel
Rafael Calero Palma
Ed. Huerga y Fierro, 2011
65 pp.
10,45 euros

No es el sentimiento religioso el que mueve el poemario de Rafael Calero Palma ni tampoco el misticismo ni siquiera la mitología. El placer de ver morir a un ángel es un libro con un trasfondo tremendamente humanista. Esos seres alados de los que habla el autor existen y no son realidades lejanas. En realidad, los ángeles son como nosotros. Tienen nuestros mismos problemas, se enamoran, se emborrachan, vagabundean, sortean la muerte como pueden. Todo esto es así porque los ángeles que describe Rafael Calero poco tienen que ver con la imagen que de ellos podamos haber acuñado a través de la cultura o de la religión. Quizá no tengan ni nombres ni apellidos, quizá sean tan anónimos como cada uno de nosotros cuando circulamos por la calle. Probablemente así lo quiera el autor, porque, probablemente, esos ángeles somos nosotros.
Seres que sienten y viven, que temen, aman y mueren. Y, al entrar en su mundo, lo que hacemos es entrar en el nuestro. Y si analizamos lo que dicen y piensan, nos analizamos a nosotros mismos. Por eso El placer de ver morir a un ángel es un libro con un importante trasfondo humanista (p.19):

“El vaivén de las olas
ha dejado sobre la arena húmeda
tres ángeles muertos”

¿Son los ángeles inmigrantes ilegales en pos del sueño de alcanzar la costa de un mundo nuevo? Quizá. Pero también puede ser que hayamos vivido engañados todo este tiempo sobre lo que era un ángel, ya lo dice el autor (p.23):

“los ángeles buenos
eran sólo
la invención
de un dios
politoxicómano
y borracho”

¿Pueden ser los ángeles vagabundos borrachos? (p.24):

“el ángel demente sostiene
un cartón de vino barato”

Tal vez. O puede ser que sean todos esos seres expulsados del sistema y destinados a vivir fuera de todo paraíso. Por eso los ángeles también lloran (p.26):

“El ángel del llanto
(…)
la última vez
que llora por alguien
que no le merece”

Y también debe haber ángeles terribles, ángeles que dañan, ángeles como éste (p. 28):

“…el ángel de la muerte.
Sobre la mesita de noche
un almanaque
con el logotipo
de una entidad bancaria”

Debe ser el ángel de los desahucios, el ángel que se encarga de expulsar a las personas de sus hogares.
También está el ángel punk (p.31):

“escribió en un muro:
No hay futuro”

Y el ángel solitario (p. 32) y el ángel enamorado (p.33), incluso el ángel anarquista (p.34):

“y gritó:
Sin dios ni amo”

El ángel caníbal (p.35), el de la provocación (p.37) y, claro, el de la guarda (p.39).
Ángeles como nosotros que sienten, aman y se desgarran (p.40). Y los ángeles también leen poesía (p.43):

“Lleva un libro en las manos.
Una antología de los poemas
de Juan Ramón.
El ángel enfermo
abre el libro.”

Ángeles tan humanos como el ángel yonki (p.49):

“Tomó  entre sus dedos
sarmentosos
una jeringuilla de plástico”

Un ángel “ al que no le preocupa/ en absoluto/haber sido expulsado/del Paraíso (p.50).
Ángeles que se plantean paradojas (p.53):

“Locura cotidiana:
el ángel
que ha perdido
la fe
reza
confundido
a un Dios
que ya no cree en él”


Como recuerda la prologuista Isabel Rodríguez Baquero con un verso de Blas de Otero, El placer de ver morir a un ángel es un libro de ángeles fieramente humanos

martes, 7 de octubre de 2014

ARDIMIENTO DE BACO


Ardimiento
Baco
Zoografico ediciones, 2014
132 pp
10 euros

No sé de qué forma un autor puede vivir su vida literaria escindido en dos mitades. En mi caso no puedo imaginármelo. No veo diferencia, más allá de las propias características de cada género, entre una creación u otra. Esteban Gutiérrez Gómez ha decidido que su faz poética tenga el nombre de Baco. No conozco su obra narrativa, pero dada esta escisión debo juzgar a Baco a través de su obra Ardimiento. Dice en el prólogo, un prólogo diseccionador, Gsús Bonilla,  que esta es la primera obra poética del autor. De hecho funciona como una especie de antología vital y, probablemente, sea esa una de sus grandes virtudes, analizar su propia existencia, sus intervalos, sus pasos desde un prisma sincero. No busca el autor algo complicado. Su verso se hace accesible, incluso para los que no leen poesía. Huye del barroquismo y reivindica la sencillez y la sinceridad. Y eso lo vemos en sus versos. Es pues un poemario de autenticidad y de registros vitales. Un poeta que se abre al lector sin guardarse nada, sin cartas escondidas, sin trampas. Se abre con todas las consecuencias, sin tapujos, sintiéndose, a pesar de todas las dudas, un ser libre. Es otro de los aspectos fundamentales del libro, la libertad. Es un poemario libre de ataduras y estilos. Libre en el uso del vocabulario, libre en la temática de los poemas. Éstos van saltando de tema en tema, de vivencia en vivencia,  probablemente hasta el ardimiento, hasta dejar al autor en paz consigo mismo y con todos. Hay rabia, pero también serenidad, hay reflexiones a vuelapluma y otras de mayor calado.  Todo eso está en Ardimiento.
¿Cómo ve el mundo Baco? A las pocas páginas sabemos lo que sueña (p.20):

“Cada noche
al acostarme
sueño poemas”

Son a veces sus poemas abiertos y que nos siembran de dudas. No en vano no es el oficio de poeta resolver certezas, más bien sembrar dudas y hacernos reflexionar. Por eso dice en el mismo fragmento (p.21):

“Y así estoy todo el día
pensando en que llegue la noche
y vuelva a escribir
fantásticos poemas    en sueños
que jamás
recordaré”

Algunas de sus composiciones tienden a enseñarnos las vergüenzas del mundo (p.32):

“Las cosas no están bien
Y tenemos ganas de seguir malviviendo”

Y más tarde:

“Entonces se entiende,
hermanos,
la prisa, y lo asqueroso
y necesario
que es hablar de dinero”

Hay fragmentos de mayor intimidad –si es que acaso podemos decir más de una parte que de otra, pues se trata de un poemario con una visión muy cercana al autor-. A mí me gusta especialmente este poema por su claridad y simplicidad (p. 54). Se titula Veneno:

“Ya sé lo que estás pensando
que
50 años son muchos
para publicar un primer poemario.

Quizás tengas razón,
pero no te preocupes,

he sabido guardar

todo
mi veneno”

El autor prácticamente adopta todos los tonos posibles, desde la denuncia al lirismo, de la exaltación a la invocación. Y tal y como decía, la rabia también está presente (p.63):

“Ojalá
todo lo vuestro
se convierta
en mierda”

Ya he comentado que el lenguaje del autor era un ejercicio de libertad que no todos los puristas poéticos entenderán. Aquí prevalece la sinceridad sobre la forma. Prevalece el mensaje sobre la retórica.
Tiempo también tiene el autor para recomendar una mirada sobre el mundo y la creación literaria. Consejo válido para noveles (p.72):

“Se trata de aprender
que a la hora de escribir
lo fundamental es saber observar
la realidad
de otra manera”

Y, literariamente, tiempo también para atizar a unos y otros con valentía (p.77):

“Te aseguro que conozco a muchos seres
enfundados en cueros despellejados,
y a muchos bardos de pacotilla,
de largos fulares y palabras pausadas,
que no llevan corbata
pero que han comido muchas pollas
y se han dejado dar por el culo
incluso que han vendido a sus mejores amigos
sólo para conseguir una reseña de mierda”

Quizá lo mejor para finalizar sea tomar unas palabras acertadas del prólogo de Gsús Bonilla (p.10):
“las palabras son el agua de la lluvia que las identifica, la Poesía una canaleta más que vierte sobre los adoquines de las aceras los espasmos de las tormentas. Eso es todo”

Eso es todo y casi nada. Vaya. Aconsejo echar un vistazo a las magníficas ilustraciones de Quino Romero. Original la puesta en escena de la colección de Zoográfico ediciones.

jueves, 25 de septiembre de 2014

VERSOS DE INVIERNO (PARA UN VERANO SIN FIN) DE MATÍAS ESCALERA CORDERO



Versos de invierno (para un verano sin fin)
Matías Escalera Cordero
Ed. Amargord, 2014
67 pp.
10 euros

Llego a estos Versos de invierno (para un verano sin fin) de Matías Escalera Cordero a punto de terminar el verano. Y quizá suene raro hablar de invierno a punto de dejar el verano. Así lo hace el autor. Matías Escalera es un conocido poeta que enmarca su obra en la llamada poesía de la conciencia crítica en donde se sitúan otros autores como Antonio Orihuela, Jorge Riechmann, Isabel Pérez Montalbán, etc. Así lo destaca Alberto García-Teresa en su ensayo Poesía de la conciencia crítica 1987-2011, editado por Tierra de Nadie ediciones el pasado año. Es el mismo García-Teresa el que prologa la obra Versos de invierno (para un verano sin fin) haciendo hincapié en algunas constantes del poemario: los usos fragmentarios del texto, también de los puntos suspensivos  y un trasfondo de crítica hacia el sistema de poder.

Es el verso de Escalera un verso largo, un verso explicativo que nunca concluye, un verso abierto y abiertamente crítico. Un verso que bajo la placidez inicial suele llevarnos a un recorrido no imaginado. Es por esta razón que encontramos un título tan peculiar. Durante todo el poemario surge la figura del veraneante. Ese ser que vive en una especie de semi inconsciencia, ajeno a la realidad, en un mundo en el que lo único que importa es la despreocupación y el verano. Es algo así como vivir con una venda en los ojos. Es una metáfora de lo que el poder hace con nosotros. Nos vela los ojos con promesas de diversión, nos da un día sí y otro también consejos para olvidar la preocupación, para ser felices como si ingiriéramos las pastillas soma de los personajes de Aldous Huxley en Un mundo feliz. No en vano hay una soterrada denuncia a nuestra ceguera ciudadana.

No hace falta pasar muchas páginas para encontrarnos con un poema cuyo título nos indica por dónde van los tiros: El secreto de los veraneantes ciegos (p.19):

“Insiste –veraneante- hasta la oscuridad…
Hasta la ceguera irremediable”

Evidentemente, no habla el autor de ceguera producida por el sol, en realidad habla de ceguera social y el veraneante puede ser cualquiera de nosotros.

En el poema siguiente, Los cinco sentidos, encontramos una especie de metapoema. El autor viene a utilizar los paréntesis para crear un nuevo poema que casi puede ser leído independientemente del resto del texto. Presentado como un texto, a simple vista aclarativo, viene a ser el leit motiv de la realidad.

De vez en cuando el verso se vuelve más directo, diría yo que también más duro (p.27):

“(cuando) Gritar no nos asigna lugar alguno: ni lo exacto
… tampoco nos justifica…”

Frases de una contundencia lapidaria que el autor va desgranando (p.32):

“Lástima de bloque ahogando el mar (mientras la piel arde
               y el mundo arde
               por los cuatro costados…)

El verano no parece tener fin, como nuestra inconsciencia. El verano, metáfora del autor para hablar de nuestra cerrazón, de nuestro engaño. Por eso un título como Memoria de otro verano sin fin, porque nuestro espejismo no acaba nunca. Sigamos cerrando los ojos, sigamos tomando soma. Todos sabemos que pocos leerán mensajes apocalípticos.

 Más directa todavía es su Perfomance o postpoesía (decídanse) (p.38):

“(…) la increíble puesta en
 escena de esos millones de trabajadores cobrando sus nómi-
nas cada final de mes; o esos millones que son despedidos,
deslocalizados o subsidiados(..)”

Y, poco después (p.39):

“Son tantos, al fin y al cabo, los modos de materializar (y
materializarse) nuestra sumisión…”

Tantas razones para la insumisión y tan cercanas. Versos que se hacen cercanos porque describen la realidad misma de lo que somos y vivimos, nosotros los veraneantes.

También es parte de los textos, artificios de humor negro e ironía (p.54), quizá escapatoria poética…

Al final unos versos del Epílogo inevitable, tan certeros (p.67):

“Volver a casa (ocupar la celda…) Y recuperar tu puesto
Asignado de antemano
En la fila…”

Versos de invierno (para un verano sin fin) para lectores que no consumen soma.


lunes, 8 de septiembre de 2014

EL DIAGNÓSTICO DE EDITH WHARTON


El diagnóstico
Edith Wharton
Traducción de Susana Carral
Breviarios de Rey Lear, 2014
72 páginas
9.80 €

Edith Wharton (1862-1937) proviene de la alta burguesía neoyorquina, aspecto que le otorga una buena fuente de información sobre las costumbres de la clase social a la que pertenece y que  reflejará en sus novelas y relatos.

Conocí la obra de Edith Wharton con La solterona, en ella se puede observar la fuerza psicológica que poseen sus personajes, sobre todo los femeninos,  y la carga crítica hacia esa sociedad hipócrita, clasista y cerrada.

En El diagnóstico (1930) no defrauda. Es un relato de apenas 60 páginas en el que, de una manera irónica,  nos  retrata  a uno de esos personajes que tan bien conoce: un hombre de la alta sociedad norteamericana,  hipócrita, egoísta,  profundamente machista y, además, hipocondríaco.

Paul Dorrance es un soltero acomodado de mediana edad que cree que va a morir. Pese a que los médicos le han confirmado su buena salud, cree tener una enfermedad incurable y, por tanto, llegará de manera inminente su muerte: “Al hacerlo, su mirada tropezó con una hoja de papel que descansaba sobre la alfombra, a sus pies (…). Allí tenía la verdad. En aquel papel del suelo se encontraba escrito su destino” (pág. 20).

Eleanor Welwood es su amante. Una relación secreta sin amor, al menos por parte de él. Es un hombre egoísta. Sólo la quiere para que le cuide y esté a su lado durante la enfermedad. Al principio pudo haber pasión pero ella era una mujer madura. “Ella lo había cautivado, pero nunca hasta el extremo de desear que fuera libre para casarse con él” (…) “Todos pertenecían al mismo grupo social, pequeño y restringido” (pág. 26).

Cuando los médicos le diagnostican que no va a morir,  él hace la siguiente reflexión:” (…) podría ser el momento adecuado para hacerla ver, con gran delicadeza, que lo suyo no podía continuar para siempre- nada es eterno- y que, a la edad de él y con la nueva perspectiva de la salud recuperada, lo lógico sería aceptar que cualquier hombre tendría sus puntos de vista propios, sus propios planes; que incluso podría pensar en contraer matrimonio…casarse con una joven, tener hijos, una casa en el campo… (pág. 19).  Profundamente machista.

Lo cierto es que, como consecuencia del informe médico que descubre, las cosas cambian y su cobardía hace replantearse esta reflexión. Enfermo de muerte decide casarse con ella. Sin amor, por supuesto.
“Una nueva forma de egocentrismo, más virulento e impaciente que el otro, dictaba sus palabras y sus gestos…y él lo sabía. Sólo se casaba para situar un centinela entre su persona y la presencia que acechaba en el umbral (…) (pág. 32).

Durante su viaje de novios por Europa,  pide una nueva opinión médica. Todo cambiará y la autora le dará un giro sorprendente al final del relato.

¿Cómo se puede decir tanto en tan pocas páginas? Pues se puede y de manera magistral.

He llegado a El diagnóstico  gracias a  Izaskun Legarza, propietaria de la Librería de Mujeres de Santa Cruz de Tenerife, un espacio maravilloso para encontrar muy buena literatura y actividades literarias muy interesantes. Ella me aconsejó esta espléndida obra y, como siempre,  acertó.



sábado, 30 de agosto de 2014

LA SEÑORITA MAPP DE E.F.BENSON



La señorita Mapp
E.F. Benson
Traducción de José C. Vales
Editorial Impedimenta 2013
379 páginas
22,75 €

Edward Frederic Benson (1867-1940) era un reconocido escritor de cuentos de fantasmas aunque fue la saga de Mapp y Lucia la que le dio reconocimiento. Consta de seis novelas y varios relatos. La señorita Mapp (1922) es la segunda de la serie y en ella va incluido uno de los relatos, La vizcondesa del music hall (1929).

La narración transcurre en Tilling, pueblecito costero inventado por Benson y tan importante en la narración como los propios personajes.

Elizabeth Mapp es una de las damas más importantes de Tilling. Es una mujer avara, hipócrita, rencorosa y malvada pero elegante, encantadora y tremendamente coqueta.

Maneja a la sociedad de Tilling a su antojo y, a través de su cenador, no se le escapa ningún acontecimiento que suceda a su alrededor: “la señorita Mapp permanecía sentada, como una gran ave de presa, junto a la espléndida ventana de su cenador de piedra; el amplio arco que la conformaba le ofrecía un estratégico ángulo de visión que le resultaba extraordinariamente útil para sus propósitos” (pág. 9). Desde la ventana controla los movimientos de todos sus habitantes y someterá a todo su círculo social.

Controla al mayor Flint y el capitán Puffin ya que sus casas dan a ambos lados de su ventana. Están obsesionados con el golf y el whisky. Son grandes amigos que pasan sus noches discutiendo y bebiendo a partes iguales y la señorita Mapp les intentará separar, no en vano lleva mucho tiempo pretendiendo casarse con el mayor Flint.

Otro personaje entrañable es Diva Plaistow, que debe su nombre a Lady Godiva, más cotilla si cabe que Elizabeth Mapp. Entre ellas existe una tremenda rivalidad por ver quién sabe más de los acontecimientos que suceden en Tilling. En secreto se copian los vestidos y esto da lugar a situaciones realmente entretenidas en la lectura de la novela.

Las situaciones más divertidas se dan en las partidas de bridge, en casa de Susan Poppit, miembro de la Orden del Imperio Británico, la cual mantiene una relación nada discreta con el discreto señor Wyse, emparentado con la aristocracia italiana ya que su hermana está casada con un conde y a  la cual todo Tilling está deseando conocer. 

En La señorita Mapp todos los personajes son decimonónicos pero hay uno que es un soplo de aire fresco en la narración,  Irene Coles, sufragista, socialista y pintora postimpresionista que gustaba de pintar desnudo al tendero y a la cual odia profundamente la señorita Mapp. “Desprendía un espantoso tonillo humorístico, un indecente desprecio por la opinión pública o privada, y su talento innato para la imitación burlesca eran tan asombroso como su opinión sobre los alemanes” (pág. 39).

Entre los rumores de la visita del Príncipe de Gales, el duelo del mayor y el capitán, el golf, las partidas de bridge y el acopio de comida, La señorita Mapp representa una sátira de la Inglaterra rural de principios del siglo XX y narrada con mucho sentido del humor.

En la misma novela está el relato La vizcondesa del music hall. Una lectura de apenas veinte  páginas que podría ser uno de los capítulos de La señorita Mapp, en la que el autor nos obsequia con las mismas intrigas, malentendidos y humor que hemos encontrado en la novela.


La señorita Mapp es una lectura muy entretenida que nos hará adentrarnos en el universo Mapp y Lucia y para disfrutar durante el verano, olvidándonos de la tonta programación televisiva porque, para divertirnos con cotilleos, tenemos a los habitantes de Tilling. 

lunes, 25 de agosto de 2014

LA FUERZA DE LOS FUERTES DE JACK LONDON



La fuerza de los fuertes
Jack London
Ilustraciones de Mar del Valle
Ediciones Traspiés, 2014
62 pp
15 euros

No sé exactamente cuántos libros habré leído de Jack London desde mi infancia, pero no me equivoco si digo que pueden ser una treintena entre novelas y libros de relatos. Es un autor al que, a pesar de ser considerado ahora como de juventud, regreso con cierta asiduidad. No en vano puedo haber leído su  Martin Eden una decena de veces, a los que han seguido otros tantos como Colmillo Blanco, La llamada de la selva, Asesinatos SL, Talón de hierro, John Barleycorn, las memorias alcohólicas, etc…

En el caso que nos ocupa, La fuerza de los fuertes, libro que ahora ha aparecido en la editorial Traspiés preciosamente ilustrado por Mar del Valle, nos encontramos ante un relato breve que contiene todo el universo London. Una parte de biologismo, también algo de filosofía spenceriana, la lucha por la vida y una prosa simple pero que se desliza contándonos la historia con facilidad y maestría.

Recuerdo, y cito de memoria, que en Martin Eden el protagonista achacaba a un profesor universitario su carencia de biología. Bien, en este La fuerza de los fuertes hay mucha biología, mucho darwinismo social.

La trama es bien sencilla. En una tribu un viejo cuenta a sus nietos la historia de la misma, esta explicación supone una parábola de la realidad pues al mismo tiempo nos está contando el origen de las sociedades, de la economía, de la pirámide social, del dinero y del advenimiento del capitalismo con sus desigualdades. Uno tras otro los acontecimientos se suceden de forma que casi nos parecería que estamos reviviendo las etapas en la construcción de cualquier sociedad moderna, la diferencia es que la tribu parece vivir en una especie de época paleolítica. Todo empieza con la necesidad de buscar un jefe - y digo que empieza, pero en realidad, debería decir que empieza a torcerse - dado que llegan a la conclusión de que es mejor tener a alguien que los dirija. Eso lleva a la creación de una nobleza, al reparto de las tierras que antes habían sido comunales, la aparición del dinero, la creación de un ejército, la organización de la familia, la división del trabajo, la creación de propietarios y jornaleros y la llegada de un cierto capitalismo inicial que podemos fácilmente trasladar a la actualidad cubriendo las líneas de puntos que nos marca el autor.

De una forma amena y a través de personajes con nombres típicamente tribales, London nos da una lección de economía en un relato que bien podría servir para ilustrar muchas lecciones. 

Como todo lo de London absolutamente recomendable y, con el añadido, de las estupendas ilustraciones a dos tintas.


Añadiría que el hecho de haber sido escrito hace cien años ni le resta interés, más bien al contrario, en estos tiempos nuestros tan convulsos, ni su manera de narrar y su lenguaje nos alejan de su lectura. Una buena elección para llenar una tarde aburrida de domingo.

martes, 12 de agosto de 2014

LA IMPECABLE ACTUACIÓN DE LA POESÍA PARA REDUCIR A UN HOMBRE DE GSÚS BONILLA






La impecable actuación de la poesía para reducir a un hombre
Gsús Bonilla
Ed. Umbrales, 2014
45 pp
5 euros

Gsús Bonilla es conocido por su faceta ilustradora en numerosas editoriales (Baile del sol, Amargord, etc) y también por su labor poética. En este pequeño libro de largo título, La impecable actuación de la poesía para reducir a un hombre, parece unir ambas facetas.  Quizá porque el planteamiento del libro gira a caballo entre ambas disciplinas: la imagen y la palabra. Simplemente porque  se complementan. Así la imagen es pieza fundamental en ocasiones y, en otras, es la palabra la que da el contrapunto. Podríamos decir que no sobreviviría la una sin la otra.

En primer lugar parece que el autor intenta jugar con el lector pues uno encuentra más palabras en el título que en muchas de las páginas que contiene el libro. Este juego quizá sea el principio para adentrarnos en las imágenes en blanco y negro. Imágenes turbias, desleídas en ocasiones, imágenes que nos obligan a hacer a veces un ejercicio figurativo. Y la palabra como contrapunto final. Imágenes y palabras que utilizan juegos, que también se sirven de artificios retóricos y estilísticos. Veo metáforas, comparaciones, paradojas, hipérboles… Es fácil aplicar el mismo criterio a la imagen. Se nota que el autor se siente cómodo en ambos mundos y los utiliza para complementarlos.

No sabría decir si lo que tenemos delante es algo así como  poesía visual, probablemente porque cuando nos encontramos entre géneros mixtos toda definición se hace más complicada.

Son recurrentes las temáticas sociales, la crítica, una relación muy cercana con el entorno actual. Gsús Bonilla se muestra como un autor áspero con el tiempo que le ha tocado vivir y esa función la expresa en sus imágenes y textos. Imágenes y textos que del mismo modo que nos obligan a pensar, a reflexionar, también nos conducen a la indignación, al hastío.  El dinero, el capitalismo como sistema, el mercantilismo, la insolidaridad, la necesidad, la falta de futuro, el miedo, la hipocresía, los falsos liderazgos, la baja calidad de la democracia, los recortes sociales, son algunos de los temas de los que habla el autor. Temas todos ellos de primerísima actualidad.


La impecable actuación de la poesía para reducir a un hombre es un libro para leer, ver, releer y  volver a ver. Un libro que no se agota en la lectura ni en la contemplación. Un libro que debe perpetuarse en nuestro pensamiento, en nuestras reflexiones, un libro dispuesto a abrir camino y mentes. Un libro, en definitiva, de los que marcan sendero, de los que abren caminos. Un libro que huele a libertad de verdad. Un libro que no podemos perder a pesar de su brevedad o por ella.

jueves, 31 de julio de 2014

ELÍAS Y LOS LADRONES DE MAGIA DE CRISTINA MONTEOLIVA



Elías y los ladrones de magia
Cristina Monteoliva
Ed. Círculo Rojo, 2013
186 pp.
12 euros.

Elías y los ladrones de magia es un viejo proyecto que su autora, Cristina Monteoliva, llevaba tiempo intentando publicar. Cuando parecía que la cosa iba hacia delante esta maldita crisis se llevó el proyecto en la editorial donde iba a ver la luz y la autora tuvo que acudir a un procedimiento extraordinario, el crowfunding. De este modo pudo recaudar el dinero suficiente para finalmente poder publicar el libro en la Editorial Círculo Rojo.

A Cristina Monteoliva se la conoce básicamente por su labor al frente de la página literaria La Biblioteca Imaginaria que con tesón llevó durante un cierto tiempo hasta que finalmente decidió priorizar sus proyectos personales. Desde la ciudad de Granada y sin ayuda alguna se dedicaba a publicar semana tras semana reseñas literarias en una tarea individual -en lo que al manejo de la página se refiere- titánica y altruista y que no siempre han agradecido como debían autores y editoriales, probablemente por eso la página desapareció.

Pero voy al libro. Da la impresión de que Elías y los ladrones de magia se dirige básicamente a un público juvenil. Sin embargo, yo que no soy dado a este tipo de lecturas, lo he leído y me ha parecido fantasioso y ameno.  Y por qué no, recomendable a los adultos que todavía tienen algo de niño dentro de sí.

Vamos a la historia. Elías es un muchacho que un buen día realiza una excursión escolar. Su madre le acompaña en dicho viaje. El autobús se avería cerca de un circo. La madre se duerme en el vehículo mientras los niños se aventuran en el cercano circo (Qué más infantil que un circo y a  la par territorio mítico para la imaginación donde todo parece ser posible). Elías ve un pez. El pez resulta ser lo que no es, un caballero inglés convertido en pez. Tirando del hilo la historia nos llevará a una historia de amor, luego a descubrir el mundo de las sirenas para finalmente volver a Granada. El caballero inglés no sabe lo peligroso que es andar con sirenas. Y los personajes no saben lo tremendamente complicado que puede ser jugar con la magia.

Destacar algunos elementos mágicos y de gran contenido simbólico, seguro que Cirlot lo destacaría, y mitológico: las sirenas, el circo, el pez, los propios sueños. También el universo del caballero inglés, sir Percival, con su época post victoriana y quizás steampunk.

Prefiero no entrar mucho más en el argumento para no descubrir todas las pasarelas que nos proporciona.

Un aspecto a destacar son los diálogos en los que la autora se muestra eficaz y ágil. Probablemente sería uno de los puntos fuertes del libro para que la acción vaya fluyendo y los diversos escenarios temporales se puedan relacionar.


Elías y los ladrones de magia es una lectura amena para este tiempo vacacional y también una lectura abierta para niños y mayores. ¿Tendrá continuidad?

martes, 8 de julio de 2014

GPS DE AGUSTÍN CALVO GALÁN


GPS
Agustín Calvo Galán
Amargord, 2014
67 pp.
10 euros

Leo en el avión. El viaje se hace corto en compañía cuando uno lleva brújula. Yo llevo GPS. El libro de Agustín Calvo Galán me acompaña. Parece señalarme el camino más allá de hacia donde el piloto desee llevarme. De hecho me acerca a los libros. A la Feria del Libro de Madrid. Yo llevo puesto el de Agustín. Dentro de poco lo llevaré leído. Tengo una ventaja absoluta: el sendero marcado. Agustín es hábil señalando el camino, para ello se vale de una pequeña estratagema. ¿Cómo definir el camino si antes no definimos sus límites? Es más, ¿cómo señalar ningún camino si antes no sabemos hasta dónde llegan nuestros propios límites? Y los señala. ¿Qué es el ser humano? Definir lo que soy para saber a dónde voy (p. 28):

“Ser humano es
                              ser                        asfixia”

Y sabiendo lo que yo soy, saber lo que eres tú, quizá como antónimo, como complemento, como camino (p.29):

“Eres arco
cóncavo, mi espera”

Y sigue.

Dice el prologuista, Alejandro Céspedes, dos cosas que me parecen curiosas. Una que no le importa lo que ha querido escribir el autor (p.14). También dice que Agustín Calvo Galán usa el GPS para perderse (p.18). Crea así la paradoja de utilizar un punto de encuentro como punto de pérdida. El sendero para no encontrar ni encontrarse. Aún así describe sus límites y los de los que importan. Y con ello provoca la extrañeza, la controversia entre lo que es uno, lo que son los demás, el camino que cada uno toma. Y quizás no es necesario encontrarlo o que nos encuentre.

Luego describe algunas cosas que le rodean. La sed (p.30):

“La sed
se extiende más allá
de lo fértil”

Se zambuye y retorna a lugares que le son gratos (p. 43):

“Ni el Zambeze ni el Iguazú”

Sigue el afán por ser, aunque nada nos ayude a ser, ni la palabra, ni el idioma (p.45):

“Ni siquiera el idioma
nos ayuda
a ser”

Los límites, las fronteras, los caminos… Insiste el autor (p.47):

“Finjo todo lo que digo
o  no lo digo, o soy
               o lo que sea”

Al final uno se define fácilmente mediante un (p.51):

“Informe de bienes y contrato nupcial”

Me pregunto si uno se reduce a la burocracia que va dejando en el camino, si al final somos sólo un recibo del gas o una factura sin pagar. Y entre todas las respuestas posibles quizá sólo encuentro la negación (p.56):

“Pues nada vive para decir,
nadie dice, nadie escribe,
nadie se repite (…)”

Al final el muro y la frontera (p. 59) tan habitual como metafóricamente entre nosotros:

“El muro era un hacha cortando
una frontera, como toda frontera
una frontera atroz”

¿Seguimos en el punto de partida? (p.59):

“Como si alguien pudiera decir
qué es ser yo mismo”

Que al final el poema, aunque sólo plantee nuestras dudas, sea para pensar y pensarnos (p.60):

“que yo mismo soy
y poco más”